La mejor columna que vas a leer en tu vida por Ignacio Pintos

Ignacio Pintos

“La vicepresidenta es una gastadora compulsiva de plata ajena. Todo lo que toca lo funde.”, dice Javier García sobre Cosse. “Estoy convencido que hay un sistema para perjudicar a Peñarol”, dice Ignacio Ruglio. “Es el peor delantero en la historia de Boca”, dice un usuario de X sobre Cavani.

En la cultura del scroll, lo extremo es visible y lo mesurado es descartable. Por eso exagerar se volvió el nuevo estándar, el idioma de moda en la comunicación cotidiana, personal y política. Exagerar es el recurso en boga de los mensajes de esta era. Y más que una figura retórica, es casi un modo de existir en la socialidad digital.

Hoy todo compite por segundos de atención y el lenguaje exagerado busca compensar la indiferencia por saturación. Además, lo hiperbólico funciona como performance identitaria: exagero para que se note mi presencia.

El conferencista y Doctor en Ciencias de la Información, José Orihuela, dice que los nuevos emisores digitales, para prosperar en el ecosistema de los feeds, recurren a una retórica más emocional y exagerada para captar la atención en un entorno saturado de información, donde la competencia por el engagement es feroz.

En redes, lo llamativo paga más que lo exacto. Esa emocionalidad exagerada genera comunidad instantánea porque a pesar de que con frecuencia presumimos de ser racionales, somos primariamente emocionales. Nuestro cerebro está programado para detectar lo extraordinario. Cuando algo suena fuera de lo común, nuestra mente le da más importancia.

Al mismo tiempo, la hipérbole funciona no solo como recurso estilístico, sino como motor de polarización: genera un efecto emocional inmediato, promueve la lealtad grupal y refuerza divisiones culturales y políticas.

Por otro lado, todo compite con todo: el niño desnutrido en Gaza, la derrota de tu equipo y el precio del maple de huevos circulan al mismo nivel; y eso puede borrar la jerarquía emocional. Estamos tan acostumbrados a que todo sea presentado como algo extremo, que terminamos reaccionando con la misma intensidad a cosas totalmente distintas.

Inflación emocional: fútbol, política y marca personal

La hipérbole en política siempre fue un arma retórica, pero solo en la era de la conectividad se convirtió en moneda cotidiana, amplificada por algoritmos que premian el extremo sobre el argumento. Al centrarse en la exageración, se reduce la discusión a lo emocional, desplazando argumentos racionales o datos. El lenguaje político actual es urgente, crea divisiones, refuerza identidades y profundiza la polarización. Y la política es el ambiente germinador de la cultura del “no se vuelve”, un juicio absoluto y categórico según la propia vara. En ese caso, la exageración sirve para anular al adversario y marcarlo como irreparable, reforzando la tribu y la polarización.

El fútbol es un ecosistema donde bien se visibiliza y perdura la exageración. Nada más absurdo que pedir que pinten tu cajón con los colores de tu equipo, o pedirle a los jugadores que dejen la vida en la cancha. Y en esta era, la política se futbolizó.

Hoy todos escribimos. Es maravillosa la ilusión de tener opiniones importantes sobre cualquier cosa; ayuda a la autoestima. Por eso en la comunicación personal también se evidencia este síntoma. Pero algo no es “sencillamente emocionante”. Es emocionante. Algo es condenable, repulsivo o el adjetivo que le calce. No es “lisa y llanamente nefasto”. Algo o alguien es. No necesita aclarar que es “sin dudas”.

Los usuarios buscamos promocionarnos para incrementar el alcance, “lo que en muchos casos borra la distinción entre la expresión personal y la publicidad, y a mercantilizar la identidad propia como un bien que hay que vender o consumir”, dice al explicar este fenómeno, José Van Dijck, en La Cultura de la Conectividad.

Capítulo aparte para los puntos suspensivos. Usados para “inflar” el significado de una oración que, si tiene las palabras adecuadas, no los necesita; el silencio o la emoción ya están en el texto. Hoy son una especie de melodrama por defecto. Se convirtieron en el emoji de la emoción contenida: no dice, pero sugiere que hay algo profundo, sin necesidad de mostrarlo.

Voy a exagerar: si no los vamos a usar bien, prefiero que desaparezcan. Es como si no confiáramos en la fuerza de lo que escribimos. Entonces ponemos puntos suspensivos para estirar la emoción artificialmente. Una ilusión de profundidad donde falta sustancia. Un maquillaje emocional. Invito a scrollear para ver la maraña de puntos suspensivos, en periodistas y no periodistas. La inflación emocional de los puntos suspensivos es pandemia.

Como dice el periodista argentino Martín Caparros, las palabras son precisas. “Todo nuestro trabajo consiste en elegir la palabra más precisa posible. Eso es escribir: desechar ochenta mil palabras y elegir una”.

Más que informar hoy queremos ser notados. En redes sociales, en chats, o medios de prensa, el mensaje muchas veces no busca aportar información, sino llamar la atención. La noticia se convierte en espectáculo, la opinión en performance, la emoción en show.

El británico David Crystal en el libro Language and the Internet argumenta que en la comunicación digital se institucionalizó la hipérbole y la exageración como forma de suplir la falta de tono emocional y de destacar. Explica que no es un desvío del lenguaje, es una adaptación funcional a la lógica del medio.

Entiendo la adaptación, pero las consecuencias están siendo muy nocivas como para no hacer algo: polarización, desgaste del lenguaje, pérdida del impacto real, tribalización emocional, menor credibilidad en el periodismo, y en definitiva una oportunidad desaprovechada de comunicar mejor; estamos rodeados de tecnologías al servicio de la voz propia pero usamos esas voces con menos profundidad y más ruido. El exceso de canales no nos volvió mejores narradores, sino emisores más ansiosos y poco rigurosos.

Esto no es una cruzada por la ortografía. Quiero que usemos nuestras palabras con intención y confiar en que el contenido puede emocionar sin artificios. Pensar, luego postear.

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