No creo que sea nada fácil ocupar cargos de gobierno.
Y cuando llega una nueva administración se paga sin
dudas, un derecho de piso para tomar control de la gestión.
Generalmente hay muchas expectativas y esperanzas de lo
que van a hacer los gobernantes elegidos por la población.
Y acá entran los que exigen cambios rápidos y critican a los
jerarcas porque no hacen lo que ellos consideran correcto.
Hay una caterva de “sabelotodos” frentistas que dictan
cátedra y acusan a las autoridades de no cumplir con el
programa y quieren darle línea al Presidente y su equipo.
Para no mencionar a los intelectuales profesionales que
denuncian la traición del Frente desde su mesa de boliche.
Esto nos recuerda la vieja expresión popular: “Que Dios me
cuide de mis amigos, que de mis enemigos me encargo yo”
Por el otro lado escuchamos la cantinela de algunos opositores que
están buscando con lupa el pelo al huevo de todo lo que hace el
gobierno frentista para señalar incoherencias o falta de medidas.
Los colorados complicados con su atomizada interna buscan
perfilarse como fiscales o proponiendo un montón de banalidades.
El mayor partido de la coalición tiene sus reconocidos personajes
que un día sí y otro también vociferan que se avecina la debacle.
Poniendo su pasado como excusa del saber juzgan a mansalva.
Hay que entender también que la lucha intestina por el segundo
puesto de liderazgo partidario despierta pasiones, pero no neuronas
Alguno parece que se hace la película que está en el sitio de
Paysandú con Leandro, y entona a viva voz: “Hasta sucumbir”.
Suponemos que esto es como la ola de frío, pasajera y en breve
plazo los fanáticos adversarios serán razonables interlocutores.
Mientras tanto Yamandú habla poco, por suerte, y decide mucho.
La medida de la emergencia por la gente en situación de calle y el
respaldo a Jaime Saavedra muestran quien tiene el timón del barco.
Ser inconformes siempre, pero hay que darle tiempo al tiempo y no
olvidar que la revolución de las cosas simples, crece desde el pie.
Alfredo García