“La cultura no es un gasto, es una inversión”

El próximo 22 de agosto, Maia Castro celebra 20 años de música en el Teatro Solís. Dice que el escenario es su lugar seguro en el mundo. Prepara un disco de vinilo conmemorativo. Es casi arqueóloga y junto a su pareja esperan en estos días a su segundo hijo. Dice también que llorar y cantar a la vez es incompatible y que mira “expectante” las políticas culturales del gobierno.

Mauricio Rodríguez / Fotos: Rodrigo López

Maia Castro es una de las referentes vinculadas al tango, la milonga, el folclore y la música ciudadana más importantes de Uruguay. Cuenta con seis discos editados, nueve giras europeas y numerosas actuaciones en Uruguay, Brasil (junto a la Orquesta Sinfónica de Minas Gerais), Argentina y Colombia. Con una estética actual y personal, une el tango, la milonga y el folclore con composiciones propias y de otros referentes de la música rioplatense.

Dice la gacetilla que promociona este recital: “Conmemorando un camino que comenzó en 2006 y que ha llevado su voz por escenarios de Uruguay, América y Europa, Maia Castro realizará un recorrido por las canciones que definen su identidad. Desde el pulso del tango y sus propias composiciones hasta las reversiones que la han distinguido, sin olvidar su reciente y profundo homenaje a Alfredo Zitarrosa y Amalia de la Vega. El espectáculo reunirá a los músicos que han acompañado distintas etapas de su carrera y contará con artistas invitados, en una puesta especialmente concebida para esta celebración. Junto al cuarteto de guitarras que la acompaña en los últimos años, se conformará una gran banda que dará forma a una noche donde convivirán emoción, fuerza y sutileza. Será una noche única, donde la emoción, la fuerza y la sutileza se fusionarán, contando con la compañía de los músicos que han sido parte de esta historia y de invitados especiales. Una cita imperdible para celebrar dos décadas de vigencia y descubrir por qué Maia Castro es una referente fundamental de nuestra música. A lo largo de su carrera, Maia Castro se ha consolidado como una de las principales referentes del tango, la milonga, el folclore y la música ciudadana en Uruguay. Con seis discos editados, nueve giras europeas y numerosas presentaciones en Uruguay, Argentina, Brasil y Colombia, su propuesta combina una estética actual y personal que dialoga con las raíces de la música rioplatense. Ha compartido escenario con destacados artistas nacionales e internacionales como Joan Manuel Serrat, Liliana Herrero, Jorge Drexler y Laura Canoura, entre otros. Su trabajo ha sido reconocido tanto por el público como por la prensa especializada en distintos países.”

Dice que este “no será un concierto más”. Además del cuarteto de guitarras que la ha acompañado en los últimos tiempos, se conformará una gran banda integrada por músicos que han sido parte de su historia y artistas invitados de primer nivel. “Será una noche de emoción, energía y sutileza. Este espectáculo celebra un recorrido artístico coherente y valiente, que ha llevado su voz por escenarios de Uruguay, América y Europa. Una cita imprescindible para quienes han acompañado este camino desde 2006 hasta hoy, y también para quienes desean descubrir a una de las figuras más relevantes de la música uruguaya contemporánea.”

En agosto vas a celebrar 20 años de música en el Teatro Solís. ¿Este momento te llevó a una reflexión vinculada a todo lo hecho y, eventualmente, a lo que te falta por hacer?

Todo lo que me falta no lo pensé mucho, pero sí pensar en ir hacia atrás, en ver cómo arrancó todo, los lugares en los que arranqué tocando y el lugar donde me voy a presentar ahora, que es, a mi gusto, el teatro más lindo que tiene nuestro país. Si bien hay teatros divinos, por ejemplo, hace poco estuve en Salto y la verdad que el teatro de la Avenida de Salto es una belleza, pero es el mismo estilo de teatro no comercial. Bueno, sí se hace como un revalúo de todo lo que pasó, de todo el trabajo que puse y sigo poniendo en todos estos años. Y las ganas de seguir haciendo música y de seguir compartiendo. Y esto en particular vivirlo como una celebración, como lo que es, con la alegría de celebrar. Y también de reencontrarse con el público, obviamente, con la gente que me sigue capaz desde que arranqué a cantar en el trío, en un lugar que ya no existe más. Cuando tenía 25 o 26 años. Y que doy fe que hay gente que empezó a escucharme por primera vez ahí y que hasta el día de hoy me sigue yendo a ver, y eso a mí me llena de orgullo. Me gusta mucho reencontrarme con ese público, también con el público que se ha acercado en todos estos últimos años y con gente capaz que recién me está descubriendo y que se va a arrimar al Teatro Solís a celebrar con nosotros. También el reencuentro con un montón de músicos que han pasado por el proyecto y con artistas queridos con los que he tenido posibilidad de compartir escenario, ya sea porque ellos me invitaron o porque yo los he invitado. Entonces así es como pensé este espectáculo en sí, pero también tiene que ver con lo que vos me preguntabas, de mirar un poco hacia atrás, de invitar a gente que esté en el escenario. Gente querida. Que son artistas muy conocidos y súper talentosos. Pero además donde hay un vínculo afectivo más allá de eso. Y eso me parece súper importante.

Si nos vamos a los comienzos, cuando tenías 15 años, ¿en qué momento empezás a visualizar que te querías o podías dedicarte a esto?

Fue un proceso. Yo era chica, tenía 15 años cuando empecé a salir en la Antimurga BCG, donde “El Flaco” (Jorge) Esmoris me tenía que firmar el permiso de menor para poder salir. Lo firmaba mi padre, pero autorizándolo a él como adulto responsable. La BCG siempre fue una murga que trabajó mucho. Cuando yo entré a la BCG la murga trabajaba muchísimo. De hecho, teníamos un tope, no podíamos hacer más de seis tablados por día. Eso era un tope que te lo establecía la propia murga, por cuestiones de cuidarse.

Y de respeto al público también.

¡Claro! Y era un trabajo para mí. Porque obviamente era chica y generaba un dinero interesante para una chiquilina de 15 años. Me acuerdo que la mitad se lo daba a mi madre. Para pagar cuentas y resolver situaciones económicas. La economía en mi casa era bastante inestable. Como casi todos los uruguayos, en los 90, estábamos (risas). Y bueno, ayudaba en casa con pagar cuentas y cosas pendientes y el resto en irme algunos días de vacaciones cuando terminaba el Carnaval. Después yo arrancaba a estudiar porque iba al liceo, y ahorrar siempre ahorré. Desde muy chica siempre tuve como esa conducta de pensar un poco en la economía…

¿Pensando en algo en particular? Una casa, un viaje, o era un ahorro por tener esa tranquilidad…

No, ahorraba por tener esa tranquilidad. Como en mi casa la economía era un caos, yo sentía que necesitaba esa estabilidad. De hecho, me acuerdo que cuando saqué el segundo disco, para el cual que no tuve apoyo económico de ningún lado, fui a un cajero y de sacar toda la plata que quedaba en la cuenta para pagar el estudio y hacer el disco y quedar en cero. Y que eso me generaba un nerviosismo bastante importante por esa cuestión de tranquilidad. De tener como cierta seguridad que capaz que a nivel familiar no se podía dar, entonces para mí era eso. La BCG fue mi primer trabajo, pero también fue mi escuela artística más importante. Arranqué con 15 años, era súper tímida, era una adolescente y era bastante metida para adentro. Sigo siendo tímida pero ahora ya estoy grandecita.

Han dicho los que han pasado por la experiencia del tablado dentro del Carnaval, ese encuentro tan particular con la gente a un par de metros, donde hay distracciones, que es una gran experiencia artística para agarrar valentía, saber manejar los climas del escenario.

Sí, totalmente. Es así. Con la BCG ya bajabas del ómnibus y empezaba el espectáculo. Ya dentro de la bañadera de Pedro. Pedro era el que manejaba. Y desde el segundo que te bajabas el espectáculo para nosotros ya empezaba en realidad. O sea, tenías que estar concentrado en eso. Y sí, el tablado es un desafío que te marca en realidad, que para mí como persona tímida me marcó. Además, la BCG fue un cachetazo, era “un par de sopapos y dale, despertate” (risas). Porque ahí arriba la timidez se tenía que ir y por suerte eso me pasaba. Y descubrí, en esas épocas, que el escenario es mi lugar. Capaz que al revés de lo que le pasa a otra gente, para mí el escenario es mi lugar seguro. Yo cantando me sentía segura, me sentía bien. Entonces después también aprender el tema del contacto con la gente, porque yo generalmente me quedaba arriba del escenario. No me tocaba bajar. Porque era de las que cantaba, tenía más ese rol. Pero un año me acuerdo que me tocó bajar, fue “el año de los colchones”. Porque quedaban solo los músicos y un par de cantantes arriba y eran varones. Lo sufrí mal, pero después me fui armando. “El Flaco” nos decía que nos teníamos que armar como una historia, armarnos una historia y poder desarrollarla. Y bueno, fui entendiendo esa lógica y armándome una historia y más o menos siempre hacía lo mismo. Después te encontrabas con cosas infinitamente distintas, ¿no? Pero sí armarme una historia y divertirme. Y realmente me divertí mucho. Me mataba de la risa con los nervios

Estamos con esa primera etapa del viaje. Después vas a La Mojigata. ¿Es de alguna manera una continuación de la experiencia carnavalera?

La BCG dejó de salir en Carnaval por el 2002 y empezamos a hacer teatro, y ahí seguí haciendo teatro y murga y en 2008 salí con La Mojigata. Yo conozco a muchos de ellos porque eran amigos del barrio, a un montón de gente de la murga ya los conocía previamente también porque me había hecho medio fan de la murga. Entonces dos por tres me subía al camión con ellos. Ahí conocí al “Chamaco” (Pablo Abdala), quien también se integró a mi banda después. Lo que me aportó La Mojigata, creo yo, es un sistema de trabajo absolutamente distinto. Porque era lo opuesto, la búsqueda de murga cooperativa, donde entre todos se decidía todo. Y eso tiene un montón de cosas positivas y a la vez varias contras. Porque un día llegás a las tres de la mañana de hacer tablados y tenés que ponerte a definir temas. En la BCG las decisiones las tomaba generalmente Esmoris en cuanto a lo artístico, el humor y con la persona que estaba encargada de los arreglos musicales. Los demás acataban. Entonces me enseñó otra dinámica de trabajo, de otro tipo de murga también. Porque si bien a veces se las compara, no tienen nada que ver. La Mojigata es mucho más “murga tradicional”, entre comillas. Que me enseñó otro tipo de cosas, otro tipo de canto también, más murguero, otro tipo de arreglos. Conocer otro tipo de gente también. La Mojigata fue una experiencia súper linda. Además, en 2008 fue un año divino de la murga y que lo disfruté un montón. Un montón.

El Carnaval terminaba en marzo. ¿Qué hacías después? Arrancás el liceo, supongo. Debías compatibilizar el estudio con lo artístico…

Yo lo compatibilicé bastante. Después de que terminé el liceo, hice Antropología varios años y en el 2005 ahí dije: “No”. Dejé un montón de proyectos en los que estaba, proyectos musicales, que eran bandas donde yo no era la cantante del proyecto. Yo cantaba un montón, pero no era lo que quería hacer. Entonces ahí fue que dije: “Quiero armar mi proyecto, ver con quiénes quiero tocar, qué canciones quiero hacer”. Y ahí fue que empecé a tocar. Armé un dúo con un guitarrista. A veces tocamos a trío porque sumamos una percusión y ahí fue que arrancamos.

Voy para atrás… ¿Antropología por algo en particular?

Bueno, me han gustado varias cosas. Siempre me gustó mucho la Historia. Me anoté en Historia también, Humanidades, Antropología. Siempre me resultó súper interesante, más para el lado de la Arqueología. Pero después termina siendo una estrategia social. Y en Psicología también me anoté. Pero nunca fui. Arranqué en Antropología y en Historia. Hice medio semestre y dije: “No, mejor acá tampoco”. Y me quedé con Antropología e hice toda la carrera hasta llegar a la parte donde se divide en Antropología social y Arqueología. E hice Arqueología. Y cuando empecé con la parte de taller, que es como la parte final, dejé. Soy casi arqueóloga, hice casi todas las optativas, todo el Taller 1. Y después dije: “No”…

Quedaste muy cerca de recibirte, ¿nunca tuviste aquello de hacer el esfuerzo de terminar la carrera?

Sabés que sí. Bueno, tuve un impulso hace un par de años de decir: “Voy a terminar”. Lo único que me queda es entregar la mitad del taller. La primera parte la tengo aprobada. Menos la entrega final del taller. Que es una investigación clave. No es una bobada. No es un examen. Es un proyecto de investigación. Pero no, no lo empecé a hacer. Hice las entrevistas y me pinché. No le puedo dedicar la energía.

¿Cómo fue ese proceso de decir, incluso pensando lo relacionado con tu timidez, que vas a ponerte al frente con tu propio proyecto?

Es que el escenario siempre fue mi lugar seguro. Cantando no hablan. Cuando yo arranqué a tocar, tocaba más bien en un contexto de boliche. Si bien el trío estaba bueno porque era un lugar donde había un escenario, la gente estaba cenando o lo que sea. Iba a ver el espectáculo musical y yo pasaba bien, me sentía bien, me gustaba. Nunca me gustó eso de tocar en boliches, que la gente esté hablando.

Comiendo ravioles de espalda…

Claro, no puedo. La paso muy mal. De hecho, me ha pasado de tocar en algún evento donde esa es la dinámica, porque es así. Pero sabés que lo hacés por el dinero, obviamente, pero no por el placer de poder hacerlo. Pero bueno, me pasaba eso. Sufría un poco el tema de cuando me tocaba hablar, pero cantando siempre me sentí bien y nunca tuve esa inseguridad. Siempre lo disfruté mucho igual. Yo creo que fue con el tercer disco que hice un clic mental de empezar a disfrutar más. Antes era como demasiado exigente, autoexigente, exigente con los demás también, pero primero exigente conmigo. Y me daba mucho, mucho palo si yo sentía que había pifiado en algo. Y en un momento me di cuenta de que tenía que sacarme eso de la cabeza y disfrutar. Y que en la medida que yo disfrutara, iba a estar todo bien. Porque técnicamente estaba todo bien. Entonces lo tenía muy claro. No tenía por qué meterme esa presión. Y me pasó que en el 2018 creo fui a cantar a Brasil. Me invitó la Orquesta Sinfónica de Minas Gerais a cantar allá. Iban a hacer una noche dedicada a Uruguay. Y yo iba como artista invitada. Y cuando terminé de cantar se acercó el director brasilero a felicitarme. Y me dijo que mi afinación era perfecta. Y yo le dije que mi afinación había empezado a ser perfecta cuando me había despreocupado por la afinación. Ahí empecé a afinar mucho más. O mucho más cercana a la perfección, que siempre fue lo que yo estaba buscando y que claramente, si estás como tan obsesiva con eso, no va a pasar porque vas a tensionar. Van a pasar cosas a nivel técnico que no te van a ayudar a eso. Entonces fue eso, fue decir: “Bueno, dale, relajate, disfrutá y transmitile eso a la gente”.

Hablaste al pasar de tu segundo disco, también del tercero, pero no mencionaste el primero. Detengámonos en el primer disco, que es gran parte de un recorrido…

Bueno, me pasó con ese disco esto también que te estaba mencionando como cierta búsqueda de pureza y de cierta perfección, que es inviable que ocurra en la música, en algo que es tan vivo. Entonces por ahí eso es algo que me cuestiono en el primer disco. Pero sí que es un disco súper natural. Hace poco lo estuve repasando justamente porque empecé como a armar el repertorio para el show del Solís. Donde también vamos a hacer un vinilo conmemorativo de los 20 años que va a estar divino y también tengo que seleccionar las canciones que van a ir en ese vinilo. Entonces estuve como haciendo un repaso de los discos y claro, me causó gracia escucharme. Y escucharme en ese primer disco y en el último también, de cómo fui cambiando y cómo sin darme cuenta fui teniendo mucho más aplomo en la voz y en mi forma de interpretar. Eso te lo da el tiempo, la experiencia, el equivocarte. Ahí es cuando más aprendés, cuando te equivocás, lo escuchás y decís: “Ah, mirá, esto es lo que tendría que haberlo hecho de tal forma.”

¿Cómo es tu vínculo con tus propias canciones? ¿Algunas canciones te aburrís de hacerlas porque te las pide el público?

Hace años me pasa que algunas de esas que la gente quiere escuchar es alguna canción mía. Me pasa, por ejemplo, con “Del barrio”, que es una milonga nueva que hice con Tabaré Cardozo y con Agarrate Catalina y que los invité a ellos. Esa mucha gente ni siquiera sabe que la composición es mía. Entonces con alguna me pasa eso. Lo que suelo hacer a veces es dejar descansar las canciones. Las dejo de cantar un tiempo. Unas vacaciones, después vuelvo. De hecho, para este show de Solís va a haber canciones que hace mucho tiempo que no toco. Y me da pila de alegría volver a cantarlas. En el primer disco y en esos primeros tiempos hacía “Naranjo en flor”, que es un tango clásico, era como mi caballito de batalla de los shows en vivo. La gente como que estaba esperando que cantara ese tango y le gustaba. Y esa canción la dejé de cantar hace mucho tiempo y es una de las canciones que ahora en el repertorio yo quiero que esté.

O “La bestia pop”, de Los Redonditos de Ricota…

Sí, acá en Uruguay es como una canción que siempre está. Es una canción que me resulta divertida de cantar. Por el desarrollo melódico que tiene. Hago cantar a la gente. Hago otras cosas que me gustan y que las disfruto. Como que trato de jugarla por otro lado, para que no me pase eso con la canción otra vez.

Estamos hablando de las canciones y te quiero preguntar por el escenario. Dijiste que era tu lugar seguro. Y eso seguramente debe haber sido una construcción. ¿Cómo vivís la previa de un recital? ¿Tenés alguna cábala?

Bueno, siempre me pasa que necesito como un momento de tranquilidad, de soledad. Un ratito. Que no me hablen, que no me preguntan nada. El silencio, como apagar la cabeza, quedarme quietita, meterme para adentro porque ya sé que después voy a salir y va a ser todo para afuera. Necesito como ese momento de tranquilidad, de respirar, vocalizar, concentrarme en mí y en lo que tengo que hacer. Y, obviamente, después la previa, la salida al escenario, el encuentro con los músicos que vamos a subir, el abrazarnos. Desearnos suerte. Yo siempre les digo que disfruten. Y hay que disfrutar.

Tiene que ver con la historia del payaso que tiene que seguir haciendo reír a pesar estar en un mal momento personal, familiar. ¿Te ha pasado alguna situación así?

Sí, sí, me ha pasado. Y es lo que te decía, eso de que el escenario es mi lugar. Como que me logra sacar de esos momentos complicados. Yo siempre digo que llorar y cantar es imposible. Son incompatibles. Y una vez me pasó que en una Sala Zitarrosa, hace muchos años, estaba pasando una situación personal ahí como bastante complicada. Y en una canción se me fue la cabeza y casi me pongo a llorar. Y ahí me vino a la cabeza mi propia frase de cantar y llorar. Y más o menos lo logré pilotear. Pero sí, obviamente, cuando estás pasando cosas personales complicadas es inevitable. Pero el escenario como que me rescata y me da fuerza.

¿Y cómo es el vínculo con la gente? ¿Cómo es el vínculo con la gente de la calle?

Eso lo aprendí a disfrutar más con el tiempo, arriba del escenario también, el intercambio con la gente. Actualmente lo disfruto mucho y me parece súper divertido. Antes me parece que me pasaba que no sabía bien cómo manejarlo, entonces eso me ponía nerviosa. Pero actualmente es algo que disfruto pila. De hecho, hago que la gente cante en algunas ocasiones o que participe de alguna forma. Siempre les pido a los iluminadores que no prendan todas las luces, porque querés hacer participar a la gente y le da timidez y se mete para adentro. Entonces que me dejen todo paradito para que la gente realmente pueda expresarse. Y después en el intercambio, en el mano a mano, la verdad me encanta. O sea, siempre la gente es súper respetuosa y me saludan dos por tres. A veces voy en bici. Ayer me pasó. Iba en bicicleta, volviendo del gimnasio para mi casa, y un señor, parado en la puerta de su casa, me gritó “¡Maia, arriba!”. Eso es lindo. En Argentina algunos artistas no pueden tener una vida privada mínimamente. Debe ser horrible. O sea, sinceramente no lo desearía en mi vida.

Estábamos hablando de los años 90, donde ya había mujeres que estaban marcando el camino musical. Laura Canoura, Estela Magnone, Mariana Ingold, por citar a algunas. Y vos sos una mujer que estuviste en Carnaval pero luego cruzaste a otras veredas musicales, desde el rock al tango o la milonga. ¿Cómo fue ese proceso? Eso de la voz de las mujeres arriba del escenario…

Creo que es algo que uno no lo busca. Medio que o se da o no se da. Puede pasar que no te tomen. Pero me da como una especie de  orgullo a veces cuando me entero que capaz que gurisas más jóvenes que están empezando a cantar, van y dicen: “Yo quiero cantar la versión de este tema que hace Maia Castro”.  Y ahí te das cuenta que para algunas personas, bueno, sos una referente en determinadas cuestiones, entonces también tomarte ese lugar con cierta “responsabilidad”, entre comillas. Y estar a la altura del lugar también que te está dando otra gente, ¿no? Me parece que es un lugar interesante para seguir construyendo. Ya sea en el camino de la intérprete como en el camino de la compositora. Y que es un lugar de reconocimiento que es súper importante. Pero que hay que mirarlo como para adelante. No quedarte estancada en ese lugar; porque si no, me parece que no nos sirve de nada, sino seguir aportando desde mi lugar, pensando bien qué es lo que quiero hacer, qué es lo que tengo ganas de hacer. Y por ahí también el último disco que hice fue en ese sentido, también hacía tiempo quería hacer un disco homenaje a (Alfredo) Zitarrosa y a Amalia de la Vega. Y dije: “Este es el momento de hacerlo”. Y lo hicimos el año pasado.

¿En qué momento comienza a tomar forma un disco que empieza a bajarse a tierra y empezás a decir: “Bueno, esto puede ser mi próximo proyecto”?

No me pongo tiempo con los discos, sinceramente. Me pasó con el disco anterior al de Alfredo y Amalia, que se llamó “Quinto”. Era mi quinto disco. Y después vino la pandemia. Entonces es un disco que realmente lo toqué poco, como que existió más en las plataformas, pero no tanto por ahí en lo que pude salir a tocarlo, por la pandemia. Entonces como que todos los discos tuvieron procesos bastante distintos. En realidad, el primer disco obviamente fue como una recopilación de las canciones que yo venía tocando en vivo. Fue un disco de estudio, pero yo quería que reflejara lo que yo venía haciendo en vivo. Y bueno, ya en el segundo apareció alguna canción mía, en el tercero la mitad de las canciones son mías. Como que fueron tomando cierta forma. Y en ese sentido tampoco me presiono. Hice un disco 100 por ciento intérprete y no me preocupa. Yo tenía ganas de hacer eso, y lo hice. Logramos una sonoridad con el cuarteto de guitarras que me encantó muchísimo. Me sentí súper cómoda cantando. Creo que la gente misma te pone en determinado lugar y después lo que tenés que hacer es respetar ese lugar y seguir construyendo para adelante y aportando, pero haciéndolo desde la honestidad artística, haciendo realmente lo que tenés ganas de hacer y lo que te hace feliz.

¿Qué es lo mejor y lo peor de ser artista en Uruguay? Porque está la parte romántica pero también hay que pagar las cuentas…

Sí, bueno, yo no solo me dedico a cantar. O sea, doy algunas clases, algunos talleres de canto. Bastante limitados en los horarios. Porque tengo una hija chiquita. Pero sí, obviamente hay una realidad económica que tenés que afrontar. Yo lo logro afrontar con el trabajo de los talleres de canto, que es como lo que me da la seguridad mes a mes, digamos.

Pero, de todas maneras, estamos hablando siempre de música. Tus trabajos mantienen lo artístico como eje central.

Sí, de la música. Y casi toda mi vida fue así. Tuve muy pocos trabajos que no tuvieran que ver con la música. Mi primer trabajo fue cuidando un niño del barrio. Creo que yo tenía 14 años. Yo quería tener mi propio dinero. De adolescente, mi madre no tenía un mango, entonces yo tenía que conseguir de dónde sacar. Y bueno, conseguí ese trabajito que eran unas horas por día. Y ese fue mi primer trabajo. Y después, al año siguiente, ya empecé a hacer Carnaval. Y con lo que generaba en Carnaval como que me trataba de administrar ahí todo el año para mis cosas y me manejaba bien. Después tuve un momento que me fui a vivir sola. Trabajé un tiempito como cobradora puerta por puerta. Para una escuela. Pero creo que ni un año estuve ahí. Y en un momento trabajé para una librería. Tenía que llevar los libros para la prensa. Capaz te llevé algún libro alguna vez (risas). Repartía los libros en bicicleta.

A propósito del dinero, ¿te pasó de tocar en algún lugar solo por el dinero, y no mirando cuestiones artísticas?

Mirá, hay cosas que no hago. Por ejemplo, vincularme a alguna cuestión política que no me representa en lo más mínimo por dinero. No lo haría. Por más que sea muy buen dinero. A veces lo que hago entonces cuando no quiero hacer algo y solo lo haría si es por mucho dinero, es pedir mucho dinero.

¿Y la inversa? ¿Con una propuesta, empresarial, política o lo que fuera, con quienes podés tener cierta afinidad, podés llegar a manejar otro caché o incluso a tocar gratis? ¿Te ha pasado eso?

Sí, eso lo hago frecuentemente. Cobrar menos y no cobrar, que sea algo benéfico y que sea por una causa, que realmente en esto hay que estar. O porque estás dando una mano. Te pongo un caso extremo. O sea, robaron una escuela pública y están juntando para recuperar las cosas, no les voy a cobrar. A veces pasa también que, obviamente, yo toco con otros músicos y a los músicos tengo que pagarles, y eso no puede salir de mi bolsillo. A veces se pide un viático para cubrir esos costos. Y capaz que yo no cobro, pero eso sí lo he hecho. Pero ya te digo, en cuestiones así que me parece que, bueno, acá hay que estar.

También te debe suceder vinculado a cuestiones políticas…

Sí. Es como que recibís las dos cosas: desde el palo porque hiciste determinada cosa, al aplauso porque hiciste otras. Mi madre quiere que esté en todos lados. Yo le digo: “Mamá, yo en todos lados no voy a estar”. Yo voy a estar en las cosas que considere que tengo que estar y con las cosas que estoy de acuerdo, porque hay cosas que hace la izquierda con las cuales no estoy de acuerdo. Y si no estoy de acuerdo, no voy a estar.

¿En qué cosas no estás de acuerdo con la izquierda? ¿Tiene que ver con cuestiones vinculadas a lo artístico?

No, no, son cuestionamientos más generales. Hay cosas que yo no acompañé o que no acompaño y no tengo por qué poner mi cara en algo que a mí no me representa, o sea, no lo haría y no lo voy a hacer. Me parece poco sincero. También por ahí el tema de identificarme con algún sector dentro de la izquierda. O sea, no tengo por qué hacerlo porque no soy de ningún sector y soy absolutamente independiente. De hecho, creo que en todas las elecciones voté distinto.

¿Siempre dentro de la izquierda?

Sí, sí, una vez voté anulado. Una vez, hace años. Pero fue la única vez que no voté. Pero no, a otro partido nunca voté. No quiero decir que nunca lo voy a hacer. Sinceramente, no lo sé; pero, por lo que veo en el panorama, no creo.

Con respecto a las políticas culturales específicamente de la izquierda, que es algo que cada tanto también se revisita, en estos días se está hablando mucho del proyecto vinculado al teatro independiente, por ejemplo. Vos, ¿cómo lo vivís? Teniendo una posición política clara y también esa otra “pata artística”.

A nivel cultural, este año, lo veo como expectante de a ver qué es lo que pasa. Como que siento que falta un poco de empuje. Lo que mencionabas recién del teatro independiente me parece que está buenísimo. Creo que la cultura no es un gasto, sino que es una inversión y que es importante que todos tengan ese concepto claro. Y me parece que a veces no está tan claro ese concepto y que hay mucha manija con el “Están tirando la plata” o el “Mirá lo que hacen con tu plata”. Como que la tiran a la basura. Y para mí no es así. Creo que la pandemia en ese sentido enseñó mucho porque puso en el tapete lo importante que es para la gente la música, el teatro, los libros. El ir a un show y ver un espectáculo, la felicidad que te produce. Cuando no tuviste todo eso, te diste cuenta de lo importante que era en tu vida. Lo digo en general. Y volviendo al punto, me parece que falta un poquito de impulso en ese sentido, de que se hicieron algunas cosas, pero que falta un poco más. Lo del teatro me parece buenísimo. Creo que el teatro ha crecido muchísimo y ha crecido muchísimo en la internacionalización. Eso es re importante. Y me parece que en la música estamos atrás. Con eso estamos atrás. Yo viajo pila, no me puedo quejar en ese sentido porque he hecho un montón de giras y todo, pero cada vez que salgo de gira me pasa que conseguir el presupuesto para poder viajar, los pasajes, etcétera, es muy difícil. Es muy difícil. Y no hay ningún mecanismo que facilite eso. En el teatro sí lo hay, pero en la música no. Y eso falta. Faltan mecanismos fáciles de solución. No que tenga que presentar todo un año y medio antes, cuesta una burocracia gigante. Obviamente que se tengan que presentar las cosas que acrediten que vos efectivamente te vas a ir de gira. Y que vas a tocar acá y que vas a tocar allá y que te van a pagar tanto. O no vas a cobrar porque vas a tocar en una embajada. Que se acredite todo lo que vas a hacer, obviamente, pero que haya mecanismos que sean más sencillos para que la música uruguaya pueda salir, es imprescindible. Porque el mercado uruguayo es muy chico. Llega un momento en que ya no tenés mucho dónde tocar. Llega a un final como un crecimiento como artista, que en determinados lugares ya no podés tocar porque es como ir para atrás. Y tampoco podés hacer un Teatro Solís cada dos meses, o sea, podés hacer uno por año o uno cada varios meses. Entonces es como que es difícil, necesitas salir.

¿Aceptarías un cargo político vinculado a la cultura? Como el caso de Malena Muyala, que fue directora del Teatro Solís. ¿Te pasó eso de que te ofrecieran algo en algún momento?

No. En este momento no lo aceptaría. En la dirección de un teatro, por ejemplo, no es algo en lo que me vea. Sí en cuestiones que tengan más que ver con producción o esas cuestiones. La dirección del teatro me parece que abarca otras cosas bastante más complejas. Más un teatro como el Solís, donde tenés las orquestas, la Comedia. Me parece que es un mundo bastante complejo y que no se puede meter cualquiera ahí. O sea, tenés que tener cierta capacitación como para poder encararlo de forma correcta. Entonces no, una cosa así creo que no aceptaría. Y también pasa que a mí me gusta mucho cantar. Me encanta estar arriba del escenario. Y hay cosas medio incompatibles. También por una cuestión ética. No sé, sería raro. No, no lo haría. Quizás en algo que tuviera más que ver con producción, con organización, o sea, yo lo hago con mi proyecto. Entonces es algo que sé que puedo hacerlo y que sé que puedo hacerlo bien. Hacer la gira por Europa siempre es parte de mi producción. Hago yo toda la producción, me gusta, me demanda mucho tiempo, mucho trabajo. Pero lo hago bien.

A propósito del Solís, ¿cómo vivís el presentarte en esa sala tan especial?

Hace poquito estuve ahí porque hicimos unas fotos. Y la verdad que es alucinante. Es alucinante. Y pisar ese escenario y cómo se escucha arriba del escenario, la acústica misma que tiene la sala, recorrer los camarines, saber que las personalidades que han pisado ese lugar… Es súper emocionante y súper emotivo. Este va a ser mi tercer Teatro Solís. Y capaz que pierde en ese sentido un poco la sorpresa para mí lo que fue la sorpresa de la primera vez, ¿no? El primer disco siempre va a ser el primer disco. El primer Solís siempre va a ser el primer Solís. Me acuerdo que en mi primer Solís, además, logré algo que a veces no me pasa y es que disfruté todo en todo momento. O sea, me levanté ese día, que recuerdo que había tormenta de noche, entonces los ruidos no me dejaron dormir muy bien. Pero yo me levanté recontra contenta, fui a la peluquería. Y eso me lo decía mi pareja, que me estuvo acompañando en todo ese trayecto. Me dijo: “Nunca te vi tan como tranquila y disfrutando de las cosas”.

A propósito de pareja, no podemos terminar la nota sin hablar de la maternidad que ya estás viviendo y a la que se va a sumar ahora una nueva experiencia…  ¿Qué te dio la maternidad?

La chiquita tiene dos años y medio. Me dio, primero, descubrir que tengo mucha paciencia (risas). Y desarrollarla aún más en los extremos. Y aprender de todos los días, todos los días. Actualmente con las salidas que tiene, que son increíbles. Y hay una frase hecha que es lo de disfrutar el aquí y ahora, que es muy gestáltico. Esa frase que en realidad tiene su lado negativo también, porque cuando tenés un hijo, por lo menos a mí lo que me ha pasado es que los momentos pasan rapidísimo. Y la niña que era hace cuatro meses ya no está más. Entonces ahora habla, te cuenta las cosas que hace, anda por todos lados, hace su prueba, que parece que se va a reventar. Entonces es importante eso, poder disfrutar de los momentos y capaz que llego un poquito tarde a algún lugar. Y ahora se viene un varón. Ahora nomás, por eso puede pasar que se interrumpa la entrevista (risas). Pero también ya pasamos por un bebé. Hay cosas que antes eran una incertidumbre, que ahora no lo van a ser. Pero también todos los bebés son distintos. Y lo que funciona para un bebé puede que no funcione para otro. Por ejemplo, mi hija durante seis meses no durmió, pero a partir de los seis meses empezó a dormir.

Nota de Redacción: Esta semana Maia fue mamá por segunda vez, bienvenido ese gurisito.

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