Guapos Siglo XXI

Decí, por Dios, ¿qué me has da’o
Que estoy tan cambia’o, no sé
Más quién soy

El malevaje extraña’o
Me mira sin comprender
Me ve perdiendo el cartel
De guapo que ayer brillaba en la acción

¿No ves que estoy embreta’u
Vencido y mania’o
En tu corazón.

¡Qué circo se armó con la convocatoria al dialogo social!

Surgen acusaciones, excusas, y explicaciones de todo tipo.

Se mezcla el plebiscito del Pit-Cnt del año pasado y se

habla de ignorar la voluntad popular por el Frente Amplio.

De sobrestimar a las organizaciones sociales dándole

escasa participación a los partidos políticos en la mesa.

A su vez la izquierda acusa a la oposición de deslealtad,

de destruir la institucionalidad y de violar a la democracia.

Grandes palabras para ocultar las verdaderas razones.

Los dirigentes colorados buscan marcar perfil en la arena

política y mostrarse firmes como conductores de su partido.

Se olvidan de avisarle a Bordaberry, que declara haberse

enterado por la prensa y que dialogar siempre es bueno.

El novel presidente del Directorio nacionalista precisa

mostrar autoridad y se muestra negativo a la convocatoria.

Es raro que Delgado que siempre se caracterizó por su

capacidad negociadora y apertura al adversario haga eso.

¿Adónde fue el Álvaro que concurrió a los 1 de Mayo? 

Parece que tira más un desbocado tractor amarillo y una

interna complicada que la preocupación por el país.

Seamos claros, los temas a tratar son o deberían ser de

gran prioridad para todo el sistema político partidario.

No se va a resolver en la mesa de dialogo, sino que se

harán propuestas que luego necesitan indefectiblemente,

de la discusión y la aprobación en el Poder Legislativo. 

La situación planteada hace acordar a un show mediático

en busca de los famosos quince minutos de fama, por

estos “taitas” partidarios de huecas y desafiladas lenguas.

No quiero repetir el latiguillo de que todo tiempo pasado 

fue mejor, pero con las décadas que tengo encima me sale:

Políticos habilidosos y malevos rápidos eran los de antes.

Alfredo García

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