La eutanasia no es lo que la mayoría suele pensar[1], porque es una práctica confundida con prácticas médicas como la sedación paliativa, entre otras[2]. Muchos dicen estar “a favor” o “en contra” a partir de falsos supuestos y con un grave desconocimiento de los proyectos de Ley en discusión. Sobre este asunto hemos escrito en Voces durante cuatro años[3], sobre la evidencia internacional que muestra las consecuencias sociales de legitimar una forma de suicidio asistido[4].
El proyecto de ley presentado este año, casi idéntico al aprobado en diputados en 2022, no solo desconoce todas las sugerencias y críticas que se hicieron por parte del MSP, del Colegio Médico y de otras instituciones y expertos en Bioética[5]. Es como si fueran en el sentido contrario de cuidar y reconocer derechos, en una facilitación del suicidio de personas vulnerables con enfermedades crónicas o personas con discapacidad que no tengan una buena calidad de vida.
El artículo 2 no incluye solo a personas con enfermedad terminal, sino a “toda persona mayor de edad, psíquicamente apta…” que padezca una o más patologías o condiciones de salud crónicas, incurables e irreversibles que menoscaben gravemente su calidad de vida, causándole sufrimientos que le resulten insoportables, tiene derecho a la eutanasia.
“Psíquicamente apta” quiere decir que pueden consentir, que pueda tomar decisiones. Pero puede ser una persona deprimida que está lúcida. Puede ser una persona que se siente una carga para su familia y se siente abandonada y prefiere morir por la soledad, no por la enfermedad, como sucede en Canadá. Y no hay psiquiatra, ni psicólogo, ni asistente social en el proyecto.
Que el artículo diga una o más patologías “o condiciones de salud”, incluye discapacidad, porque muchas condiciones de salud incurables e irreversibles, son formas de discapacidad que con malos cuidados y en situaciones de extrema vulnerabilidad les estamos ofreciendo una salida rápida e hipócrita, concluyendo que es “su decisión” querer morirse.
La comisión que evalúa la eutanasia es después de fallecida la persona. Esto ha sido ampliamente criticado, pero no parece ser algo atendible por los promotores del proyecto. El médico presenta el informe de lo que hizo (es juez y parte) al MSP y seguramente no encontrarán nunca algo improcedente, porque deberían resucitar al difunto para preguntarle si no se sintió presionado o menos libre por alguna razón. Lo lógico sería que como en España el Comité de garantías previas evalúe antes y no después.
¿Más o menos libertad?
Quien sufre mucho es menos libre, porque lo que necesita para tomar decisiones más libres es estar liberado del sufrimiento, mediante el alivio necesario. Y los Cuidados Paliativos no son una alternativa a la eutanasia, sino un derecho que debe ser asegurado con o sin eutanasia. Sin embargo, el proyecto no exige que el paciente pase por Cuidados Paliativos antes, solo se le informará “de la existencia de los Cuidados Paliativos disponibles” (art 4), lo cual es también muy injusto para llamarle “Libre decisión”. Y lo más grave aún es que se les ha pasado la fecha establecida y no se ha reglamentado la Ley de Cuidados Paliativos, sigue allí sin avanzar por alguna misteriosa razón. En lugar de asegurar alivio y cuidado, les parece más urgente la eutanasia. La verdad es que quien muere por eutanasia muere sufriendo, porque el fin al sufrimiento lo pone el fármaco letal. En cambio, quien muere en buenos Cuidados Paliativos muere aliviado, reconocido y valorado.
Los estudios sobre pacientes que manifiestan deseos de morir en condiciones críticas, muestran que son muchos los que cambian cuando son atendidos debidamente y rodeados de afecto y comprensión. Decirles que “es su decisión” puede ser una forma de abandono, sin preguntar por las causas sociales y emocionales que llevan en esa dirección.
Roger Foley, un canadiense de 49 años con una enfermedad degenerativa que le mantiene hospitalizado y dependiente de cuidados, es una víctima del nuevo paradigma de supuesta “compasión”: el sistema sanitario le ha negado la atención domiciliaria y le ha presionado para que pida una “muerte asistida”. Pero él quiere vivir y afirma: “Mi vida ha sido devaluada. Se me ha coaccionado para que pida la muerte asistida mediante abusos, negligencias y falta de cuidados”. Ha hecho una demanda judicial por el derecho a una “vida asistida”. La paradoja es que, con estas leyes que supuestamente te dan un “nuevo derecho”, los enfermos deben luchar por el derecho a vivir.
Un caso de 2019, también en Canadá, fue el de Alan Nichols, de 61 años, con una fuerte depresión. Le aplicaron la eutanasia “por su solicitud”, que fue siempre dudosa. Los familiares sostienen que su muerte no era previsible, no apoyaban la decisión de los médicos. Pero ante la duda, la razón la llevarán siempre los médicos.
¿Por qué no el suicidio asistido?
Si bien no creo que sean opciones válidas éticamente, ni el suicidio asistido ni la eutanasia, debo reconocer que los países que tienen suicidio asistido y no eutanasia, las cifras no aumentan. Si se quiere respetar la decisión de la persona y su elección individual, algunos se preguntan con razón por qué no se limita el proyecto a la ayuda al suicidio (suicidio asistido), en lugar de abrir la puerta a que un médico pueda terminar con la vida de su paciente (eutanasia). Porque, aunque ambas sean formas de eliminar a quien sufre, en el suicidio asistido no hay un tercero que tiene que matar y se evitan todos los problemas con involucrar a los médicos, porque el Estado puede facilitar esta práctica sin involucrar a los médicos directamente, como hizo Suiza.
No estoy de acuerdo en promover el suicidio asistido, pero conociendo las diferencias entre las legislaciones y su impacto social, nunca entendí por qué el apuro con la eutanasia cuando está demostrado que genera más abusos, crece año tras año y además crea muchos conflictos y desconfianzas en la relación médico-paciente, y el suicidio asistido es más controlable.
En los hechos el resultado es el mismo, lo que cambia es el procedimiento. ¿Por qué cuando vinculamos la eutanasia con el suicidio insisten algunos en decirnos que no es lo mismo? ¿No es “ayudar a morir” a quien se quiere morir? ¿O es que la vida de los pacientes con enfermedades crónicas tiene menos valor que la del sano? Si no se puede responder a esta pregunta, es porque es obvia la respuesta: Sí, proponer la eutanasia solo se justifica si se piensa que hay vidas que valen menos, que se las puede matar a pedido y a otras no, porque consideran que una vida sin la calidad esperada no vale la pena vivirse. Pero se les dirá a los pacientes que es por empatía, por compasión, y si alguien les llegara a hacer prevención del suicidio le acusarían de imponerle otra moral y de no respetar su libertad. ¿Por qué ese argumento no se usa para el suicidio en general? Sabemos que muchas personas que se suicidan no necesariamente padecen una enfermedad psiquiátrica. ¿Entonces? No hay respuesta, solo eufemismos: “La eutanasia es un nuevo derecho”, “Es un acto de amor”, y toda una literatura de frases edulcoradas para no llamar a las cosas por su nombre y aceptar que retrocedemos social y culturalmente en el reconocimiento de la dignidad inalienable de todo ser humano.
Izquierda y derecha ultraindividualistas y emotivistas
El respeto por la persona no es ayudarle a concretar un suicidio, sino reconocer su dignidad en un trato humano y solidario, no en promover una cultura del descarte basados en una filosofía hiperindividualista donde solo importa si es su decisión o no, sin preguntar más por las causas ni por el contexto. Lo extraño de esta tendencia es que es promovida fundamentalmente por personas que dicen ser “de izquierda” y paradójicamente su único argumento es libertario: “cada uno es dueño de su propia vida” (autopropiedad), sin preguntar por las injusticias sociales y cotidianas que han llevado a una persona enferma a pedir que acaben con su vida. Y quienes dicen hacerlo porque son “liberales” en partidos llamados “tradicionales”, también parecen dejar de lado el humanismo liberal que reconoce la igual dignidad de todo ser humano y el derecho a la vida como fundamental, donde no puede existir una ley que discrimine personas que puedan renunciar a su derecho a la vida y otros que no, con lo cual no se protege la vida de todos por igual, porque queda sujeto a la subjetividad de quien considera que su vida carece de valor o no. En este debate lo más valioso de la tradición filosófica humanista de la izquierda y la derecha uruguaya ha sido olvidado y diluido en políticas llenas de individualismo y emotivismo superficial.
Imposición moral ¿Y la laicidad?
El derecho tiene siempre un fundamento moral, inevitablemente. Un Estado laico no impone una visión moral, sino que tiene que articular la pluralidad de formas de vida y lograr que cooperen entre sí, sin favorecer a ninguna de ellas por sobre otras. La pluralidad exige neutralidad del Estado. ¿Pero es eso posible? No es algo fácil, y muchas veces se usa el concepto de laicidad para no escuchar posturas que disientan con determinadas visiones de la vida y de la sociedad. La laicidad exige escuchar todas las voces que, en la sociedad democrática, exponen desde la razón sus argumentos y sus valores[6].
En un debate público en el marco de una sana laicidad, todos deben tener derecho a presentar sus argumentos en igualdad de condiciones, y a ser escuchados del mismo modo, sin importar de donde vengan o en que crean (o no crean), sino a partir de la racionalidad de sus argumentos, de su conocimiento y experiencia en determinados temas, así como de su honestidad intelectual[7].
Se usa falazmente el argumento de que estar en contra de la eutanasia es querer imponer una visión moral particular a toda la sociedad. ¿Y no es lo contrario también lo mismo? ¿No es imponer por ley que la vida humana vale menos si tiene una enfermedad incurable e irreversible o una condición de salud incurable e irreversible? Se dice: “Si hay eutanasia legal, no se le va a imponer a nadie, cada uno podrá elegir”. Pero eso no es cierto, porque habrá personas cuyo derecho a la vida pasará a ser relativo y desprotegido si cumplen con determinadas condiciones que los colocan en la categoría de eutanasiable. No le obligarán, pero lo habrán puesto socialmente en ese lugar. Y ya sucede en países donde es legal y se ha naturalizado paradójicamente que es un egoísta quien quiere vivir con dependencia y es un ejemplo de libertad y solidaridad quien se suicida con ayuda. ¿Eso no es una visión moral que se impone por ley? Por supuesto que sí, por eso nadie es aséptico en estos temas ni objetivo, pero lo que debería primar es la responsabilidad política y social para que las leyes no hagan más mal que bien a los ciudadanos.
[1] ¿Es necesaria una Ley de eutanasia? – https://semanariovoces.com/es-necesaria-una-ley-de-eutanasia-por-miguel-pastorino/
[2] Los mitos sobre la eutanasia: https://semanariovoces.com/7-mitos-sobre-la-eutanasia-por-miguel-pastorino/
[3] Exposición en Comisión de Salud del Senado en 2024: https://semanariovoces.com/eutanasia-como-injusticia-y-abandono-social-por-miguel-pastorino/
[4] Eutanasia como retroceso social: https://semanariovoces.com/eutanasia-avance-o-retroceso-social-por-miguel-pastorino/
[5] Lo que no te contaron: https://semanariovoces.com/msp-y-eutanasia-lo-que-no-te-contaron-por-miguel-pastorino/
[6] En cuanto a la confusión entre moral y fe: https://semanariovoces.com/motivos-religiosos-por-miguel-pastorino/
[7] Sobre los modelos y formas de comprender la laicidad: https://semanariovoces.com/modelos-de-laicidad-por-miguel-pastorino/







