La derecha boliviana tuvo su balotaje por Ruben Montedonico

Tal y como había adelantado desde hace unas cuantas ediciones el balotaje boliviano dio el triunfo a Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Paz Zamora. Para el caso, resultó de valor particular el que la izquierda (o lo que así llaman algunos) concurrió desordenada, un tanto apurada y otro tanto aprovechando un mínimo caudal de votos para llegar al Legislativo. Por primera vez en décadas, las fuerzas progresistas no fueron tenidas en cuenta para disputar el triunfo presidencial; de acuerdo con los analistas y desde una óptica un poco parcial, se achaca a los problemas internos del MAS -en particular a actitudes del expresidente Evo Morales- la responsabilidad por la disgregación. Se maneja que las aspiraciones de Evo de continuar con la conducción personal del MAS, su lucha por alcanzar la candidatura presidencial, la variedad de formas que dio a sus empeños y la confrontación interna, dejaron desunida el interior de la mayor fuerza electoral de quienes

aspiran al cambio profundo en Bolivia. Se sintetiza esa responsabilidad en la “lucha de egos” (y no niego su existencia) que derivó en lo que se presenta como un “tiro en el pie” propio, establecida desde hace un tiempo

entre el dos veces mandatario (fundador e inspirador del sector mayoritario del MAS) y el presidente Luis Arce.

Hay en esta manera de leer parcialmente la política boliviana ciertos puntos compartibles: fue evidente la forma radical y personalista en que Morales enfrentó al presidente y sus ministros, pero también cuenta entre las consideraciones la acción desconcertada y desprolija con que el gobernante Luis Arce se condujo desde la cima del Ejecutivo, adjudicándole al fundador la mayoría de los males que azotan al país. Sin embargo, quedan fuera de la óptica general de los analistas el comportamiento de los mandos militares cuando un grupo de derechistas orquestaron el golpe de Estado contra la segunda presidencia de Evo; el papel de las clases dominantes (los dueños del dinero), que se sintieron  perseguidos por el crecimiento y estructuración de los contrapoderes populares; el papel de gobiernos y cierta prensa, local e internacional, que no dudaron en alabar y hacer creer que

se acababa la “dictadura” y Bolivia regresaba a la democracia: hasta llamaron “presidenta” a la impostora Jeanine Áñez y sus convalidaciones represivas. Solo faltaron sus lágrimas de cocodrilo cuando el MAS con Arce (Evo Morales mediante) regresó al Palacio Quemado. Como señalé en el pasado número: la izquierda boliviana no principia y se termina con el MAS, ni ahora ni antes; pero como estructura político-electoral fue lo más fuerteque tuvo el país en el presente primer cuarto de siglo.

Si algo se le puede endilgar a la experiencia que dejó tras sí el MAS es haber hecho una lectura poco profunda de los últimos años a la luz de un relevamiento demasiado rápido en el gobierno iniciado al desaparecer la dictadura.

Bolivia, por motivos del golpe contra el segundo gobierno, siguió como si nada hubiese ocurrido; fue sucedido por un gobierno legítimo, de acuerdo con las normas aceptadas, pero ya no fue la misma nación de antes y no se preparó

para un gobierno que además de refortalecer las instituciones, limpiara el país de golpistas, inaugurara un verdadero tiempo de transición. Quizá Arce y su gabinete sólo se ahogaron en soluciones momentáneas, adobadas por aspiraciones personales que los condujo al desastre.

El segundo elemento que me llamó la atención fueron los pronósticos: se habló de encuestas tramposas, compradas y, en las últimas semanas, a 10 o 12 de ellas así se las calificó; daban el triunfo irreversible a “Tuto” Quiroga con guarismos altísimos: perdieron frente a una sola que señalaba el triunfo de Paz (quizá también comprada como las demás). Sabiendo lo anterior y desechando sus resultados, sin embargo, periodistas y analistas recurrieron a ellas para formalizar sus opiniones. El resultado no solo está a la vista, sino que confirma que este método ha quedado, en particular en el país, en el más profundo descrédito y

como elemento descartable desde ayer y para el futuro.

Con el gobierno que llegará a partir del 8 del mes próximo, sí les puedo augurar algo parecido a los peores momentos de algunas sociedades en diversas geografías: fomentar el enriquecimiento ilícito, conceder concesiones mineras, otorgar mayor importancia a lo privado sobre lo público (comprometiendo bienes que son de todos, del Estado, no de una administración temporal) impulsando una economía reprimarizada, maquiladora (si acaso), una fuerza de trabajo sobrexplotada orillada al subconsumo, al endeudamiento y al entretenimiento esquizoide, conceptos que fueron retomados recientemente por el nicaragüense René Vargas.

De acuerdo con los analistas, sus seguidores y, en parte, por el mandatario electo, el gobierno intentará formalizar una reforma educativa con la finalidad de integrar a los alumnos a mejoras administrativas y sobre todo productivas; reformas en las fiscalidades y reducción –hasta desaparecer- de muchos subsidios; instalación de controles anticorrupción (para perseguir opositores y liberar amistades), prometiendo unos servicios públicos reformados y más expeditos (medidas que siempre encajan bien en los discursos).

 Por último, Paz, debido a su debilidad legislativa, gobernará mediante la concertación con otras corrientes de derecha en el Congreso existen expectativas para el próximo domingo en Argentina y un resultado menos que catastrófico para la derecha mileísta.  

Agregar un comentario

Deja una respuesta