La responsabilidad de mantener vivo un legado por Alejandra Waltes

El 5 de mayo falleció la Artista Plástica Lola Fernández. Hermana del Artista Plástico y Docente Guillermo Fernández, a pesar de la solidez de su obra no gozó del mismo prestigio y quizá se haga necesario un estudio más exhaustivo de su aporte a las Artes Plásticas nacionales.

Lola Fernández (Montevideo, 1942- Montevideo, 2026)  A los 20 años inició su formación en el Taller Torres García en donde estudió dibujo al natural con José Gurvich. Más tarde continuó su formación con su hermano y con la ceramista con Mariana Soler. Entre 1975 y 1985 se radicó en España, donde asistió a clases con Clarina Vicens. A su regreso al Uruguay se reintegró al taller de su hermano hasta que éste falleció en 2007. En una nueva etapa ejerció como docente en su propio taller. Participó en exposiciones colectivas como el “Homenaje de alumnos al Maestro Guillermo Fernández” o la antológica “Ellas, mujeres de la escuela del Sur” y en muestras individuales entre las que se destacan la realizada en 2002 en la Cátedra Alicia Goyena en Montevideo y “Formas, Color, Mundos” realizada en el Museo Torres García en 2025 con la curaduría de Macarena Montañez y Jimena Perera. En la misma se presentó una selección de obras de la artista realizadas en diversos soportes y técnicas, maderas, acuarelas y dibujos que abarcaba varios períodos de su trayectoria y producción. En el blog elMontevideano – Laboratorio de Artes, Lola decía: “Sin duda mis opiniones y análisis actuales son una construcción de adulta, pero yo me miro y veo una niña muy encantada con ese hermano mayor que además de llevarme a pasear, me llevaba a posar al taller de Alceu Ribeiro, y yo me sentía muy halagada porque todo eran cumplidos y golosinas (ese era el soborno, en compensación por mi trabajo de modelo). (…)  Las prácticas del dibujo del natural (naturalezas muertas, retratos), que tienen algunos cánones insoslayables sirven para practicar, entrenar y aflojar las tensiones ansiosas que todos tenemos a la hora de dibujar. O sea, que la botella que dibujamos salga tal como es. Pero en el Taller todos tenían bien aprendida la cuestión de que el traslado de la realidad a un papel ya es un acto revolucionario, porque la realidad está ahí, en el modelo, pero el que dibuja esa realidad está inventando otra realidad que paradojalmente se parece a la primera pero que no es lo mismo… El sistema de trabajo del Taller en relación a los cuadros representativos era muy completo y analítico. Se podía valorar en el modelo diferentes aspectos del aspecto geométrico de los objetos, dibujar las sombras como si fueran formas y por añadidura aparecía el objeto, etc. etc. Esta práctica aflojaba la mano y se trataba de que no miraras el modelo y lo representaras con la mala colaboración de la memoria: todos sabemos cómo es un azucarero, pero en el cuadro el azucarero es otra cosa: allí cuentan los ritmos, las sombras, etc. etc. En ese tenor de cosas yo en el año 1958-59 ya lo había oído a Guillermo hablar de estas temáticas cientos de veces, y para mi no era una novedad el hecho de que la abstracción es una condición fundamental en la representación de la imagen. Miramos la pintura negra de Goya y allí no hay nada literal: todos son engranajes pictóricos que funcionan entre si por obra y gracia del Sordo pero que si los aislás, como mucho son manchas, puntos etc… ¡¡¡¡Era muy importante aflojar la mano y la cabeza!!!! (…) Yo fui espectadora en España, vi pintura de la buena, de vanguardia europea y la de la tradición española. Todas confirman cosas, aunque desde el momento en que no estaba embarcada en una dinámica de investigación, digamos, me fue imposible absorberlo todo. Saqué miles de conclusiones, y al final te queda un puñadito de “locos” que te movieron algo. El Arte produce felicidad y alegría, es una compulsión emocional, y resulta poco posible definir en quiénes uno deposita todo ese cargamento. Calder, por ejemplo, me deslumbró con sus “móviles”, y creo que debió ser un tipo con una frescura personal envidiable para trabajar. (Ojo que no estoy hablando de “buenas” o “malas” personas, necesariamente.) Picasso es apabullante, te arrincona con tantos recursos y tanta inventiva interminable. Juan Gris, ¡el amor de mi vida! Y con respecto a lo antiguo, los frescos románicos del Pirineo Catalán son maravillosos, solemnes, poderosos y para un americano del sur, algo totalmente novedoso. Bueno, y no quiero quedar muy obvia, pero cuando vi la pintura negra de Goya sentí el desconcierto de su modernidad. Y no debo ni quiero dejar en el tintero a Tapies, que tiene esa contundencia y determinación de los catalanes, y también a Julio González, el escultor amigo de Torres García y profesor de Augusto Torres. Como verás, pude apreciar tanto la pintura de los museos como la de las exposiciones itinerantes, lo que constituyó un muestrario de posibilidades, de caminos posibles dentro de la creación, lo cual te permite concluir que hay un espacio a conquistar sin necesidad de hacer “La Cruzada Libertadora”. Lo que importa es largarte a trabajar en lo tuyo.”

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