Guillermo Lamolle, músico: El Carnaval se llenó de divas

Caímos por su casa natal adónde retornó luego de un periplo por otros barrios. Charlamos de musica, teatro, cultura y el hombre es orejano en su pensamiento y en su veta creativa. Sería enriquecedor que surgieran otras cabezas similares en el mundo artístico local.

Por Nicolás Martínez y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

PERFIL

Nació en Montevideo en 1962.Es músico y biólogo. Debutó en carnaval en 1987 en la categoría Humoristas, y entre 1990 y 2015 salió en la murga La Gran Siete, donde fue director, letrista, compositor y arreglador.

Ha sido integrante de los grupos Asamblea Ordinaria y Los Mareados. Como solista grabó dos discos: “Veritatis Splendor” y “Ciruelas”.

Publicó los libros “Sin disfraz” (en coautoría con Edú Pitufo Lombardo), “Cual retazo de los suelos” y “Té de benteveo” Editó los libros digitales: “El universo en una palangana”, “Lágrimas de cebolla”, “Lluvia de gatos” y “Soneto de la madrugada”.

¿Si vivías en este barrio, fuiste a la escuela Sanguinetti?

A la 74, que es la que funciona de tarde. Y al liceo 14.

¿Sos de La Unión?

Sí, sí. Yo viví en La Unión a partir de los cuatro años en esta misma casa, hasta que me fui de adulto. Después estuve por todos lados, y hará quince años que estoy de vuelta. Hay mucha gente que se quedó.

¿Qué hacían tus viejos?

Mi vieja visita era arquitecta y mi viejo funcionario de la Universidad.

¿Hermanos, hijos?

Tengo una hermana y dos hijos, Felipe y Lorenzo.

¿Felipe es músico también?

Sí, y Lorenzo también estudia música.

¿De dónde viene el tema de la música?

Me ocurrió a mí. Mi abuela sé que tocaba el piano, pero no la conocí. Y no sé de nadie más que haya sido músico. A los 15 años me regalaron una guitarra, unos tíos abuelos que tenía y empecé a estudiar, pero estudié muy poco. Y después empecé a tocar, cuando empecé en el TUMP, sobre todo. Ahí sí estudié un poco más de música y me junté con gente que tocaba y armamos grupos.

¿Quién te influyó?

El que me dio para adelante personalmente, fue Jorge Lazaroff. En cuanto a influencias, en casa se escuchaba mucho folklore: Los Olimareños, Zitarrosa, Osiris… Y bueno, los Beatles también. Entonces todo eso influye, y las cosas que ves. Yo no creo en eso de que tal cosa me influyó. Todo te influye, lo que te gustaba mucho y lo que no también, porque influir no es lo mismo que gustar. Además, una cosa que pensás que es una porquería cuando tenés 15 años, cuando tenés 50 ves que no era ninguna porquería. Como puede ser la música tropical, por ejemplo.

¿Te gusta la música tropical?

Me gusta. Pero sobre todo he ido reconociendo el nivel de la música tropical uruguaya de la época de las sonoras, que era excelente.

¿Pero no hay un desprecio hacia la música tropical?

Hay desprecio pero no tanto. Cuando ves que hay bandas nuevas que dicen: vamos a hacer música tropical, y lo hacen bien, ahí es el respeto. Cuando ves que hay bandas que lo hacen horrible, ahí ves la falta de respeto. Entonces ese respeto o falta de respeto se ve también si agarrás un género, sea con la música tropical, con el candombe, el blues o lo que sea. Si agarrás la caricatura y no el original, entonces se nota que no profundizás mucho. Entonces ahí está el desprecio. Si vos vas a tocar a Beethoven, te ponés a estudiar piano, no se te ocurre tocar con la guitarra.

¿En qué género te sentís más cómodo musicalmente?

¿Más cómodo? Yo creo que en el folclore fantasía. Es algo que tiene una raíz folclórica, pero que ya se salió. Lo acabo de inventar, pero me gusta. Suena lindo.

¿Y la biología, cómo surge?

A mí me gustó siempre la biología. Yo quería ser oceanógrafo y no había dónde estudiar. Pero justo apareció la carrera que duró muy poco acá en lo que era Humanidades y Ciencias. Entonces me anoté y terminé pero no hice la tesis. A los 39 años volví, pero ya no existía la carrera. Entonces hice una tesis más biológica y después seguí con la maestría y el doctorado.

Pero hiciste Bioinformática.

La informática es algo que yo aprendí como la guitarra, de oído, dentro de la carrera. Un día me dicen: “Vos tenés que aprender a programar”, y me pasaron un libro pirateado de un lenguaje que se usaba mucho y aprendí con eso. Y después seguí aprendiendo otros lenguajes y seguí aplicándolo a los laburos que hacía. Hasta que terminé dando clases de eso.

Diste clases en la ORT.

Sí, sí. Ahí di clase, trece años. En una licenciatura que llaman Biotecnología.

¿Cómo se mezclan en tu cabeza folclore, bioinformática, murga y escritura?

Y… como se mezcla todo lo demás en la vida. Tener gatos, pareja, hijos.

Son rubros muy diferentes. ¿Cómo se combina, dónde hace sinapsis todo eso?

Son cosas que a uno le interesan, las aprende y las aplica. No es tan complicado saber muchas cosas. Pero manejar la parte de ser músico y ser biólogo entra perfectamente en una cabeza. Tal vez, si fuera un biólogo de punta o un músico que actúa todos los días, no podría.

¿Seguís escribiendo?

Sí, escribo cuentos y esas cosas.

¿Lo último fue Té de benteveo?

No publiqué más, no me interesó mucho el mundo ese de los escritores, no me atrae.

¿Para quién escribís?

Aparte de lo que publiqué, escribí cuatro libros que los largué por internet. Y cuando tenga algo voy a hacer lo mismo.

Una versión Casciari de Uruguay.

Pero a él lo leen. No importa. Yo soy muy bicho para esas cosas de hablar con la editorial, después llamar a ver si hay plata… Si no llamás, no hay. Esas cosas me ponen medio nervioso y tampoco es tanta plata. Publiqué esos cuatro libros que eran dos de poesía, uno de ciencia ficción y otro de cuentos comunes. Pero yo sigo escribiendo y publico en las redes.

¿Al Carnaval no volvés?

Al Carnaval oficial, no. En Carnaval sigo estando. Más Carnaval para mí es un Carnaval tanto como el otro y vamos por el sexto ya, como Peñarol. Pero bueno, estamos ahí ya empezando a ver qué voy a escribir para la murga.

Pero la murga no es solo ponerse a escribir. Primero vamos a ver quiénes son porque no todos los años salen todos.

¿Hay un grupo estable?

Hay un grupo, pero van y vienen. Hay gente que dice: este año no puedo estar, por lo que sea y a veces al revés, vuelven todos.

¿Qué te llevó alejarte del Concurso Oficial?

Bueno, fue puntualmente una pelea con DAECPU. No, pero yo estaba medio harto. Desde para dónde había ido el Carnaval y la murga en particular, que para mí había perdido la parte de informalidad que forma parte de lo que tiene que ser una murga. Y todo esto del Concurso la encorseta mucho y la transforma en algo que a mí no me interesa verlo. Yo quería no ser eso. Pero a la vez, si estás ahí, te obligan un poco, porque si no, no existís. Al poco tiempo de irme se formó el sindicato de carnavaleros, SUCAU.

¿Han logrado buen nivel de afiliación?

No sé, pero costó. Sé que había aumentado bastante, pero no sé adónde llegó porque estoy desactualizado. Sé que tienen trato con DAECPU, que se había cortado. Y bueno, la murga es muy trabajosa, pero funciona. Siempre es por este año, nunca es un proyecto a largo plazo. A todos los de la murga les encanta y salimos así. Mientras nos divierta, saldremos. Tampoco es una obligación, es un poco una militancia porque no hacés un mango.

¿Cambió la esencia de lo que era el Carnaval?

No sé, va cambiando. Se perdió algo que a mí me gustaba y que ya no está más, que es esa informalidad. Yo veo que ahora las letras hablan de la emoción increíble de estar contigo. ¿Qué emoción increíble? Mentira. Te emocionás una vez por Carnaval. No es que cada vez que van a un tablado tienen una emoción increíble de estar contigo, que no saben ni quién es. Todo ese lenguaje marketinero. Parecen letras de marketing todo lo que se dice en la retirada y el saludo, que es ese lugar en el que no es obligatorio hacer reír.

Dejar mensaje.

A mí no me gusta.

¿Está uniformizado?

Sí, creo que se ha uniformizado mucho. Hay otras cuestiones del pasaje de murguistas de una murga a otra permanente, de quien pone plata. Eso hace que todo suene parecido. En los noventa, vos escuchabas un coro diez segundos y decías: “Esto es Araca”, “Esto es la Falta”, “Esto es Contrafarsa”. Por lo menos había murgas muy reconocibles, ¿no? Hay gente que canta muy bien o que arregla muy bien, pero es más parecido a cualquier otro género de lo que era antes. Era algo muy distinto y hasta a mucha gente no le gustaba por eso. Pero era un producto cultural muy definido. Ahora vos sacás a un murguista y lo podés poner en una sonora o en una banda que hace melódico internacional y el tipo no tiene que cambiar mucho la forma de cantar.

Hay mucha gente de stand up que pasa a cupletero.

Sí, eso no está mal, en principio, depende de lo que hagan en la murga. Si se adaptan ellos a la murga, o la murga a ellos.

Muchas veces pasa eso.

Con la televisión pasó eso. Muchas figuras de televisión que salen en conjuntos de carnaval y no hacen nada particular, simplemente traen gente por el nombre. Esto es así. Lo cultural va por un camino y lo comercial va por otro. Hay cosas comerciales que están buenísimas, pero no es el mismo camino. Entonces, si a vos te gusta la murga por la parte cultural, entonces te quedás con eso.

¿El teatro corrompió a la murga?

La clase media corrompió un poco la murga. O sea, la clase media con su cabeza de que todo hay que estudiarlo y academizarlo. Y se metió en un lugar que era todo lo contrario. Era el gurí de barrio que se paraba ahí, y si andaba, se quedaba al lado del que hacía cuarenta años que estaba el Carnaval y aprendía ahí, ensayando y cantando. Que es una forma muy válida, yo creo que es la verdadera forma de aprender cosas artísticas. Lo otro es un parche o un bypass. Entonces el estudio académico está muy bien para algunas cosas, para otras es una pretensión de cortar camino que no funciona bien. Y con la música también pasa eso. La parte técnica puede ser que sea bueno, pero la parte de sentimiento musical, si no se vive, no se aprende.

La murga, en definitiva, perdió la esencia rea.

Claro, la clase media se apropió, como se dice ahora, y no solo se metió, sino que se quedó con ella. Ya no quedan murgas de pobres, como eran todas antes, de gente laburante. Toda esa parafernalia de ahora es porque la clase media organiza las cosas así. Capaz que no es la clase media, pero es una forma de decirlo. El sistema organiza las cosas de manera de contenerlas, saber bien qué son y eso, aunque no sea la intención, termina lavando las cosas.

Entonces pasan a ser muy parecidos un cantante de cumbia, uno de murga o un parodista. El sistema organiza la estructura, le pone límites y reglas. Es tan complicado sacar una murga, todo el tramiterío. Y bueno, lo que cambia es mucho. Y termina expulsando a alguna gente y trayendo a otra que de repente no canta tan bien, pero se maneja mejor con los trámites.

¿Has visto Carnaval los últimos años?

No, muy poco. Voy a ver algún ensayo porque me gusta ver ensayos. Si me queda cerca, o voy al tablado del Club La Unión, alguna vez que no tengo tablado y veo que hay algo interesante. No me dedico a verlo y tampoco me da para mirar en YouTube mucho, salvo algo que me digan.

¿Desapareció el humor en el Carnaval?

El humor es algo muy de época, es una de las cosas que más caducan en la cultura. Hay muy pocas cosas de humor viejo que funcionan todavía.

¿Porque te cancelan?

 No, no por eso. Porque no te hacen gracia. Hay muchas cosas que veo de humor de los 60 y los 70, y no me río. Eso es lo que había. Pero no es porque sea humor no correcto. Puede ser más correcto o más incorrecto. Simplemente hoy no me hace gracia. El humor tiene una fecha de caducidad muy rápida. Muy pocas cosas se mantienen.

¿Tiene fecha de vencimiento el humor?

Sí, porque tiene un contexto. No todo, porque yo leo los cuentos de Wimpi y todavía me hacen reír, ¿verdad? Pero la mayoría de los chistes de la época, de los genios de la política, son horribles. Hoy no me haría reír. Quino me sigue haciendo reír. Pero yo creo que el grueso del humor caduca.

¿Qué te hace reír?

Yo voy a un tablado y me río dos o tres veces en cuatro conjuntos. Sonrío diez y no me paso de ahí. Veo que hay gente que se ríe mucho más. Pero está bien, tampoco uno va a reírse ni a escuchar música o ver cómo bailan. Uno va al tablado a estar, nomás. Cuando era niño iba a los tablados y ni bola les daba a los conjuntos. Pero yo estaba mirando todo el universo del tablado. Pero cuando yo empecé a salir en Carnaval, en el 87, me acuerdo que el comentario era: “Quedan setenta tablados nomás, ya se muere el Carnaval”.  Estamos hablando de que ahora quedan cinco.

Sí, como mucho.

Sacás los de la Intendencia, que son subvencionados, y comerciales son cinco o seis. Pero todo va cambiando. Los tablados eran chiquitos. Las murgas cobraban menos, ahora precisás tener un tablado grande, con mucho equipo, para que vaya gente y para cubrir los gastos. Entonces eso lleva a esa concentración y a ese divismo, se llenó el Carnaval de divas. Y esa es la parte que a mí me aleja del Carnaval, básicamente eso. Yo para eso no sirvo.

¿Hubo murgas que te marcaron?

La Falta de ese estilo fue la que más. Y La Nueva Milonga siempre, porque era del barrio y porque es un estilo también muy concreto. Sobre todo en lo musical, la Milonga me marcó y lo conservo hasta hoy. No lo hago porque es imposible, pero también me gusta experimentar y probar. No me gusta lo de las murgas de La Teja de esos años, creo que quedó en una cosa que no siguió mucho. Y son más despegadas de lo que uno imagina cuando le dicen murga, ¿no? Entonces siempre trato de que suene a Nueva Milonga o a La Unión, nada más. De ese barrio que me gusta apuntar hacia ahí.

El fenómeno murga joven tuvo un auge.

Sí, no sé en qué está ahora la murga joven. En una época la murga joven era como lo que le aportó al género murga una frescura que había perdido. Sobre todo a nivel de las letras. A nivel de música siempre fueron bastante malas y siguen siendo, porque nunca le dieron bola a eso. Nunca. Tal vez por una cuestión de que siempre se hace hincapié socialmente en la letra. Nadie hace hincapié en la música. Yo creo que a la murga joven le pasó eso. No le dio bola a la música, le dio bola a la letra.

¿Se la fagocitó el sistema?

Pará, vas muy por delante mío. A cualquiera que entre a algún sistema se lo termina comiendo. O sos un dios que…

¿Un Lamolle?

A mí me expulsó. O te expulsa o te fagocita. O podés tener tanto poder creativo y poder del que quieras que lo cambiás vos al sistema. Pero eso nunca pasa. Y si vos insistís en estar dentro del Carnaval, es muy probable que te fagocite. En La Gran Siete tuvimos la suerte de que nunca nos fue bien en el Concurso ni tuvimos muchos tablados. Entonces, si alguna vez nos vimos tentados a modificar nuestro estilo para aprovechar esto que ahora logramos… como nunca logramos nada, no tuvimos ese problema. Pero si a vos te va muy bien rápidamente y te ubicás en las posiciones de privilegio, como dicen los periodistas, después no querés perderlo. Es muy difícil. Es mucho más fácil renunciar a algo cuando no lo tenés que cuando ya lo tenés. Es como si tenés un laburo horrible pero ganás bien, es muy difícil dejarlo. Yo tuve también la suerte de que nunca tuve un buen laburo, entonces siempre pude hacer lo que quise.

Lo tuyo es filosofía pobrista.

Sí querés, sí, pero depende a que llames pobre. Yo creo que el éxito te limita. Si vos tenés una banda que hace una música removedora, más o menos creativa y te empieza a ir bien, marchaste. Los Beatles se separaron para poder hacer lo que querían. Y uno dice: pero los Beatles hicieron todo. Pero, ¿cuánto estuvieron ellos? Ocho años. No es nada. Yo con Asamblea Ordinaria llevo cuarenta y pico de años. Con Los Mareados estuvimos cuarenta años y con La Gran Siete, también. Ocho años no es nada. Y los tipos se separaron porque ya no podían hacer lo que querían. Y eso que siguieron haciendo locuras. Pero es una presión, ¿viste? Y eso que ellos no se encorsetaron nunca en lo que les iba bien, cambiaban y cambiaban. Yo me acuerdo que Coriún Aharonián decía…

¿Lo conociste bien?

Fue otra persona que me influyó mucho. Tomé clases con él también. Él decía que si vos eras músico y querías vivir de la música, tenías que tener una bandita comercial de la que vivías y tu música por otro lado. Porque si tu música era la que te daba de comer, dejaba de ser tu música porque tenías miedo de no comer. Claro. Y es una cosa tan simple y tan real, ¿no? A mí me encantaría que algún famoso cante una canción mía y yo me llene de plata y con eso viva, eso es lo ideal. Famoso, famoso, de Sting para arriba.

¿Aparecer en una película de Hollywood no les dio un mango?

Hicimos un juicio y nos dio. Sacamos la guita de un arreglo porque usaron una grabación que no estaba autorizada. Había un arreglo con el sello y esa empresa, pero esa grabación la sacaron de una actuación en vivo, no sé por qué. Bueno, alguien nos recomendó, hicimos un juicio y nos dieron bastante guita, que estaba buenísimo. Los abogados no sé con cuánto se quedaron. Si hubiéramos sido autores de esa canción es otra cosa. Pero era el tango Chorra.

Dijiste que hay una comparsa acá cerca.

Sí, hay comparsas por todos lados.

¿Por qué se da ese fenómeno?

Creo que también es algo de apropiación. No sé. Esta comparsa a mí me cae bien, en el sentido de que es muy barrial. No es esa cosa de creerse que estás renovando el candombe o haciendo candombe de verdad. Estos van y tocan, se divierten. Es una cosa callejera y barrial. El candombe se puso de moda, las cosas se ponen de moda y todo el mundo vio bien tocar candombe. Pero en general pasa como con la murga joven, es gente de otro lado que dijo: “Vamos a hacer murga” y sonaba muy distinto. Los tambores, de última, suenan a tambor, aunque lo que suena es más duro, más limitado. Eso es lo que dicen los que saben de candombe. Pero se expandió mucho el candombe y también entró en esa rosca concursera que son las Llamadas. Y por eso los cortes y todo un montón de cosas de las bailarinas que hacen una coreografía que tienen que ensayar. Antes no se ensayaba, se tocaba el candombe. Ahora es más una partitura.

Igual que en las murgas.

Es muy parecido a lo que pasó con la murga. Aplicado a un ritmo y a todo lo que rodea: los bailarines, los trajes, todo eso. Y es una cosa…

¿Acartonada?

Sí, es acartonada. Y hay mucha plata en la vuelta. Y de esa plata muy poca les llega a los que debería. Es muy poquito, porque además las comparsas son mucha gente. Entonces es peor que la murga que son diecisiete o dieciocho. Pero en una comparsa tiene que ser mucha guita para que le toque algo a cada uno. Y entonces es un show televisivo. Y cada vez son más los ensayos para la prueba o para las llamadas. Todo está supeditado a eso. Entonces, en vez de ir y tocar, van y ensayan lo que tienen armado para el desfile de Llamadas. Está bárbaro, pero es muy distinto a lo que era y va hacia el mismo lado.

¿Qué lado?

Hacia el lado estructurado, evaluable y controlable. Para mí es algo de controlar también. En el fondo, filosóficamente, si vos tenés un concurso donde todo gira alrededor de él y vos manejás ese concurso estéticamente, entonces vos tenés el control cultural de ese lugar. Y entonces, ¿qué hay propio de Montevideo? Murga y candombe. Tango también, pero ya se limita más a boliches y otros lugares. No es algo que esté en todos lados, como la murga y el candombe. Entonces, si yo controlo organizativamente todo el candombe y la murga, y el Carnaval en general, entonces controlo la cultura más allá de quién sea el ministro de Cultura. Lo que importa es ese control mediático.

El tema del candombe y los negros se ha vuelto popular. Vos escribiste Nunca fui.

Lo escribimos entre cuatro, con los de Asamblea Ordinaria.

¿Fue como una reacción a eso?

En la época del canto popular todos tenían un candombecito ahí, con bongó, porque era más barato. Con suerte, con tumbadoras porque con tambor era muy difícil. Porque no había tampoco, en general, una cercanía entre los tocadores de tambor y los músicos populares, los cantopopu. Entonces había uno que más o menos llevaba el ritmo y con eso alcanzaba. Y se hacían canciones, no sé por qué, a los conventillos, a Palermo, al Barrio Sur y las calles de adoquines. Tal vez por las demoliciones de los conventillos, era una cosa de resistencia. Pero era gente que nunca había pisado un ensayo de comparsa o una Llamada. Entonces esa canción era un poco reírse de eso, decir: yo nunca fui, no sé nada. Y siempre cayó bien entre los negros, la entendían siempre. Una vez, en un homenaje al Mediomundo, nos invitaron a cantar y dijeron: “Canten esa del Barrio Sur”. Y la cantamos diciendo: nos van a matar a piñazos, pero no, se cagaron de risa. Hoy no sé qué pasaría.

Hay mucha sensibilidad.

Ahora no sé, porque está todo más complicado. No sé cómo caería ir a un acto por el Mediomundo y cantar: nunca fui al Barrio Sur, y yo nunca he visto un negro. Pero en esa época todavía no estaba eso que todo el mundo se ofendiera y a la vez ellos entendían claramente el porqué de la canción, sin tener que explicar.

¿Cómo ves la cultura en general en Uruguay?

Bueno, qué queda por hablar: el teatro y la literatura. Yo creo que ha perdido también el teatro un poco de lo popular, de lo que tenía en los setenta. Claro, en los setenta estaba el tema de la dictadura. Ibas al Teatro Circular y te sentías…

Todo era un acto de resistencia.

Era un acto de resistencia y además eso generaba una magia. El hecho de que los tipos hacían algo sabiendo que iba a haber gente, hace que te exprimas mucho más que si pensás que vas a cantar en un boliche con diez personas, como me pasó el otro día. Pero si estás en un momento en que la gente va a ver las cosas, los espectáculos son mejores. De teatro no puedo hablar porque salgo poco, pero no me desconecto. Lo que yo conozco de la cultura es la música, el Carnaval, un poco el candombe. Y lo veo como más frío. Se siente una frialdad en la música popular, los cantantes, los grupos, es una cosa que aparenta calidez, pero no la tiene. Hay una calidez impostada. Se van a enojar algunos, pero se insiste en hablar de la calidez y la cercanía y de lo lindos que son. Y no es necesario, si eso existe, no lo tenés que mencionar.

Ya existe de por sí.

Y bueno, yo hago mi música y mis cuentos. Estoy un poco bicho en esas cosas, no formo parte de una corriente. Tengo amigos en todos lados y voy a verlos, pero no suelo tocar con gente, salvo con mi grupo. Y cuando hay eventos donde participan muchos, yo nunca estoy ahí. Estoy fuera por voluntad propia. Entonces yo lo que veo como público es una cosa más fría, más lavada. Mi compañera, que es música también, siempre dice: “No hay la sensación de que el músico crea que está cambiando el mundo con su música, sino que está sobreviviendo”. Que es algo muy digno y loable pero es mucho menos inspirador que creer que vas a cambiar el mundo como creíamos hasta nosotros cuando éramos chicos, que una canción podía cambiar el mundo. Pero si no lo creés, ¿para qué lo hacés?

No puede cambiar el mundo pero puede conmover.

Para mí está bien creer que vas a cambiar el mundo con una canción aunque en el fondo sepas que no. Que no es lo mismo el mundo con esta canción que sin ella, a eso me refiero. Esa cosa de locura que tenía la música cuando yo empecé. Eso como que no lo veo ahora. Es una cosa más de vamos a ver cómo nos posicionamos en este mercado y cosas así. Y hacemos esto dentro de lo que me gusta. No digo que todos lo hagan, pero es la general. Y antes la general eran unos dementes que creían que iban a cambiar el mundo por más que de repente eran malísimos. No habla de la calidad, habla de una actitud.

¿La cultura está al servicio del poder económico y político?

Y capaz que siempre lo estuvo, pero era más lindo antes. O el poder económico y político era más interesante. Porque no es que estuvieran fuera de eso.

Estamos hablando de la mercantilización.

Lo que pasa es que mercantilización en música suena a decir: voy a hacer música comercial. Y de repente no es eso. Es que la música, que no es comercial, se mercantilizó y sigue sin ser comercial. ¿Qué sería comercial hoy? ¿El reguetón, o los géneros que están más de moda? No, ahora todo es comercial, no se limita a un género.

¿Cómo influye la política cultural del Estado?

Es parecido a lo que pasa con el Concurso de Carnaval. En los llamados cuando vos te anotás hay alguien siempre que te dice: es más fácil que entres con este tipo de cosas. Y eso no es ni siquiera por mala intención de nadie, eso es así. Yo armo un concurso y al tiempo voy a estar filtrando por un criterio de comodidad mía o de lo que sea y dejando gente valiosa afuera sin darme cuenta. Entonces, en vez de hacer tanto concurso, por qué no ponés esa misma guita en facilitar que los boliches existan. Por ejemplo, aislar las paredes. Yo qué sé, hacer préstamos para que en vez de trancar y trancar y cada vez haya menos lugares para tocar, bueno, que haya cada vez más. Si hay más lugares para tocar, no preciso política cultural, ¿entendés? O para publicar el arte que hagas.

¿Está mal encarada?

No preciso ninguna política cultural, porque la cultura se mueve sola. No precisa de nadie que le diga adónde ir. Entonces, cuando todo el Estado o el mercado van para el mismo lado, que es coartar, cuando todo coarta, ahí necesitás políticas culturales, como decir que si estás en el mar y se pica el agua, precisás un salvavidas, pero si no, no precisás política cultural. Siempre se dijo que la política cultural es cuidar que la cultura se pueda desarrollar sin competencia desleal; por ejemplo, de discográficas que te imponen un producto. Hacer eso, cuidar que las cosas se desarrollen naturalmente. Y apuntalar cosas muy extrañas, muy de punta, de vanguardia, que no podrían funcionar.

Obviamente, ayudar al cine, que es caro para hacer. Pero no una política con orientación. Eso no, la orientación la tiene que dar la cultura, no la política.

Hay una filosofía que plantea que la cultura da trabajo.

Está bien y no está bien. Eso es una contradicción. Decir que el arte también es un trabajo. Ahora, cuando lo transformás en un empleo, deja de ser arte. Entonces, ¿hasta dónde? Por eso es lo que te decía hoy: tené un grupito terraja que haga casamientos y fiestas, y después, tu arte hacelo por otro lado. Si vos como artista te dedicás a defender tu actividad como un trabajo y haces lobby, pero cuando querés acordar mirás lo que estás haciendo y no se parece mucho a lo que querías hacer sino a lo que hay que hacer para que el sistema te devuelva a tu reclamo… eso es terrible, lo peor que puede pasar.

Siempre se dice que la cultura uruguaya es de izquierda.

¡Qué palabrita! Porque en esta época está muy devaluada.

¿La cultura o la izquierda?

La izquierda. Yo creo que en el Uruguay en este momento si la cultura es de izquierda, no la conoce nadie. Porque si vos te adaptás a todo esto y a todas las normas, obvio, hay ejemplos como Jaime Roos o Rada, pero que vienen de antes. Que impusieron su estilo propio y sin embargo son conocidos. Me refiero a la majuga como es uno. Si vos lográs traspasar todos esos filtros es muy probable que cuando llegaste al otro lado hayas perdido todo lo interesante que traías por el camino. Y eso no es una actitud muy de izquierda. Entonces está el que no logra o que se va, que puede ser de izquierda o puede ser un fascista, no importa, pero tuvo la actitud rebelde. Prefiero no meter el término izquierda y derecha en el arte, me parece que ya en la política es complicadísimo saber quién es izquierda y quién es de derecha, imaginate en el arte.

Todo el tiempo dicen que el Carnaval está cooptado por la izquierda.

Que digan lo que quieran, no da ni para contestar. Yo conozco mucha gente de Carnaval y son muy conservadores muchos de ellos. Podrán tener la bandera que quieran en la casa, pero son gente conservadora. Si yo pongo una foto del Che Guevara, ¿soy de izquierda? Si sos conservador en el trato que tenés con los murguistas, si vos sos dueño de una murga o si sos conservador en las letras o en la actitud, si estás muy adaptado y pendiente de las demandas de lo que es el mercado del Carnaval, bueno, eso no es de izquierda. Me parece que tampoco hay que abandonar eso. Ser bobo y desconocerlo, pero no vivir para eso.

¿No se hace militancia política partidaria en Carnaval?

Bueno, eso no me parece mal. Si yo tengo un partido y hago una murga que funciona en Carnaval y pasa mi mensaje solapadamente, está bien, ¿qué pasa? Del partido que sea. No me parece mal. Hacelo. No creo que te vaya bien si sos muy explícito porque es un embole.

No un panfleto.

El panfleto aburre un poco. A esta altura, más. En una época tenía lugar. La dictadura favoreció determinadas cosas que estaban bien en ese momento. No es lo mismo ser panfletario en el 80 que ahora.

¿La cultura y la música siguen siendo un espacio de resistencia o ya no?

Hay, pero no son generales, hay islas de resistencia. Creo que hay lugares donde sí se hace música y o cultura así. Pero está muy mezclado todo y siempre hay que ver hasta dónde. Es todo eso de las redes y la adaptación. El lograr ser aceptado por ese sistema te contaminó, te permeó o no. Porque uno puede decir: no voy a ser aceptado o voy a entrar por otro lado. Me importa un huevo vender discos y hacerme famoso. Yo quiero hacer mi música para cincuenta personas y ser feliz. Y capaz que ese tipo, si lo hace bien, termina siendo más conocido y es mucho más trascendente que todos lo demás. Probablemente con alguno pase. Porque todos los grandes músicos, si haces una lista, la mayoría empezaron así, tocando para veinte y diciendo que les importaba una mierda nada. Son muy pocos los que entran como producto de entrada y se mantuvieron.

¿Quién te gusta musicalmente hoy en Uruguay?

En todo lo que me gusta, en general, estoy involucrado.

Eso es muy egocéntrico.

No, porque trato de involucrarme. No al revés. Me gusta primero y trato de meterme. Tengo la suerte que me inviten o estoy en la vuelta de lo que conozco. Lo que pasa, no conozco tanto. Estoy medio podrido del sonido de banda: bajo, batería, teclado. Una banda de rock está bien, Está hecha para eso. Pero cuando todo tiene que tener atrás una batería o un teclado…

Le ponen a cualquier cantante una banda atrás.

Así esté cantando cielitos, todo tiene una batería, un bajo y un teclado. Si no, no funciona. Eso yo lo he hablado con gente de la vieja guardia olimareña. ¿Por qué hacen eso? Y me decían que si no, no te llevan a ningún lado. Eso es increíble. En los festivales del interior es así. Entonces, por descarte, en general me llama más la atención lo que no tiene banda, pero hay bandas que son bandas, es distinto.

Pero no voy a dar nombres. Me gusta lo que es auténtico, lo que es despojado.

¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar en la cuestión cultural?

Que no lo haga.

¿No querés competidores?

Las cosas hay que hacerlas. Si me dicen: “¿Cómo puedo aprender a escribir?”. Y… escribiendo, como yo aprendí. Cuando tenía 12 años en el liceo escribía cuadernos de versos y cosas de amor, lo que fuera. Pero claro, cuando empezó el momento de escribir canciones en el TUMP, todos empezaban por primera vez a escribir y yo tenía kilómetros de cuadernos escritos. Entonces yo era el letrista, porque sabía escribir. Y lo mismo el que toca. Si tocás mucho y trabajás tocando, aunque sea en un restorán, haciendo la música que te digan, es la mejor escuela, es como los parodistas, porque tenés que tocar todo. No importa si te gusta o si no te gusta; si es fácil o es difícil, tenés que tocarlo y tocarlo bien. Y esa es la escuela de aprender a ser músico. Entonces a la gente le digo: “Hacé cosas”. Si me dicen: “¿Cómo puedo empezar?”… “Ya tendrías que haber empezado”.

¿Qué le dijiste a tu hijo Felipe?

Empezó solo. Entró a unos parodistas, Los Buby´s Bis,cuando tenía 11 años, por casualidad. Él estaba estudiando bajo y el profesor de bajo –ya ni me acuerdo quién era– le dijo que un grupo de parodistas precisaba un bajista. Y fue a probar y quedó. Y ahí aprendió todo lo que tenía que aprender. Después estudió en la Facultad de Arte y terminó  todo, pero yo creo que aprendió más en Los Buby´s Bisque en la Facultad de Arte. Porque los parodistas son una mejor escuela de música que cualquier facultad.

¿Te gustan los parodistas a vos?

Hay cosas que me gustan. A mí me gustan los chistes bobos de Momosapiens, por ejemplo. Soy gran admirador. La música en general no me gusta, pero sí me causa gracia la música. Cuando se ponen a cantar ópera en el medio de una parodia de los cowboys. Eso me parece tan bizarro. Solo en Uruguay existe eso. Me gustan en los tablados. En el Teatro es demasiado largo el espectáculo y toda esa parte primera de los bailes, se me cae un huevo. Me gustan las parodias cuando hay gracia y frescura, pero no soy hincha de parodistas.

¿Tenés algún himno de Carnaval que digas: este es el cuplé o la canción?

No, pero tengo unas cuantas. A mí como cuplé me gustan los cuplés sencillos en general, con una idea clara y que termina rápido. Aquel del paraguayo que hacía una murga que no me acuerdo cuál era. El tipo contestaba todo y cuando le preguntaban qué dijo hablaba en guaraní inventado. Y ese humor que es absurdo causaba gracia. Y a mí me sigue causando gracia. Ese tipo de cuplé y la retirada es lo mismo. Que no sean una suite de veinte canciones y no una canción o dos, que uno la pueda cantar en la mesa de un asado sin tener que ensayar.

Han quedado algunas históricas para los asados, que las sabemos todos.

Sí, claro. Hay alguna que me gusta, y otras que no, pero por lo menos un fragmento, la bajada o algo, se puede cantar.

Te gusta lo simple y hacés cosas complicadas.

Hago cosas raras, complicadas, pero siempre trato de que haya una parte que sea para cantar en el ómnibus nosotros, por lo menos, que no tenga que estar el director marcando la entrada, que sea normal. Música normal, de la que fluye sola. Eso es principal. Y eso en la murga es clave. Es todo. La música es el 90 por ciento de la murga, el resto es la letra.

¿Lo mejor tuyo fue el cuplé del tilde?

No fue mi idea, así que no. Participé ahí en la música, pero la letra no era mía. Y me estoy contradiciendo, porque si hice la música, hice el 90 por ciento. Está buenísima la música. Pero no, yo creo que depende. Hay fragmentos de cosas. El 2003 salió muy bien. Hubo un grupo muy particular y en una situación muy particular de salir de una crisis.

¿Cómo escribís ahora pensando en el próximo Carnaval para La Gran Siete?

Agarro mucho diálogo entre nosotros por WhatsApp o en el boliche. Muchas pavadas, tiramos. Y cada tanto decimos: esto es un cuplé y después, no. Y cuando llega el cuplé todos dicen: es eso. O sea que hay una sintonía. Y ahí me pongo a escribir.

Hay una especie de precalentamiento colectivo sobre el tema.

Sí, porque eso facilita, aceita todo lo que viene después. Si vos ves que ya les gustó el tema o que son parte de, es otra cosa. O sea, escribís y lo vas mandando por pedacitos y te tiran puntas. Podría pasar esto, etcétera. Entonces, si bien yo armo las letras, las escribo de hecho, y armo los versos, las sílabas, la rima. Hay algo más colectivo que lo que era antes, porque es más fácil comunicarse y, bien usado, eso es muy útil. Cuando las ideas vienen por todos lados y ya te conocés es mucho más fácil.

¿Pensás que hay una diferencia entre el humor popular y el intelectual?

El humor popular puede ser muy absurdo, puede ser muy todo. Lo popular está en todos los humores. Entonces no es como pasa al pensar los chistes, los chistes que cuenta la gente o que cuenta Landriscina. Antes se usaba más contar chistes en los cumpleaños, en las reuniones. Ahí hay cosas que son increíbles. Siempre pensé: “¿Quién inventa estas cosas?”. Capaz que los rastreás y es Sartre, pero lo popular es colectivo, se va agregando. En un chiste se le van agregando y puliendo como una selección natural, donde lo malo va quedando afuera de contarlo y lo que no funciona y terminan siendo unas obras pero re complicadas los chistes.

¿No encontrás diferencias?

Yo creo que el humor popular es muy profundo. El humor que realmente funciona como humor escarba y se mete en cosas de la psiquis. ¿Qué cosas hay que te hacen reír? Cosas que vos tenés a medio madurar en tu cabeza y ves que alguien las descubre o las comparte y las dice de una forma que te sorprende y eso te hace reír. ¡Pah!, eso yo lo había pensado, pero nunca se me había ocurrido hacer un chiste con eso o hacer un cuplé de eso. Y te reís porque te reconocés en el humor y eso el que mejor lo hace es el humor popular. No sé qué humor intelectual hay, porque vos podés decir: Les Luthiers son intelectuales, pero los recursos de ellos son re populares. Juegos de palabras, muchos juegos de palabras.

Doble sentido.

Imitar géneros. Lo que pasa es que los imitan de maravilla, pero imitan los géneros que están en su proceso de decadencia… y darles las características decadentes más reconocibles. Les Luthiers es humor muy popular. El humor inglés, todo eso. Entonces no sé si existe humor no popular. No se me ocurre.

¿Qué música estás escuchando habitualmente?

Ahora, últimamente estoy para el folclore. Para descubrir cosas folclóricas que no conocía. Pero en este año, ponele.

¿Has descubierto algo bueno?

Sí, cosas. No me pidas nombres porque no me acuerdo, pero los anoto por ahí. Pero hay cosas de Argentina, por ejemplo de folklore. Lo que llega acá de Argentina no necesariamente es lo mejor. Hay cosas que son buenas, pero hay cosas más desconocidas, de provincias, que son increíbles realmente. Y son más folclóricas, incluso géneros que yo no conocía. Tonadas, por ejemplo. Cosas raras o distintos tipos de cueca, que no son la misma que en Chile. Cosas así que no llegan mucho. Acá llega la zamba, la chacarera, el chamamé y pará de contar. Y entonces más que autores o canciones, descubrir géneros y formas de tocar, la forma instrumental de cosas con mucha indigenidad. Tiene mucho de indio en su génesis y en su práctica. Instrumentos, unos tambores chatos que se usan.

Y bueno, estoy descubriendo esas cosas, tratando de escucharlas y disfrutándolas.

¿Cine?

No voy nunca al cine, soy un desastre. Pero nunca. Debo ser el uruguayo que va menos al cine. Y no porque no me guste, sino porque hago demasiadas cosas. Más cosas no puedo. Tampoco estoy leyendo mucho ahora. En una época tuve un Kindle y ahí leí en tres años novecientos libros. Se me rompió y no leí más. Lo último que leí lo puse en Facebook. Era El mundo perdido, de la colección Robin Hood. Maravilloso. Me dio por leer eso, que lo tenía y nunca lo había leído.

¿Tenés redes?

Sí, uso Facebook. Twitter. Y también Instagram, pero más que nada para promocionar espectáculos. Sí, las redes las uso mucho.

¿Vas a hacer espectáculos a corto plazo?

Ahora vamos a grabar con Celia en setiembre y en octubre tenemos algo con el grupo de Celia, que es un trío y con Asamblea Ordinaria juntos, que es organizado por el TUMP. Y estamos buscando siempre para tocar en boliches.

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