Invitado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en colaboración con la Dirección General de Propiedad Intelectual de Indonesia (DGIP), me encuentro en este país lejano, en su capital, Yakarta, participando del Foro Interregional sobre Propiedad Intelectual y Economías Creativas, conectando ecosistemas creativos en Asia y América Latina.
La diversidad es muy grande, no solo en la participación de representantes de todo el mundo, sino en la temática tratada de marcas, patentes, derechos de autor en las artes, en los software, en el registro de obras, entre otros asuntos.
A continuación, hago una síntesis de mis palabras pronunciadas en la mañana del día de ayer, martes 12 de agosto.
Vengo desde Uruguay, donde la propiedad intelectual y los derechos de autor son un faro para empoderar a los creadores para que puedan optimizar sus creaciones.
Uruguay quiere ser una ventana de oportunidades para el cambio, apoyándose en nuestro sistema jurídico sólido, en una democracia estable y en una Oficina de Derechos de Autor que anhela ser más fuerte y efectivo.
Este es uno de los puntos clave para el desarrollo sostenido y sustentable de la evolución de la Humanidad en la tecnología, en la cultura en su más amplio sentido y, por ende, en su bienestar hacia una plena justicia social, siempre atendiendo enfáticamente la sustentabilidad, la cooperación, la paz y la conformidad con el ambiente.
Alentar a nuestros creadores artísticos no pretende sacar connotados músicos o consagrados artistas plásticos o literarios. Su desarrollo extendido entre las poblaciones es para aportar a formar mejores seres humanos, lúcidos, con pensamiento crítico autónomo, capaces de construir su propia evolución, cooperativos y solidarios.
También una prioridad hoy es asistir sensiblemente a las pequeñas y medianas empresas en todos los terrenos, con el respeto y el reconocimiento a la Propiedad Intelectual en las industrias creativas como condición fundamental.
La población toda debe hacer suyo el derecho de todos los autores y creadores. Debe comprender que, si esos Derechos no se respetan, los creativos no producen y las sociedades se empobrecen porque decae su música, su literatura, sus artes plásticas, su cine y sus transmisiones.
Otro objetivo es el fortalecimiento de las entidades de gestión colectiva que seduzca a los creativos, que los persuada de incorporarse a ellas como condición imprescindible para su propio sostén.
La participación ciudadana debe entenderse como emprendedora, no como mera consumidora, pero también como control y supervisión de estos trabajos para que todo emprendimiento sea cada vez más transparente, sostenible y sustentable.
Se impone contar con mecanismos regionales y hemisféricos donde Asia, África y América Latina puedan compartir información de lo que se está haciendo y alentar a los contactos bilaterales de las oficinas de Derechos, de las organizaciones de la gente, de los emprendimientos, de los Estados. En eso estamos. Ahora en septiembre, las Oficinas de Derechos de Autor de América Latina nos reuniremos en Paraguay para continuar este camino.
Quisiera decir muchas cosas más en este Foro, que también se ha convocado con la consigna de esa cooperación Sur-Sur y que en mí despierta la tentación de terminar estas palabras como comencé esta Ponencia, con fragmentos del poema del gran poeta uruguayo Mario Benedetti: pero aquí abajo, abajo / cada uno en su escondite / hay hombres y mujeres / que saben a qué asirse /
aprovechando el sol / y también los eclipses / apartando lo inútil / y usando lo que sirve / con su fe veterana / el Sur también existe.







