Hacia adentro del Partido Justicialista de Cristina Fernández de Kirchner la discusión es programática; a diferencia de las variaciones, aparentemente cosméticas que discutimos con denuedo en el programa del FA, ahí adentro se viene discutiendo –por lo menos desde 2019- cómo negociar con el FMI, cómo entrarle al problema judicial, y -si debería haberlo- el programa de desarrollo. Porque de un lado hay sectores con voluntad de dar esa pelea. Del otro lado hay sectores pujando por el poder, o sea por el control del “fondo de comercio”, enarbolando discursos afines, utilizando un listado de palabras más o menos similares y mostrándose como opciones potables de la alternativa; básicamente, en vez de un trabajador o trabajadora sucia, desdentada y mal hablada, ofrecen un señor de traje sin corbata, de apariencia hollywoodense, que claramente no incurra en impertinencias. Hay un peronismo correcto y bien vestido, que se ofrece hace mucho como garante de la paz y el ajuste, que le explica al vulgo que el único camino para su sobrevivencia es la cordura de no aspirar a más.
¿Les suena? ¿Qué pasa si reemplazamos al señor de corbata por un simpático y saludable gordito, sensato y calmado, o por un campechano profesor, parecido a cualquiera que puedas conocer? La herramienta del pueblo se convierte en herramienta del poder. ¿Exagero?
Del lado oriental del río, la idea de sentirnos superiores no va a tener más uso que el de sonreírnos en el espejo. No hemos logrado defender mejor al FA y blindarlo de la cooptación de la derecha. Ya estamos cooptados en mayor o menor medida, y eso vale la pena discutirlo. Caracterizar correctamente la propuesta de ajuste y sacrificio del presente, a cambio de futuros lejanos y venturosos, como un lineamiento de la más pura y rancia estirpe neoliberal, vale la pena. No se dan una idea de lo saludable que es aceptarla realidad y así poder poner manos a la obra lo más pronto posible.
Igual, lo de las disquisiciones entre si neoliberalismo sí o no, derecha ultra o fascismo es de recibo hasta cierto punto; decimos demasiadas veces que “esto hay que analizarlo en profundidad” posponiendo las definiciones para un futuro ideal. Pero estamosen medio del bombardeo, señores, y la derecha ya sabe que no dar tregua funciona. No quiere decir que no están discutiendo quién de ellos se queda con todo, quiere decir que mientras discuten pusieron el lanzamisiles en automático y apenas paran para recargar, probablemente con munición más gruesa. Pongámonos precisos, pero también efectivos.
El plan de la derecha, a grandes rasgos, es avanzar. ¿Hacia dónde? Las opiniones son variadas y dependen de los negocios que cada opinión tiene entre manos. Pero la amplitud es grande e incluye formas de feudalismo moderno, con ciudades negocio, con gobernantes-dueño y sin democracias. Si miramos bien podremos ver proto ejemplos por todos lados.
Para la derecha a la que nos enfrentamos el cielo es el límite –y justamente por eso tratan de romperlo con sus inversiones en viajes al espacio-.
En el ámbito de la tecnología ya está completamente instalado –lo cual no significa que no pueda, y vaya a, crecer; a propósito, tiempo antes de cruzarme con el planteo de Tecnofeudalismo de Varoufakis, sostuve que la derecha nos conducía hacia un “feudalismo con teléfonos celulares” en referencia -lo de los celulares- a las diferencias tecnológicas con las que íbamos a contar en el contexto social feudal al que, a grandes rasgos,nos dirigíamos. Por eso el término me resulta fantásticamente sintético. Otra buena es el término “cognitariado”, de Bifo Berardi, que ya tiene más de veinte años y la incipiente realidad que describe ya no es incipiente, y convive con otras realidades, a las que modifica y por las que es modificada, y cuyos bordes, aunque aún difusos, avanzan.
Tratar de definir sus exactos bordes, nombres o diferencias con experiencias anteriores, es una necesidad, pero también, en exceso, un error, ya que se trata de analizar fenómenos en desarrollo, en mutación, que utilizan lo viejo, así como innovan, y que estamos viviendo -no mirando hacia atrás con el beneficio de la perspectiva-. Por lo tanto, deberíamos actuar mientras analizamos, en un ejercicio de equilibrio constante, -muy saludable para el organismo, por otra parte-.
Y, todo muy lindo, pero gran parte de las personas que no se detienen en estas placenteras disquisiciones creen -porque el sistema psicópata que nos gobierna a través de la dictadura del capital se los dice-que, si no tomaron la precaución de nacer ricos, si se portan mal, si no aceptan ocupar el lugar que les toca (antes señalado por dios y ahora por la meritocracia), todo lo malo que les pase es por su culpa. La socialdemocracia confirma ese postulado al insistir en calmar los ánimos transmitiendo la idea de que si somos buenos y sensatos seremos felices y comeremos perdices.
Repasado todo esto, la cuestión para la izquierda, de si ser parte de los que calman o de los que deben ser calmados, es un fierro caliente.






