Es un buen tipo mi viejo

“Mi viejo”, canción escrita por José Tcherkaski y musicalizada e interpretada por Piero, fue la primera canción que hizo de este último un intérprete popular a fines de los años sesenta. Y fue una canción que ya por los años ochenta se volvía protagonista, cada vez que se acercaba un cumpleaños paterno, de la audición de radio Monte Carlo “Aquí está su disco”. Era infinitas las llamadas telefónicas que quedaban grabadas pidiendo “Mi viejo” con la debida dedicatoria. Todo esto que parece prehistórico de alguna manera señala la importancia de la radio y de la música en el encuentro familiar en épocas en que no existían teléfonos celulares ni internet.

“Mi viejo” no aparece en la selección musical de Calacatta, el espectáculo escrito por Mauro Mónico y dirigido por Cecilia Caballero que va los fines de semana en La Escena. Pero sí aparecen Aquí está su disco y una serie de canciones vertebrando encuentros familiares que vuelven central el vínculo entre el protagonista del espectáculo y el recuerdo de su “viejo”. Y es que si bien hay dos personajes en escena, encarnados por el propio Mónico y por Walter Rey, la obra se estructura como el relato de un hijo que hurgando en su memoria rescata a la figura de su padre. En esa búsqueda hay una pregunta disparadora, que conoceremos por la respuesta del hijo: “Mirá la pregunta que me hacés… No sé qué es la felicidad… Comer milanesa a la napolitana, supongo. No sé. Ya ni me acuerdo la última vez que fui feliz. ¿Existe algún adulto que sea feliz?”

La respuesta a esa pregunta dispara las primeras escenas de Calacatta, y el ambiente familiar desde la perspectiva de la niñez aparece en el escenario. Padre e hijo no son los únicos protagonistas de esos recuerdos, pero son solo esos dos actores los que interpretan al puñado de personajes que ponen en pié recuerdos de la niñez del hijo-narrador. La respuesta también señala un límite a esa experiencia de la “felicidad” que desde el presente se ve como lejana. Y el transcurso de la obra irá colocando mojones que lastiman la experiencia vital del protagonista, y que de una forma u otra ponen una barrera entre padre e hijo. Lo interesante del juego escénico es que, obviamente, no hay responsabilidades directas en las heridas que se abren. Sí, quizá, en el que no se puedan cerrar. La pérdida del trabajo, la muerte y las necesidades económicas generan situaciones dolorosas, pero solo el silencio o la incapacidad de hablar, mantienen las heridas abiertas. 

“A mí me construye el encuentro”

“Siempre que nos preguntan de que va Calacatta contestamos que es un diálogo entre generaciones -comenta la directora Cecilia Caballero a Voces-, de padres e hijos, de cosas que no se han podido decir en esa familia, y también de perdonar y perdonarse. En ese sentido está muy cercano a El tiempo sin libros”. Caballero hace referencia a la obra que se dispara a partir de la cárcel que sufriera su propio padre durante la dictadura. Pero el encuentro/desencuentro entre personas, y la persistencia de la memoria son algo recurrente en los espectáculos que decide dirigir Caballero. Hasta en los espectáculos menos evidentes, como en Pan rallado, la incapacidad de empatizar de un puñado de personajes sumidos en la dinámica alienante del consumo se puede ver como clave de la deshumanización que sufren. Y para volver a humanizar, nos dice Caballero, es central el encuentro. “A mí me construye el encuentro, que es lo que yo hago cuando hago teatro, yo hago encuentros. Sentarse a dialogar en El tiempo sin libros, sentarse a dialogar en Sería una pena que se marchitaran las plantas y jugar a ser los vecinos o amigos. El dejarse ver de parte de los actores, el estar en escena realmente. Creo en eso, firme y duramente creo en el encuentro. Salgamos del sillón, y de los celulares, y volvamos al cine, volvamos a las fogatas, a las reuniones de amigos, al encuentro de la familia, a sentarse a la mesa a conversar”.

Las palabras de Caballero son una declaración de principios que se traducen estéticamente en sus propuestas escénicas. No es raro que Mónico, quien hizo talleres de actuación en La Escena e integró el elenco de Pan rallado, comparta sensibilidad en ese sentido. El trabajo sobre algunos aspectos de la memoria afectiva suele ser disparador de procesos escénicos de Caballero, y Mónico en un momento quiso escribir, con el disparador del vínculo con su padre, un texto de ficción que profundizara en esa situación. Luego de trabajar el texto con Federico Roca y que se dieran los tiempos, Caballero asumió la dirección e invitaron a participar a Walter Rey, quien se estaba recuperando de un problema de salud. Allí ya empieza un encuentro en el que las personalidades creativas diversas se potencian, junto al equipo de diseño, para expandir el encuentro creativo hacia los espectadores. Y un elemento clave termina siendo la mesa familiar que reúne a los personajes y a parte del público. Esa mesa de mármol que da nombre a la obra es un objeto que simboliza las reuniones familiares y que se convierte en otro de los personajes centrales de la obra.

La capacidad del teatro para reunir un grupo de personas en torno a una historia está más que demostrada. Calacatta tiene la particularidad de que nos toca desde algunos aspectos sensoriales que nos trasladan a nuestras propias historias, entretejiéndolas con las que comparten los protagonistas. La capacidad sanadora de esos encuentros teatrales la experimentó el propio colectivo durante el proceso, permitiendo exteriorizar un dolor que quizá no se puede sanar, pero del que sí es necesario hablar. Y no sé como es que esa verdad que suelen transmitir los espectáculos de Caballero circula fuera de la sala, pero el inhóspito sábado pasado La Escena estaba repleta. Pero no repleta de la gente que uno acostumbra ver en las salas teatrales, que es mucha y diversa, pero que con décadas de transitar escenarios uno identifica. El sábado pasado había mucha gente en La Escena que no es frecuente del teatro, pero que fue a encontrarse con una historia que les devuelve la suya, que les permite conectar con su propia experiencia de encuentros truncos y palabras no dichas para facilitar, quizá y como dice la directora, perdonar y perdonarse. Quedan pocas funciones. No se la pierdan.

Calacatta. Autor: Mauro Mónico. Dirección: Cecilia Caballero Jeske. Elenco: Walter Rey y Mauro Mónico. Asistencia de dirección: Nadia Porley. Escenografía y vestuario: Rosina Dematteis. Diseño sonoro: Valentín Ferreira. Diseño de iluminación: Emiliano Castro. Diseño gráfico: Andrea Rodríguez Mendoza. Fotografía: Reinaldo Altamirano.

Funciones: sábados 21:00, domingos 19:00. La Escena (Rivera 2477)

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