Los políticos y el manejo del error por Oscar Licandro

La autocrítica es un bien escaso en la política. Ante los fracasos, o los resultados no esperados, son pocos los dirigentes políticos que se preguntan honestamente: ¿en qué me equivoqué? Reconocer públicamente el error muchas veces se interpreta como sinónimo de debilidad; algo así como abrir un flanco que favorecerá a los rivales. En general, no es cuestión de orgullo, sino más bien instinto de supervivencia. Es un comportamiento bastante natural en una profesión que convive con la confrontación y en la que estar a la defensiva es tan natural como respirar. El problema radica en que sin autocrítica es imposible aprender, mejorar y apuntar a la excelencia. Sin autocrítica predominan la mediocridad y la mezquindad. Sin autocrítica no es posible ganarse el respeto y la confianza de las personas a las que se les pide el voto. Sin autocrítica es imposible aspirar a convertirse en líder, porque sin ella no se pueden desarrollar algunas de las competencias básicas que requiere el liderazgo político: pensamiento estratégico, capacidad para corregir el rumbo y claridad para resolver los dilemas éticos a los que se enfrenta todo gobernante. Sin autocrítica un político sólo puede aspirar a navegar en el mar de la mediocridad.

Los dirigentes políticos recurren a diferentes tácticas para evitar el reconocimiento de sus errores. Una táctica es la que adoptan aquellos que, luego del error, hacen de cuenta que nada pasó. En estos casos sus protagonistas evitan hablar del tema, se esconden durante un tiempo y tratan de pasar rápidamente la página. Incluso, algunos se esfuman. En 2019, Daniel Martínez perdió las elecciones, luego de cometer muchos errores durante la campaña. Ese año, por primera vez en el siglo XX, el Frente Amplio votó por debajo del 40% en primera vuelta. Esa derrota fue catastrófica porque determinó el fin de un largo período de gobiernos frenteamplistas. ¿Alguien recuerda a Daniel Martínez ofreciendo una explicación de su derrota? Lisa y llanamente desapareció de escena. Más recientemente, ¿alguien escuchó a los dirigentes nacionalistas de Lavalleja, responsabilizándose por el desastre que hicieron en las últimas elecciones departamentales?

Otra táctica para no hacerse cargo de los errores consiste en negarlos.  Aunque el error cometido sea obvio, y aunque sus consecuencias les exploten en la cara, sus protagonistas persisten tozudamente en él. Se ponen a la defensiva, niegan la información que los dejó en evidencia y se embarcan en rocambolescas explicaciones. El reciente blooper de los pasaportes es un buen ejemplo de esta forma de proceder ante el error. El asunto es bastante conocido. En abril, el gobierno eliminó del pasaporte la información sobre el lugar de nacimiento; también modificó el item “Nacionalidad”, sustituyéndolo por “Nacionalidad/Ciudadanía”. A comienzos de julio se supo que los gobiernos de Alemania y Francia no permitirían el ingreso de uruguayos con este nuevo pasaporte ni les dejarían tramitar visas. El gobierno reaccionó negando o relativizando el problema. El ministro de relaciones exteriores declaró que ningún país había rechazado el nuevo pasaporte. En ese contexto, la embajada de Japón anunció que era altamente probable que también ese país rechazara el nuevo pasaporte. Nuevamente, el ministro negó que existieran problemas, lo cual fue de inmediato desmentido por la embajada japonesa. Finalmente, el gobierno terminó dando marcha atrás. Todo fue un gran papelón, que fácilmente pudo haberse evitado. En el mismo ministerio, pero en el gobierno anterior, la errónea entrega de un pasaporte a un conocido narcotraficante terminó en un lío enorme porque los responsables trataron de tapar el sol con las manos.

La tercera táctica es la de los que tiran la pelota para adelante. En este caso, sus protagonistas simulan reconocer que se equivocaron, prometen que van a realizar autocríticas, pero nunca las hacen. Estos políticos son los que suelen decir “el responsable soy yo”, pero nunca señalan de qué son responsables ni en qué se equivocaron. Ponen en práctica tácticas dilatorias, con la esperanza de que los perjudicados se cansen de esperar y se olviden del asunto. Son expertos Houdinis, especialistas en escaparse y evitar la autocrítica.

Enseguida de la derrota que sufrió el Partido Nacional el año pasado, su candidato mencionó que después de las elecciones departamentales haría un análisis de la derrota, al que calificó de necesario, serio y profundo (Montevideo Portal, 7/12/2024). En abril de este año volvió a referirse al tema, y declaró que él estaba redactando un documento de autocrítica (El País, 25/04/2025).  Luego, a principios de mayo, informó que el contenido de ese documento lo estaba consultando con parte de su equipo y que lo estaba elaborando con ayuda de politólogos (Arriba Gente, 07/05/2055). El jueves de la semana pasada, el semanario Búsqueda informó que el ahora presidente del Directorio del PN declaró que se designará una comisión delegada de la convención, cuyos integrantes “tendrán la tarea de analizar el ciclo electoral y tendrán como insumo informes técnicos —encargados a empresas consultoras— y políticos, elaborados por distintos dirigentes partidarios” (Búsqueda, 14/08). Al parecer, ya no habrá un informe de autocrítica elaborado por el candidato, sino un conjunto de informes elaborados por otras personas. ¿Cómo harán estas personas para analizar los procesos de toma de decisiones durante la campaña si no estuvieron allí? Seguramente, tendrán que entrevistar a los protagonistas, preguntarles por qué hicieron lo que hicieron y luego, analizar los resultados de sus acciones. Las autocríticas las hacen quienes tomaron las decisiones. Si otros hacen el análisis, no son autocríticas.

Finalmente, está el uso de excusas destinadas a poner a salvo de cualquier tipo de responsabilidad a quienes cometieron los errores. A menudo se utilizan excusas creíbles, fáciles de argumentar. Muchas veces se atribuye la culpa a otros. Un caso interesante de este tipo de táctica es la que ha utilizado en forma recurrente el líder de Cabildo Abierto, para justificar las macanas que se mandan los suyos (incluido él mismo). El ex senador Inventó una excusa genérica, que usa cada vez que tiene que explicar una de esas macanas: los denunciantes tienen el objetivo de atacar a Cabildo Abierto. Cuando el bochorno de las viviendas otorgadas a militantes del partido, y a personas cercanas a la ministra, el líder de CA declaró: “Lo que hicieron ahora fue cobrarse todas las que tienen atrasadas con Cabildo, no es la vivienda que se le da a una militante, una militante en miles de viviendas entregadas. No es eso, es un caso evidentemente agarrado de los pelos. Acá lo que se están cobrando es la posición de Cabildo cuando la reforma de la seguridad social y sobre todo la propuesta de Cabildo para los endeudados, que los tiene a todos muy preocupados y nerviosos” (Montevideo Portal, 8/5/2023).

También se escuchan excusas ridículas, de esas que dan vergüenza ajena. Recordemos, allá por 2017, cuando el intendente Daniel Martínez argumentó que el incremento de la basura en las calles (ésa que su intendencia recogía mal) se debía al aumento de la capacidad de consumo de los uruguayos (El País, 27/12/2017).

Cuando los políticos evitan la autocrítica se están condenando a la mediocridad. Y cuando esta práctica es algo generalizado, difícilmente pueda emerger un Kennedy, un Churchill, un Adenauer, un Mitterrand, un Batlle y Ordóñez o un Herrera.

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