Los seres humanos tenemos tendencia a hablar de más.
Particularmente eso se da en algunas profesiones y oficios.
Periodistas y políticos somos sin dudas el mejor ejemplo.
El problema es cuando esta práctica se vuelve patológica.
Lo que hagan los dirigentes partidarios en los medios y/o
en redes sociales corre por su cuenta y verán si les suma.
Pero cuando tenés un cargo en el gabinete del gobierno,
existen otras implicancias y se debe ser muy cuidadoso.
Así vimos a la exministra de Vivienda que afirmó muy
categórica que no iba a renunciar y hoy es diputada.
O la ministra de Defensa, (por suerte antes de asumir) que
hizo una apología a la libertad de la revolución cubana.
Ahora nos encontramos con otros ministros que meten la
pata en forma recurrente por declarar con muy poco tino.
El ministro Negro habló del operativo exitoso en el pasado
clásico, donde fue herido gravemente un funcionario policial
O Juan Castillo afirmando alegremente que no existe la ley
prohibiendo la afiliación sindical obligatoria para laburar.
O el canciller Lubetkin con sus vueltas de los pasaportes.
Pero sin dudas el ministro Fratti se lleva el primer premio.
Se inició cuando mandó a los blancos a usar el excusado.
Después cuando suspendió la exportación de ganado en
pie, para después en una cantinflesca conferencia de
prensa, decir algo que nadie entendió que fue lo que dijo.
Y remató con el ataque de barra brava a Pedro Bordaberry
Pepe era genial, pero elegir gente no era su punto fuerte.
Está bravo si cada uno de los miembros del gabinete
decide jugar en solitario, olvidando que forma parte de un
equipo, que se precisa mutuamente y por sobre todo, en
total ignorancia, de que son secretarios del presidente.
Y que eso los convierte en fusibles fáciles de reemplazar.
Se acuerdan del dicho: el que se quema con leche…”
Parece que Yamandú para evitar derramar lágrimas allende
del río, está por mandar a un connotado experiodista y
colaborador de muchos años en Canelones, como una
especie de comisario político, para eludir posibles derrapes
del mitómano que tenemos en la embajada bonaerense.
Alfredo García






