El periodista Alberto Silva acaba de publicar el libro “El socialismo en el Penal de Punta Carretas”. El trabajo ya llegó a su cuarta edición y se presenta este viernes en el Instituto Cultural Español, en San José.
¿Cómo nació la idea de escribir este libro?
Hace unos cinco años un grupo de expresos del penal de Punta Carretas empezaron a reunirse para intentar construir un memorial frente a lo que ahora es el shopping. En ese marco me invitaron a escribir un libro del Penal que arranca su historia en 1968. Yo me sentí muy honrado con la invitación. Seguramente tiene que ver con todo lo que he hecho en torno a esta temática. Mi primer libro, que editó Banda Oriental en la reapertura democrática, fue “Entre la rabia y la ternura” y recoge ciento y pico de testimonios, donde la mayoría eran de expresos políticos en el momento de su liberación. En CX 30 La Radio, previo al diario 30, llevado adelante por el número uno en la comunicación radial ayer hoy y mañana que fue José Germán Araújo, tuve el privilegio de estar al frente de un programa llamado Comisión Investigadora de Derechos Humanos donde entrevisté a decenas de expresos políticos. Y durante mucho tiempo en el semanario Mate Amargo, donde era responsable de las páginas de derechos humanos, también tuve contacto con toda esta temática. Más allá de que el tema de la cárcel en la dictadura aparece en alguno de los libros que he escrito, y que mi sensibilidad y compromiso me ha tenido siempre cerca de esta temática en todos estos años. Les planteé que en realidad yo ya había escrito mucho sobre este tema, que no me veía haciendo otro libro, pero con mucho gusto fui a una primera reunión que hicieron en la sede de Crysol. Allí me encuentro con los relatos de situaciones que vivieron. Grande fue mi sorpresa por lo que me estaban contando y surgieron varias preguntas. ¿Cómo yo no no supe esto que ustedes hicieron, por qué no lo contaron? ¿ustedes son conscientes que en alguna medida vivieron, practicaron el socialismo dentro de la prisión? ¿Ustedes son conscientes que en alguna medida algo de lo que me cuentan es parecido a lo que por ejemplo me contaron muchachos grandes que convivieron en el Bolsón en Argentina en comunidad de hippies? Dije “ah, sí, sí, esto quiero contarlo, porque aparte esto que me están diciendo yo creo que no pasó nunca en ninguna cárcel en el mundo”. Y ahí es que arrancó esta historia del libro con un colectivo de expresos políticos.
¿Cómo fuiste construyendo las historias que elegiste?
Este colectivo de presos fueron contándome situaciones que vivieron a partir del 27 de junio de 1973, en simultáneo al inicio del peor momento de toda nuestra historia. Ellos escribieron una historia luminosa, de resiliencia, realmente increíble. Y en ese marco es que fui sumando sus vivencias. En medio de un encuentro me plantearon que sería importante sumar a Julio Marenales que estaba viviendo en Salto. En una entrevista muy especial, en circunstancias que detallo en el libro, que a la postre fue su última entrevista, me dio elementos y detalles para entender que esta construcción en colectivo, en el inicio de la dictadura, también tiene elementos referenciales muy atrás en la historia de los presos políticos. Él estuvo preso en Miguelete, y de allí pasó al Penal de Punta Carretas. Me señaló que él, que venía del Partido Socialista, había leído mucho sobre los presos políticos socialistas en Europa y que todos ellos llegaron a hacer huelgas de hambre y los diputados en los parlamentos hicieron planteamientos para separarse de los presos comunes. Y que él y todos los que fueron presos en las primeras tandas querían estar junto a los presos comunes. Los fundamentos y las especiales historias que se vivieron en esa etapa fueron cimiento de lo que luego vendría. Sobre el final del libro quise sumar dos testimonios – de Luis Julién y el de Kintto Lucas – , porque ambos siendo niños fueron a ver a sus hermanos a la prisión, quienes ahora nos acompañan con sus fotos todos los 20 de mayo y también compartieron esa mesa simbolizada en el Memorial que fue tan importante en esta construcción en colectivo. El hermano de Luis Julién es el papá de los hermanitos Victoria y Anatol secuestrados en Argentina, trasladados a Uruguay y luego abandonados en Chile. El hermano de Kintto Lucas es el papá de Carla, la niña botín de guerra en la República Argentina. Ambos son, en alguna medida, parte de los cimientos de la historia que cuento surgió a partir de 1973.
¿Qué sentimiento tuviste cuando terminaste de hacer el libro?
De gran alegría, me costó mucho tiempo escribir el cerno del sentimiento que quería transmitir. Apenas fue presentado el 14 de noviembre allí en en esa mesa memorial con Carlos Alberto Rodríguez cantando una sola canción – “Amigos del alma” – con la guardia vieja de la Falta y Resto saliendo de adentro del shopping, es decir, de adentro del Penal y encontrándose con los expresos, ahora muchachos grandes, igual que ellos. Nos acompañaran alrededor de 300 personas. En pocos días se agotó la primera edición del libro. Y pah, me llamó gratamente la atención lo que habíamos logrado con esta publicación. El otro día, Tomás Fridman, el periodista que estuvo en la presentación, me decía que él siente que el libro y toda la historia que ha generado en alguna medida tiene un punto de similitud con la tragedia de Los Andes, que uno podrá pensar lo que quiera de los protagonistas y de su condición social, pero lo que allí pasó termina siendo un orgullo nacional. Con esta historia de este grupo de expresos en ese período especial, más allá de lo que uno piense, de lo que uno vote, de lo que uno pueda tener como preconcepto de la dictadura, es un motivo de orgullo nacional, saber que esto ocurrió acá, con un grupo de compatriotas en la República Oriental del Uruguay.






