La comunicación se banaliza por Gustavo Melazzi

    1) La comunicación es un campo extremadamente amplio; complejo, y disputado. Me limito aquí a la que se desarrolla sobre todo en las entrevistas y noticias por TV o radio; en muchos discursos políticos; en circunstanciales declaraciones de autoridades, por ejemplo. Y por “banal” debe entenderse algo trivial; común; insustancial; irrelevante; superficial; intrascendente.

     Sospecho que la mayoría compartimos la opinión de que muchas veces (demasiadas, quizás), en un juicio inmediato, la comunicación, in totum, puede calificarse como mayormente banal.

     Sin embargo, el problema es más serio, más profundo de lo que parece.

   2) Veamos ejemplos concretos.

  1. Ante la inesperada figura de Zohran Mandani, claro opositor, electo alcalde de Nueva York, el Presidente Trump sólo declara que “es un loco bravo”. Ninguna elaboración ideológica; ninguna respuesta: sólo intenta descalificarlo. Es banal.
  2. El mismo Presidente, en una reunión de bienvenida a EE.UU. de un grupito de acaudalados sudafricanos, los califica como víctimas de “un posible genocidio” en la República de Sudáfrica, por lo cual habría que protegerlos. Lo importante aquí es su manejo de “genocidio”.

En momentos en que se está produciendo un real genocidio palestino, su manejo del término ante los norteamericanos, una población ignorante acerca del mundo y manipulada por los medios, equipara las situaciones. Todo es lo mismo; que no se preocupen por tal calificación. Banaliza.

  • En un horario estelar de la TV argentina, el conocido actor Ricardo Darin declaró que para los trabajadores, la situación económica es difícil y, para ejemplificarlo, mencionó el precio de las empanadas. Tuvo mucha repercusión.

Uno de los tantos canales afines al gobierno, también en horario estelar, abordó el tema. Envió un par de periodistas a puestos de venta de empanadas ¡a medirlas! Platicaron unos 10 minutos, jocosamente, del tema. ¿La política económica y su impacto sobre el pueblo argentino? Nada. Banalizaron el tema.

  • Luego de este ejemplo argentino no puedo no referirme a los niveles de banalización predominantes en las televisoras, con el ejemplo máximo del Presidente Milei, con un lenguaje e insultos insólitos e incomprensibles en una sociedad contemporánea.
  • De este lado del río, al visualizar sesiones del Parlamento, si bien parece claro que el nivel de seriedad y respeto en los debates es notoriamente superior al de “la otra orilla”, existe una serie de actitudes en los parlamentarios de la derecha que tienden (y en no pocas ocasiones lo logran) a banalizar los temas planteados.

Sobre todo recurren a las interrupciones; distorsionar los temas; a rebajar a los interlocutores. De todas maneras, tal tendencia a la banalización reclama el estar muy atentos y oponerse a su consolidación, en especial porque en buena medida proviene de ejemplos y asesores de países en los cuales la banalización de los debates está muy aceitada y muestra su eficacia.

  • El último ejemplo es personal. Poco miro noticieros de la TV de ambas orillas; pero siguiendo el ejemplo internacional en la pantalla aparee un conductor, y en una faja inferior se inscribe una especie de síntesis noticiera, que puede o no relacionarse con lo que el periodista presenta (la actual tecnología permite complicarlo, al incorporar cuadros o un video).

Me distraen; me dificultan aprehender una noticia; entender de qué se trata; confunden y, además, pasa todo rápido.

Todo se transforma en algo banal.

3) Los ejemplos son variados; de diversas regiones; atemporales. Todas estas comunicaciones culminan en una banalización. No parece ser casual. La tendencia es mundial; no es nueva, pero se ha agudizado velozmente.

Lo real es que esta banalización nos aturde; nos distrae.  Nos dejan siempre en la superficie. Nos obstruye el pensar; prohibido informarnos y aprehender sobre los diversos temas. Apenas “mirar” y, rápido, pasar a otra cosa.

El problema es serio. Lo es para la cultura en general pero, especialmente, para quienes buscan comprender y pensar alternativas. Esta banalización consolida y profundiza el sistema actual. Se debería “poner el gato sobre la mesa”, y pensar cómo actuar frente a esta tendencia.

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