Hay un síndrome en nuestro país llamado “izquierditis”.
Allá por los 70 la división era entre ultras y reformistas.
Después vinieron las categorías ortodoxos y renovadores.
Se diferenciaba entre revolucionarios y socialdemócratas.
Menches y bolches, radicales y progres y muchos más.
Ahora parece que se mide por la postura frente a hechos
puntuales, llámese plebiscito de seguridad social, situación
en Palestina e Israel o el impuesto del 1% a los más ricos.
Algunas cabecitas académicas y dirigentes políticos creen
poseer la autoridad para catalogar quien es quien en el FA.
A veces tienen un sesgo tan grande que consideran que los
Kirchner y el peronismo son el progresismo en Argentina.
Hablan de la izquierda social y no frenteamplista uruguaya,
ignorando que es absolutamente testimonial y minúscula.
Para ellos la tarea principal de la izquierda frenteamplista
es no olvidarse de lo que es y persistir en su ser.
Y la frutilla de la torta: “La izquierda es minoría en el FA”.
O sea que los que no somos bolches, latas o constanzistas,
somos unos tibios centristas, si se lo ve desde el punto de
vista de la izquierda y lamentablemente somos mayoría.
Somos casi un mal necesario, cretinos útiles para caminar
un rato, junto a los intelectuales que tienen claro el camino
que llevará a las masas orientales hacia la liberación.
Aviso a los lectores mal pensados: Cualquier similitud con
los discípulos del giorgiano Iosip es pura coincidencia.
Lo paradójico es que se afirma que para elaborar
estrategias y línea política hay que analizar la realidad.
¿De qué realidad hablamos? ¿La del comité de base?
¿De la burbuja de redes? ¿Del aula de Ciencias Sociales?
Cansa un poco la actitud condescendiente de algunos
“militontos”, que subestiman y desprecian a los que
pensamos de otra manera sobre diversos puntos y nos
convertimos en “herejes o traidores” de nuestra causa.
Aclaremos: a los frentistas nadie nos corre por izquierda.
Y la lucha ideológica nunca es una pérdida de tiempo.
Alfredo García






