Falsa alarma por Atanasio Aguirre

“Nuestra historia demuestra que el crecimiento económico es la mejor arma contra el cambio climático”. Esta es una de las premisas centrales de Bjorn Lomborg, autor de varios libros. Falsa Alarma es el título más atractivo. El catedrático —profesor adjunto en la Copenhagen Business School y director del Copenhagen Consensus Center, un think tank clasificado entre los 25 mejores en medioambiente por la Universidad de Pennsylvania— ha liderado estudios exhaustivos sobre sostenibilidad junto a economistas destacados, incluidos premios Nobel. Su objetivo: encontrar estrategias efectivas y rentables para los problemas ambientales.

Otra de sus premisas—aquí se pone polémico— es que, si bien el calentamiento global es real y causado por el hombre, no es el apocalipsis que muchos pintan. Lomborg critica el discurso catastrofista, ese “doomsday” incuestionable que domina la narrativa climática. Y aquí observamos una intransigencia que ya hemos visto en varios temas: la sociedad ya decretó que el fin está cerca, sin espacio para analizar datos o cuestionar posturas. El resultado, advierte, es que la exageración y el pensamiento único nos dejan mal informados. El calentamiento global no es el fin del mundo, y detrás de esta “verdad absoluta” hay gigantescos intereses económicos.

Usa como ejemplo una sofisticada plataforma del New York Times intenta que creamos que el mundo está en llamas, un relato que está impuesto en la creencia popular. Pero es importante mirar la data a la que podemos acceder, hay registros históricos que cuentan otra historia: en la década de 1900, el 4.2% de la superficie terrestre se quemaba anualmente; hoy, con satélites y tecnología, la cifra ronda el 2.5%. Y la explicación tiene que ver con algo que siempre insistimos, la sapiencia de la población en general, sin necesidad de paternalismo de ninguna especie, “¿Por qué baja? Porque a la población no le gusta que todo arda. Es puro ingenio humano protegerse”, explica Lomborg.

Su otra preocupación es el miedo infligido a los jóvenes, en cambio debemos ¨explicarles que es lo que realmente está pasando. De hecho, si no hiciéramos nada, esas cifras seguirán bajando¨ Recuerden a Greta Thunberg -como representante de los jóvenes asustados- reprendiendo a líderes mundiales en la cumbre de la ONU sobre el cambio climático , mientras Biden dormitaba en su asiento, muy preocupado, claro.

Esto nos lleva a un comentario que hizo Lomborg sobre Joe Biden, cuando era presidente de los EE.UU: ¨salió a anunciar que las olas de calor son el asesino número uno relacionado con el clima¨ Los medios se subieron a este carro inmediatamente. Pero si miramos a la data ¨no lo es. Unas 6 mil personas mueren de calor por año en EE.UU y debemos cuidarlos, pero hay 152 mil personas que mueren todos los años de frío¨. La razón porque los políticos nos cuentan solo esa parte de la historia es porque encaja en la narrativa generalizada. ¨Debemos compartir toda la información¨ señala. 

Otra vez, la capacidad humana de defenderse por sí mismo, sin tanta manipulación de los gobiernos ni de los organismos internacionales, centro de creación y reproducción de la narrativa . Ante la pregunta ¿Por qué nos equivocamos tanto con el calentamiento global? ¨Creo que es porque nos olvidamos del poder de la gente a adaptarse a su entorno¨.

El gráfico más contundente de Lomborg compara las muertes anuales por desastres climáticos ( sumando inundaciones, sequías, incendios): en la década de 1920, hubo unas 500,000 víctimas por año. Si compramos el relato actual pensamos que la cifra siguió subiendo, pero en los últimos 10 años hubo 9,000 (una reducción del 98%). Usa también de ejemplo  a los osos polares, una de las críticas que a las que se recurre permanentemente: de existir  menos de 10,000 ejemplares en los años 60, hoy superan los 25,000 gracias a regulaciones humanas: ¡Dejaron de matarlos!. O las islas como Micronesia, Maldivas, y Seychelles que hace décadas se anuncia que están”a punto de hundirse” pero siguen estables

La clave como decimos en el arranque de esta columna,  Lomborg insiste con que , no es por el clima, sino el progreso, el crecimiento“Sacamos a mucha gente de la pobreza, desarrollamos tecnología y mejoramos nuestra capacidad de predicción”. Ante la pregunta de cómo volvemos al crecimiento económico la respuesta del experto es ¨tenemos que dejar de hacer malas elecciones de políticas del clima y sacarnos de encima la idea del final de los días ¨. Los países más ricos son los que tienen más acceso a la energía. Para crecer, necesitas mucha energía barata, y el problema es que las políticas de energía renovable, suben los precios y no todos se benefician de eso.

En los 60, el crecimiento global promedio era del 4%; hoy ronda el 1%. Mientras, los organismos internacionales proponen gastar 27 billones de dólares anuales en llegar a cero emisiones —en Europa, eso implicaría más que duplicar el costo del Estado—. No parece razonable que eso suceda, además llevaría siglos ver resultados. Con ello la energía se vuelve un lujo, limitando la prosperidad de las mayorías. La solución de Lomborg: crecimiento, innovación y análisis frío de datos, no profecías apocalípticas.

En el caso de Uruguay quizás las energías alternativas tengan mejor resultado que el promedio del mundo, ya que su rendimiento depende de la cantidad de sol y vientos con que se cuenten a lo largo del día. Pero no es el caso del promedio del mundo. Es importante considerar la data tal cual es, antes de aceptar un relato que sirve para gastos gigantescos de algunos interesados. En nuestro país, tengamos cuidado porque puede invitar a voceros del relato climático a pedir que matemos nuestras vaquitas y novillos, para dar paso a una carísima carne sintética.

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