Facundo Márquez, empresario: Sin educación nada es viable

Lo conocimos hace un tiempo en un asado que organizó en su casa para políticos y periodistas.

Luego vimos su trayectoria como presidente de la Cámara de Exportadores y se caracteriza por hablar con todo el espectro político y social. Es un ejemplo de una nueva generación de empresarios que está tomando la posta en nuestro país.

Por Santiago Pérez y Alfredo García / Fotos: Rodrigo López

PERFIL:

Nació en Buenos Aires porque su padre trabajaba en Argentina.  Tiene cuatro hermanos. Estudió en el British, el Christian y el IAVA.

Como jugador de rugby fue a jugar un Mundial de rugby juvenil y se quedó un año y medio en Europa. Estudió Economía en la ORT. Trabajó en el ABN AMRO, un banco holandés. Se fue por un tiempo a trabajar a Brasil. Es casado y tiene cinco hijos.

¿Cómo se te ocurrió el tema del caviar?

Cuando decidimos emprender la vuelta para Uruguay nos pusimos a inventar algo diferente, medio innovador. Y lo que pensamos era hacer algo vinculado a la acuicultura. Yo, viajando, veía que la demanda del pescado y la acuicultura venía creciendo mucho. Uruguay tiene excelentes condiciones. Acá no se da mucho por un hecho cultural, la carne tapa todo. Nadie come pescado, pero las condiciones medioambientales las tiene. Acá en acuicultura lo único que había era otra empresa de caviar y ahí fuimos a dar con una mujer que era una emprendedora nata que se llama María Noel Ache. Nos unimos en la idea con ella, trajimos un experto ruso en el tema y dijimos: “Vamos a largarnos”.

¿Cómo cambiaste el chip de empleado a emprendedor?

Siempre fui medio emprendedor, desde chico, fui disc-jockey y cuando me fui del banco para una empresa tampoco me sentía que era empleado bancario. Siempre me movió un poco lo dinámico. No me costó nada pasar a ser emprendedor. Y ahí empezamos la aventura.

Encontraste un lugar donde instalarte.

Sí, recorrimos varios lugares. San Gregorio de Polanco reunía una cantidad de condiciones, que no era solo el lugar desde el punto de vista medioambiental. Porque obviamente tiene que ser un lugar que nunca puede faltar el agua, que tiene que ser de buena calidad, lo más río arriba posible para que no tenga ninguna industria arriba. Y además tenía algo que era muy importante, que quizás lo valoramos más después que al principio, que era gente conocedora del agua.

¿A qué te referís con eso?

San Gregorio es una península rodeada de agua con mucha gente que pesca, sabe de eso y no le tiene miedo a lo que es el frío. Trabajar en el agua en invierno son condiciones muy duras y quizás ese mismo proyecto en otro lugar no funcionaba. Y la gente ahí es metedora, va para adelante y no le tiene miedo a eso. Hicimos una muy buena simbiosis pueblo y empresa, al punto de que nosotros nos llamamos Caviar San Gregorio de Polanco. Toda la gente que trabaja ahí es del pueblo, muchas mujeres.

Son pueblos en los que normalmente es difícil conseguir trabajos estables. Ahí es más que nada muchas zafras.

¿Cuánta gente tenés trabajando?

Hoy nosotros somos ahí, en San Gregorio, unas cincuenta personas. Diría que somos la empresa más grande. Además, fuimos declarados de interés nacional y departamental. Tenemos que cumplir con una cantidad de regulaciones. La mayoría de esas personas están desde hace quince años, muchas de ellas empezaron trabajando en la construcción de la obra y siguieron trabajando con nosotros. Así que ya somos parte del pueblo.

¿Hay diferencia entre lo que imaginabas y lo que tenés hoy en la realidad?

Sí. Primero, porque uno lo hace medio de atrevido e inconsciente. Procesos que llevan siete u ocho años en un mundo que no sabemos lo que va a pasar mañana. Después uno va valorando lo que es Uruguay, porque no en cualquier lugar se puede llevar adelante este tipo de proyectos de largo plazo.

Uruguay, por muchísimos años, fue el único país en el mundo, en el hemisferio sur, que hacía caviar. Además de reunir condiciones ambientales, el país tiene una estabilidad que permite a ciertos proyectos que no se permiten hacer, por ejemplo, en Argentina.

¿Cómo evolucionó la empresa?

Estamos exportando a sesenta países en todo el mundo. Nosotros tuvimos un proceso continuo de crecimiento desde que empezamos hasta el 2019. En el 2020, con la pandemia, se complicó todo porque se nos trancó la exportación. Pero además nuestros clientes eran hoteles, restoranes, cruceros, todo lo que cerró. Así que, de un día para el otro, pasamos de un crecimiento continuo a cero. Y lo que tiene  este proyecto es que tenés que seguir manteniendo los peces. Bueno, esa es otra de las cosas que le agradecemos a Uruguay, que nunca se paró la maquinaria.

¿Cómo pudieron seguir?

Sobrevivimos muchos años en ese proceso. O sea, se tuvo que sobrevivir sin vender.

¿Hicieron stock?

Bueno, esas son decisiones también que había que tomar, porque para hacer el caviar hay que sacrificar los esturiones. Imagínense en marzo del 2020, que es cuando empiezan las cosechas. Y en ese momento    había que decidir si sacrificábamos los esturiones y guardábamos el caviar. Estábamos todos encerrados y nadie sabía nada. Capaz que matábamos los peces y se nos ponía feo el caviar. Entonces nos quedábamos sin peces, sin caviar, sin nada.

¿No hay extracción sin matarlos?

Para obtener el caviar de calidad, y nosotros estamos en el nicho de más alta calidad, hay que sacrificar los esturiones.

¿Qué hacen con la carne?

La carne la mandamos a Rusia. Sacamos las huevas, se hace el caviar y el pescado se va para Rusia. Y, en el medio, saliendo de la pandemia, nos agarra la guerra a Rusia con Ucrania. Si me decís todo lo que pasé en todos estos años…

Si sobreviviste a eso, ya nada importa.

Hace quince años que empecé con la empresa. Acá tenés muchísima ventaja, que sos un producto muy único del hemisferio sur, que lo hacemos de forma natural, como casi nadie lo hace, en el río. Tiene la contra, como todo en Uruguay, que estamos lejos de los mercados consumidores, que son principalmente en el hemisferio norte, Estados Unidos, Europa, Japón, Australia y Medio Oriente. Entonces, todo tiene sus pros y sus contras. He aprendido a decir que Uruguay es un país chico que tiene también ventaja, porque hay muchísima gente que valora lo chico. En Caviar San Gregorio de Polanco somos chicos y somos mucho más flexibles en un aprendizaje más personalizado.

¿Te fuiste por el lado de la calidad?

Sí. Es que nosotros en Uruguay, salvo en algunos rubros muy puntuales, tenemos que apuntar a la calidad, ese es nuestro nicho en el mundo.

Por volumen no es.

Nunca va a ser. Nuestro diferencial es la calidad, es el tema de la sostenibilidad, que cada día es más importante para muchos consumidores. Nosotros criamos en el río, a cielo abierto. La mayoría de los productores de caviar del mundo lo hacen en circuitos cerrados, en ambientes controlados. Pero nosotros tenemos una fortaleza.

¿Logran la misma calidad en esas condiciones?

Nosotros tenemos una calidad que hoy es valorada como de los mejores caviares del mundo. Somos muy de nicho.

¿Cuántos esturiones tenés que tener para sacrificarlos?

En términos generales, más o menos, sacás el 10 por ciento del peso, depende de la especie de esturiones.

Pongámosle que un kilo de caviar por esturión.

¿Y cuánto tiempo tiene que crecer?

Depende de la especie, pero puede ir desde los seis hasta los quince años. Por eso tiene ese valor el caviar, por los tiempos que lleva, y obviamente tiene un cuidado y una alimentación. Es una historia aparte el caviar, se consume en momentos especiales. La principal época de consumo es Navidad y la fiesta de fin de año.

¿Es rojo o negro?

 Negro, el rojo no es caviar. El caviar verdadero es originario del Mar Caspio, porque era de donde venían originalmente los esturiones. Y el caviar es solo de las huevas de esturión, que son de colores oscuros. El rojo son huevas de otros peces. Y uno se da cuenta por el precio.

¿Quién produce caviar?

El mayor productor del mundo es China, tiene más de la mitad de la producción mundial.

¿Hay posibilidad de crecimiento acá?

Sí, hay margen de crecimiento. De hecho, nosotros estamos en ese proceso, lo que pasa es que lleva años. En general, nos conocen. Uruguay es conocido en el mundo por su excelente caviar.

¿Y aparte de China?

Francia e Italia. Rusia ya no produce más porque el caviar originario de Rusia era salvaje. Y el esturión se empezó a extinguir por la caza indiscriminada, porque el caviar valía mucho. Entonces se prohibió, por la CITES (Convención Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), que es un organismo que depende de la FAO, la venta de caviar salvaje. Hoy hace muchos años que el caviar solamente viene de granja. Rusia produce muy poquito, de hecho es importador de caviar e importa esturión, porque históricamente tiene muchos platos tradicionales a base de esturión.

¿Cómo te llevás con el ecosistema que no estaba preparado para tu emprendimiento?

Y bueno, fue parte de muchos dolores de cabeza y tiempo, porque era todo nuevo en cada organismo que íbamos a explicarles los procesos. Todo: desde la Dinara y la Dinama hasta el Ministerio de Trabajo. “¿Ustedes qué son, agro o industria?”. Queremos importar redes, que hasta el día de hoy no podemos, como productos vinculados al sector agropecuario. Acá en Uruguay no existía nadie que produjera la ración de peces en el volumen que nosotros precisábamos. Entonces tuvimos que hacer una planta de producción de alimento de esturiones para alimentarlos.

¿Qué comen?

Básicamente pellets a base de harina de pescado. Uruguay te exonera del IVA, si importás ración pronta para ganado. Si traigo la harina de pescado, tiene que pagar el IVA de importación. Y si traía ración pronta, no. Si traigo insumos para la planta, para dar trabajo, para producir, me cobran.

¿Pudiste vencer los obstáculos?

Algunas sí, en otras no lograba mucha cosa. Ahí empecé con la Unión de Exportadores. Me iban acompañando y ayudando. Hasta ahí no tenía ni idea de la actividad gremial. En un momento, tanto jorobé que me dijeron: “Che, vení a ayudar a trabajar acá adentro”.

Es interesante que haya mucho mercado para el caviar.

Digamos que hoy en día mi restricción de mercado es la producción. Exportamos todo lo que producimos y no exportamos a más países simplemente porque todavía estamos en crecimiento. Es un producto que tiene mucha demanda, pero también la competencia existe. No es que todo el mundo consume caviar. Estamos creciendo mucho en Latinoamérica y ahí el tema de acuerdos comerciales, para una industria 100 por ciento exportadora como nosotros, son fundamentales.

¿Les sirve el acuerdo con la Unión Europea?

Para mí, el Acuerdo Unión Europea-Mercosur es un golazo. Hoy pago 20 por ciento de aranceles, entro a Europa con un 20 por ciento de desventaja frente a los productores europeos. Con Trump pagábamos 15 por ciento y pasamos a pagar 25 por ciento de aranceles de exportación a Estados Unidos.

¿Cuál es tu volumen de ventas?

Estamos en el entorno de unos 5 mil kilos de caviar. Seguimos siendo una pyme con aspiraciones para crecer hasta 12 mil kilos. Para que tengan una idea, la producción del mundo es en torno de 300 mil kilos. Y de esos 300 mil kilos, 150 mil son de China. Entonces nosotros somos 5 en 150 del resto del mundo. Allí están: Francia, Italia Polonia, Madagascar Bulgaria e Israel.

¿En América Latina hay alguien más que produzca, aparte de Uruguay?

En Chile se está empezando a hacer alguna producción chica. Ellos tienen todo el expertise de la industria salmonera. No tiene las condiciones ambientales de nosotros porque el agua es mucho más fría. Chile es muy chico, pero con la ventaja que tiene acuerdos con todo el mundo. Entonces siempre entra con ventajas ante nosotros, pero la realidad es que no son competidores, son más colegas de Sudamérica. Cada uno tiene sus nichos.

¿Comercializas en Uruguay?

Muy poco. En el free shop del aeropuerto, en algún supermercado puntual o en alguna tienda en Punta del Este, pero sobre todo en verano, para consumidores extranjeros. Pero nuestro foco es la exportación, es el 99,9 por ciento. Y viajo mucho para ver ferias en distintos países.

¿Cuál fue la cultura que más te sorprendió?

No sé si la que más me sorprendió porque, después de tantos años de viajar por todo el mundo, uno como que pierde a veces la capacidad de sorprenderse. Pero una cultura que me llama mucho la atención es Japón. Nos deja muchos años para atrás en el avance civilizatorio.

No solo en lo tecnológico.

En su cultura tienen respeto a una cantidad de cosas que nosotros no. Tienen algunos problemas parecidos a los nuestros. No tienen problemas inmigratorios, las guerras como que las sienten bastante lejos. Tienen un problema demográfico muy similar al nuestro. Entonces se han transformado en una sociedad muy poco aguerrida, emprendedora, como eran hace muchos años. De ahí viajé a Taiwán y fue totalmente lo contrario. A los taiwaneses les pregunté si no tienen miedo de China. Y su respuesta es que no piensan en eso. Solo piensan en progresar y trabajar para adelante. Porque saben que su defensa es construir empresas y ser un polo tecnológico de avanzada. Uno ve el avance de Taiwán: ellos pasaron de una industria manufacturera, en veinte años, a ser los principales productores de semiconductores y de microchips. Son culturalmente muy diferentes a nosotros.

¿Cómo nos ves parados en el mundo desde el punto de vista de la educación?

Horrible. Ves la educación en otros países y la nuestra… Queremos creer que tenemos una buena educación pero la realidad es que no la tenemos. Y siento que la brecha se agranda cada vez más entre los que están adentro de la educación. Yo le estoy dando una educación a mis hijos que sé que la gran mayoría del país no la puede tener. Y eso es como desesperante, porque siento que estamos lejos y que además es bastante desmoralizante porque sin educación nada del resto es viable. Y ves que en la agenda política la educación no es un tema. Entonces me mata la indiferencia. Tenemos que escuchar los temas que pasan en el país y siento que vamos remando en dulce de leche. ¿Cuándo van a discutir los temas realmente trascendentes?

Que muevan el país.

Claro, me voy de viaje y estamos hablando de Cardama. Vuelvo y seguimos hablando de Cardama.

¿Hasta cuándo? Hay que poner otros temas sobre la mesa que sean de futuro. Yo he estado cerca de la política y me he sentido muy defraudado. No sé si es la palabra pero miro a ver quién me puede representar y no encuentro. Siento que hoy hay mucha gente que no se debe sentir representada.

Desde chico me gustó la política, la sigo, leo y escucho de todo y me reúno con toda la gente que puedo. Y vos ves que hay un nivel de discusión, de miradas de futuro, que no es lo que era. No te estoy hablando de hace cincuenta años.

Mucho menos.

Hace quince o veinte años. Y bueno, algunos sentimos la responsabilidad de tratar de poner temas sobre la mesa e ir marcando algunas agendas.

¿Cómo se estimula desde el gobierno el tema del emprendedurismo?

Bueno, se crean organismos tratando de apoyar a las pymes y al emprendedurismo. Para mí viene mucho más atrás y empieza por una vocación desde que sos niño, que te educan en si querés ser emprendedor o querés ser empleado público, que quizás es lo contrario. No le voy a echar la culpa al gobierno. Creo que tiene que ver con políticas de Estado que se tienen que fomentar.

¿Si tuvieras la chance de cambiar tres cosas en la política, a qué apuntarías?

No tengo la menor duda que la educación es una de ellas.

Han fracasado varios.

Todo tiene motivaciones políticas partidarias. Desgraciadamente, la educación, vas aprendiendo, que no paga políticamente hablando. Entonces siempre queda relegada ante otros temas que políticamente pagan más. Y también sé que el sindicato de la educación no es fácil.

Es una tranca total.

Son sindicatos duros de roer. Pero, en algún momento nos vamos a dar cuenta que ahí es el principal cambio. Después nosotros tenemos que ser más abiertos. Muchas veces se dice que somos un país chico y lo siento como verso, como una especie de excusa. Porque siendo chico tenés una cantidad de ventajas que siendo grande no las tenés. Y muchos quieren negociar contigo, porque les das otras cosas que con los grandes no logran. Pero también cuando dicen de abrir es hacia afuera, porque adentro empezás a chocar con un montón de gente.

No te metas con mi chacra.

No me jorobes a mí. Y eso se da en todo, desde el sector empresarial hasta el trabajador y el sector público. No me compliquen la vida, que pierdo poder.

Agranden la torta, pero no la dividan.

Es un tema cultural. Nosotros tenemos que ser más abiertos hacia afuera y hacia adentro. Hoy está mucho más aceptado que Uruguay tiene que ir hacia acuerdos comerciales. Estamos en un gobierno de izquierda que dice sí al CPTPP y al Acuerdo Unión Europea-Mercosur y capaz que antes decía que no. Capaz que perdimos muchos años. Chile nos sacó mucha ventaja. También los acuerdos internacionales te obligan a ordenarte internamente. Por eso digo que los acuerdos y el acceso a mercados es otra de las prioridades, porque te obligan a competir y a estar mejor.

¿Hay una política internacional de Estado?

Sí, yo creo que sí. He transitado con la Unión de Exportadores durante gobierno de izquierda, gobierno de la coalición y ahora gobierno de izquierda. Y he visto cómo se han ido, de a poco, alineando. El mayor conflicto de las ideas estuvo vinculado al Mercosur. Hoy el hecho de haber logrado un acuerdo de Unión Europea-Mercosur es bueno. Fue el mérito de haber mantenido los equipos. Hoy en día se han acelerado muchos acuerdos por el contexto internacional y no por lo que Uruguay hizo o dejó de hacer. Como ahora, cuando estuvimos en China y surgió el tema del RCEP, que es otra posibilidad. Uno habla de acuerdos internacionales y todo el mundo está abierto.

Los exportadores están contentos.

Uruguay debería estar contento. Yo intento igual no ponerme la camiseta de los exportadores. Estoy convencido de que las cosas que peleo son por el país, no por los exportadores. Si tenemos un país más competitivo, va a ser para todos y es más competitivo en toda la cadena: más trabajo, más empresas, van a venir las inversiones. Es todo un proceso.

En algún aspecto somos un pequeño laboratorio: el Plan Ceibal, la matriz energética, el chipeo del ganado. ¿Usan chips en los esturiones?

Sí, los tenemos chipeados, y es otra de las ventajas el tener la trazabilidad. Y esto en parte fue la experiencia adquirida de la ganadería.

Y eso es una ventaja. Tenemos recursos naturales, como el agua, que es importante.

Mucho más importante de lo que se valora. Viajando, vos escuchás hablar del recurso agua. Acá, como lo tenés, no lo valorás, pero afuera es un recurso que hay que cuidarlo.

¿Y qué tanto estamos arriesgando ese recurso hoy por hoy?

Yo creo que en eso muchas veces nos pasamos para el otro lado por fundamentalistas del medioambiente.

Pero lo cuidamos, a veces, de más. Capaz que suena mal decir que cuidamos el medioambiente de más, pero, a veces, somos más realistas que el rey. Sí, pero creo que cuidamos el medioambiente. No sé si lo valoramos tanto siempre.

¿Los extranjeros lo valoran?

Me acuerdo que una vez vino un cliente mío de Estados Unidos. Venían del mundo del caviar de superlujo. Nos preguntamos: “¿Qué les podés mostrar?”. Nunca sabés cómo los vas a convencer. Y llegamos a San Gregorio, era primavera, una tardecita espectacular. Llamo a la planta: “¿Qué están haciendo?”. “Acá ya estamos terminando y vamos todos a pescar”. “¡Qué bueno! Prendan fuego y llamen al que toca la guitarra”. Los tipos hasta el día de hoy de lo único que se acuerdan, no es del caviar y todo lo que les preparamos, sino de haber estado en el borde del río Negro con el fuego, comiendo chorizos en el piso con un tipo que les tocaba la guitarra. Cosas que no tienen en Europa o Estados Unidos. Y eso nosotros no lo valoramos. Yo, cuando les quiero vender caviar, de lo último que les hablo es del caviar. Lo que yo vendo afuera es Uruguay. Nuestros clientes son los que buscan naturaleza, el río, los paisanos tomando mate y pescando. Y eso es lo que terminan valorando.

Debería ser una política institucional del país hacer ese tipo de cosas.

Bueno, eso en parte se intenta con el tema del Uruguay Natural.

¿Y Uruguay XXI?

Uruguay XXI es una de las cosas que defendí mucho y critiqué mucho en el gobierno anterior por haberle sacado muchas potestades. Que este gobierno se las volvió a dar.  Viví lo que me dio Uruguay XXI. Muchos de los lugares a los que fui y después vendí, fue con la ayuda de Uruguay XXI. También es el uruguayo: no es muy emprendedor, hay que empujarlo a salir. Uruguay XXI, para mí, es una herramienta muy importante.

¿Sirvió el viaje a China? Hubo mucha crítica.

No sé si mucha. Hubo críticas. La mayoría de la gente que critica es porque no conoce. Yo no puedo vender caviar desde acá, desde la computadora, tengo que salir a vender. En algún lugar dijeron que fue mucha gente. Ojalá hubiera podido ir mucha más, porque estamos hablando de inversión. Soy ferviente defensor de las misiones presidenciales, porque nos representan en otros países y tenés una atención que vos no tenés. Obviamente cuando fuimos a China estábamos empujando la misión presidencial a Estados Unidos. Cuando los chinos ven un país como Uruguay, que vas con esa cantidad de gente, presidente, ministros, que va el PIT-CNT y el sector empresarial, que va la Universidad, estás dando una señal de que venimos en serio. Todos nos pagamos el viaje, y dedicás el tiempo. Además de venderte con China, sirve para que ellos después inviertan acá.

¿También les sirve para contactos con nuestro gobierno?

Estás una semana que almorzás, desayunás y cenás con gente del gobierno, con el PIT-CNT, con empresarios de otros sectores exportadores. Y empiezan a salir temas, como salió el del RCEP. O te juntabas con el PIT-CNT, con Marcelo Abdala y Milton Castellanos. Bueno, tuvimos muchísimas reuniones y charlas. Eso acá no lo podés tener. Nunca estás seis días entre empresarios, con el gobierno y con el PIT-CNT. Y te vas conociendo porque entre el sector trabajador y el sector empresario hay mucha desconfianza. Es difícil a veces acordar cuando hay desconfianzas.

¿Es por falta de conocimiento mutuo o por prácticas de ambos lados?

Bueno, seguramente por prácticas de ambos lados. No le voy a echar la culpa a uno o a otro, pero sí hay. Lo primero que hay que generar es confianza. Cuando nosotros hablamos allá en China, tenemos que empezar a negociar temas de productividad. Lo que pasa es que es muy difícil ponerse a hablar del tema de la productividad cuando tenemos un acuerdo firmado y me lo estás incumpliendo. Acá en Uruguay, siempre, todo lo empañamos con temas políticos, sectoriales. Que en el PIT-CNT hay dos vertientes y para posicionarse internamente tienen que hacer cosas. Y del lado empresarial seguramente muchas veces se fue duro con el sector trabajador en exceso. Se critica que los jóvenes son más difíciles de mantener la palabra.

¿Cómo ven la reforma laboral de Argentina?

Yo te diría que lo más interesante de eso es que nos hace pensar a nosotros. Es seguro que nosotros tenemos que hacer algunos ajustes en la modernización de los acuerdos laborales. Yo estoy dentro del grupo grande de pesca del interior y es muy difícil. O sectores que son de pymes del interior y marchan adentro de un sector que negocian grandes empresas. En la construcción las empresas y sindicatos, a veces, tienen muchos más intereses comunes que con una empresa chica del interior. Y capaz que, si uno se pone hasta mal pensado, les sirve cerrar cosas porque les va a complicar a los más chicos. Entonces, para los sindicatos es mucho más fácil negociar con las empresas grandes, porque cuando van a negociar con las empresas chicas o del interior no vas a acordar tan fácil, porque la están sufriendo mucho más. Y como las empresas grandes tienen la obligación de seguir, tienen que acordar porque no pueden parar. Mientras que a las empresas chicas no las vas a convencer porque no pueden. Y bueno, entonces ahí tenés una de las debilidades que tiene el sistema, que generalmente terminan acordando sectores que no representan a todos.

¿Cómo se puede hacer?

Tenemos que empezar por buscar cómo empezamos a diferenciar, no digo quizás de ir al extremo de empresa por empresa, pero sí sectorizar. Vos tenés que considerar el tamaño de la empresa, tenés que considerar dónde, y empezar a modernizarlo.

¿Lo hablaste con Abdala en China?

Sí. Hablamos muchísimo. Fuimos al puerto de Shanghái, uno de los puertos más grande del mundo. Mueve 55 millones de contenedores. Nosotros movemos un millón. Allá funcionan como un reloj. Poca gente, todo automatizado. Y acá vivimos en los conflictos que tuvimos constantemente. Te podrás imaginar las chanzas que le hicimos de lo que era el puerto. Después nos decía: “Nosotros nos juntamos con el sindicato de China, que tiene 400 millones de afiliados”. “Ah, sí, ¿cuántas huelgas tiene?”. Bueno, así que sí, obviamente, bromas aparte, hablamos mucho con Abdala y Milton Castellano del Cuesta Duarte. Justamente estos viajes lo que tienen es que, informalmente y de forma descontracturada, hablás de muchos temas serios. Sin duda que no quiere decir que vamos a tomar todas las cosas que hace Argentina, pero algunas cosas nos deberían poner a reflexionar.

¿Por ejemplo?

Esta semana empezó lo que le llamaron la Argentina Week, en Nueva York, en Estados Unidos. Fueron Milei, Caputo, Sturzenegger, empresarios. Fueron básicamente una semana a instalarse en Nueva York a vender Argentina en Estados Unidos. Empresas de todo. Bueno, obviamente a nosotros nos moja un poco la oreja. Venimos de una misión a China con todo lo que sabemos que eso repercute. Porque nosotros tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para estar bien con todo el mundo. No es que no vayamos a China porque enojamos a Estados Unidos, no. Vayamos a China y a Estados Unidos.

Entonces ahora para ir a Estados Unidos y que sea una misión presidencial con fuerza, como fue la de China y quizás armar un evento que sea fuerte. Para que vaya el presidente, Trump lo tiene que invitar.

Nosotros desde nuestro lugar también estamos tratando de hacer fuerza, desde el sector privado, lo que podamos. Pedimos una reunión al embajador de Estados Unidos en Uruguay, que es amigo de Trump, para que lo invite. Porque nosotros queremos ir a Estados Unidos, pero nos tienen que invitar.

¿Y el gobierno quiere?

Al mismo tiempo vamos al gobierno. “Che, hay algunas cosas en las que tendríamos que ser un poco más inteligentes. Ayudame a ayudarte”. Para nada sin dejar de lado los valores que representan al país. Y lo que les decimos a los políticos es: “Por favor, no hagan política interna con la política externa”, porque siempre muchos se sienten tentados a hacerlo. Lo vivimos en China. Nosotros íbamos en el mismo ómnibus el PIT-CNT, todas las cámaras y los empresarios. Afuera somos uno. Vamos a hablar con el gobierno chino todos juntos y alineados. Después, adentro, tendremos las discusiones que sean.

Hay un viaje presidencial a Japón ahora.

En realidad creo que el presidente está invitado antes de marzo del año próximo. Y capaz hay que aprovechar, porque esos viajes son larguísimos, para ir a Indonesia, que es un país que ahora se está abriendo, un país que tiene 150 millones de habitantes.

¿Cuánto puede afectar la situación hoy en Medio Oriente a la exportación uruguaya?

Mirá, de nuevo, yo trato de mirar no solo la exportación para Uruguay en general, seguro que nos va a pegar. Hay cortos plazos y largos plazos. En el corto plazo, seguro nos va a afectar. De hecho, ya nos está afectando. Exportaciones que se hicieron a esa región y que los contenedores no están llegando. Nos va a afectar en que las tarifas marítimas van a aumentar igual que el costo del petróleo. Que eso va a implicar que todos los costos de energía van a subir y que todos los productos que importamos y lo que producimos van a aumentar. Así que en la corta nos va a pegar en contra. Segundo, quiero ser cuidadoso y no decir: “Bueno, me beneficio de la guerra”. Pero la realidad también es que, por lo que hablábamos hace un rato, este tipo de conflictos deja bien parados a regiones y valores que tiene Uruguay. Yo no sé si a la larga no terminás sacando ventaja de estos conflictos.

Pasó con las guerras anteriores, ¿no? La guerra de Corea fue un boom para Uruguay.

Y después siempre va a depender de lo que hagamos o dejemos de hacer. En el corto plazo, seguro que nos va a afectar. Nos va a afectar en la inflación y en los costos. Bueno, nosotros no tenemos petróleo. O sea que nos va a afectar el costo de los combustibles. La inflación le pondrá más presión de vuelta al Banco Central. El tema Ancap. Este gobierno se había comprometido a modificar las tarifas cada dos meses. Bueno, no sé qué va a pasar. Ancap ganó en los meses anteriores 100 millones de dólares. Bueno, si los ganó antes, ahora que amortigüe esto.

¿Por qué cuesta tanto cambiar en Uruguay?

Y bueno, de nuevo, para bien o para mal, hay un tema cultural. Nosotros valoramos a veces muchas cosas, que no digo que hay que cambiarlas. Valoramos tener nuestros tiempos, valoramos dedicarle el tiempo a la familia. Valoramos esas cosas que otros países no valoran. Yo tampoco pretendo transformarme en pasar a trabajar dieciocho horas. A veces está bien remar en dulce de leche, que los procesos acá sean largos también nos ha beneficiado en muchas cosas, y no como en Argentina, que va de un lado para el otro. A veces, ser tan lento tiene sus cosas positivas. Ahora, una cosa es demorar los cambios y otra cosa es no hacerlos nunca. Uruguay es un país que no ha tenido hambrunas, no hemos tenido guerras o catástrofes medioambientales, no hemos tenido nada de eso.

¿Uruguay es un pueblo sufrido?

Comparado con otras partes del mundo, poquito. Hay una cantidad de pobreza, pero si tú lo comparas con otras partes del mundo, Uruguay está en un lugar que está muy por encima de otros países. Sí, obviamente, tenemos que mejorar el tema de la pobreza. Hay muchísimas cosas que mejorar, pero quizás la historia misma de Uruguay ha hecho que seamos lo que somos.

¿Ves viable la jornada de seis horas?

No la veo. No digo que no haya que dar la discusión, como también discutir la productividad, pero hoy es inviable. Y nosotros lo estamos viendo. Hay empresas que se van, empresas que cierran. Hoy, con todos los temas que tenemos vinculados al problema de la productividad, pensar en seis horas sin ajustar los sueldos a seis horas es lo mismo que decir: “Te aumento el salario”. No, es posible. Me encantaría. ¿Por qué no cuatro horas?

¿La inteligencia artificial favorecería el cambio? Tendrías mayor productividad y podrías reducir el horario.

Sí, sin duda que sí. Y Uruguay tiene que ir por ahí. Por eso es tan importante el cambio tecnológico, no solamente para aumentar la productividad, no solamente para poder trabajar menos, sino porque va a haber mucho más trabajo, porque van a aparecer muchas más cosas. Ahora, también hay que entender que el cambio tecnológico lo que más va a poner en riesgo son los trabajos más operativos.

Sí, lo más mecánico.

Entonces volvemos un poco a la educación. Si queremos que ese cambio tecnológico venga acompañado de más trabajo y oportunidades, hay que prepararse, porque si te agarra desprevenido, va a ser un problema. Por eso nosotros tenemos que empezar a hablar, tiene que estar en la agenda. Por eso me alegra que se esté empezando un poco a hablar. Pero que no sea como en todo lo que pasa acá en Uruguay. Y empecemos a hablar cuando ya está la bomba por explotar. Pero sí puede ser una forma de que haya más productividad y trabajar menos. Todo se discute. Creo que hoy, así como estamos y sin esos cambios, es inviable; mañana, ojalá sea viable.

Nicolás Jodal decía que lo más importante, por el cambio tecnológico para la educación, es el espíritu crítico, saber preguntar y aprender en forma permanente.

Y ser emprendedor, que creo que va un poco de la mano con eso. Tenemos que generar esa cultura en los niños para poder complementar la tecnología, que no nos sustituya, sino que nos complemente para hacer mejores cosas.

A tus hijos, supongo, les vas a regalar una pecera.

Mirá, yo tengo cinco hijos…

¿Sos del Opus Dei?

Parte de lo que guía mi vida son los valores familiares. Seguro. Soy católico y tiene que ver con mis valores católicos. No soy del Opus, sí soy católico y parte de los valores que se me inculcaron vienen de ahí. Pero pescado no. Porque cuando estás todo el día con eso, lo único que querés es llegar a tu casa y comer un chorizo y no ver un pescado.

¿Qué edad tienen los gurises?

La más chica tiene 8 y el más grande tiene 20.

¿Tenés algún hobby?

Deporte. El rugby me dejó hace muchos años. Fútbol y deporte en general. Voy al Estadio a ver a Nacional y es parte de mi trabajo con mis hijos.

¿Sos lector?

Sí. Ahora estoy leyendo El choque de las civilizaciones, de Samuel Huntington, que ya lo había leído de chico.

Viniste de China derecho a leerlo.

Bueno, lo leí de chico y ahora lo estoy leyendo de vuelta. Sobre todo motivado por todo lo que estamos viviendo. Igual quizás es como que voy dándole más razón y menos razón. Sin filosofar, pero me hace pensar que la próxima guerra mundial va a estar mucho más vinculada a lo religioso, va a estar mucho más vinculada a lo civilizatorio, pero a veces trato de no comprar todo. Siempre encontrás trasfondos económicos y que los visten de otras cosas. Cada tanto agarro un libro que leí hace muchos años y lo vuelvo a leer.

¿Próximo viaje?

Me voy a Barcelona. A una feria de productos de mar que es la feria más grande del mundo Es ahora en abril.

Y seguimos tratando de hacer esas reuniones donde juntamos gente muy diferente. ¿Te han servido para algo? ¿Ves algún resultado?

Yo creo que no resta. Y bueno, siempre suma. Escuchás, siempre generás confianzas. No es lo mismo a veces juntarte sin haber tenido contacto. Ahora, por ejemplo, quería hacer una reunión y he hablado con gente que ha estado muy vinculada al tema de los acuerdos internacionales, he hablado con gente del Ministerio de Economía y de Cancillería. Bueno, hagamos una reunión con los principales que han impulsado el Acuerdo Unión Europea-Mercosur. Vamos a hacer un festejo interno, hay motivos para festejar. Armamos una lista. En la lista están: Lacalle, Sanguinetti, Nin Novoa, hasta los actuales. Ahora tratan de capitalizar algunos que están hoy, pero la realidad es que fueron muchos.

Viene de lejos.

Bueno, también estamos tratando de encontrar una fecha porque no es fácil. No sé qué resultado tiene más que tratar de generar ámbitos que no sé si son tan comunes. A veces nos creemos que son más comunes de lo que son.

¿Te interesa la política?

Sí. Siempre me gustó la política. Estuve en alguna lista de diputados, de chico. Siempre me tiró la política pero después la vida te va llevando para otro lado. Y bueno, ese es un tema que quedará.

¿Candidato de qué sector fuiste?

Bueno, en ese momento estaba en el Partido Nacional, un sector herrerista. Tenía 23 años. Yo tengo vocación aperturista, más liberal. El otro día leía a Talvi, que ahora está asesorando en el gobierno de Milei, hablando muy bien de cosas que había hecho el gobierno de Lacalle Herrera. Tengo más esa visión de avanzada que tuvo Lacalle Herrera en su momento, quizás, fue muy avanzada para ese momento y se le reconocieron muchas cosas, muchos años después. Veo el bajo nivel del sistema político porque no hay incentivos para que la gente joven capacitada ingrese.

Son pocos.

Se cuestionan para qué hacerlo. ¿Para qué se van a meter en la política? ¿Para que les peguen? ¿Para que se metan contigo, con tu familia? O entrás en política en un momento de la vida en que quizás ya estás hecho económicamente, o porque sos un recontra enamorado, o porque sos un inútil (risas).

Dicen que los abogados de medio pelo son todos jueces (risas).

Me hiciste acordar ahora. Díaz fue en el viaje a China. Yo pensaba en todo el tema del narcotráfico. Salieron otros temas: la AUF, Tenfield  y otras cosas. También hablamos de temas más terrenales y nos divertimos, pero hablamos del tema del narco. El narcotráfico es un tema que acá en Uruguay no está tan en la agenda como debería. Y para nosotros en el sector empresarial es un tema importante. Que Uruguay empieza a ser cada vez más inseguro es un problema.

Es un gran riesgo.

El otro día tuvimos una charla con el ministro Oddone y con Juan Pablo Luna, que habló sobre cómo se ha transformado la sociedad y que empieza a haber como un Estado paralelo por fuera del sistema. Antes existía la Asignación Familiar y ahora ni siquiera tienen la Asignación Familiar, ni siquiera tienen dependencia del Estado. Entonces, antes vos tenías a las chicas de contextos más complicados que querían ser novias de futbolistas y los muchachos querían triunfar en el fútbol. Ahora los jóvenes empiezan a querer ser el narco o el líder de la banda. Y las chicas que antes eran las botineras ahora quieren ser las novias de los narcos, porque es la forma a veces de irse de su casa, de emanciparse de sus padres, porque van a tener algún apoyo.

Es la forma de ascenso social.

Pero el problema es que los narcos las tienen unos meses y después las cambian. Entonces esas chicas quedan en la calle y empiezan a prostituirse y empieza a haber todo un mercado silencioso, enorme. Porque el negocio del narco tiene dos ramas: la primera, una grande, la pesada, que pasa por Uruguay, que maneja muy altos márgenes, mueve mucha plata, no genera violencia, pero sí genera corrupción. Pero muchos de esos pagos están hechos con droga. Y entonces hay otro mercado del narco, el del menudeo. Bajos márgenes. Conflictos. Y además, como hay que pelear por los márgenes, empiezan a meterse en otros negocios buscando márgenes. Por ejemplo, los préstamos ilegales, por mencionar uno. Empieza a haber todo un mundo de préstamos ilegales y empieza a haber mucha violencia. Y acá en general miramos para otro lado.

Sí, es cierto.

Entonces ese es un tema también de agenda, que no tiene a corto plazo nada que ver con la exportación. Pero como país es algo de las cosas que uno ve, que es un problema de futuro, si eso empieza a crecer. Ese tema también salía en el viaje, se hablaba también de él.

¿Cómo no se traduce en un tema de agenda?

Yo creo que es por miedo.

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