Guerras que nos atormentan y no nos dejan vivir por Ernesto Kreimerman

La historia ocurre dos veces: la primera vez como una tragedia y la segunda como una farsa. Eso escribió Karl Marx, ese alemán que marcó fuerte el mundo académico, el de las ideas y también el de la acción política. Marx ha sido definido como una de las figuras más influyentes de la era moderna, y su trabajo ha sido tanto elogiado como criticado. Aún a más de 200 años de su nacimiento, sus obras siguen promoviendo debates.

Al comienzo de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx incluye una de sus expresiones filosóficas más logradas y también, porque no reconocerlo, de las más famosas y, casualmente, suelen repetir precisamente quienes no son lectores frecuentes de estos asuntos. A la hora de citar el tiempo o las traducciones o el desconocimiento o el esnobismo, es que surgen cuestiones extrañas.

Aceptando esta traducción, el gran alemán dijo: “La historia ocurre primero como tragedia y después como farsa”. Pero hay que recordar el contexto. En el inicio del referido texto, Marx hace una precisión a Hegel, del siguiente modo: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 17959, el sobrino por el tío. ¡Y la misma caricatura en las circunstancias que acompañan a la segunda edición del 18 Brumario!”.

Y agrega en el mismo párrafo: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidos por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”.

Una reflexión sobre la cuestión bélica

Es bueno constatar la abundante producción de ideas y debates entorno a este recorrido filosófico a partir de la reflexión bélica. Muchos autores han compartido sus pensamientos sobre el conflicto, el poder y la guerra. Por su naturaleza, incluye radicalmente cuestiones sobre la vida y la muerte, son reflexiones que contienen una dosis significativa de dolor y resignación; una rueda que pretende arrastrarnos a la guerra y la muerte, al vacío de la depresión.

En el siglo VI a. C., en China se publicaba El arte de la guerra de Sun Tzu, que abordaba una reflexión sobre la estrategia militar que tuvo una gran influencia y no solo en el campo militar. También en otros campos donde la estrategia podía aplicarse a diferentes ámbitos de la vida. Por ejemplo, el marketing.

En la Grecia antigua, cuna de la filosofía occidental, Tucídides abría también una reflexión sobre la estrategia militar; la guerra era un elemento relacionado con la naturaleza tanto del ser humano como de las sociedades. Se trataba de una reflexión que hoy va contenida en cuestiones de la historia, y con el que dialogó parte de la filosofía griega.

La academia destaca cinco reflexiones elaboradas acerca de la guerra. La raíz de las ideas sobre la ética en la guerra se remonta a la filosofía clásica. Platón y Aristóteles dejaron reflexiones sobre la justicia y el deber cívico que pesaron al momento de teorizar acerca de la concepción de la guerra. En particular, Platón, en “La República”, analiza la relación entre la justicia y el estado, sugiriendo que la guerra puede justificarse como un medio para proteger la justicia y mantener el orden en la ciudad. Para él, las guerras no eran actos de agresión, sino respuestas a injusticias que amenazaban la estabilidad de las polis.

Aristóteles complejizó el debate al plantear que la guerra debe ser conducida por el principio de la justicia. En efecto, en su obra “Ética a Nicómaco”, sostiene que la justicia es una virtud cardinal que debe guiar todas las acciones humanas, incluyendo las relacionadas con la guerra. Así, Aristóteles presume que debe haber una intención noble detrás del conflicto, la búsqueda del bien común o la defensa ante una amenaza injusta. En este sentido, el filósofo griego proporciona un marco que ha perdurado a lo largo de los siglos, donde la ética del conflicto radica en el concepto de justicia y en la motivación detrás de la guerra.

Se apela entonces a una justificación de la guerra sustentada en altos valores. Con ello hay un cambio en los propósitos, buscando para la muerte y la destrucción, una compensación enaltecedora. Aflora la teoría de la guerra justa, que se consolidó durante la Edad Media, y se nutrió de los aportes de pensadores como San Agustín y Tomás de Aquino. En particular, San Agustín introdujo la idea de que la guerra podía ser moralmente aceptable si se libraba en defensa de la paz y la justicia; establece así una diferenciación entre la guerra legítima y la tiranía. Para él, “la motivación de la guerra debe ser la restauración del orden y la justicia, no la venganza o el deseo de dominio”.

Más tarde, Tomás de Aquino profundiza en la teoría de la guerra justa, proponiendo criterios que deben cumplirse antes de que una guerra pueda considerarse ética. Estos criterios incluyen una causa justa, una autoridad legítima que declare la guerra, la intención correcta y la proporcionalidad en el uso de la fuerza. Con ello reafirma que las guerras deben ser conducidas bajo un balance ético claro y que las decisiones no deben precipitarse. Tomás de Aquino establece un marco que no solo es relevante para su época, sino también en debates éticos contemporáneos sobre la intervención militar y los conflictos armados.

Arendt y Sartre, DD.HH.

El debate contemporáneo sobre la guerra también ha sido enriquecido por la ética de los derechos humanos. Pensadores como Hannah Arendt y Jean-Paul Sartre cuestionaron la noción de la guerra justa proponiendo que el conflicto armado, en su esencia, siempre acarrea un costo humano inaceptable. Arendt, en su análisis de la violencia, sugiere que la guerra tiende a deshumanizar a los individuos y a hacer que la moralidad se diluya o se transforme en barbarie.

Estas reflexiones éticas invitan a replantear el propósito de la guerra en un mundo donde la violencia puede marcar un camino hacia la resolución de conflictos; sin embargo conlleva un alto precio en términos de sufrimiento humano.

Saber que yo escribo y tú lees mientras hay guerras que nos atormentan y no nos dejan vivir, es una invitación a alzar la voz reclamando paz ahora! Me vienen estas líneas de Jorge Drexler, “No hay muerto que no me duela/No hay un bando ganador/ No hay nada más que dolor/Y otra vida que se vuela…”

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