El escritor Carlos Serra López acaba de publicar “La corrupción de Santa Magdalena”, un trabajo novelado que cruza historias de corrupción en Latinoamérica y transita los terrenos del realismo mágico.
El libro se pregunta: “¿Qué estarías dispuesto a hacer para preservar un secreto que puede afectar a toda la Humanidad? En el corazón de la selva latinoamericana, se encuentra el olvidado pueblo Santa Magdalena, que parece haber escapado a los rigurosos registros burocráticos del mundo digital. Un joven funcionario de la capital del país es enviado allí con una tarea sencilla: organizar unas elecciones locales. Pero lo que prometía ser un viaje corto se convierte en una odisea cuando descubre que nada en el pueblo es lo que parece. Las comunicaciones no funcionan y, sin ser prisionero, no puede irse. La historia expone la corrupción de un país y muestra sus peores efectos. Pero también es la historia de un individuo ordinario obligado a enfrentar una situación extraordinaria. ¿Es posible la magia en la época de Internet, Inteligencia artificial y en un mundo hiperconectado?”
¿Cómo nace la idea de escribir este libro?
Mi gusto por la escritura viene de hace tiempo. Con mis 65 años hay toda una trayectoria silenciosa, porque lo que busco es disfrutar del proceso de crear y escribir. Y a partir de allí empecé a compartir textos. Primero cuentos. Este es mi segundo libro, el anterior “La oficina del futuro”, reunía relatos sobre cómo nos impacta la tecnología en la vida cotidiana. Además, ahora es más fácil que el lector se comunique con el autor y dé su opinión. He recibido comentarios y eso motiva. Por ejemplo, he recibido opiniones de varios bookfluencer, que son en su mayoría jóvenes y que ven algo que yo no busqué expresamente pero que resulta, son ideas muy razonables. Incluso como cosa curiosa, cada uno tiene su personaje favorito. Ya que se habla de hiper conexión, desde el libro se tiene la posibilidad de acceder a su propio Instagram, y alternativamente por un correo electrónico. Para todos los gustos.
¿Por qué escribir sobre corrupción en Latinoamérica?
La corrupción es tristemente mundial. Hay excepciones, claro. En Suecia está el famoso Toblerone Gate, donde una ministra renunció por comprar dos chocolates con una tarjeta oficial. Mi profesión formal es de contador y en mis viajes uno ve que en otros países la corrupción se toma como un fenómeno natural, como podría ser un sismo o un volcán con el costo social que ello implica. Yo digo siempre lo mismo: mientras en Uruguay nos sigamos asombrando, está todo bien. El problema es cuando aparecen señales de resignación. Ahí, como sociedad, debemos reaccionar. Y seamos claros: el narcotráfico necesita de la corrupción, y se extiende rápidamente como una epidemia.
¿Cómo fue el proceso de dar vida al libro?
Me di cuenta de que tenía algo para contar. Y lo dejé fluir. Fue un proceso de años, sin presión: para mí no es un trabajo, es disfrutar. Perder la noción del tiempo escribiendo, dejarlo reposar, revisarlo… Hasta que en un momento decís: “ya está”. Entendí que estaba pronto para salir al mundo. El libro puede defenderse solo. Uno tiene que ser razonable: nada gusta a todos, es natural. Pero recibir comentarios implica que alguien lo leyó y se tomó el trabajo de decir “me gustó”, “esto no”, o “me pareció que…”. Eso ya es una recompensa.
¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en el relato?
En broma, te diría que mi abogado me aconsejó declarar que todo es ficción, para evitar demandas. Pero sí: es inevitable que ciertas experiencias se transformen en algo novelado. Hay situaciones que quería contar y compartir, y no mediante un libro técnico. De todos modos, cada vez me convenzo más de que la realidad siempre supera a la ficción. No sé si logré superar al alcalde mexicano que dijo: “robé, pero robé poquito” y aun así fue reelecto.
¿Cómo asocia el concepto de “realismo mágico” con la novela?
Antes de responder, vale aclarar algo: esta es una novela con misterio. Podés leerla siguiendo pistas —algunas falsas, obvio— hasta el final. Me han dicho que el final es “sorprendente”, pero no hay nada sacado de la galera como haría un mago. Incluso alguien comentó: “¿y cómo aseguramos que esto no está pasando realmente en algún lugar del mundo?”. La historia transcurre en algún lugar de Latinoamérica. El protagonista es un funcionario joven, un tipo común, que por amiguismo es designado para una misión sencilla: organizar unas elecciones municipales en Santa Magdalena. Cuestión de dos o tres días.
Pero desde el viaje desde la capital hacia la selva, y luego en el propio pueblo, todo empieza a complicarse. La pregunta es si un hombre común —como podríamos ser cualquiera— puede triunfar cuando lo sumergen en una situación extraordinaria. Hay un componente de viaje iniciático. Y ahí aparece el realismo mágico. Siento que no es exclusivo de México o Colombia. También tenemos a Onetti y su Santa María. En tiempos tan complejos, quizás sea bueno recordar lo que nos une con nuestros vecinos latinoamericanos.
¿El libro se plantea que puede haber magia en estos tiempos de híperconexión?
Hace poco vi que Netflix adaptó Cien años de soledad y otras obras de realismo mágico en formato serie. Es decir, el estilo sigue vivo. Hoy aceptamos sin cuestionar lo que llega desde las redes sociales, pero al mismo tiempo buscamos ser racionales, especialmente los jóvenes. Me pregunté si aceptaríamos que una mujer saliera volando agarrada de una sábana, como en Cien años…. Y también pensé en la inteligencia artificial: para mucha gente es algo mágico, sorprendente, con resultados que no sabemos cómo se generan. Entonces, ¿puede existir la magia en un mundo digital? Un personaje en la novela dice: “En Santa Magdalena el tiempo no transcurre como en el resto del mundo”.
Los invito a leerla y a compartir si les mueve algo. Se puede pedir en todas las librerías, ya que lo distribuye Gussi.



