En años de elecciones las empresas encuestadoras adquieren un elevado nivel de visibilidad pública. Los resultados de sus mediciones son tema central en los informativos de televisión y radio, en diarios y semanarios, y en múltiples programas periodísticos. Los actores políticos, los periodistas y analistas especializados en política, diversos agentes económicos y los ciudadanos interesados en la política suelen esperar con cierto grado de ansiedad los resultados de su trabajo.
Antes de que existieran, el resultado de las elecciones era algo sobre lo cual había mucha incertidumbre. Si bien los dirigentes y los analistas especulaban sobre ese resultado, lo hacían en base a indicadores muy subjetivos y de dudosa fiabilidad: la intuición, la información que aportaban los dirigentes barriales, la cantidad de gente que concurría a los actos o la sensación térmica que se percibía en las calles. Pero, a final de cuentas el resultado de la elección era, para todos, una gran incógnita.
Las empresas encuestadoras cambiaron radicalmente la situación, reduciendo al mínimo el ansioso suspenso que caracterizó a los actos electorales desde los comienzos de la democracia. Como consecuencia de ello, estas empresas contribuyeron significativamente a modificar el comportamiento de los diferentes actores involucrados en los procesos electorales. En Uruguay esto comenzó en las elecciones de 1984.
El producto del trabajo de estas empresas se convirtió en un importante insumo para el diseño de estrategias de campaña, para las negociaciones dentro de los partidos y para los analistas políticos; también es material de difusión para los medios y fuente de información para los actores económicos que toman decisiones de inversión.
De igual forma, los resultados de sus encuestas influyen sobre el estado de ánimo y la motivación de los militantes, inciden en las decisiones electorales de algunos ciudadanos y condicionan las decisiones de muchos donantes.
Las mediciones de estas empresas son la única información disponible sobre las opiniones y la intención de voto de los ciudadanos. Todos saben que se trata de información con limitaciones, (se basa en una pequeña muestra de ciudadanos), pero es la única con la pueden contar.
En los hechos, las encuestadoras operan como auditores independientes. Esto es, alguien que genera información que todos los actores consideran de calidad, objetiva, imparcial y confiable.
En Uruguay estas empresas se han posicionado como auditores confiables, aún cuando a veces sus mediciones no terminan coincidiendo con los resultados electorales. A diferencia de lo que ocurre en muchos países latinoamericanos, las principales encuestadoras uruguayas (Equipos, Opción, Cifra y Factum) han demostrado cabalmente su profesionalismo y su independencia de partidos políticos y gobiernos. La gran mayoría de los actores políticos dan su información por más o menos buena.
En los últimos años se han creado nuevas empresas, pero todavía tienen que demostrar su profesionalismo y su equidistancia respecto de todos los partidos políticos. Esto no se logra de un día para el otro.
La legitimidad de las empresas encuestadoras como auditores depende de la calidad de la información que proveen, pero también, y fundamentalmente, de la forma como la difunden y los medios donde lo hacen. Además, esa legitimidad depende de las expresiones públicas de sus voceros.
El medio donde presentan sus resultados es un factor crítico ya que, si se identifica con algún partido, la encuestadora no podrá nunca posicionarse como auditor independiente. Las cuatro encuestadoras que mencioné antes presentan los resultados de sus encuestas en medios que no se identifican con ningún partido, pero alguna de las nuevas lo hace en un medio claramente identificado con la izquierda.
En la medida que el resultado de una encuesta tiene limitaciones metodológicas (el error de muestreo es el más conocido) las empresas encuestadoras tienen la obligación moral de explicitar esas limitaciones y de enseñar al público a interpretar correctamente la información que se publica.
Actualmente, la famosa “ficha técnica” forma parte de la presentación de resultados. Pero hasta 2014 no siempre se hacía. Sin embargo, en ocasiones he visto cómo una variación de 1% o 2% en la intención de voto a un candidato, es presentada como aumento o disminución, cuando esos guarismos se encuentran dentro del margen de error.
La forma como los voceros de estas empresas explican los resultados de sus encuestas en la televisión es también un elemento que influye en la credibilidad de su trabajo. Al igual que cualquier auditor, estas empresas deben actuar con prudencia cuando presentan esos resultados. Deben hacerlo con la mayor objetividad y ecuanimidad posibles. En particular, deben evitar las interpretaciones basadas en la opinión personal de sus voceros. No todos los voceros cumplen este requisito. Alguno es más locuaz de lo que debería.
También, estos auditores deben evitar la formulación de pronósticos. Fue un gran error el que cometió en 2013 Luis Eduardo González, cuando dijo que apostaría una cena en McDonalds a que Tabaré Vázquez ganaría las elecciones de 2014. Esa hamburguesa redujo considerablemente la contratación de sus encuestas en los comandos de campaña del Partido Nacional que integré.
Además, estos voceros deben cuidar su imagen de proveedores objetivos y neutros en todas las ocasiones en las que se expresan públicamente (conferencias, programas periodísticos, X, etc.). La participación de la vocera de Cifra en el último programa de diciembre de Séptimo Día es un ejemplo de lo que estos voceros no deben hacer. Allí, con una total falta de prudencia profesional, le asignó puntajes al gobierno, al presidente y a la oposición. Menos prudente aún fue la fundamentación de sus puntajes.
La legitimidad de las empresas encuestadoras depende tanto del ser como del parecer.
Deben tener prudencia, mucha prudencia.







