Más allá de la falta de estudio riguroso y profundo que hay sobre el tema, la falta de responsabilidad que ha existido en el debate parlamentario queda en evidencia cuando, quienes lo votaron, no han tomado en cuenta ninguna de las advertencias de especialistas que desde 2022 han sugerido cambios en los artículos del proyecto (Colegio Médico, Academia Nacional de Medicina, Cátedras de Derecho Penal, Paliativistas, Psiquiatras, Bioeticistas, etc). Todo indica que la explicación más plausible es la negligencia o la superficialidad: ¿Por qué no se hizo un mínimo esfuerzo por dar garantías y proteger derechos de los pacientes? No se entiende. En resumen, la ley no cuenta con psicólogo ni psiquiatra que evalúe a un paciente, que además de una enfermedad crónica tenga una depresión, con lo complejo que es el deseo de morir en circunstancias de sufrimiento existencial, aunque el dolor físico se trate. No hay comisión previa que evalúe el caso, ni especialista, ni el médico tratante del paciente, solo lo hace un médico, sin especificar. No hay trabajador social que conozca el entorno del paciente que puede estar sujeto a presiones y abusos. Lo más insólito: no se aseguran cuidados paliativos previos, solo se le informa que existen. Es decir, no es libre el paciente a quien no se le busca aliviar y solo le queda sufrir o morir por falta de la atención debida.
El sufrimiento ligado a pobreza, soledad y falta de acceso a cuidados podría resolverse con una muerte medicalizada en lugar de con apoyos sociales y sanitarios. Además, con tasas de suicidio e intentos en aumento (764 muertes por suicidio en 2024, según datos oficiales del MSP), y un 70% de brecha de atención en depresión y ansiedad, la falta de salvaguardas podría habilitar eutanasia en cuadros tratables.
Lejos de ampliar derechos y libertades, esta ley recorta las protecciones más básicas. En lugar de garantizar más justicia y opciones para quienes sufren, deja a las personas más frágiles con menos libertad real (al no garantizar apoyos ni cuidados adecuados), con menos derechos (al desproteger a los pacientes sin supervisión efectiva) y con menos justicia (al habilitar que la respuesta al sufrimiento sea la muerte en vez del alivio, el cuidado y el acompañamiento).
En los últimos años de debate legislativo, ninguna de las objeciones técnicas, éticas y jurídicas planteadas por profesionales e instituciones especializadas ha sido tomada en cuenta. El proyecto ha avanzado sin atender críticas fundamentales que advertían sobre sus graves carencias, sin dar respuestas fundadas[1].
AQUÍ LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE LA LEY:
- Amplitud de motivos: el artículo 2 incluye “condiciones de salud irreversibles”, sin necesidad de estado “terminal”: la vejez o la discapacidad son motivos para la eutanasia.
- Sin garantías previas: no exige evaluación de psiquiatras, psicólogos ni trabajadores sociales.
- Sin control independiente: la revisión independiente del caso se realiza después de la muerte.
- Sin acceso real a cuidados paliativos: solo se debe informar de los cuidados paliativos “disponibles”, en lugar de exigir cuidados paliativos que podrían evitar una decisión no libre, determinada por el sufrimiento.
- Criterios vagos y riesgosos: expresiones como “condiciones de salud” o “grave y progresivo deterioro de la calidad de vida” quedan indefinidas, aplicables a múltiples situaciones no terminales, y a criterio discrecional de los dos médicos que autorizarán (y uno de ellos realizará) la eutanasia.
- Amenaza a los más frágiles: personas en soledad, pobreza o con discapacidad pueden sentirse presionadas a optar por la eutanasia, no por verdadera libertad, sino por falta de apoyos.
¿CÓMO SE HACE UNA EUTANASIA?
Cuando los medios, discursos políticos, campañas sociales y películas describen la eutanasia como un acto sencillo y pacífico, lo hacen en buena parte omitiendo una parte esencial de la realidad: no todos los casos terminan con una muerte suave y sin dolor. La verdad de la eutanasia es que no hay protocolos internacionales claros, los médicos no han sido formados para esto y hay serias y documentadas complicaciones médicas documentadas. Hay casos donde el proceso final puede prolongarse, acompañado de dolor y sufrimiento emocional. Estos datos no suelen estar ni en el debate público ni en la conciencia de quienes la promueven como si fuera una acción humanista.
En una entrevista que realicé a la Dra. Delia Sánchez en 2021, referente internacional en Bioética y experta en Salud Pública, daba cuenta de que: “un porcentaje de los pacientes a quienes se les aplican sustancias letales para practicarles eutanasia o suicidio asistido, no mueren de modo sereno ni con ausencia de sufrimientos. Además, no hay homogeneidad en las prácticas”. Un trabajo muy conocido del año 2000, es el de Groenewoud y colaboradores, que en dos oportunidades, encuestaron a 1047 médicos holandeses. Se les preguntó si habían participado en suicidios asistidos o eutanasia, y a quienes respondían que sí, se realizó una entrevista en mayor profundidad sobre el caso más reciente. Analizaron los 649 casos en los que se había informado la existencia de problemas técnicos y complicaciones clínicas. De estos casos, 535 correspondían a intención eutanasia y 114 a intención de suicidio asistido. Ocurrieron problemas técnicos en 5% de los casos, relacionados casi todos a problemas con el sitio de punción venosa, y complicaciones clínicas en el 4%. Un 7% presentó problemas para completar el procedimiento. Las complicaciones incluyeron espasmos, vómitos, cianosis (y otras no especificadas) y cuando se habla de problemas para completar el procedimiento, se refiere a tiempos mayores de los esperados para ocurrencia de la muerte (llegando incluso a los 14 días después de administrada la medicación); o pacientes que despertaron del coma (5 casos). No encontraron diferencias relativas a la especialidad de los médicos intervinientes ni a su experiencia previa.
Referencia: Groenewoud, J. H., van der Heide, A., Onwuteaka-Philipsen, B. D., Willems, D. L., van der Maas, P. J., & van der Wal, G. (2000). Clinical problems with the performance of euthanasia and physician-assisted suicide in the Netherlands. New England Journal of Medicine, 342(8), 551–556.
COMPLICACIONES Y FRACASOS CON LOS PACIENTES
Otro estudio más reciente, de hace unos tres años, (Worthington, A., Finlay, I., & Regnard, C. (2022). Efficacy and safety of drugs used for ‘assisted dying’. British Medical Bulletin, 142(1), 15–22) analiza protocolos oficiales de Canadá y Países Bajos, informes anuales de EE. UU. y Canadá, y publicaciones académicas sobre métodos de eutanasia y suicidio asistido en EE. UU., Bélgica, Canadá y Suiza. También recoge evidencia de complicaciones y fracasos, así como relatos difundidos por medios de comunicación. En esta investigación se demuestra que:
- No hay consenso sobre un fármaco o combinación que sea el más eficaz para terminar con la vida humana. A diferencia de los medicamentos de uso médico, que atraviesan estrictos procesos de aprobación para evaluar eficacia y seguridad, los fármacos usados en “muerte asistida” no han sido sometidos a esos controles. Canadá, por ejemplo, reconoce que casi no existe investigación sobre dosis tan altas ni literatura revisada por pares que guíe las prácticas.
- Hay evidencia de que las muertes asistidas pueden ser angustiosas para pacientes y familiares. Dado que una de las razones principales para legalizar esta práctica es ofrecer una muerte “segura y confortable”, resulta fundamental examinar qué fármacos se usan y la frecuencia de complicaciones o fallos.
- Los hallazgos muestran que se emplea una amplia variedad de combinaciones de drogas letales y que las complicaciones y fallos son frecuentes, lo que sugiere que los solicitantes de la “muerte asistida” están en riesgo de sufrir muertes angustiosas.
LAS PRINCIPALES COMPLICACIONES
Entre las principales dificultades que se encuentran están, la dificultad para acceder a la vía intravenosa, muertes demasiado rápidas o demasiado lentas, dolor en el sitio de inyección. A su vez, hay varios casos de pacientes que permanecen conscientes mientras están paralizados por los bloqueadores neuromusculares, sufriendo insoportablemente sin que pueda ser percibido externamente.
En autopsias de ejecuciones con protocolos similares (inyección letal) se muestran edema pulmonar agudo, compatible con sensación de asfixia si el paciente estuviera consciente. Por estas razones la muerte asistida no siempre garantiza paz ni rapidez, ni mucho menos ausencia de dolor y sufrimiento. Por esto en algunos países se insiste en que se explique claramente a los pacientes los riesgos del procedimiento (consentimiento informado). Y por el momento no hay investigación suficiente sobre los efectos adversos de las combinaciones letales que se utilizan.
La investigación concluye que, aunque se presenta como una muerte serena y sin dolor, la evidencia de los lugares donde es legal muestra que no siempre es así. La frecuencia de complicaciones registradas o sospechadas indica un riesgo de muertes poco pacíficas y de duelos traumáticos para las familias.
Estos hallazgos revelan la necesidad de investigar los mecanismos de acción de los fármacos usados, ya que apenas se ha prestado atención a los problemas de experimentación no controlada con cócteles no monitorizados. Aunque algunas asociaciones médicas han publicado protocolos, ningún gobierno financia investigación sobre estos fármacos. También se requiere una recolección de datos más exhaustiva y accesible públicamente en las jurisdicciones donde la práctica es legal.
La prevalencia de efectos adversos tiene implicaciones para la práctica clínica: los pacientes deben ser informados de que la experiencia puede no ser “segura y confortable”, y de los riesgos de complicaciones. En la eutanasia, debe advertirse que los pacientes recibirán paralizantes musculares que detendrán la respiración y podrían impedirles comunicar si sufren.
UN SUFRIMIENTO SILENCIOSO
Lupe Batallán, directora del Observatorio para la dignidad, escritora argentina y activista en la defensa de los Derechos Humanos, en su libro “Dignos hasta el final” (2022) presenta un detallado y riguroso estudio sobre cómo se practica la eutanasia en los países donde se ha despenalizado, a partir de toda la evidencia científica publicada. En el capítulo: ¿Cómo se realiza una eutanasia? Así lo describe:
“Una vez inducido el coma, si no se realiza rápidamente, se corre el riesgo de que los químicos se redistribuyan por el cuerpo y el paciente no alcance el grado de inconsciencia deseado o que ésta no dure lo suficiente, haciendo que sea consciente de los efectos del bloqueante neuromuscular… Cuando se procede a administrar el bloqueante neuromuscular, que paralizará todos los músculos excepto el corazón, se le provocará un paro respiratorio y se producirá la muerte por anoxia (falta de oxígeno). Este proceso puede durar hasta 20 minutos provocando que los pacientes se vuelvan cianóticos (quedan azules por la falta de oxígeno)”. (pp. 77-80)
Según lo que ha investigado Batallán, el riesgo más escalofriante tiene que ver con los errores de inducción al coma. “Los bloqueantes neuromusculares no generan analgesia (ausencia de dolor) ni hipnosis (sueño), de modo que, si hay una falla en esos pasos, el efecto desaparecerá antes de lo previsto y podría ocurrir que, durante el proceso eutanásico propiamente dicho, el paciente fuera consciente y sintiera muchísimo dolor” sin poder manifestarlo.
Esta es una sola de las caras no visibles de la eutanasia decorada con ideas románticas de una “muerte dulce”. Lo que los uruguayos necesitamos es una mejor calidad de atención en salud para todos, un real acceso a cuidados paliativos en todo el país y de calidad, para vivir y morir dignamente. Sin eso y con una ley de eutanasia, no hay más libertad ni más derechos, solo injusticias que se seguirán agrandando, especialmente sobre los más solos y abandonados, que “libremente” elegirán morir porque nadie se ha ocupado de su sufrimiento.
La verdadera ampliación de libertades exige un acceso garantizado a cuidados paliativos, salud mental y apoyos sociales que acompañen a los más frágiles.
[1] Artículo donde sintetizo las cuestiones en discusión y que no han sido atendidas: https://semanariovoces.com/eutanasia-de-mal-en-peor-por-miguel-pastorino/






