Lenguajes complementarios de una muestra intimista por Alejandra Waltes

“Sujeción y Movimiento” es la muestra colectiva de los Artistas Plásticos Marcelo Mendizábal, Sanjo Rodríguez, Diego Masi y Pablo Conde que se puede visitar en la Sala Sáez I del Ministerio de Transporte y Obras Públicas de lunes a viernes, de 9:15 a 16:00 horas. “Esta exposición reúne a cuatro artistas visuales, cuya trayectoria se remonta a una formación compartida en la Escuela Nacional de Bellas Artes, bajo la orientación del maestro Luis Ernesto Aroztegui, durante ía primera mitad de los años noventa. Esta muestra, que tiene lugar en la Sala Federico Sáez del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, bajo la dirección de Gabriel Sosa, se propone como una evocación consciente a aquella primera experiencia expositiva que los mismos artistas realizaron en1993 en la Galería del Notariado, entonces dirigida por Nancy Bacelo. (…) A treinta y dos años de aquella primera experiencia conjunta, “Sujeción y Movimiento” no solo manifiesta una continuidad en el vínculo entre los artistas, sino también una relectura madura de los modos en que el arte puede poner en escena lo que se ata y lo que se escapa, lo que se construye y lo que se resiste. La exposición es, así, tanto un homenaje a una historia compartida como una apuesta por nuevas formas de encuentro.” (Texto curatorial de Gabriel Sosa)

Marcelo Mendizábal (Montevideo, Uruguay, 1956) En el texto que acompaña su trabajo Mendizábal hace un análisis de los materiales que lo componen, de la composición y estructura interna que incluye el significado de los colores que utiliza y del objetivo buscado. Con respecto al mismo dice: “Mi obra busca ser una reflexión sobre el espacio y el tiempo, sobre la forma y la huella. A través de la interacción entre materiales y símbolos, intento construir un lenguaje visual que convoque al espectador a detenerse, a mirar con atención, a descubrir en cada hilo una historia, en cada estructura, un refugio simbólico.”                Sanjo Rodríguez (Rivera, Uruguay, 1959) “(…) En mi pintura, lo íntimo se mezcla con lo colectivo, y la materia misma se convierte en un archivo vivo, capaz de guardar lo que no puede decirse con palabras pero que insiste en ser visto.” expresa Rodríguez sobre su obra. Sobre el color y la forma dice: “(…) Trabajo con grises quemados, blancos que parecen luz gastada y negros profundos que sostienen la composición. Busco un clima denso, cargado de teatralidad, erotismo y melancolía. No organizo la pintura como un centro y su alrededor, sino como un campo abierto donde todo sucede al mismo tiempo. Algunas figuras están solas, otras parecen interactuar sin mirarse, como si compartieran un mismo aire, pero no un mismo lugar. (…) El fondo lo trabajo como si fuera un muro antiguo: capas y veladuras que guardan huellas, marcas, restos de otras imágenes. Es un sobrescrito donde conviven placeres y duelos, fantasías y ruinas. No hay un relato lineal; lo que propongo es más bien un mapa emocional, una superficie que se siente antes de comprenderse. (…)”.                                                                                                       Diego Masi (Montevideo, Uruguay, 1965) La instalación sonora (temática con la que Masi viene trabajando desde hace algunos años) que se expone en esta oportunidad toma cómo eje una versión intervenida de la canción “Río de los Pájaros” (Aníbal Sampayo) “(…) Frente a una pared, dieciséis parlantes pequeños ascienden y descienden lentamente, suspendidos por un sistema de poleas que dibuja una ondulación constante, como si algo respirara. Desde cada uno cuelga un hilo y, en el extremo, una piedra recogida del río Uruguay. En el punto más bajo del movimiento, las piedras apenas rozan el suelo antes de elevarse de nuevo. (…) El río deja de ser paisaje y se convierte en línea de fuga, en frontera líquida. Las piedras colgantes, erosionadas por el agua y el tiempo, se presentan como huellas materiales de ese tránsito silencioso. La obra propone una poética del descenso: la piedra que baja, el sonido que obliga a inclinarse, la voz que se fragmenta. En ese gesto humilde de escuchar, tocar el suelo y prestar atención a lo casi inaudible, se abre un espacio de reverencia. (…)”dice Masi.                                                                                                                                        Pablo Conde (Montevideo, Uruguay, 1960) En esta muestra, la pieza central expuesta es una suma  técnica y matérica que van enriqueciéndola con cada capa. Una muestra de la solvencia del artista en el uso de unas y otros. Sobre su obra Conde dice: “Esta obra plantea un diálogo entre lo real y su simulacro, entre la materia que alguna vez protegió y su eco impreso. El muro, compuesto por lo que aparentan ser retazos de antiguas chapas, convoca una memoria visual de lo precario, lo marginal, lo habitado y lo abandonado. (…) Una de las placas lleva escrito un nombre: Minerva. La inscripción, pequeña y erosionada, introduce una presencia inesperada: la diosa romana de la sabiduría, las artes, la estrategia y la memoria. Ese nombre, perdido entre el óxido, resuena como una invocación silenciosa: ¿qué saberes antiguos habitan lo descartado?, ¿qué inteligencia se esconde en las formas de la ruina? (…) La obra indaga en la construcción de la memoria colectiva y personal a partir de lo vulnerable, lo ausente, lo que simula ser lo que ya no es.”  

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