El próximo viernes 25 de setiembre la actriz Angie Oña se presenta en la Sala Campodónico de El Galpón con su espectáculo Onírika.
Emma Goldman en el presente
Escrito por la propia Oña y dirigido por Freddy González, Onírika recorre parte de la vida y del ideario de la activista anarquista Emma Goldman. Con esta obra, al igual que con Ser Humana, la actriz ha concebido espectáculos que mantienen vigencia y que implican un compromiso político además de artístico: “son obras que le dan sentido a mi vida y a mi acción teatral -cuenta Oña a Voces- obras que me hacen sentir yendo por el lugar correcto”. Onírika en particular tiene una dimensión política, más allá de la potencia artística, que puede interpretarse de manera distinta según el contexto en el que se representa, consultada sobre esto la actriz agrega: “No soy muy consciente de grandes cambios respecto al impacto político en lo que refiere a la pieza en sí. Es una obra que siempre caló hondo. Muchas personas reafirman sus ideas, saliendo de la sala con una alegría tremenda, y otras se ven atravesadas por mucha información a procesar. ‘Me voló la cabeza’, dice la gente. A nivel personal creo que estoy pisando cada vez más fuerte. En medio de todo lo que estamos padeciendo en el mundo siento que la obra se vuelve cada vez más necesaria. Eso sin dudas”.
Traduciendo a situaciones concretas los padecimientos del mundo contemporáneo, la actriz se ha comprometido en la campaña contra el genocidio en Gaza, algo que le han cuestionado en algunos casos: “Para empezar, un dato curioso: por cada posteo pro-Palestina que subía, perdía un número muy considerable de personas seguidoras. Mucha gente que fue a ver Ser Humana (incluso Onírika) me escribía: ‘Que decepción. Yo te admiraba como actriz. No puedo creer…’. Y bueno, venderemos cada vez menos entradas, pero estaremos cada vez más contentas de entonar las notas que sentimos necesarias… A Emma todo el tiempo le preguntaban porqué no luchaba por la causa judía. Ella veía crecer el peligro sionista. Lo mismo (y mucho más aun) le pasaba a Simone Weil (sobre quien Oña prepara otro espectáculo). Son mujeres que admiro y elegí. Judías decididamente antisionistas”.
La Sala Campodónico es una sala muy significativa en nuestra ciudad, y no solo por su dimensión física. El Galpón simboliza un tipo de teatro que sin dejar de lado la calidad artística se ha comprometido desde sus inicios políticamente. Sobre lo que significa actuar allí y sobre cómo surge la posibilidad la actriz agrega: “Para mí es tremenda alegría, justamente, por todo lo que mencionás. Ojalá llenemos la sala… En marzo hicimos una función de Ser Humana y tuvimos el placer de experimentar la sala repleta. Veníamos haciendo funciones esporádicas de ambas obras en el Teatro Victoria. El Victoria cerró el año pasado por reformas. Ya me había cansado de solicitar la sala chica del Solís sin éxito ninguno. Pensé que a lo mejor era un disparate, pero me animé. Pedí la sala grande de El Galpón. Afortunadamente nos abrieron las puertas y tuvimos una hermosa recepción. Estoy muy agradecida”.
Angie Goldman
Onírika es un espectáculo en el que se entrelazan las facetas de actriz y de militante de la propia Angie Oña con los de Emma Goldman. El espectáculo se organiza sobre un espacio despojado, con un estrado central que sirve para escenificar la capacidad oratoria del personaje. Emma Oña se dirige al público en un castellano “intervenido” que facilita la ubicación del personaje como extranjero. La historia rápidamente se instala a fines del siglo XIX en los Estados Unidos de expansión industrial que prometía un nuevo mundo a los recién llegados. Pero, descubre Goldman, el crecimiento industrial se sustenta en la explotación, y quienes osan reclamar por mejores condiciones laborales son perseguidos y anulados por el aparato estatal: policía, poder judicial y parlamento. A ese conglomerado de clase explotadora se suma la operación mediática para criminalizar las acciones de protesta.
Oña se mueve en el escenario, convirtiendo el repaso por los acontecimientos centrales de la vida de Goldman en momentos de confesión personal. Pero ese aspecto más íntimo del espectáculo tiene momentos de ruptura cuando la actriz se sube al estrado y, casi a modo de flashbacks, se explaya en oratorias cargadas de combatividad. En esa alternancia entre la confesión más íntima y el discurso más explícitamente político se cuela la faceta punk de la actriz, quien toma la guitarra no desde el virtuosismo técnico sino desde la necesidad expresiva más visceral.
En esa triangulación espacial, y entre los momentos de la vida de Goldman más bien públicos, aparece la militante que busca coherencia entre la vida privada y la vida pública. La que practica el amor no carcelario, y la que no deja de señalar las contradicciones entre los propios militantes anarquistas. Pero esas contradicciones no son señaladas con decepción, sino más bien como aspectos a corregir de una militancia que se permea, inevitablemente, de muchas de las prácticas que pretende combatir. Al momento de señalar contradicciones no falta la que acusa a las feministas sufragistas de reivindicar el voto. Como se sabe, Emma no luchaba por “democracia” sino por un orden social distinto al capitalista liberal, y no entendía que se reclamara algo sustantivo a ese orden. Quizá uno de los momentos más dolorosos de la vida de Goldman sea el desencanto con el proceso revolucionario soviético. Oña no obvia señalar este punto, pero tampoco se detiene en ese momento, prefiere finalizar el repaso por la figura de Goldman reivindicando el proceso revolucionario español.
Onírika funciona como espectáculo teatral merced al excelente trabajo de la dupla Oña-González. Ese recorrido por el espacio-tiempo, que hace que la actriz pase del diálogo íntimo con la platea a la oratoria de barricada o que meta distorsión cuando haya que “gritar verdades”, resulta central para dinamizar una obra en que se reivindica mucho más que a Emma Goldman. Porque Onírika no es una obra arqueológica. Onírika reivindica la posibilidad de pensar, hoy, en otra forma de organización social.
Onírika. Dramaturgia y actuación: Angie Oña. Dirección: Freddy González. Única función: jueves 25 de setiembre a las 21.00. Sala César Campodónico de El Galpón.







