LISTA DE ESCUCHA/3  por Jorge Alastra

(Sudamérica atemporal) 

1- “Construção” es quizá la obra más importante de Chico Buarque, aparecida en 1971, dentro de un álbum insuperable, y quizá de los más importantes de la historia de la música popular del continente. Tomando como base un introvertido samba, el autor va elevando el edificio de la canción “ladrillo a ladrillo”, construido con versos alejandrinos. El relator va contándonos la rutina del protagonista, casi paso a paso. El relato en tercera persona del comentarista se mantiene hasta que estalla el arreglo de bronces (En la mezcla está todo a la izquierda, y las cuerdas en el lado inverso) y aparecen las voces (¿el pueblo?), entonces la ciudad despierta en su vértigo. Esa irrupción violenta coloca a la canción en otra dimensión. Ahí Chico hace una genialidad. Es que se supone que una construcción se va erigiendo, pero acá pasa lo contrario: empieza una meticulosa desconstrucción, quitando de su argamasa cada ladrillo y colocando otro en su lugar. La inestabilidad que crea Chico (y el arreglador Rogério Duprat), es la que vivía él mismo en su exilio y el pueblo brasilero en plena dictadura. La fuerza expresiva de esta canción sobrepasa lo meramente coyuntural político para ser comprendida hasta hoy, pues las grandes obras traspasan la historia. La aparición de “Deus lhe pague” en la Coda es electrizante, y logra un final épico donde aparece el pueblo cantando. 

(Fuente: “Construção”, Chico Buarque, 1971) 

2- El cantautor argentino Víctor Heredia, había recibido a principios de 2000, unos textos inéditos de Atahualpa Yupanqui, a través de su hijo Roberto Chavero. Heredia los repartió entre varios compositores, con la idea de hacer un álbum con ese material. A Pedro Aznar le entregó dos de estos textos. Uno de ellos, “Romance de la Luna Tucumana”, se convirtió en zamba. Lo curioso de esta composición es que Aznar recibió un consejo desde un lugar inimaginado. En medio de un sueño, se le apareció el mismísimo Yupanqui, quien le habría dicho: “Mire mocito…el estribillo no es así. Fíjese bien”. Aznar habría saltado en el acto de la cama, y corrido hacia el piano, donde estaba componiendo aquella música. Efectivamente, no estaba cerrado bien el estribillo, y es el que aparece en la versión final. Una zamba de corte expresivo, cadenciosa y con evidente influencia de Gustavo “Cuchi” Leguizamón. El texto tiene una lírica bien yupanquiana, donde siempre lo más sencillo se vuelve un hito poético y alucinado: “Bajo el puñal del invierno/ Murió en los campos la tarde/ Con su tambor de desvelos/ Salió la luna a rezarle”. 

(Fuente: “Yo tengo tantos hermanos”, artistas varios, tributo a Atahualpa Yupanqui, 2001) 

3- María Isabel Granda (Chabuca), escribió “El Surco” en cinco días como protesta contra el gobierno de Velazco Alvarado, por haber incumplido (qué raro) su promesa de una Reforma Agraria y por el asesinato del joven poeta guerrillero Javier Heraud. Se la presentó al propio presidente en la casa de gobierno, donde era recurrente invitada de lujo, y militares que estaban presentes, paradójicamente, se emocionaron con la obra, y hasta intentaron ponerle título. Finalmente, el poeta César Calvo la bautizaría. “El Surco” es una fusión de ritmos afroperuanos y donde resalta la luminosidad de su línea melódica y su texto, sugerente y poético: “Dentro de un surco abierto vi germinar/ un lucero de infinita soledad/ y con una canasta le vi regar/ con agua de un arroyo de oscuridad”. 

(Fuente: “Cada canción con su razón”, Chabuca Granda, 1981) 

4- Rubén Blades no es un poeta, es un gran cronista; casi un periodista que recoge datos y los transcribe sutilmente a sus canciones. Su voz transfiere autoridad y credibilidad, tanto como sus composiciones, la mayoría de excelente factura. Blades es el autor del “realismo social”, si se puede definir así; pero pese a la denuncia explícita no se haya panfleto o facilisimos. Cada texto está trabajado como un escritor trabaja un cuento o una novela. Y creo que en esa área no hay otro que se le arrime. “Hipocresía” cuenta lo que sucede hoy en día, y fue publicada hace 25 años. El olfato de un artista se parece mucho a una profecía. Es que hoy estamos rodeados de hi89Lpocresía en todas las dimensiones de la sociedad, desde la política a las relaciones de pareja. Blades lo dice bien claro. Escucharlo es hacer un poco terapia. “La sociedad se desintegra/ Cada familia en pie de guerra/ La corrupción y el desgobierno/ Hacen de la ciudad un infierno// Gritos y acusaciones/ Mentiras y traiciones/ Hacen que la razón desaparezca/ Nace la indiferencia/ Se anula la conciencia/ Y no hay ideal que no se desvanezca”. 

(Fuente: “Tiempos”, Rubén Blades, 1999) 

5- “Bosnia”. La guerra de los Balcanes (1991-2001). Luis Alberto Spinetta recrea a través de una música densa y dramática el horror de aquel conflicto bélico. La poesía es estremecedora: “Ellos (los niños) caen como violines/ en la Rapsodia típica de Bosnia”. La música es la banda de sonido de ese infierno, el pulso denso -acrecentado por la distorsión de guitarra- va registrando todo como un corresponsal de guerra andando sobre las ruinas. Todo contado desde el dolor y la impotencia. Una de las canciones más fuertes que se hayan escrito sobre la guerra, esa forma inextinguible de vivir que hemos adoptado los seres humanos, y que hoy cobra dramática vigencia. “Vamos abre tu boca/ Deja que entre todo Bosnia/ Pronto viene un mareo/ Una visita guiada sobre Bosnia/ Donde el ángel cierra sus alas y llora/ Donde el hombre baja sus brazos”. 

(Fuente: “Spinetta y los Socios del Desierto”, 1997) 

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