La opresión del lenguaje

No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

Mario Benedetti

Hace pocos días el parlamento español votó por aplastante mayoría

algo así como un llamado a no utilizar la palabra cáncer en los

discursos y comunicaciones oficiales como insulto o sinónimo de

hechos destructivos apelando a la sensibilidad de los cancerosos.

Lo peor es que lo propuso el PSOE y votaron en contra los de VOX.

Por suerte Arturo Pérez Reverte estalló en contra del dislate y

reflotó una columna suya de 2012 que reproducimos a continuación:

El cáncer de la gilipollez

“Ahora, queridos lectores de este mundo bieintencionado y feliz, echen ustedes cuentas. Calculen cómo será posible escribir una puta línea cuando. Con el mismo argumento. Los afectados por un virus cualquiera exijan que no se diga, por ejemplo, viralidad en las redes informáticas, o cuando quien escriba la incultura es una enfermedad social sea acusado de despreciar a todos los enfermos que en el mundo han sido. Cuando alguien señale –con razón- que las palabras idiota, imbécil, cretino y estúpido, por ejemplo, tiene idéntico significado que las mal vistas deficiente o subnormal. Cuando llamar inmundo animal a un asesino de niños sea denunciado por los amantes de los animales, decir torturado por el amor sea calificado de aberración por cualquier activista de derechos humanos que denuncie la tortura, o escribir le violó la correspondencia parezca una infame frivolidad machista a las asociaciones de víctimas violadas y violados. Cuando decir que Fulano de Tal se portó como un cerdo irrite a los fabricantes de jamones pata negra, llamar capullo a un cursi siente mal a los criadores de gusanos de seda, tonto del nabo ofenda a quienes practican honradamente la horticultura, o calificar de parasito intestinal al senador Anasagasti –por citar uno al azar sin malicia- se considere ofensivo para los afectados por lombrices, solitarias y otros gusanos. Sin contar los miles de demandantes que podrían protestar, con pleno derecho y libro de familia en mano, cada vez que en España utilizamos la expresión hijos de puta.” 

Que la pluma de Alatriste no falte nunca.

Alfredo García

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