en librerías El beso de la oscuridad, nueva novela del escritor nacional Gustavo Iribarne que se aleja del formato del cuento para dar paso a una narración extensa y compleja, la cual toma como punto de partida un extraño crimen para revelar un Montevideo fantástico, violento y oscuro, en donde conviven sectas de larga historia, pactos con fuerzas sobrenaturales y el archivo de Cinemateca; elementos dispares que Iribarne elegantemente combina de forma natural, dando como resultado un libro que es tanto un homenaje al noir y al terror como a las películas que forjaron su universo cinéfilo. Pudimos charlar con el autor sobre el libro y el Montevideo que pinta en sus páginas.
La novela tiene un fuerte componente de terror. ¿Qué te sedujo del género?
Siempre me interesó el género gótico en todas sus variables. Junto con la serie negra y la ciencia ficción, son mis géneros preferidos por lo que traté de convertir la novela en una suerte de “thriller gótico” donde el terror y el estilo policial se mezclaran. Algo similar me ocurre con mis preferencias cinematográficas a pesar que, para la crítica especializada, muchas veces estas manifestaciones artísticas son consideradas obras menores. Quizás deberían recordar el aporte de autores como Edgar A. Poe, Bram Stoker o Mary Shelley. O directores a la altura de Polanski, Guillermo del Toro e, incluso, el propio Hitchcock que, muchas veces, trazó un límite medio indefinido de suspenso y horror como en “Psicosis”. Particularmente, a nivel de lo literario, los autores que más me han interesado en estos temas han sido personalidades como Michael Mc Dowell, Lovecraft, Roald Dahl, la primera entrega de Anne Rice y, obviamente Stephen King, a quien Vargas Llosa creo que hubiera definido como “el escribidor”, una super máquina de contar historias. King es subestimado por los analistas especializados debido a su éxito popular y consumo masivo. Como si convertirse en “best seller” fuera un pecado imperdonable para la intelectualidad. (“22/11/63” es lo más parecido a una obra maestra según mi humilde opinión). Otro tema que me interesaría tocar es el prejuicio que aparentemente experimentan los lectores locales frente a los autores uruguayos que se atreven a internarse en estos géneros de la literatura. Leen a Bradbury pero recelan de Carlos Federici o Ramiro Sanchiz. (Resulta curioso ya que una figura icónica como Horacio Quiroga inició una narrativa basada en cuentos de perfil sobrenatural, aunque casi nadie continuó por esos caminos). Por suerte, la serie negra ha logrado un espacio entre los consumidores nacionales con autores/as como Mercedes Rosende, Renzo Rossello, Cecilia Ríos y el querido Gabriel Sosa, entre otros. Da la impresión que dicho prejuicio supone un fenómeno latinoamericano, aunque la autora Mariana Enríquez parece haber abierto la cancha para que otros escritores de estas latitudes se animen a vencer dichos estigmas.
¿Crees que existe un Montevideo mágico como el que retratas con esta historia?
Yo investigué muchísimo sobre la historia nacional porque me sirvió de sustento en el desarrollo narrativo de la novela. Muchos de los sucesos que aparecen en el libro se remiten a una realidad histórica concreta. La necesidad de esta investigación se debió a que el texto recorre más de un siglo en los sucesos relacionados con la Presencia, un ser condenado a la inmortalidad pero que debe sobrevivir entre las sombras. En medio de esa oscuridad, la ciudad de Montevideo oculta muchos secretos y también cierta poesía. Una poesía entre mágica y tenebrosa que puede rastrearse, a veces, en ciertas esculturas perdidas en medio de los parques, mansiones antiguas y túneles que han recorrido (y recorren) parte de la ciudad como venas ocultas en el asfalto. Descubrir ese mundo resultó excitante en medio de la escritura.
El libro es, también, un homenaje a la Cinemateca. ¿Qué papel tuvo la institución en tu formación como crítico de cine?
Muchísimo. Me considero, como también lo piensan otros colegas, un “hijo de Cinemateca”. Precisamente por ese motivo fue que la idea partió desde el misterio que revelan dos rollos de película, de diferente época. Un aspecto que delata a la Presencia en el correr del tiempo. Películas que, junto con un lote diverso, es donado a la institución y, de ahí en adelante, se desarrollan una serie de sucesos que involucran a diversos personajes, incluyendo un crítico cinematográfico, dos policías, una Mae umbandista, algún periodista y cierto grupo sectario que pretende recuperar ese material por causas muy especiales. Pero sí, también es un homenaje a Cinemateca por todo lo que ha aportado a la cultura nacional a lo largo del tiempo. Tanto es así que doné un ejemplar dedicado a María José Santacreu y Alejandra Trelles (dignas herederas del legado de Martínez Carril) como referentes de esta emblemática institución. Como señalé anteriormente, el libro está dividido en cuatro partes con más de trescientas páginas en donde, buena parte de lo que sucede, ocurre en dicho ámbito. Me resultó imposible eludir mi amor por el cine. Quienes lean la novela, lo advertirán sin duda.





