Ayer fui al aeropuerto a buscar a mi hijo que vive en Menorca.
Mientras esperaba comencé un inventario de jóvenes emigrantes.
Los hijos de Carlos que están hace años laburando en Australia.
Las hijas de mi primo Asdrúbal que se fueron hacen ya tiempo.
La hija de Jorge y la hija de Hoenir que viven ahora en España.
Los hijos de Gloria que están uno en Chile y otra en Estados Unidos
El hijo de Mercedes y Jorge que se instaló hace años en Barcelona.
Muchos amigos y conocidos de mi familia se tomaron los vientos.
Hasta Pedro Bordaberry tiene a dos de sus hijos en el extranjero.
Carina, la limpiadora del edificio, me comentó que ella y sus dos
hijos están tramitando el pasaporte español para poder irse pronto.
Se habla de que hay aproximadamente 500.000 orientales afuera.
Parece que tenemos más muertes que nacimientos en nuestro país.
Un estudio dice que en 2070 solo habrá 3 millones de uruguayos.
O sea, 440.000 compatriotas menos de los que hay hoy en día.
Según los cálculos realizados por el INE, los adultos mayores de
65 años pasarán de ser el 15,8% del 2024 al 32,5% del 2070.
Tenemos cada vez menos jóvenes y muchos de ellos ni siquiera
logran un nivel mínimo educativo, el 50% no termina el liceo.
Tenemos record de presos cuya edad promedio son los 30 años.
La mayor cantidad de delitos los hace el grupo etario de 18 a 24.
De la pobreza infantil y sus consecuencias mejor no hablamos.
Mirando esta situación, nos recuerda la vigencia del título del
clásico libro de Alberto Methol Ferré: “El Uruguay como problema”.
¿Hay consciencia de que la demografía es una bomba en el futuro?
¿Son viables las prebendas corporativas y chacras privilegiadas?
¿No es imprescindible fomentar la llegada de inmigrantes?
A veces parece que los temas importantes y urgentes ni se miran.
Mientras tanto la agenda político mediática se reduce a los
gomones de Javier, el chicle de Blanca, la licencia por enfermedad
de Cofe, la iluminación del Palacio Legislativo, el derrape del jefe de
policía rionegrense, o los verbales delitos de odio parlamentarios.
¿No se dan cuenta que vida de la gente pasa por otro lado?
Alfredo García




