Feminismo, sirvientas y prostitutas

Ya pasó la efervescencia del 8 de marzo y una multitud de

gurisas y mujeres superó cualquier duda sobre su vigencia.

Las polémicas sobre algunas consignas fueron tapadas por

las que marcharon por 18 con sus reclamos sobre cartones

En la previa vimos muchas opiniones, debates y mensajes

de políticos, periodistas e influencers acerca de la marcha.

Se habló de todo, pero algunas situaciones de importantes

grupos de mujeres se mencionaron muy poco, o casi nada.

Se calcula que existen cien mil empleadas domésticas en

nuestro país y su realidad es olímpicamente ignorada.

“La chica que cuida a los niños” o la “señora que me

ayuda”, muchas veces es víctima de la peor explotación.

Y trasciende el espectro ideológico, muchas compañeras ni

siquiera pagan BPS por su empleada, las tienen en negro.

Muchas que luchan por romper el techo de cristal con uñas

pulcramente pintadas, no reparan en esas otras de manos

ásperas por el agua jane y el perfumol, que limpian el baño.

Escuchamos las justas quejas de connotadas feministas de

la expansión de la “cultura BRO” en los jóvenes machitos.

Para los que nos avivamos recién de lo que implica, lo que

quiere decir es: misoginia, homofobia y masculinidad tóxica

Ahora bien, como se conjuga esa crítica con la legitimación

de la prostitución como trabajo sexual que se reivindica.

En Uruguay hay 15.000 prostitutas registradas y se habla

de que el número real va entre 50.000 y 70.000 personas.

No es coherente atacar a los que ven a la mujer como un

objeto mientras aceptamos que miles de mujeres sean

utilizadas sexualmente por esos mismos tipos previo pago.

¿No se está legalizando la violación de mujeres por dinero?

Por suerte hay un gran sector feminista que es abolicionista

El feminismo tiene muchísimos grupos y ataca múltiples y

diversos problemas en el mundo y en más en nuestro país.

Mirándolo de afuera da la impresión que a veces le erra en

las prioridades y contempla intereses que son minoritarios.

Hay que pelear por la igualdad total en todos los terrenos.

Pero tenemos ciento cincuenta mil mujeres o más que

viven una realidad muy dura y sus voces no se escuchan.

¿No es hora de poner la mira en prostitutas y sirvientas?

Alfredo García

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