Los judíos

¿Hay un cruce de prejuicios que está dificultando la comprensión de cosas como la masacre en Palestina y ahora la guerra de Irán?

El problema es peliagudo. Porque hasta el más ingenuo percibe que lo que allí está ocurriendo puede determinar el  reordenamiento económico y político del mundo, con consecuencias tremendas para muchos  millones de personas, incluso para quienes vivimos muy lejos de la zona de guerra.

El cruce de prejuicios se revela en  el uso de tres términos que se superponen y se confunden, tanto consciente como inconscientemente: “judío”, “Israel” y “sionismo”.

A veces es hasta divertido ver los pininos que se hacen para no nombrar a alguno de ellos y sustituirlo por otro, que no significa exactamente lo que el hablante quiere decir.

A menudo lo que se quiere es acusar a “los judíos” de cometer crímenes de lesa humanidad. Pero sigue un poco en pie la idea de que hablar de “los judíos” puede asociarse con el antisemitismo y con el nazismo. Entonces se dice “Israel”, o “el sionismo”. El problema es que “Israel” y “el sionismo” no expresan exactamente lo que se quiere decir con “los judíos”. Y agárrense bien: muchas veces tampoco “los judíos” expresa lo que de verdad se tiene en mente al decir “los judíos”.

¿Cuántas Saras y Samueles hay en el mundo que no tienen nada que ver con la especulación financiera en la que se suele pensar al decir despectivamente “los judios”? ¿Cuántos Danieles y Rebecas jamás lanzarían bombas contra niños como lo hicieron Netanyahu y el gobierno de Israel?   ¿Dejan por eso de ser judíos? Por otro lado, ¿se puede afirmar que todos los grandes especuladores financieros son judíos? Y los que son judíos, ¿son sionistas? Es raro. Si el sionismo es el compromiso con el Estado judío, ¿por qué los más notorios financistas judíos no viven ni vivieron nunca en Israel? ¿Por qué no envían a sus hijos a educarse y vivir en Israel?

Ese entrevero de prejuicios y de palabras dichas con vergüenza ha dado lugar a una interpretación pobre y penosa de la realidad. Asi, cuando el gobierno de Israel se dedicó a pulverizar Gaza (con apoyo mayoritario del pueblo israelí) se popularizó la interpretación de que se trataba de un exterminio racial promovido y ejecutado por “el sionismo” o por Israel. Incluso cuando empezó la guerra con Irán, oí sostener que Netanyahu, o Israel, o el sionismo, eran los mandamases de Trump.

Lo de Irán parece haber hecho estallar –literal y metafóricamente- todas esas interpretaciones. ¿Alguien cree que si Netanyahu y la población sionista de Israel fueran la cabeza de la política mundial habrían organizado una guerra que pone a Israel como blanco fijo de todos los misiles disponibles? Atrás tiene que haber algo más.

Es cierto que Netanyahu y su gobierno hicieron todo lo posible para que esa guerra estallara. Martirizaron a Gaza y a Cisjordania, bombardearon al Libano, a Irán y a todos sus vecinos. Hoy podemos entender que se buscaba provocar reacciones del mundo musulmán. En algún lugar, intereses poderosos, que no sufrirían los misiles, querían una guerra a todo trapo.

Ya sé que la versión oficial (Marco Rubio dixit)  es que “Israel iba a atacar a Iran de todas maneras e Irán iba a responder atacando a EEUU, por lo que lo mejor era atacarlo antes”. Ay, Marco, Marco, prolijo y ambicioso cubanito, ¡por favor!, eso no te lo cree nadie.

Esta guerra no le servía a la población ni al Estado de Israel, porque, como es obvio, se convertirían en el jamón de un sándwich de misiles. No le servía a la población ni al Estado de los EEUU, porque enterrarían allí miles de millones de dólares, comprometerían el suministro y el precio mundial del petróleo, y EEUU dañaría su reputación como potencia,  sin que fuera claro que pudiera ganar algo como país. Insisto: Trump no quería la guerra. No por bueno, sino porque no es bobo. Supongo que la guerra no le servía tampoco a la población ni al Estado de Irán, aunque eso, mirado a la larga, puede dejar algunas dudas.

¿A quién le servía y le sirve la guerra, entonces?

La lista es larga. Están los que ganan en lo inmediato: la industria del armamento, las empresas petroleras, el sistema financiero y las aseguradoras, que  venden más y más caro. Pero la guerra sirve también para tapar o justificar crisis financieras, monetarias o de abastecimiento. Todo lo que se funda, escasee o se encarezca será a causa de la guerra. Ya pasó con Ucrania.

Habrá otros beneficiarios a más largo plazo. China, por ejemplo, sigue recibiendo petróleo y comerciando a través del canal de Ormuz. Mientras que las otras potencias se destrozan y destrozan sus economías con bombardeos y bloqueos, las empresas radicadas en China siguen  ganando y creciendo.

Parece inevitable que, cuando esto concluya, el orden económico y político mundial habrá cambiado. Y, cuándo más dure la guerra, más profundo será el cambio.

Vuelvo al tema: ¿quién quería la guerra?

Tal vez baste preguntarse quién controla a la industria armamentista, a las empresas petroleras, a las compañías financieras y aseguradoras, y quién tiene grandes inversiones en China.

En la respuesta nos vamos a encontrar a ciertas sociedades administradoras de fondos de inversión que controlan o integran los capitales accionarios de las grandes corporaciones del mundo, incluidas las chinas.  

¿Y detrás de ellas no están los judíos?

Sí, seguramente. Apellidos como Rothschild y Rockefeller son obvios e inevitables. Pero, por la estructura oscura y sinuosa que adoptan los grandes intereses, entre los accionistas poderosos hay también católicos de misa diaria, luteranos, calvinistas, anglicanos, incluso de la casa real, yanquis, europeos, chinos e indios, budistas, confucianos , taoístas, musulmanes, y sin duda ateos.

¿Se puede explicar al poder económico por razas, religiones o sectas, o nos lleva a confusiones y errores de análisis? ¿Nos ayuda eso a pararnos mejor en este pequeño rincón del mundo que nos ha tocado?

Da la impresión de que Israel, como todos los Estados, es una ficha más, utilizable y sacrificable en el ajedrez del verdadero poder. Quizá al sionismo se le esté ofreciendo  la Patagonia argentina como refugio o premio consuelo por el papel que parece tocarle a Israel.

Entender la realidad requiere ordenar el pensamiento. Y ordenar el pensamiento exige ordenar los términos en los que se piensa. Sumar y agitar odios irracionales, con fórmulas del tipo “conspiración- judeo-masónica- sionista-iluminatti, pedófila-jesuítica-anglofona-etc.”, como hace cierto videodiputado, no ayuda a la claridad, a entender lo que verdaderamente ocurre.

Un dato clave. El poder económico, el  verdadero poder, no tiene patria, ni raza, ni ideología, ni religión. Ha financiado a católicos, protestantes, bolcheviques, nazis, sionistas, derechos humanos, extremismo islámico, ONGs, feminismo, ambientalismo, animalismo y pandemias. 

Ahora al parecer está estudiando chino mandarín.

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