La lejana tregua por Joaquin Andrade

La guerra en Gaza lleva más de 8 meses. Mientras la atención internacional se centra en las masacres en Rafah y la devastación del enclave palestino, el conflicto ha comenzado a trepar hacia el norte. Las amenazas de Israel en lanzar una ofensiva a gran escala sobre el Líbano y los bombardeos cruzados con Hezbolá anuncian un posible nuevo frente de guerra

La pregunta que aparece responder no es si habrá guerra, sino cuán grave y extensa será. En este escenario, Hezbolá vuelve a ocupar un lugar central como actor regional clave, aunque para muchos medios y discursos oficiales siga siendo un grupo terrorista sin historia, sin causa y sin contexto

Hezbolá (“partido de Dios” en árabe), surge en el contexto de la guerra civil libanesa y la invasión israelí al Líbano en 1982. Se conforma como un movimiento político y militar chiíta. Con fuerte influencia iraní, respaldo sirio desde entonces. Su objetivo ha sido resistir la ocupación israelí del sur del Líbano, defender la soberanía libanesa y posicionarse como vanguardia del eje de resistencia contra Israel y Estados Unidos en Medio Oriente.

A diferencia de otros grupos armados, se constituyó también como una fuerza política, social y cultural. Cuenta con representantes en el Parlamento libanés, gestiona hospitales, escuelas, canales de televisión y programas de asistencia. Para una parte importante de la población libanesa es una fuerza de contención social y Defensa Nacional. Desde 1985 hasta la retirada israelí del sur del Líbano.

En el año 2000 Hezbola lideró la resistencia armada con tácticas de guerra de guerrillas. ¿Su legitimidad? Creció entre sectores populares del mundo árabe, especialmente tras la guerra de 2006, donde resistió durante 34 días los ataques masivos del Ejército israelí. Esa guerra, aunque devastadora para el Líbano, fue considerada una victoria simbólica de Hezbolá por su capacidad de respuesta y organización.

Mientras el frente en Gaza y el Líbano se recrudece, la relación entre Israel e Irán se encuentra al borde del colapso. La reciente tregua, anunciada tras 12 días de enfrentamientos directos, fue recibida con escepticismo en un tono poco habitual del presidente

estadounidense, Donald Trump, publicó en su cuenta de x Twitter, Israel.” Israel. No lancen

esas bombas. Si lo hacen, es una violación grave. Traigan a sus pilotos a casa, ¡ahora!”.

Poco después, el presidente israelí, Benjamín Netanyahu y Trump entablaron comunicación directa para intentar frenar su escalada mayor. Sin embargo, la tensión persiste. Irán acusa a Israel de sabotajes a sus instalaciones nucleares y Tel Aviv responde con bombardeos selectivos en Irán.

“Si Irán intenta retomar su proyecto nuclear, actuaremos con la misma fuerza” afirmó Netanyahu ante medios israelíes. “No permitiremos que Teherán adquiera armas atómicas. La seguridad de Israel es innegociable”

Por su parte, el nuevo presidente iraní, Masud Pezeshkian , electo como candidato moderado en unas elecciones polarizadas, enfrenta un dilema: por un lado, mostrarse abierto al diálogo internacional; por otro, sin debilitar la imagen de firmeza frente a sus enemigos históricos. En una declaración a la agencia oficial IRNA expresó

“Respetaremos el alto el fuego acordado con Estados Unidos si Israel no lo viola”

En este tablero geopolítico donde convergen intereses de varias potencias globales, el destino de miles – tal vez millones- de vidas pende de decisiones que se toman en lejanos despachos. Una chispa puede desatar una guerra regional que involucre Siria, Irak, Líbano, Irán e incluso otros actores como Estados Unidos y Rusia

Estados Unidos mantiene su posición de apoyo firme a Israel, mientras que Rusia y China observan con cautela, buscando preservar sus intereses estratégicos en Medio Oriente. Esta rivalidad global añade complejidad y dificulta una solución diplomática duradera

Las gestiones multilaterales impulsadas por Naciones Unidas y otros organismos regionales no logran consolidar avances sustanciales. Las negociaciones, aunque necesarias, parecen rehenes de los vetos cruzados, las presiones externas y la falta de voluntad política concreta

La tragedia de este conflicto no radica solo en los ataques, sino en la imposibilidad de romper con la lógica binaria que reduce a la región a enemigos irreconciliables. Entre las víctimas hay tanto palestinos como israelíes, libaneses, iraníes y civiles de toda nacionalidad que quedan atrapados en una guerra que los supera.

En Medio Oriente, la historia demuestra que las treguas son apenas el ojo de la tormenta: un momento de calma engañosa antes del próximo estallido. Mientras Gaza arde, el norte se enciende, la comunidad internacional enfrenta el desafío de actuar a tiempo y con ecuanimidad. Porque la paz, aunque difícil, no tiene por qué ser una palabra lejana

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