Siguiendo los consejos viejos, Wilson les recomendaba a los diputados nuevos que se metieran en la discusión del Presupuesto. ¡Está clavado que sí! Porque era la manera de entender el país. Ahora, es tedioso; porque es aburrido, tiene sus dificultades, pero… bueno… ¿sabés lo que pasa? Hay mucha vagancia; yo me doy cuenta, hay una enorme vagancia.
Además hay que hablar y caminar con mucha gente por ahí. Porque la gente es lo que decíamos. Hay tipos que de algunas cosas saben un disparate y te ahorrás un montón de tiempo escuchándolos, te ahorrás un montón de cosas; pero tenés que tener tiempo y dedicación.
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Un día llegué a Melo, a las siete de la mañana -en invierno- para ir a la audición de Serrano Abella, que Montevideo no tiene ni idea de quién es Serrano Abella. Pero a Serrano Abella lo escuchan en Rivera, Tacuarembó, en cada lugar que no te imaginás.
Es blanco, pero blanco progresista; no facho. Es un tipo abierto, claro, tiene mística de blanco, no puede renunciar a ella. Pero yo me preguntaba ¿por qué no lo traían para una radio en Montevideo? Y allá me di cuenta. Tiene más avisos que Radio Carve y El Espectador juntos. ¡Dios me libre! Tiene audiencia a rolete.
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En la interpretación histórica del país soy blanco.
Blanco, y separemos al Partido Nacional que es otra cosa.
Ayer nos acordábamos con Lacalle de un Congreso de jóvenes en que estuvimos juntos, que terminó en una batahola.
Él estaba con Árraga, Lista 8, y yo con la 41. En ese congreso, nosotros los maniobramos, los de la 41, y sacamos una declaración contra la política internacional del gobierno, el gobierno era nuestro, era blanco, recién había llegado. Fue en el 60, 61, por ahí. Y cuando se dieron cuenta, se armó un lío de la puta madre que lo parió y piñata y todo; además, alguien tuvo la genialidad de cortar la luz.
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Ahora, ¿quién va a pagar las jubilaciones entonces? Para contestar esa pregunta -en la soledad de mi cabeza- lo único que he podido encontrar es un aumento notorio de la productividad futura de la fuerza activa. Es esto lo que me lleva a esa consigna que trato de resumir: que nuestros hijos y nietos sean mejores que nosotros. Para que puedan hacer frente a eso, ¿entendés? Va a haber que sacarle más del 50% para mantenerlos, o condenar a los viejos al hambre.
Esto que estoy diciendo no tiene nada de político placentero, y no es para mí. COLOQUIO UNO
Tan central que cuando le digo a la gente: “No jodas más con la abogacía, con la escribanía”, me agarraron en la chiquita, porque lo que les quiero decir es: “Vamos a darle pelota a la química, a la física, a las ciencias”… porque tengo esa visión más global.
Ahora, te lleva treinta años un rumbo de esto, lo de Nueva Zelanda no empezó ayer. No, no, es inútil. Soy conciente. Pero también soy conciente de la contradicción que tiene el Uruguay demográficamente. O la resuelve, y tenés un sector activo que genera una montaña de valor, o la quedamos. Y lo que me temo mucho es que propiciemos la fuga de gente. ¿Quiénes van a fugar? Los jóvenes, y ésa es la condena de los viejos que quedan.
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