Si analizamos la realidad por redes sociales o los titulares de los
grandes medios de comunicación hay una polarización brutal.
Lo que llama la atención es el enfrentamiento y las agresiones.
Los insultos generan lectores y se vuelven rápidamente tendencia.
Y algunos buscan los quince minutos de fama atacando a otros.
El tema de las identidades se valora por encima de lo colectivo.
Y la contradicción social principal pasa a ser de: ciclistas versus
automovilistas, homófobos contra diversos, comedores de asado
frente a veganos, charrúas y riveristas, manyas y bolsilludos.
La cosa se complica cuando referentes políticos entran a agraviar
para conseguir aplausos de las respectivas tribunas partidarias.
Corruptos, ladrones, mentirosos, agro simios o tribilines son
moneda corriente en aquellos que deberían predicar con el ejemplo.
Frente a eso, las hordas se suben al carro de la violencia verbal.
Y parece que vale todo para desprestigiar al “enemigo“ de turno.
Por supuesto que hay temas que concitan mucha atención de los
militontos y pasan de la estancia María Dolores al astillero Cardama
o de la presidencia de ASSE al Fondo de vivienda sindical o fiscalía.
Auguramos que ahora el gran enfrentamiento que se viene va a ser
entre el chorizo sionista de Centenario y el carnaval pro palestino.
Linda forma de gastar neuronas y tiempo en discusiones estériles.
Creo que lo importante es poder romper esa burbuja en la que
todos de una forma u otra, incluso sin saberlo, estamos.
Mi opción es seguir y leer a todo el espectro ideológico existente, de
la ultraizquierda trasnochada a la derecha más dura y recalcitrante.
Más allá del masoquismo que implica, es una buena receta para ver
que hay muchos otros que piensan diferente y hasta encontrar que
en algunos temas, mal que nos pese, tienen argumentos fuertes.
La división entre blanco y negro, es una falacia, hay muchos grises.
La mentada coherencia y el mantener incambiado el pensamiento
no siempre es un mérito, muchas veces es sinónimo de dogma.
Reconocer que el otro puede tener razón no es fácil, pero es sano.
Alfredo García




