Fernando Montero, médico y piloto: La salud es el silencio del cuerpo

Hay veces que creemos que ese dicho de: “Somos pocos y nos conocemos” es una verdad irrefutable en nuestro país.  La semana pasada comprobamos que es una falacia. Nos encontramos con Monti en su consultorio y descubrimos un ser humano muy particular y en muchos aspectos excepcional, que estaba por fuera de nuestro radar.  Venciendo nuestros prejuicios, nos percatamos que compartimos valores, un ácido sentido del humor y varios tics.

Por Santiago Pérez y Alfredo García / Fotos: Rodrigo López

PERFIL

Nació hace  42 años en Montevideo. Vivió en

Pocitos.  Fue a la escuela St. Andrews, al Ivy Thomas y al Pocitos Day School. Estudió medicina y acupuntura. Tiene dos hermanas. Es piloto de drifting.

Es casado y tiene dos hijas.

¿Cambiaste mucho de escuela?

No fui el mejor alumno. No me echaron.  Pero tuve que hacer quinto y sexto solo, en una clase para mí, por el síndrome de Tourette.

¿Por qué?

La gente con el síndrome de Tourette se caracteriza por no tener mucha inteligencia emocional. Me era muy difícil de conectar con las personas y realmente tenés muchas conductas antisociales. Entonces todo lo que hoy generé para relacionarme con la gente viene, justamente, por no tener habilidades naturales, tuve que armarlo de otra manera.

¿Cómo solucionaste el síndrome de Tourette?

Tratando de conectarme más que nada con la parte emocional de las personas. Ver cómo se mueven, cómo miran, cómo hablan, viendo si está angustiado o si está bien. Cuando ves la parte emocional de esa persona, empatizás más. Siempre digo que la salud es el silencio del cuerpo. Cuando aparece un síntoma, el cuerpo habla. Un dolor en el lado derecho puede ser por ira contenida, por angustia. Y hay veces que nosotros vemos con el corazón algo que no tiene una explicación. ¿Nunca te ha pasado algo que no tengas explicación?

Esta entrevista (risas).

Es un montón. Gracias por ser parte de mi viaje.

¿Por qué surge la veta de medicina? ¿Por tu  propia patología?

En un momento quería dedicarme a educación física. Mi padre me dijo de hacer medicina y después deportología. O sea de estudiar cuatro años contra irme a doce años. Y como yo siempre tuve el tratar de ayudar encontré una veta para hacerlo. Pasé a portarme bien para que mis padres no recibieran más llamadas porque era insufrible y me portaba mal.

Eso era producto del síndrome de Tourette.

Claro, el síndrome de Tourette tiene varias cosas. Trastorno obsesivo compulsivo y esa parte de no conectar con la gente. Aparte de eso, tuve momentos que tenía coprolalia.

¿Qué es eso?

La ecolalia es repetir varias veces lo mismo. La coprolalia es decir: “Culo, mierda, concha, culo…”.

¿Y eso cómo se supera?

Yo decía: “Culo, mierda, ojete, puta, carajo, carajo…”.

Todo eso era el combo. No tenés filtro, lo que sentís lo decís. Y como adolescente fue bravo.

Además te cargaban abierto.

Obvio, pero también tenía cierta impunidad. Años después, atiendo a una profesora  a la que le que le había dicho cualquier cosa. Y la profesora esta me dice: “Monti, ahora estamos bien, y podés decirme la verdad. ¿Cuando enfrente al director me insultaste, era por el Tourette?”.  “Más o menos” (risas). “Ves que sos un hijo de puta, me insultaste”. “Sí, pero vos me hiciste pasar un mal momento.  Pero estamos acá. Te podría mentir y decirte que fue por el Tourette”. Muchas veces me hacía el vivo en la clase para llamar la atención de todo el mundo.

¿Cómo se detecta el síndrome de Tourette?

Por los tics motores o fónicos. Agarré un sonidito que no podía dejar después que una persona que me hacía bullying me dijo que mi mamá iba a morir de cáncer. Lo mantuve como seis años. Todos los días. Fue insoportable.

¿Te acordás cuál fue el primero?

Fue llorando en mi cama y no pude parar. Fue entre los 8 y los 12 años. No me acuerdo con exactitud. Y ahí fui a un neurólogo. Vi por primera vez la soberbia en medicina. Me marcó la vida el ver un médico que realmente no empatizó conmigo. No entendió que yo tenía síndrome de Tourette. Lo leí en una revista Conozca Más, vi que tenía todo eso y después voy a decírselo al Grado 5. Me dijo que eran inventos nuevos, que yo tenía tics. Empiezo con una medicación que me daba un montón de efectos secundarios. Entonces me di cuenta lo mal que puede hacer la farmacología. Y eso me llevó muchos años después a estudiar farmacología en Harvard, ahí está el título.

Se compran en Brooklyn Market.

Sí, pero a mí me salió más caro (risas). Hay gente que me dice que es salado tener un título de Harvard. Para llegar al posgrado tenés que ser brillante o hacer una carta que conmueva a la persona de admisión.

¿Hiciste eso?

Obviamente. No soy brillante, así que hice una carta en la que digo lo que pasó, que fui muy mal medicado, y que no me voy a dedicar a la farmacología sino que es un tema personal porque sufrí mucho mi historia. Entonces, sudaca, que no va a ser competencia de nadie, me dejaron entrar.

¿Medicina estudiaste acá?

Hice medicina en la Facultad de Medicina del CLAEH, fui de la primera generación.

¿Con Correa?

Sí, claro. Humberto era médico de mi abuelo también. Lo conocía de antes. Y bueno, después hice farmacología y deportología. En esta me dediqué no

a la parte de entrenamiento sino a la parte de lesiones. Y luego hice varios cursos de acupuntura médica, pero el que realmente me impulsó a la acupuntura fue papá.

¿Qué fue lo que incorporó tu padre a la acupuntura tradicional?

Primero de todo, la acupuntura todo el mundo piensa que es china. La primera vez que se ve realmente reflejado qué hace cada punto es por los judíos hace cinco mil años. El tefilín es un rezo que hace la colectividad judía con cintas  en el brazo izquierdo. Los judíos sabían perfectamente que toda esa fórmula de  acupuntura que aprieta distintos puntos te genera un equilibrio entre pensar, sentir y hacer. Mi padre empieza en la década del 80 a experimentar con acupuntura y ver que es medible. Si en cien personas yo puntúo eso y el cortisol baja o genera una respuesta inmune, ahí te das cuenta que es real, es medible, está pasando algo. Los esquemas bioenergéticos de la acupuntura son reales. Ahora, se le puede dar un esoterismo muy fuerte a veces. El 95 por ciento de las enfermedades tienen un origen psicosomático, la cabeza es lo que gobierna todo.

¿Ahora, qué incorporó tu padre?

Papá incorporó una veta científica a lo que es la medicina oriental. La medicina oriental hacía pulsología. Agarró los quince mejores pulsólogos de China, los reunió en París y dijo: “Vamos a hacer un experimento. Vamos a tomar cien personas y que me diga cada uno qué es lo que le dio”. Si es una ciencia exacta, todos dirían lo mismo. Se da cuenta que no pasó ninguna prueba, era todo un verso. Y le interesó la parte científica que había detrás de la acupuntura.

Y obviamente se hizo medio oveja negra de la acupuntura porque estaba queriendo meter Occidente con Oriente. Papá siempre dice que la verdad no la encontrás en los extremos, la encontrás en el medio.

Oriente es todo bioenergética y Occidente todo bioquímica.

¿Hay un tema en el medio?

Y es lo que hacemos nosotros con la acupuntura.

Agarramos a la persona de una manera holística, y podés saber tus límites. Yo te digo: “Esto no es para vos”. Te mando a un osteópata. Ahora, cuando conectás con el paciente sabés que lo podés solucionar.

¿Mezcla la medicina occidental con la oriental?

Por eso es tan importante ser médico. A nivel del asma y el estrés, la acupuntura china es muy efectiva. A nivel lumbar capaz también, por la carga emocional. Ahora en China no trabajan en atletas olímpicos con la acupuntura tradicional.

¿Y vos dónde estudiaste acupuntura?

En realidad con el que estudié más fue con papá. Veo un promedio de ocho mil consultas por año. Cuarenta o cincuenta por día. Son muchas horas en la clínica y  mucha gente. Claro, con esa casuística ves cosas que se repiten y patrones. Yo logro conectar con el paciente, por eso no agarro pacientes nuevos. Lo acompaño en su duelo y eso me permite a mí, aparte de sentirme útil, generar oxitocina y tener menos tics.

Para vos es una terapia.

Esto es una terapia; y las artes marciales, que hice para mantener el control, fueron terapia; y el drifting, que es el control absoluto del auto, es terapia.

Eso es una boludez.

Sí, ¿pero cuánta gente ayudamos en el año con el drifting?

¿Cuál es la casuística más común que tratás con acupuntura?

Lumbalgias, angustia y la culpa, que es terrible, muy complicada.

La culpa con acupuntura, ¿dónde los pinchás?

Vejiga 67. Es un punto de culpa que es en el dedo chiquito del pie. Vos me decís: “¿Funciona?”. Bueno, yo estoy dando hora para dentro de un año y medio o soy el gran marketinero del mundo y a la gente la hipnotizo o  tengo superpoderes o realmente funciona. Por eso no agarro gente nueva. He trabajado mucho con equipos europeos. El Real Madrid, el Atlético y ahora estoy soltando todo. Me quedé con una persona, del Real Madrid, que me lleva mucho, que es un jugador muy bueno, muy conocido. Estoy ahí como consultante.

¿Sabés el nombre? Porque pinchaste a Zidane sin saber quién era.

No lo pinché. Zidane me llevó a un entrenamiento que tenía que ver a otros jugadores.

Sin saber que era él.

Me pasó. Muy triste eso. Me acuerdo de Fernando Hierro, que me pasó también. Fuimos a ver a Carlitos de Pena, al Real Oviedo y el director técnico era Fernando Hierro. Cuando se me presenta, le digo: “¡Ah, mirá!, soy Fernando igual que vos”. Y ahí se dio cuenta que no tenía ni idea de quién era. Le encantó. Me dijo: “Vamos a ver el partido juntos”. Claro. Me puse a ver el partido con él y viene un amigo mío que me dice después de terminar para sacarnos una foto con Fernando. Digo que no tengo ni idea de quién es.

Me invitó a ver un partido y encima se ha dado cuenta de que no me interesa el fútbol. Hablamos de todo menos de fútbol. Y estaba copado. Hay gente que le gusta mucho que realmente le hable de cosas distintas, que no sea lo que es puramente fútbol, que no lo reconozca. Hay gente que desearía ser invisible.

Sí. Están hartos de ser conocidos.

Me ha pasado muchas veces de atender gente que no sé quién es. Y los comentarios que me llegan  después son sobre mi profesionalidad por no pedirles una foto o una camiseta. Creen que estoy acostumbrado a tratar con gente muy famosa.

Gran marketing por vivir en un tupper ( risas).

Les han aclarado que no tengo idea. Y lo prefiero así,  porque es honestidad. Lo mismo con la gente que me dice: “Hay que estar despegado para llegar al Real Madrid”. Yo siempre digo: “Contacto mata currículum”. Yo iba al Atlético y Juan Pedro Damiani me dice del Real de Madrid. Llamó y les dijo que estaba con el mejor acupuntor de Sudamérica, que les iba a cobrar caro pero que tenían una oportunidad única. Fui y son gente increíble. No acepté cobrarles al final. Lo que hice fue que donaran el dinero que me iban a pagar, así que quedé tranquilo con eso. Y bueno, arranqué a trabajar con ellos.

¿Cuánto sale una consulta contigo?

No, no es caro. Pero no sé cuánto vale, pero preguntá en recepción.

¿No tocás el dinero?

Acordate del personaje del negro Olmedo (risas).

Tenés algo del Manosanta, sí.

No vale más que una consulta con cualquier médico.

Un amigo mío, Nacho, me dice hace años: “Sé que estás con lista de espera, veinte personas es mucho,

tenés que subir la consulta un 20 por ciento más”.

Siguiente semana: la lista de espera eran cincuenta. Hay un tema complejo en marketing. “Es caro, es bueno. Quiero más”. Hice la estupidez de subir de nuevo y pasó a ciento cincuenta la lista de espera. Le dije a Nacho: “Ya está”. “Pero estás haciendo más plata”, me contestó. No me interesa ganar plata, me interesa curar gente. O sea, no me interesa  llegar a ser uno de la elite que te cobro una luca verde por consulta, que seguramente hay gente que te lo pague. Pero a la gente que realmente quiero ayudar no la estoy ayudando y me estoy fallando a mí mismo.

¿Cómo conociste a tu mujer?

Primero la conocí afuera de un restorán de un amigo. La fiché. Obviamente, me encantó. Y a los dos días me encuentro en un boliche, Lotus, y ella me confunde con un chico que había estado en un casamiento. Seguimos charlando, y yo fingiendo que era otra persona. Al otro día se dio cuenta pero seguimos hablando y cayó en mis garras.

¿Cómo se llamaba el que perdió?

No me acuerdo. Era evidentemente alguien feo, pero parecido a mí. Y nada, al final terminó siendo mi amor. Y en un momento me di cuenta que me da mucha estabilidad, decidí casarme y ahora estoy contento. Tenemos dos hijas, una de 6 años y otra de 3.

¿Síndrome de Tourette?

No, no. Es 6 a 1 la prevalencia en la mujer. Si fueran varones, capaz que sí. Con la mujer es más difícil.

¿Te pasa de estar con el ojo clínico, tratando de ver si hay algo como para detectarlo temprano?

La realidad es esta: si vos me dijeras hoy si puedo elegir nacer de nuevo con Tourette, lo elijo. Valió la pena todo lo que pasé. Mirá, yo si no hubiera tenido Tourette, hubiera crecido en una familia en una burbuja muy perfecta. Y viste que en la comodidad no hay aprendizaje. Entonces seguramente hubiera llegado a mucho menos de lo que llegué.

¿Y no estás en una burbuja?

No, porque no me permito estar en una burbuja. Yo paso mal todo el tiempo a propósito. Ni en una burbuja económica, porque realmente no me permito despegar económicamente, ni una burbuja en lo que es estar lejos del sufrimiento ajeno, porque me involucro todo el tiempo en causas. Cuando llevás el disconfort como parte de tu vida pasar un poquito mal también te ayuda a estar en un mecanismo de que el cerebro está mucho más ágil y aprendiendo y generando. Se está defendiendo. Si estás en la cómoda, sos una plantita.

¿Hay algo masoquista en esa filosofía?

Yo no creo que lo sea. Pero, ¿no están de acuerdo en que con el confort exagerado no aprendés? En cambio, cuando aparece una crisis…

Creo que crisis y desarrollo van de la mano.

Creemos en algo parecido. Viste qué bueno.

¿Tuviste contacto con Tabaré?

Yo tuve mucha relación con él. Lo atendía siempre en este box.

¿Le hacías acupuntura?

Sí, le hacía. Cuando estuvo en el final hice mucho foco en la ansiedad, conecté mucho. Lo quería mucho a Tabaré.

¿Lo votaste?

No, nunca. El amor y el odio se producen en el mismo lugar del cerebro. Claro, por eso cuando estás casado con alguien de repente decís: “Mi mujer me hizo la vida imposible, la conozco, no puedo creer que se convirtió en esto”. Es pasional. En mi familia con Tabáre era el tema de: si él gana, nos vamos del país, toda la vida. Entonces sembró el miedo.

¿Qué miedo tenían?

Y, el mismo miedo que puede generar, si sos de ultraizquierda, que gane Milei en Argentina, y pensás que vienen los milicos.

Pero, ¿Tabaré de ultraizquierda?

No, pero es en lo que te educan y está mal. Yo trato de no meter política en mi casa. Pero eran muy conservadores y me acuerdo que tenía mucho miedo y tenía una imagen de que Tabaré era el demonio. Pero cuando lo conocí…

¿Cómo llega a vos?

En realidad respetaba mucho a papá también, por otros temas, y tenía muy buen concepto de él. Y en un momento que estuvo mal llegó a mí y bueno, me hice muy amigo y hablamos mucho. Me preguntaban por qué estudiar medicina. Porque muchas veces me pasó, ese médico soberbio que me medicó y me decía que no era Tourette y que eran tics. Me dije que me gustaría ser médico para ayudar.

¿Y a qué va esto con Tabaré?

Que Tabaré es oncólogo y esto obviamente lo repito con consentimiento de él, porque es importante también que la gente sepa estas cosas. A la mamá de Tabaré le vino un cáncer de mama y en un momento el médico le dice: “Esto que tiene usted no es cáncer. Se tiene que poner agua caliente en la ducha y se aprieta y se masajea y esto se le va a ir”. Y bueno, lo hizo. Y tuvo metástasis. Y bueno, él se recibió de oncólogo por lo que le pasó a su mamá. Yo me recibí de médico por lo que me pasó y por el trato que tuvo mi madre con algún médico soberbio.

¿Y qué te dijo Tabaré sentado en esta silla?

Me contó eso mismo charlando sobre el motivo de su estudio de medicina y encontramos puntos en común.

Nos hacíamos chistes, él me decía “fachito” y yo le decía que pensaba igual que yo. Era muy compinche, muy amigo, muy divertido hablar con Tabaré. Fue una persona que quise mucho. No lo voté, tampoco lo hubiera votado. No tengo fascinación política por nadie. En realidad, he sido médico de casi todos los presidentes. Y con todos tengo relación.

¿Los pinchaste a todos?

No importa quiénes, casi todos. Los vivos, todos.

¿Te han buscado para hacer política?

En las redes y todo, sí, varias veces, pero no.

Vamos a entrar al famoso drifting y esa veleidad tuya que tenés por el auto que veías de chiquito en un animé y toda esa boludez. ¿Es un deporte?

No.

¿Qué es?

Te estoy diciendo. ¿Lo querés escuchar o querés que te diga lo que pienso? (risas). El drifting es un deporte institucionalizado, tiene reglas. Yo siempre quise tener algún tipo de actividad con la cual poder juntar mucho dinero para ayudar causas. Me di cuenta que con el drifting crecí mucho, yo empecé en la Teletón como piloto.

La Teletón está acusada de ser un gran negocio a nivel mundial.

No tengo ni idea. Solo te digo lo que es solidaridad. Y la Fundación nueva, que la estamos haciendo con Alejandro Curcio, la vamos a hacer con un nivel de transparencia al que nunca se llegó antes. Estamos haciendo un software para que, si vos querés poner plata en tal fundación, hasta que no me demuestren en qué gastó ese dinero, esa plata se queda congelada. Cuando digan: “La usé en esto”, y muestren las boletas, ahí se la doy y queda transparente para todo el mundo. Si en dos meses no se comprueba que realmente era eso, la plata vuelve a la persona que lo donó. Eso es transparencia total.

¿A cuáles se apoyan?

Muchas cosas. UNICEF, Peluffo Giguens, Teletón CanastasUy, Uruguay Adelante, Fierreros Solidarios.

¿Están armando una nueva?

Sí, la Fundación Alejandro Curcio.

Hablemos de tu relación con Alejandro.

Hoy es mi hermano. Y bueno, ahora lo tengo muy cerca. Es una figura muy importante en toda decisión, y  siempre lo pongo como primario y él a la vez me pone como primario a mí, eso es una amistad honesta. Fui médico de su padre, médico de su familia, médico de él y, empecé a hacer cosas en conjunto. Sabía que tenía una madera solidaria fuerte, pues ayudaba mucho sin decirlo. Él es un filántropo, un tipo que realmente ha hecho mucho por todos. Y siempre hace. La mayoría no la muestra.

Yo me encargué de que parte de eso, no todo, se mostrara, más que nada para mostrar que un empresario puede también hacer esto para contagiar, para que otras personas se animen a hacerlo. Y de a poco también se están animando.

El efecto multiplicador de mostrar es clave.

Aparte es muy difícil en Uruguay ser empresario exitoso y querido. Y Ale es un exitoso empresario muy querido.

Siempre está el dilema entre caridad y solidaridad, ¿no?

Yo cuando ayudo recibo mucho más de lo que doy. Pero mucho más en todo, me siento lleno, me siento bien. Hay una gran culpa también, siento que tengo mucho.

¿Qué cosas que soñabas lograste? ¿El auto famoso?

Me chupa un huevo la parte material. Sabés que no.

Hablaste todo el tiempo del auto que le compraste al embajador yanqui.

Está bueno que lo sepas. Sí, me llevó siete años. Yo empecé a hacer drifting soñando con el animé. Basado en Keiichi Tsuchiya, El Rey del Drift. Y hoy en día con Alejandro estamos haciendo un documental con Keiichi Tsuchiya y tengo una relación de amistad con él. Ese japonés pelotudo, Rey del Drift, que es una leyenda viviente.

Yo veo Rápidos y furiosos y me alcanza.

Perfecto. Bueno, él aparece en Rápidos y furiosos, que se basa en él también en muchas cosas. El tipo está en el lado opuesto del mundo, en Japón. Y con esa persona que yo empecé soñando y todo… él me empezó también a seguir a mí. Y empecé una relación con él. Y ahora estamos haciendo un documental en conjunto con Keiichi. Y en una charla con él me dijo que su sueño era hacer lo que hago yo. Hacer drift y ayudar a gente con esto. Pero en Japón es difícil.

¿Por qué?

Porque tenés temas legales. No es lo mismo que acá, que es muy fácil. Si quiero hacer un evento de solidaridad en el Palacio Legislativo, sé que lo consigo. Tengo apoyo de lo que sea en cualquier cosa que nos propongamos, porque la gente confía y sabe que es muy transparente. Entonces en Japón es muy difícil hacerlo así. Yo le dije: “Lo estás haciendo, porque vos, quieras o no, influiste en mí, y esto es parte de un círculo. Vos sos esto también”.

¿Cumpliste tu sueño, entonces?

Eso es un sueño para mí. Pero mirá esto. Siempre soñé en mi vida con sentarme de copiloto con Keiichi Tsuchiya en los bosques y la montaña de la zona de Usui Touge en Japón. La montaña que aparece en el animé existe. Mi sueño de vida era ir ahí de copiloto con él.

¿Lo hiciste?

¿Sabés qué hice cuando me ofreció eso? Se lo di a Alejandro. Y me hizo mucho más feliz.

¿Le gusta el drift también?

Alejandro está remetido con eso.

Otro delirante.

Otro delirante, se lo contagié. El sueño de mi vida se lo di a mi mejor amigo. Y eso me dio mucho más placer: verlo a él, que capaz no era tan consciente de lo que estaba pasando, me hizo mucho más feliz que haberme subido con él. Y me emocioné y lloré. Me pareció espectacular el poder ceder un sueño. Siempre que estás dando algo, terminás recibiendo mucho más.

¿Qué hacen en Fierreros Solidarios?

Fierreros Solidarios es una fundación que tenemos varios amigos. Empezamos hace años con Jorge Alegre, un amigo muy pobre que ayudaba a otro tipo de causas solidarias en Piriápolis. Hacía kermeses y empezamos a trabajar con él.

¿Sos creyente?

No en la vida eterna. Creo lo que he vivido. Yo acompañé mucha gente a morir. Después hay miles de personas con las que he hablado con testimonios y con cosas que han vivido, que todas son más o menos lo mismo. Las cosas que me ha tocado sentir y vivir. Mi miedo a la muerte hoy es por no disfrutar de mis hijas, nada más.

¿Hay vida después de la muerte?

Otro estadio hay. ¿Qué es? No sé. Que la gente siente personas y ve cosas, las ve. He visto cosas y sentido cosas también. También hay cosas muy fuertes que pasan; o sea, hay miles de historias de esto y hay cosas que son posibles de explicarlas de manera científica. El papa Juan Pablo II decía que los milagros los ves todo el día. El tema es que vos estés preparado y con la mente abierta para verlos. Es un milagro estar vivos y todos acá, es un milagro.

Eso lo decía Mujica también.

Sí. Un gran filósofo.

¿Cómo manejás la expectativa que generaste al pasar de ser Fernando Montero a ser Monti?

Creo que hay muchas frustraciones. Muchas veces tengo mucho miedo de fallar. Esto es un ejemplo. Estamos haciendo el clásico solidario de UNICEF y siento que estoy fallando en este momento y estoy muy angustiado.

Vos tenés un ida y vuelta con la gente que te sigue, que no es lo más habitual por la cantidad de seguidores que tenés.

Le dedico mucho tiempo.

¿Cómo conciliás tu presencia online con tu presencia real y tu tiempo de familia?

Me cuesta mucho y es la prioridad mía este año. Tengo que estar mucho más con mis hijas y no estoy viajando este año. Ahora dije: viajes no. Sí tengo la prioridad del documental con Ale este año.

¿El documental es sobre drifting?

Sobre drifting y la parte solidaria del drift. Cómo pasó de ser algo ilegal a lo que es competición. Y después a lo que es solidaridad haciendo eventos. En algunos   eventos recaudamos 5 millones de pesos, que es mucha plata para el país. O sea, se mueve mucho, es monstruoso.

Contá cómo empezaron con Ale y qué es lo que han hecho.

En un momento, me dijo que le gustaba hacer drift. Me vio a mí y me empezó a sponsorizar. Fui de los primeros pilotos del mundo de TOYOTA GAZOO Racing Drifting. Alejandro se copó y se hizo armar un auto. Él es muy tenaz. Tiene un tema de tenacidad, que el tipo se pone algo en la cabeza y hasta que no lo domina, no para. Es de una manera de ser muy japonesa. Y empezó a entrenar drifting. Se puso metas más largas y más grandes todo el tiempo, y armó un Drift Park que es una locura. Hacer el primero en Latinoamérica, en el Cerro.                     Alejandro es muy reconocido a nivel mundial por toda la parte solidaria que hace. Es la persona que más ha hecho a nivel ambiental en la historia del país, seguramente.

¿Por qué?

Él hizo un proyecto que se llama Hy Project. Es un proyecto del cual no se sabe mucho acá. Se dio cuenta de que los autos eléctricos en el futuro tenían que generar un sonido para que la gente y los peatones sean conscientes de que viene un auto; si no, te pasan por arriba. Bueno, y también se enteró de que había una frecuencia que alteraba la epigenética de las plantas para que capten más anhídrido carbónico y generen más oxígeno. Entonces dijo: “Si yo pongo esto en todos los autos eléctricos del mundo, estoy fomentando a bajar la huella de carbono”. Entonces empezó a negociar.

¿Con quién?

Con Toyota. Es un negocio monstruoso. No sé si esto lo tengo permitido de decir o no. Pero lo digo igual. Un día le pregunto: “¿Cómo venís con eso?”. “Se lo regalé los japoneses por un dólar”. “Pero eso valía millones”. “Sí, pero me di cuenta de que eso no me llenaba, yo quería realmente hacer algo por el ambiente. Y creo que esto es mucho más valioso en el mundo. Y hasta ejemplo con mi familia, y con mis hijos”. Bueno, ahí tenés una persona que automáticamente con eso trascendió; después de trascender, no se necesita más.

¿Y eso se empezó a aplicar a los autos?

Se va a empezar a aplicar. Es una locura. Es un megaproyecto que valdría millones y millones de dólares. Y en un momento, dijo: “Sabés qué, para el mundo”.

¿Lo desarrolló él?

Ahí tenés cosas que no se hablan. Mirá, eso me parece una locura que él no lo comente. Le llevó años y mucho dinero. No se habla eso, y es un orgullo nacional. Eso va a revolucionar el mundo entero, imaginate miles y miles de autos generando esto.

Bueno, y con mi amigo hacemos muchas cosas en conjunto. Y hoy en día tenemos una movida de drift muy grande a nivel latinoamericano y es muy conocida también a nivel mundial.

¿Hay mucha gente que hace drift en Uruguay?

Ahora unas cuarenta o cincuenta personas.

¿Nada más? Es para una elite.

No, es una buena cantidad de gente que mueve y sí es caro. Yo por sponsoreo lo puedo hacer, solo no lo podría hacer.

¿Qué tiene el auto de especial?

Tiene que tener un motor con mucha potencia.

Vos tenés el auto que compraste y le pusiste un  motor Ferrari.

El mismo Trueno de siempre con el motor Ferrari.

¿Cuánto vale el motor?

Puede valer 40 o 50 mil dólares. Preparado, más. Sí, son caros.

Y las cubiertas.

Se queman muchas cubiertas.

Contaminan mucho el ambiente, hay una contradicción ahí.

No, porque Ale desarrolló eso justamente para bajar la huella. Si hago esto y contamino X y planto 5 mil hectáreas de árboles, pagaste la deuda de carbono.

¿Este es el primer Drift Park que hay?

A nivel sudamericano, sí. Son muy pocos porque es muy raro y muy caro hacer un Drift Park. Hay autódromos que tienen un estacionamiento dedicado a eso, pero Drift Park puros hay poquitos.

¿Cuándo hacen eventos ahí?

Cada dos o tres meses.

Avisá del próximo, así vamos a ver.

Genial, y te vas a subir al auto. También, si vos ponés en la balanza el tema de lo que ayudás comparado con la contaminación, siempre es un ganar. No tiene sentido hacer una cosa elitista, quemar neumáticos y todo por divertirse. Cuando tenés una causa mayor, un bien mayor, creo que sí vale la pena.

Empezaste a hablar de Fierreros Solidarios y te fuiste por las ramas.

Con Fierreros Solidarios empezamos en la pandemia. Después de que muere nuestro amigo Jorge, decidimos que tenemos que juntarnos de nuevo, hay que sumar mucha gente porque hay hambre. Hicimos la primera caravana solidaria para CanastasUy, cada uno en su auto, poniendo dinero porque estaba muy difícil la situación para poder comprar canastas. Se juntó mucho dinero. Y eso estuvo muy bueno. Ahora hacemos varias cosas distintas. Hemos tenido cine solidario, películas que tienen que ver con automovilismo. Llenamos un cine entero, y ponemos una causa solidaria de un niño por un tema oncológico o una cardiopatía. Siempre tenemos causas de niños.

¿Estás de acuerdo con la eutanasia?

Sí, claro. Tenemos derecho a una muerte digna. Una cosa es prolongar una agonía. Otra cosa es prolongar realmente la vida. Si tenés un cáncer terminal, mucha gente tiene miedo de dar trabajo a la familia. Viste el dicho: “Más vale muerto que perder la vida”. No te gustaría estar tan mal que te cambien los pañales tus hijos y estar hecho polvo.

¿Por qué no se hacen tanto los cuidados paliativos en Uruguay?

En Uruguay, la eutanasia, en off the record, en realidad, está. Cuando se da el famoso cóctel.

Los cuidados paliativos no son accesibles para todo el mundo. ¿La acupuntura no serviría para eso?

No he trabajado en cuidados paliativos.

Pero acompañaste gente que iba a morir.

En mis primeros años de medicina estaba solo en Maldonado. Y en un momento me di cuenta que estaba solo, y la soledad no es buena consejera, como dicen. Y veía que había gente sola muriendo sin tener dinero para un acompañante. Yo iba a estudiar y charlábamos. Aprendí cosas muy lindas. Como siempre digo, es muy feo morir con culpa o arrepentimiento. Y bueno, vi muchas muertes, viví cosas muy lindas también. Me daba mucho miedo la muerte y después de estar tan cerca como que la vas aceptando más.

Tenemos una cultura de la muerte complicada, le tenemos miedo.

Espantoso. Los mexicanos dicen: “Se adelantó”. Hay todo un tabú, el uruguayo es muy conservador en varias cosas. A veces dicen, entre las cosas que valoran de Uruguay, que es un país muy serio. En realidad ser serio no es que seas conservador.

Si pudieras cambiar algunas cosas de cómo se trabaja en salud mental, ¿qué harías?

En salud mental creo que estaría muy bueno que existiera algún lugar donde pudieran ir directamente todas las personas, en vez de caer a una policlínica.

Un lugar que realmente las atiendan, como un aguantadero. En salud mental está el tema de que la gente se siente muy sola. El otro día hablé con una chica que estaba con un tema de suicidio y cuando llama a algún lugar no le dan pelota, nadie la escucha. Ahora me estoy planteando usar inteligencia artificial para hacer algo con esto. Ayudar con el tema del suicidio y el bullying. Ahora UNICEF también hizo una guía contra el bullying que está muy buena. El bullying es algo que está muy extendido.

Siempre existió.

Siempre existió. Ahora hay preocupación porque hay niños que se quitan la vida siendo muy chicos.

Ahora que se hace vía digital también es más jodido porque es más masivo.

Y no podés escapar del cyberbullying, salvo que no tengas redes.

¿De qué tenés culpa?

No sé si es culpa, pero me hubiera gustado estar más con mi abuelo. Me gustaría haberlo escuchado más.

¿Murió hace mucho?

Sí, hace varios años. Era muy chico cuando murió y no tenía la madurez suficiente para entablar una charla y escuchar las cosas importantes que tenía mi abuelo para decirme. Era historiador, poeta, un tipo sumamente interesante de hablar y por inmadurez nunca me dio para hacerlo. Me gustaría haber disfrutado más a mis abuelos. Culpa no, creo que lo voy a encontrar de nuevo.

Sin culpa, entonces.

No tengo culpa de muchas cosas. Si pudiera cambiar cosas para atrás, tengo muy pocas cosas que cambiaría.

¿Cuál es tu jornada diaria?

Seis de la mañana me levanto. Seis y cinco, en realidad. Porque soy obsesivo compulsivo. Seis y cuarenta voy al gimnasio hasta ocho y cuarto.

Entreno más que nada pesas y aparatos.

¿Qué arte marcial hiciste?

Jiu-jitsu.

¿Te peleaste mucho?

Destaqué mucho. Fui campeón sudamericano cinco veces.

¿En la calle te peleaste? ¿Eras peleador?

No, peleador no. A mí no me importa lo que me hagan. Ahora, si veo una injusticia, me meto. La injusticia me mata. Me hace mucho daño cuando veo que una persona está en desigualdad de condiciones y que abusan de eso. Así también he hecho cosas.

¿Prescribieron ya?

Sí, sí. Nunca nada irreversible. Y la peor paliza se la di a una persona que era un jugador de rugby. Eran seis que estaban peleando con una empleada de McDonald’s. Era muy tarde en la noche y estaban diciéndole cualquier cosa, totalmente ordinarios. Y les dije: “Gente, póngase media pila, no le falten el respeto”. “Che, grandote, ¿querés tener un problema vos?” “Somos seis”. “Quieren tener un problema, vamos para afuera”. Fuimos para afuera y obviamente lo primero que hacés es atacar al más grande. Y empecé a pegarle con las manos abiertas, que es lo más denigrante que te pueden hacer, una cachetada. El loco era un oso de grande y yo era un flaquito. Yo estaba esperando que saltaran los demás y nadie iba a saltar porque estaban esperando que el grande me matara.

¿Y qué pasó?

En un momento retrocedo y lo miro y veo que está llorando. Me acerco y balbuceando me dice: “Me estás dejando como el orto”. Le importaba el orgullo y no la mujer que maltrataron. “La dejamos acá”, me pide. “Está bien pero me van a pedir disculpas a mí y a la mujer”. Años después, ese chico fue paciente mío y cuando vino a la clínica quedó medio impactado. Y después de la tercera sesión noté algo muy raro porque se cruzó de brazos y nunca me miró a los ojos.  Y en un momento me dice: “¿Te acordás aquello que pasó? Estabas calzado, ¿no? ¿Tenías un arma? ¿Por qué te querías pelear con seis tipos?

Además, revoleabas los ojos y yo pensé: ‘Este loco está falopeado y nos va a limpiar a todos’”.

¿O sea que el Tourette ahí fue una ventaja?

Claro. Yo no me meto con un tipo que está revoleando los ojos. Si está falopeado, no le importa matarme. Pero me llevo muy bien con él ahora.

Volvamos a tu rutina diaria.

Después del gimnasio, empiezo con la clínica. Los martes y jueves llevo a mis hijas al colegio. Estoy acá atendiendo hasta las seis o siete de la tarde. Atiendo cuarenta pacientes por día. O sea que tengo once horas más o menos de laburo, de 8 a 7.

Poco tiempo le dedicás a cada paciente.

Pero podés hablar con ellos y preguntarles cómo se sienten y después me contás. Pero lo importante es que el tiempo es de calidad.

Ese verso lo escuché tantas veces… Es lo que muchos padres dicen: “Yo tengo tiempo de calidad con mis hijos”, y siguen twitteando con el celular.

Me falta mucho tiempo de calidad con mis hijas. Es verdad.

Te arrepentís de tu abuelo. No te arrepientas de tus hijas.

Me voy a arrepentir, y estoy trabajando en eso, para no arrepentirme, para tratar de disfrutarlas.

Te puedo recomendar a un psicólogo.

Mirá, los únicos dos psicólogos que me atendieron se suicidaron. No, mentira (risas). Se quitaron la vida después de la segunda sesión. Los quise convencer y me dijeron: “No, Monti, a mí con el ChatGPT, no” (risas). Me quiero dedicar mucho más a ellas ahora.

También estoy trabajando bastante menos, trabajaba más. Pero sí me falta mucho tiempo, no de calidad, de cantidad, como te gusta vos, de tiempo con mis hijas.

¿Qué hace tu mujer?

Es abogada ambientalista. Se dedica al derecho ambiental.

¿Cómo viviste la pandemia?

¿Cómo lo viví? No pasé mal.

¿No tuviste miedo?

Mucho miedo. Sí, tuve mucho miedo. Pero tengo recuerdos muy lindos, de familia, con mucha familia. Todo un mes que no laburé también. Creo que el mundo después de la pandemia fue tan doloroso y tan rápido que eso sí daba miedo.

Estuviste muy activo.

Bueno, mi crecimiento fue en la pandemia. Imaginate esto: no había carreras de autos, no había nada de qué hablar. Aparecieron las notas de un boludo con el síndrome de Tourette, que es piloto y encima no puede ni manejar porque está adentro de la casa.

Cuando manejás, ¿no te afecta el síndrome de Tourette?

 Sí, claro.

¿Y cómo lo controlás? ¿No es un riesgo?

No, no. Pero, aparte de eso, no he tenido accidentes en la calle, tampoco. O sea, yo soy muy medido en la calle. Manejo despacio, demasiado despacio.

La última multa, ¿cuándo te la pusieron?

En San José, en el cumpleaños de mi suegra.

¿Habías tomado algún caliborato?

No, no. Pasé dos radares a 180 cuando la máxima era 75. Pero el cuentakilómetros estaba en millas (risas). Una vez, en una nota en El País, me pusieron de título “el Toretto uruguayo”. No tengo muchas multas y los tics no me afectan el manejo. Sí los hago, pero los tengo bien controlados.

¿Y en acupuntura?

Es un tratamiento para mí la acupuntura. Yo estoy atendiendo una persona y estoy todo el tiempo teniendo que poner la aguja exactamente en su lugar.

Metí muchas cirugías cuando estudiaba medicina, justamente para aprender a controlarme. Si hacia un tic, al tipo lo limpiaba.

Ahí hay un autocontrol muy fuerte tuyo.

A veces, cuando voy a dar un inyectable uso el tic  para darlo. Los pacientes me dicen: “¡Qué locura! ¡No duele nada contigo!”.

¿Qué hacemos con la cantidad de gente que hay en situación de calle?

Sabés que mi sueño es un proyecto con eso. Ahora me voy a juntar con Gonzalo Aemilius, que viene seguido. Gonzalo es una persona que siento que tiene una energía única. Hay gente que tiene un brillo especial. Bueno, él es un tipo de un brillo especial, muy carismático y buena gente. Gonzalo siempre me mandaba saludos por pacientes míos. “Vas a lo de Montero, dale un abrazo grande y decile que admiro mucho lo que hace”.

Y no lo conocías.

Sabía de cuentos míos, de cosas que había hecho y había gente que me decía que sabía que estaba dedicado a la parte solidaria. Un día le pedí su número a alguien porque quería agradecerle por los saludos y lo quería conocer. Yo estaba pensando en esto de la gente en situación de calle, que está bastante encaminado y también está obviamente Alejandro en el medio. Queremos hacer kibutz para la gente en situación de calle.

Pepe Mujica había planteado de llevarlos al campo a trabajar y nunca le dieron pelota. Yo he planteado usar los cuarteles que están subutilizados.

Vos mencionabas el tema de la culpa y el diezmo en los católicos. ¿Sabías que los judíos realmente tienen la solidaridad en su tradición, mucho más que los criollos?

El sentimiento de colectividad lo tienen muy presente.

Yo me crié muy cerca de la colectividad, tengo muchos amigos judíos. Ahora, un amigo mío, que no le gusta mucho figurar, es una persona muy poderosa en Uruguay, en la colectividad, que ayuda mucho, me dijo que le está preocupando mucho el tema de las dos mil quinientas personas más o menos que hay en situación de calle. Sería bueno hacer algo y me preguntó: “¿Qué se te ocurre?”. Y le planteamos la idea de hacer kibutz donde tenés un equipo multidisciplinario de psicólogos, psiquiatras, para la parte de drogodependencias, todo armado. Y una vez que tenés eso, darle a la persona la oportunidad de sentirse parte de una comunidad.

Eso es clave.

La gente en situación de calle tiene una energía muy fuerte por la supervivencia, que si vos le das algo bueno, te va a agradecer mucho más que cualquier otra persona. Ahora, si a esa persona le das una identidad real, le hacés cumplir una función, un rol, y le das una zanahoria en la cual empieza con ganadería, agricultura y empezar a ver algo positivo y que puede generar dinero en la comunidad para empezar a hacer cosas… El poder es infinito. Y con Gonzalo Aemilius ya estamos planificando algo en ese sentido. Yo tengo mucha gente en situación de calle que yo sé que son rescatables. Me encantó lo de los cuarteles. No se me ocurrió, eso es espectacular.

Esa es una estructura que ya está por todo el país.

Pero aparte, como está, hasta para los milicos es perfecto. Imaginate un kibutz que esté atendido por las Fuerzas Armadas.

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