Garcé y el lema único por Oscar Licandro

En el diario El País del domingo pasado se publicó una amplia entrevista al politólogo Adolfo Garcé. En la última pregunta, el periodista le pidió su opinión sobre la posibilidad de un lema único para la Coalición Republicana. Su respuesta fue contundente: “Me hace mucho ruido. Me parece casi un crimen por el cariño que le tengo a la historia política del país. Correr el riesgo de desdibujar tradiciones de 200 años por un hipotético beneficio electoral me parece innecesario”.

En septiembre del año pasado, y en el mismo periódico, Garcé había expresado su opinión contraria al lema único. En esa ocasión esbozó dos argumentos. El primero fue de tipo práctico: “En el cálculo electoral, a priori, es difícil saber qué les conviene, cuánto se gana y cuánto se pierde” (El País, 28/09/2025).

Este argumento hace tiempo se discute al interior de la CR: no se puede saber a priori si el lema único permitirá maximizar las bancas parlamentarias, pero sí se sabe con seguridad que el lema único reducirá el “rastrillo electoral” (término usado por Garcé) de concurrir con múltiples candidaturas en octubre.

Aunque debatible, el argumento se apoya en evidencia empírica y, muy probablemente, en teoría política. Es un argumento propio de un científico social.  

El segundo argumento expresa la opinión de Garcé acerca de si el lema único es mejor o peor para los partidos de la CR y para el sistema político uruguayo.

El problema de este argumento radica en que se construye sobre la base de un supuesto fáctico que es falso, a saber: que un lema único debilita la identidad de los partidos que lo integran y, por lo tanto, a los propios partidos.

El éxito político del Frente Amplio destruye con rotundidad empírica este supuesto. Unirse bajo un mismo lema no ha debilitado al Partido Comunista ni al Partido Socialista. Además, ha servido para potenciar pequeños sectores, como fue el caso del MLN. A pocos años de integrarse al lema FA, bajo el liderazgo de Mujica y con nueva marca (MPP), se convirtió en el sector más poderoso del FA.

En cualquier argumentación, los supuestos son los pilares sobre los que se construye el edificio. Y cuando queda en evidencia la falsedad de esos pilares, el edificio simplemente se desmorona.

El lema único en sí mismo como instrumento no debilita ni fortalece a priori a los partidos que lo conforman. Depende de cada contexto. Cuando el lema es solo un instrumento coyuntural, que no construye elementos simbólicos comunes, que no crea una identidad común en equilibrio con las identidades de cada integrante, no tiene futuro alguno.

Pero cuando el lema se utiliza para construir una sólida comunidad política de ciudadanos, con identidad propia y con sentido de pertenencia, a la que se le ofrece una dirección y una esperanza, estamos entonces ante una herramienta política exitosa. Y si dentro de ese lema, los partidos que lo integran logran equilibrar sus identidades particulares con la identidad del conjunto, la herramienta es más exitosa aún.

Esto es lo que ha conseguido el FA y hacia lo que debería evolucionar la CR.

Vayamos ahora a la parte valorativa del argumento. Para Garcé las identidades partidarias son un bien superior que se debe preservar. Esta idea ya la había expresado el año pasado en El País: “lo más importante es el valor superior, que es preservar las identidades partidarias; la blanca, la colorada e incluso la independiente” (28/09/2025).

La idea se apoya en un concepto más amplio sobre el valor de las identidades partidarias en nuestro sistema político: “De lo mejor que tenemos en la política uruguaya a conservar son las identidades partidarias potentes. Entonces, a priori, no innovar”.

Un lema único de la CR es para Garcé una amenaza a las identidades de los partidos y, consecuentemente, una amenaza para el sistema político. Por eso sugiere a la CR “no innovar”.

Llama poderosamente la atención que este razonamiento no sea aplicado al FA. Garcé no se pronuncia acerca de si la poderosa identidad frenteamplista ha debilitado o no la identidad de los partidos que lo integran. Tampoco indica que el lema FA, bajo el cual se aglutinaron hace más de 50 años partidos diversos en ideología y con historias muy diferentes, haya tenido un impacto negativo para el sistema político uruguayo.

Imaginen las caras de Sánchez, Castillo o Civila, si un politólogo les dice que haberse arriesgado a desdibujar las tradiciones de sus partidos por un hipotético triunfo electoral le parece innecesario.

Francisco Faig ha analizado, en reiteradas oportunidades, cómo la historiografía afín a la izquierda enfatiza interesadamente en lo que separa a blancos y colorados, minimizando ex profeso el amplio espectro de ideas, valores y principios que comparten las identidades de ambos partidos.

Agitar el cuco de que esas identidades están amenazadas por el lema común es parte de la vieja estrategia de “divide y triunfarás”. Es el cuco irónico de Chasquetti, cuando el año pasado en modo barrabrava desafió: “Si quieren que siga gobernando el Frente Amplio, formen un partido” (El País, 28/09/2025).

No creo que ésta sea la intención de Garcé. Pero su opinión va en la misma línea.

En todas sus apariciones públicas Garcé demuestra ser una persona amable, razonable, mesurada e intelectualmente sólida.  Siempre procura mostrarse objetivo y equidistante de todos los partidos. No lo conozco personalmente, pero no dudo que lo sea.

Sin embargo, argumentar que el lema único es perjudicial para los partidos de la CR y para el sistema político, omitiendo que el lema único ha sido rotundamente exitoso para el FA y que ha contribuido a organizar mejor la oferta electoral en Uruguay, no es consistente con esa imagen pública.

Garcé es probablemente uno de los politólogos más respetados y escuchados por los dirigentes de los partidos que integran la CR. Es por eso que sus argumentos contrarios al lema único resultan más peligrosos que los de sus colegas claramente alineados con la izquierda.

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