LUCÍA BROCAL, periodista: La política no seduce a los intelectuales

Nos despierta muy temprano poniéndonos al día con las noticias del día en la radio y luego nos entretiene a media mañana en la tele con su desparpajo y sus comentarios incisivos. Fue una charla muy divertida con esta periodista que no se calla nada.

Por Nicolás Martínez y Alfredo García / Fotos: Mariana Ungerfeld

PERFIL:

Nació en 1987 y vivió parte de su infancia en Juan Lacaze.  Es la mayor de cuatro hermanos. Tiene dos hijos: Felipe, de 13 años, y Juan, de 8. Fue modelo y luego se volcó a la comunicación y el periodismo. Está en pareja con Leandro García Morales.

¿Cuál fue la nota que hiciste en el Banco Central cuando empezaste en Canal 4?

Le hice una nota al presidente de Banco Central, que no me acuerdo quién era es ese momento. Y estaba también Liliam Kechichian, como ministra de Turismo, y alguna autoridad más. Era la firma de un acuerdo.

Pero yo no tenía idea, caí ahí en paracaídas.

Caradura desde chica.

Claro. Fui a una entrevista de trabajo con Adrián Vallarino, gerente de Telenoche en ese entonces.

Para lograrlo utilicé un recurso que fue una vez trabajando de modelo y era en un desfile de Lolita en Punta del Este, fue Menafra con Batlle. Les hice una nota a los dos y le dije a una de mis amigas: “Sacame una foto”, porque para mí entrevistar a Batlle era un sueño. Y puse esa foto para llamar la atención en el currículum.

Fuiste rápida.

Ahora me doy cuenta  que fue una estrategia de marketing, en ese momento fue viveza criolla, pero que no sé ni cómo se me ocurrió. Y a Vallarino la foto le llamó la atención, pero cuando llegó a la entrevista me dijo si quería ser periodista de espectáculos o de moda. Yo le dije que quería ser periodista. Y ahí me preguntó cómo haría el noticiero ese día. Yo había escuchado la radio y leído los diarios y le dije cinco temas. Me dijo de hacer una prueba. Y ahí me presentó a Sergio Silvestri, que era el coordinador de Telenoche.

¿Y qué pasó?

A Sergio, que lo adoro, me dijo: “Andá ya a hacer una nota al Banco Central”. Yo llamé a Diego Sorondo, que trabajaba de periodista en ese entonces, que es mi amigo, que fue uno de los que me dijo que yo tenía que hacer periodismo. Me tiró tres piques y marché al Banco. Creo que el rostro me ha sido un gran aliado en mi carrera.

¿Tu familia te incentivaba?

Sí, mi familia me incentivó, me apoyó. Pero igual siento que es algo como muy mío, ganas de aprender, de crecer, de golpear puertas.

¿Estudiaste en el IPEP (Instituto Profesional de Enseñanza Periodística)?

Hice el IPEP y dos años de facultad, pero la dejo por la mitad, porque empecé a trabajar un montón y después quedo embarazada de Felipe.

Te casaste muy rápido. El vértigo define tu vida.

Ahora ya no. Ahora hago terapia y me calmo. Sí, todo muy rápido.

¿Te pesa llegar a los 40?

No, me pesa cero. Yo siento que estoy en el mejor momento de mi vida. Desde un punto de vista físico, profesional, emocional, vincular. Sin lugar a dudas, estoy mejor que a los 20. Me encanta cumplir años. Soy una agradecida. Realmente siento que la vida es otra oportunidad.

Sos muy polifacética. Hoy estás haciendo tres roles bastante diferentes. En Doble Click hacés periodismo en serio, puro y duro.

Se te van a enojar los de Telemundo (risas).

Me llama la atención lo descontracturada que sos en Desayunos Informales.

Sí, a mí también. Mirá, yo cuando arranqué en Desayunos estaba como un robot durante los primeros programas, era dura, tiesa, todo me daba vergüenza y tenía como muchísimo miedo de que me juzgaran. En realidad yo soy así. Creo que me inhibía más por falta de seguridad y por miedo al qué dirán. Soy divertida, payasa. Me encanta bailar, me considero una persona histriónica, me gusta lo artístico, pero también me gusta hacer una entrevista seria a un político. Me encanta la actualidad y la política y presentar un noticiero. Y creo que solté etiquetas y me influyó. Como que me di cuenta que se puede hacer todo y no está mal.

Y no perdés credibilidad.

A mí me pasó que como yo trabajé de modelo antes de ser periodista, al principio lo escondía, como que me daba vergüenza. Como que cargué mucho tiempo con buscar la aprobación como periodista.

¿Tenías que demostrar que eras buen periodista a pesar de haber sido modelo?

Como era joven, mujer, linda, tenía el modelaje… Entonces todo el tiempo sentía que tenía que dar como doble prueba. Y para mí Doble Click, si bien estuve en Telenoche, si bien pasé por El Observador TV, que fue una escuela impresionante, trabajé con periodistas tremendos e hice millones de horas de entrevistas y lo que se imaginen. Una escuela de periodismo, porque era hacer de todo.

Bueno, eso de tremendos periodistas más o menos (risas).

Gabriel, Jaime, Cecilia, Mariano, Leandro, todos. Miraba la foto, me acuerdo, y me decía: “¿Qué hago acá?”. Aparte, me llamaron porque renuncié a Canal 4. Para mí Doble Click fue como una confirmación o como un decir para mí misma y para el afuera: “No tengo que demostrar más nada. Ya soy periodista y hago buenas notas”. También creo que eso viene un poco con la adultez.

Ya estás curtida.

Claro. Y cuando te quieren atacar los básicos que van por ese lado ya me da gracia.

¿Qué te gusta hacer en Doble Click?

Las entrevistas me encantan.

Sos medio punzante, no te callás.

Intento que me respondan lo que pregunto sin que se vayan por las ramas. Intento preguntar lo que siento que la gente que está en la casa o en el auto quiere saber. Preguntar lo que no me cierra o me hace ruido, con respeto. Intento que no sea en un tono agresivo. Y me encanta entrevistar, mientras estoy haciendo la entrevista me doy cuenta cuando va a rendir, cuando está buena. Mi compañero se ríe porque tengo un radar para el título. Me acuerdo de las primeras notas de Telenoche. Tenía 20 años, llegaba a la redacción y el coordinador me decía: “¿Qué es lo más importante y cuál es el título?”. Y tenía que hacer el ejercicio. Lo disfruto como si fuera un gol de Uruguay. Es una satisfacción cada vez. ¡Con qué poco una logra la felicidad! O cuando consigo una nota de la que estoy mucho tiempo atrás.

¿Quién te costó?

Muchos. Orsi estuve toda la campaña atrás y no lo logré. Pero la primera nota siendo presidente me la dio a mí. Es un trabajo de hormiga. A veces no sé hasta qué punto la gente sabe eso de que realmente uno está buscando la fuente, manteniendo el vínculo, demostrando interés. Ahora, por ejemplo, está complicada con Negro, que estoy atrás de él hace un montón. Me dijo que sí, pero no.

Ya fue a Magnolio.

A Aire Rico, pero yo no soy Aire Rico. Yo estoy ahí, remando y remando. La verdad es que todos van y eso demuestra que Doble Click se impuso y que es respetado. Además de que nos levantan todos los medios y que nos ha ido bien en las mediciones, pero también todo el sistema político nos atiende el teléfono amablemente. Es muy temprano. A veces ellos te piden para estar.

Ganaste credibilidad.

Creo que sí. Y creo que Doble Click es un lugarcito importante para marcar agenda.

¿Con quién estás ahora? Porque cambiás a cada rato.

No, a cada rato no. Tengo una suerte con los compañeros… Cuando me llamaron Iñaki y Rafa para hacer el programa, me hicieron armar un equipo. Yo llamé a Paula Scorza y Tania de Tomas. Que es el equipo original, que las amo profundamente. Después vino Macarena Saavedra, también una excelente productora. Después estuvo Paula Barquet un tiempito y después hicimos un enroque. Paula se fue con Raúl Ponce de León y yo tuve a Juanchi Hounie. Luego vino Nico Vigliola y estoy muy contenta. Y Lucía Bentancur, que es una periodista joven que trabaja en VTV y que es una genia.

¿A qué hora te levantás?

Cada vez más tarde, seis menos cuarto. Lucía tiene carta abierta. La verdad es muy importante para mí haber encontrado una productora que tiene olfato periodístico, que ya sabe qué temas son los importantes. Después, entre los tres, charlamos sobre la entrevista o si pasa algo a último momento. Ya está muy aceitado el proceso.

¿Alguno te clavó en la entrevista?

Sí obvio, varios. Es una hora complicada. Mucha gente se duerme o pasan cosas.

¿Quién te queda pendiente para entrevistar?

A Lacalle Pou. O sea, lo agarré antes de que fuera presidente, después no. Pero me gustaría entrevistarlo. Hay que estar en la gatera para cuando vuelva.

¿Alguna entrevista fue complicada o te hizo sentir incómoda?

¿Viste cuando dicen que lo que pasó en la cancha queda en la cancha y está todo bien y es parte del juego? Para mí es un poco así. Complicadas, subidas de tono, varias. Una vez con Pablo Iturralde, cuando era presidente del Directorio del Partido Nacional, que estaba como cansado, molesto, malhumorado. Le dije: “Si no tiene ganas de hacer esta entrevista, la cortamos acá”. Y después me llamó y me pidió perdón. Cada vez menos. Pero a veces hay algunas salidas o algunas respuestas que siento que si sos hombre, no te las hacen o no te las dicen, pero cada vez menos. Pero sí hay varias que fueron picantes.

Viste que la gente después te escribe. Pero para mí eso es parte de las reglas del juego. No me enojaría nunca por algo que pasó en una entrevista. Si fue algo fuera de lugar y lo charlamos, todo bien.

Está bien. Marcás la cancha..

Sí, claro.

Hoy la mujer tiene otro rol.

Yo era un florero. Lo he dicho un montón de veces.  Por eso me fui de Telenoche. Pero era otro mundo.

No era contra mí. Te digo más, yo sentía una incomodidad que ni siquiera podía poner en palabras bien qué era, porque tampoco yo lo tenía claro. Era como: estoy incómoda, no me siento útil, me aburro, me siento pisoteada. Pero tampoco entendía bien…

Qué era lo que estaba pasando.

Ahora me doy cuenta que era todo un machirulaje.

A mí me encantó cuando contaste que ibas al Palacio Legislativo y les dabas la mano, como marcando distancia.

Eso pasa y eso me sigue pasando un poco. Yo siento que podría tener más fuentes y más cercanía con muchos políticos que no los puedo tener porque soy mujer.

¿En serio?

Sí.

¿Con generaciones nuevas o más veteranos?

A alguno hay que ponerle distancia. Algunos comentarios o unas cosas que están de más, que te alejan como fuente. Y entonces ahí termino perdiendo.

Pierden ellos también.

Te juro que es cero de feminista ni nada, pero bueno, a veces entiendo que es normal. También entre hombres se juntan a tomar un whisky o comer un asado y se da otra camaradería diferente.

Se da entre mujeres también.

Sí, entre mujeres también. Por eso yo me voy a tomar un café con Cristina Lustemberg u otras y tenés otra cosa también, por cercanía de género, porque es normal. No digo que es por machismo, es porque acaso hay otra cercanía. Es más fácil.

Igual ha evolucionado mucho la situación.

Sí, yo me siento a la par. No me siento en otro lugar de inferioridad. Para nada. Ni en el noticiero, ni en ningún lado. Ni en Doble Click, ni que hablar. Trabajo absolutamente cómoda.

¿Cómo educás a tus hijos con respecto a eso?

Creo que lo ven con el ejemplo mío y del padre en la familia. Me ven jefa de hogar. Voy, vengo, resuelvo trabajo, soy independiente. Me parece que a las nuevas generaciones no tenés que explicarles mucho. Lo ven: que son iguales. Como que hoy no hay mucha diferencia entre uno y otro.

¿Ellos viven contigo?

Viven mitad conmigo y mitad con el papá. Cincuenta y cincuenta.

¿Convivís con Leandro?

No, tenemos dos sucursales. Para mí eso es una muy buena receta también.

¿Cómo ves los medios hoy en Uruguay?

Complicados. Para mí están complicados porque me parece que se vinieron un montón de cambios muy rápido: tecnológicos, de redes y demás, que si bien como que los veíamos venir, me parece que fue muy rápido. Y siento que los medios tradicionales están realmente en un momento complicado a nivel de que tienen un gran desafío por delante, de ver cómo reubicarse, cómo adaptarse. Si bien para mí no van a desaparecer, lo que pasa es que se amplió la oferta. La torta se divide entre muchos más medios. Entonces eso te lleva a que tenés que ser más creativo en lo que vos brindás, para que la gente te elija, porque la gente tiene un montón de cosas para elegir. Y además a nivel económico también, porque la misma torta se divide entre muchas más personas, tenés que acomodarte. Entonces siento que es un momento bisagra.

¿El problema es de contenido o de forma?

Creo que un poco las dos. Igual hay público, hay mucho público y más en este país para los medios tradicionales. Desayunos informales hay señoras mayores que lo miran todos los días, que nos aman, que nos escriben, que te hablan en el supermercado y que te dan un abrazo. Y es la mayoría de la población uruguaya; o sea, eso está, no ha cambiado. Lo que pasa es que también esa señora ahora tiene un celular y de repente mira un reel y mira un rato por YouTube. La atención se dispersó. Entonces me parece que hay como un desafío de qué forma estar en los multimedios. O sea, me parece que Desayunos tiene que estar en las redes, tiene que estar el cortecito en TikTok, tiene que estar en YouTube y tiene que estar en la tele, y que la gente en todas las plataformas te pueda ver.

Que elija lo que le resulte más cómodo.

Claro, pero tenés que tener el corte. Tenés que tener la pastillita y la entrevista larga para el que le divierte. Pero es un desafío. No puede ser estar solo en vivo y ya está. Y además las redes, que las marcas van hacia el influencer y capaz no tanto en la televisión masiva, que era la forma de comunicar.

¿No son muy largos los informativos?

Es la pregunta que hacemos siempre, ¿no? Por un lado siento que son largos, pero es de las cosas que más miden en los canales y es donde quieren estar las marcas. Entonces, si como empresa es lo que más mide y lo que más te reditúa económicamente, no le voy a cortar las horas. Y además el noticiero de hoy ya no es aquel noticiero de antes, es más entretenimiento.

Se ha vuelto muy infotainment la televisión.

Por eso no es solo lo político o lo policial. Vos tenés informes y móviles de color. Informes de ciencia, tecnología. Es un combo.

Vos en Doble Click hacés solo información.

Actualidad política.

Nada de infotainment. Te falta un cómico.

Nada de nada. Es muy cortito el programa. Doble Click es una hora. Y para mí la premisa es que en una hora, cuando estás empezando el día, sea una piña en la cara que me informe de todo. Tengo las principales noticias. Me informo qué está pasando y tengo la entrevista del tema más importante del día. Eso es como la premisa. Que a veces no es fácil en una hora.

¿Cómo te informás vos?

Bueno, en las redes. La web de Telemundo, Subrayado y todo. Además, la radio, cuando estoy en el auto. O Sarandí, nosotros o Carve. Pongo para ver qué hace la competencia. Pongo uno y otro, pongo, escucho o hago zapping a ver si hay una nota que me interesa. La dejo. Me encanta la radio.

¿A quién copiás?

No, no es copiar. Está todo inventado. Pero sí me gusta escuchar a los colegas. A ver si hicieron lo mismo que nosotros o fueron por otro tema. Bueno, ahora Aire Rico me encanta, así que, si puedo, lo escucho. Y después los diarios, todo por la web. Miro programas de YouTube, documentales y otras cosas.

¿Seguís la política internacional?

Sí, cada vez estoy más informada de lo internacional.

Además, es más fácil acceder a la información, y todo lo de Estados Unidos me interesa mucho.

La información internacional que tenemos localmente es escasa.

Sí, es escasa y también a veces lo nacional está tan chaucha que creo que me divierto más con lo internacional.

¿Qué estás leyendo ahora?

Mir, ahora estoy con Petrodiplomacia, de Natalevich.

Está muy interesante porque te cuenta todo el vínculo diplomático entre Uruguay y Venezuela. Toda la previa de Chávez como hasta llegar al poder y cómo fue forjando toda América Latina con sus lazos para hacer toda una red. Todo el negocio que se hizo con las casas, está buenísimo. También estoy con Nexus, de Yuval Harari.

¿Leíste algo más de él?

Sapiens. Son interesantes algunas cosas que dice, me hizo pensar. Pero intento mezclar libros de esos y alguno más de política. Antes de Petrodiplomacia, me leí el de Mujica: Una oveja negra al poder.

¿Qué sentiste cuando murió Mujica?

Bueno, me parece que fue como un momento emotivo para todos. Yo sentí como que toda la sociedad estaba emocionada o conmovida. Después, a nivel de mi profesión uno aprende bastante, no sé si a volverse frío, pero como a tener cierta distancia de las cosas. Pero bueno, fue muy conmovedor. Todas las reflexiones que hicimos. Ver a la gente dejar sus ofrendas, los abrazos de Lucía Topolanski con las personas. La parte humana de los políticos. Un hombre que impactó tanto en nuestro país como que me conmueve y me siento privilegiada de ser parte, de estar en primera fila de esas cosas. Qué fuerte vivir esto y vivirlo tan de cerca.

¿Llegaste a hablar con él?

Sí, sí. De hecho, cuando ganó las elecciones Mujica a mí me tocó cubrir el Frente Amplio con Marcelo Irachet, que fue mi primera cobertura de elecciones, que las disfruto muchísimo, me encantan. Y al otro día de las elecciones yo tenía que entrar muy temprano y me mandaron a la chacra a las siete de la mañana y caí ahí. Golpeé las manos y me atendió. Me decía: “Ay, flaca, te mandaron tan temprano por acá. Ni dormiste vos tampoco”. Varias veces hablé con él. Fui a perseguirlo por donde te imagines. En el bar De Vida, por todos lados.

Era súper accesible para todo el mundo.

A veces me río porque la gente que está de un lado o del otro tiene sus percepciones. “A Lacalle lo siguen a todos lados adónde va”. Sí, y a Mujica lo seguí a todos lados. Porque donde esté el presidente, vamos. No importa el partido.

Cualquiera de los dos daban titulares siempre.

Todo el rato. Me acuerdo que tuvimos una charla con un amigo que me decía por qué mandamos al móvil aquella vez que fueron a comer al Facal, estratégicamente, Lacalle y Álvaro Delgado, previo a las elecciones. Y le recordé de Mujica comiendo con Astori en otro lado y nosotros hacemos lo mismo.

Te acusan de todos lados, ¿no?

A esta altura me resbala. Antes me afectaba. Me daba rabia. Porque a veces leés un comentario en X que te dicen: “¿Mirá cómo preguntás eso?”. Y como que me daba rabia y quería explicarle y le ponía una entrevista anterior y ahora no me importa. Me da risa la gente que te pone: “Ensobrados en busca de un cargo”.

Mucha fantasía.

A mí en la radio nunca jamás nadie me dijo qué tengo que preguntar o qué tengo que hacer. Trabajo con absoluta libertad y uno puede hacer una mejor o peor entrevista. Uno puede decir: “No le preguntaste esto”, pero esas teorías conspirativas de que atrás tengo interés en algo, me hacen mucha gracia.

¿Cómo te definís ideológicamente?

Cada día más alejada de la esperanza de creer en la política.

Estás todo el día metida trabajando con políticos y decís eso, ¿por qué? ¿Tan decepcionante es?

Porque creo que hay muy buenas personas con buenas intenciones y buenas ideas. Pero después termino viendo cómo llegan y el sistema y la vorágine del día a día. El ego y todo los termina devorando. No a todos, pero sí a la mayoría.

¿Ideológicamente, cómo te definís?

De centro. Porque me siento realmente de centro. No me identifico con ninguno de los dos. Puedo decir: “Qué bueno está esto”, sin ningún tipo de prurito. Y veo cosas buenas de los dos lados. Y veo ideas o propuestas que están buenas de ambos lados. También disparates de ambos lados y manejos calamitosos de ambos lados.

A esta altura tenés casi veinte años de periodismo, ¿bajó el nivel de los políticos?

De los políticos, sí; yo entiendo que sí.

No leen, no se forman. ¿Qué pasa?

Yo creo que los intelectuales y la gente preparada no se ve seducida por la política y se termina yendo al sector privado y a hacer otras carreras. Y cada vez hay menos intelectuales. Me parece que hay como un descreimiento general del sistema político. Hay una discusión y un intercambio muy superficial, muy superfluo, que hace que todo el tiempo estemos en la chiquita. Eso hace que haya como una cosa de hartazgo. Si tenés senadores de la República que están tuiteando cualquier cosa, hablándose de forma sumamente irrespetuosa… Me parece que eso no hace que gente inteligente y respetuosa se acerque.

¿Tiene que ver con que accede cualquiera a un cargo político?

Es un poco más general. En realidad, a nivel de educación en general, todo el país está peor. Entonces también eso se ve reflejado en la sociedad. No sé si es que accede cualquiera. Siento que hay un fragmento de políticos que quieren acceder porque de verdad quieren cambiar la vida de la gente. Siento que antes estar en la política te daba orgullo, era una cosa de cambiar la vida de la gente. Y después pasan un montón de cosas que se va desprestigiando tanto el nivel del político: corrupción, malos manejos, salidas que decepcionan… Se fue como desgastando la figura y se fue como empobreciendo. Es interesante analizar si es una cosa producto de la sociedad y también de la falta de liderazgos. Si no hay líderes que encanten a esas personas inteligentes e intelectuales para que se acerquen. Antes tenías a un Sanguinetti…

O Jorge Batlle. Mujica con su estilo, el viejo Lacalle, Lacalle Pou tiene algo de eso.

Tiene, sí.

Siendo un ignorante, logró atraer un montón de intelectuales.

Es verdad, sí.

¿Es verdad que es un ignorante? (risas).

No, es verdad que Lacalle Pou tiene, para mí, el estilo y la forma de hacer política de antes. La vieja política aggiornada. Creo que eso lo hace ser muy buen político, que es un tipo joven que se adapta un poco más a lo moderno. Es un tipo que vos hablás y tiene un vocabulario, tiene conocimientos, te habla de lo que sea y sabrá más o menos, pero no mete tanto la pata como…

¿Orsi? (risas).

Me vas a hacer pelearme con todos. Son otros estilos.

¿Cómo ves al presidente actual?

Creo que Orsi es como es. Es un buen tipo. Un tipo campechano, transparente. Que por momentos.

siento que le pesa un poco la investidura. Por momentos se ve como desbordado. Pero bueno, fue el primer año. Se está acomodando.

No, es que estamos buscando la figura del padre. El presidente que tiene las respuestas a todo.

Para mí no tiene que tener respuestas a todo, pero cuando habla tiene que hacerlo bien, no equivocarse, o hacerlo lo menos posible. Para eso tiene asesores, tiene un equipo. No hay que hablar siempre. Me parece que hay mecanismos y herramientas para hacer las cosas bien. No puede saber de todo, pero tenés un montón de gente que trabaja para vos. Tenés que estar bien rodeado, asesorarte bien, saber cuándo es conveniente hablar y cuándo no es conveniente. Me parece que, a veces, el exceso de hablar puede ser riesgoso.

O derrapás.

Claro. Es normal comparar con el que recién fue presidente. Son estilos muy diferentes. No es mejor ni peor, es diferente. Tiene otra impronta. Pero bueno, entiendo que hay sectores del Frente Amplio o del gobierno a los que les gustaría que sea más contundente con algunos temas. Entiendo que desde la oposición se critique o se lo tilde, porque es lo más fácil de hacer o lo más obvio, de tibio. Pero es su estilo.

Y ya dijo que no va a cambiar.

Y que se va a seguir equivocando.

¿Qué rol tienen que jugar los medios de comunicación en nuestra sociedad?

Informar y ser un canal de comunicación entre lo que pasa, entre los hechos y la gente. Mostrarle a la gente fotos de lo que está pasando. Ese es mi parecer. Por ejemplo, yo entrevisto a los protagonistas y la gente después que saque sus conclusiones dónde está la verdad o no. Tener todas las voces, tener la mayor cantidad posible de protagonistas, de información y que la gente saque sus conclusiones. Para mí no tenemos que convertirnos en Argentina y ser opinólogos de absolutamente todo, de cada cosa y estar poniendo intenciones a todos.

Pero vos opinás.

Alguna vez, en algunos temas. Lo menos posible. No me gustaría convertirme en una opinóloga de todo, todo el día. Algún comentario, pero después me parece que la gente es sumamente inteligente.

¿Valen lo mismo todas las opiniones?

No es lo mismo. Si vamos a hablar de efecto invernadero, y hay un tipo que estudio veinte años, imaginate, yo no tengo ni la menor idea. Mi opinión al lado de él no es lo mismo. Que es válida cualquier opinión, que vos podés opinar, perfecto, pero no es lo mismo.

¿Hay censura en Uruguay?

Algo de censura hay.

¿En los medios? ¿O es autocensura?

Bueno, es interesante. En algunos temas es autocensura, en temas que pueden ser delicados. Y después, en otros, hay un poco de censura muy solapada.

¿Vos te autocensurás?

En alguna cosa, sí.

¿Cuáles?

 Paso.

Dijiste que nunca te dijeron de qué podés hablar. ¿Por qué te censurás?

Porque hay algunos temas que no me siento con herramientas suficientes para abordar o tocar. Hay cosas que si no tengo la información suficiente para opinar o para hacer una entrevista, prefiero no hacerlo. Me parece también que es autocuidado y responsabilidad. Después hay cosas o temas o personas que también uno decide no abordar. Que no suman, que no valen la pena. Me parece que es seguir fomentando personajes que no le hacen bien a la democracia uruguaya. Entonces también tomo ciertos recaudos o decisiones.

¿Cómo te preparás para una entrevista?

Leo. Busco atrás entrevistas que hayan hecho recientemente, busco información, mando mensajes.

Además, las entrevistas son cortas en Doble Click. Entonces tengo que ser muy quirúrgica. No tengo mucho tiempo para explayarme mucho. Ese es un debe que tengo, de tener algún espacio con entrevistas más largas. Es un arte entrevistar rápido y conseguir algo, porque cuando hay que ser rápido no puedo pasar mucho la mano por el lomo. Le pido mil disculpas pero voy al hueso de una.

Y te da resultado.

Y bueno, por ahora sí.

¿En algún momento alguna te fracasó?

Entrevista que no rinde. Sí, obvio.

¿Te gustaría tener un programa de entrevistas más largas en radio o televisión?

Sí. En televisión o en algún medio visual.

Está de moda el streaming, ¿no te atrae?

No, ahora no. Siento que colapsó un poco el streaming, como que se saturó. Hay entrevistas de lo que pidas.

¿No lo notás medio flojito al streaming que se está haciendo en Uruguay?

Sí. Bueno, hay streaming de entretenimiento, de cocina, streaming de básquetbol, de fútbol, de lo que pidas. Notás que no rinden, hay todo el  tiempo. Del otro lado tenés una persona, entonces a veces tiene ganas de hablar o no tiene, o está en un mal día o está trancada la entrevista. Las que te súper rinden son las menos.

Esta, por ejemplo.

No te dije nada jugoso. Estoy curtida de decir cosas que después me arrepiento.

¿Qué tenés tatuado en el brazo? ¿Qué dice?

“Estoy viva y estoy respirando”.

¿Y el otro?

Es una frase de una canción de Bob Marley: “Satisfy my soul”.

¿Sos creyente?

No.

¿Y por qué ponés “alma”? Explicame eso.

Esto es por todas las personas que siento que llegan a la vida de uno y que te alegran la vida, el alma, que te hacen bien.

Nombrame tres, sacando a tus hijos.

Ahí tenía dos. Mis hermanos me alegraron el alma también. Mi abuela.

¿La de Juan Lacaze? ¿Seguís yendo?

Sí, pero voy poco. Una vez me puso uno: esta es del Frente Amplio porque es de Juan Lacaze.

¿Hacés algún deporte?

Yo entreno todos los días a las tres y media de la tarde. Salgo del canal y voy a un gimnasio donde hago fierros.

¿Cómo sabés tantas canciones?

No tengo ni idea. Tremendo. Pero tengo mucha memoria para las canciones. No sé por qué. Te juro que es impresionante. Es un don. Me encanta la música. Tengo 39 años y no hay lugares para ir a bailar. Me encanta bailar pero también me encanta quedarme en el sillón mirando una serie.

¿Qué estás viendo?

Bueno, ahora estamos con un problema de falta de series. Ya las vimos todas, es un desastre. Y películas, ponés una y a los diez minutos ves que es un embole. ¿Qué fue lo último que vimos? Bueno, con Leo nos copamos mucho con todas las de época, como 1883, todas las de cowboys, Yellowstone, todas esas.

¿Tenés alguna persona que te haya marcado en tu vida?

No sé si una, tengo varias personas. Diego Sorondo es uno. Era amigo de un novio que yo tenía y nos hicimos muy amigos. Y fue como la primera persona que confió en mí, y que sabe, que me vio pasta para esto, que me dio oportunidades y consejos. Es una persona que quiero mucho. Un tipo bueno, honesto, trabajador, que siempre tiene un consejo adecuado para darte. Después, cuando trabajaba en Telenoche, Sergio Silvestri fue un gran jefe. Es humano, querible, que de periodismo me enseñó un montón. Esa gente entrañable, que sentís que pasa la vida y te lo cruzás y te da felicidad verlo. Porque crecí con él, lo adoro.

¿Vos sos una de las que tiene el club de amigas periodistas?

Sí. Bueno, algunas son amigas y con otras nos llevamos muy bien.

¿Quiénes son?

Mi más amiga es Paula Scorza. La amo con toda mi alma. Paula es de esas personas que querés tener siempre cerca. Para hablar de periodismo, para hablar de la vida, de lo que sea. En realidad me llevo bien con Patricia, con Magui. Bueno, Caro Domínguez, que se fue del país, es una de mis mejores amigas, que nos hicimos íntimas en Canal 4. Es una genia, la quiero mucho. Aparte, crecimos juntas y fue, para las dos, un desafío entrar a Canal 4 muy chicas y nos unimos ahí contra las adversidades.

¿Estás en la APU?

No. Siento que han pasado cosas que no han reaccionado como a la altura. En otras no comparto las cosas que dicen. Entonces prefiero no estar.

¿Cómo ves el sindicalismo en Uruguay?

Me parece que el sindicalismo fue muy necesario para lograr derechos para los trabajadores en un mundo que estaba absolutamente desfasado a favor del empresario y del sector empresarial. Pero a veces el péndulo se va demasiado al extremo. Bueno, siento que en algunos casos se ha ido un poco al extremo, en algunos sindicatos están un poco de vivos en algunas cosas y que eso termina perjudicando al trabajador.

¿Enseñanza?

Claro, lo que pasa es que ahí como que termina siendo un sector muy chiquito. Porque después ves las asambleas y cuánta gente va, cuánta gente vota, termina siendo como un grupo muy reducido. ¿Hasta qué punto representa el sentir de todos? Entonces, claro, la gente al no ir y no votar deja que esos pocos tomen las decisiones.

Claro, pasa en todos lados, incluso en la prensa.

Pero lo que pasa es que si no estás afín y no compartís, es bravo. La otra vez veíamos con el sector de la pesca que estuvo bravo. Vos hablás off the record con los empresarios y te cuentan de un montón de situaciones que pasan, que están jodidas, que pasan los límites de lo moral, de lo ético. Decís: qué pena, ¿no? Porque herramientas que tienen que ser válidas, que son muy buenas, muy necesarias y bien utilizadas son fundamentales… Pero, como todo en la vida, hay gente que las corrompe. Bueno, el sindicato de la construcción, con un fin solidario, y vos tenés gente que está agarrando esa plata y gastándosela.

Eso destruye la estructura.

Destruye la herramienta. Me parece que algunos sindicatos se terminan yendo demasiado al extremo y terminan erosionando lo principal.

¿Perspectiva de trabajo futuro? ¿Nunca hiciste periodismo escrito?

No. Yo no digo que no a nada. Todo puede ser. Me siento afortunada de la vida que tengo en el trabajo.

No es fácil vivir del periodismo en Uruguay.

También trabajo con mis redes. Es difícil mantenerte acá solo con periodismo. Hago conducción de eventos aquí en Montevideo.

¿Vos hablás inglés?

Poco, por eso quiero que mis hijos hablen. Van al colegio bilingüe.  Yo no tuve la oportunidad porque fui al liceo público. Al 16 y al Bauzá.

¿Tuviste a Bianchi?

La tuve de directora. Siempre lo he dicho: que Graciela, como directora del Bauzá, fue excepcional. Yo me acuerdo. De hecho, mi mamá es profesora de Historia, ahora se jubiló, pero era profesora de historia en el Bauzá con Graciela. Y también tiene el mismo concepto de que era una buena directora, porque las cosas funcionaban muy bien. Todos derechitos. Era un liceo muy grande, con muchos estudiantes y andaba bárbaro. Sí, era buena directora.

¡Qué interesante!

Era otra Graciela Bianchi, me parece que pasaron un montón de cosas en su vida, como a todos.

¿Planes de futuro?

Seguir manteniendo este equilibrio de vida y de paz. Tener salud. Poder vivir de lo que me gusta, que esté bien la gente que me rodea. Me gustaría seguir creciendo profesionalmente, pero a veces cuando me viene la ansiedad pienso que todo lleva su tiempo.

Se te dio todo muy rápido también.

Bueno, no te creas que tan rápido. Fueron años. O sea, todo va como en etapas. No es que de un día para el otro.

¿Es tan botón Valentín como parece?

Es lo más grande. ¡Qué compañero! Lo que yo me divierto. No tienen ni idea. El personaje de Valentín es terrible. Es muy divertido. Es un gran apoyo. Espalda con espalda. Y es un placer. Trabajo muy bien con él. Me siento muy cómoda.

¿Le ves futuro a Uruguay?

Sí, sí. Sabés que me acuerdo perfecto que una vez me pasó que en el noticiero tuvimos un día de una pálida tras otra –no sé cuántos asesinatos, todo el tema del narcotráfico–, y me fui re angustiada. “¡Pah, qué país  les voy a dejar a mis hijos!”, me fui súper negativa. Y de tarde tenía que conducir un evento en la ANII, y me encontré con un montón de jóvenes con unos proyectos, con unas cabezas, unas ganas de mejorar el país, de mejorar la educación, la salud… No está todo perdido. Hay un sector que sí, pero tenés todo este otro Uruguay precioso, de gente talentosa y solidaria, preparada, intelectual y universitaria. Yo amo Uruguay, le tengo tremenda fe a que vamos a crecer. Tenemos desafíos muy grandes, que son los mismos desafíos que tiene el mundo entero y toda Latinoamérica, que es el narcotráfico y todo lo que eso para abajo hace a nivel de las adicciones, de la salud mental, de la violencia. Pero somos un país chico. Realmente siento que tenemos herramientas para poder progresar.

Que es manejable.

Es abarcable, que no es un número enorme. Pero hay que atacar la primera infancia y hay que hacer acuerdos políticos a largo plazo que trasciendan los gobiernos. La situación del INAU no puede ser la que es. Los chiquilines no pueden estar institucionalizados en situaciones nefastas. Son cinco mil chiquilines. No lo podemos permitir. La pobreza infantil no puede ser la peor en los quintiles más bajos. No puede haber deserción escolar, no podemos permitir que se vayan de la escuela. Me parece que es un país que tiene un montón para avanzar.

¿Recomendarías a futuros periodistas que vayan a la Facultad de Comunicación?

Sí. A mí me quedó a medio hacer y me quedó en el debe. Yo fui a la Udelar, cuando era en el Buceo, en los contenedores. El cartel de bienvenida del primer día decía: “Suerte en pila”. Ahora, cuando voy a la facultad nueva, digo: “¡Qué linda facultad!”. Yo pienso que la voy a terminar algún día. ¿Sabés qué no te dije? Mi debe es hacer Ciencia Política. Que la voy a hacer. Ya me anoté dos veces y no lo logro.

Brocal 2034.

Me veo más como una Mariana Pomiés, me encantaría ser politóloga. Y me parece que le sumaría mucho a mi profesión. Me parece que siempre está bueno tener una base de estudio de comunicación, te da un montón de herramientas, cultura general, una visión global que es necesaria. De ahí en adelante la podés nutrir con millones de cosas más. Pero si la pueden hacer, háganla. Y aparte hay una facultad preciosa, aggiornada. Sí, la facultad hay que hacerla. Te hace estudiar, relacionarte con otras personas, discutir, pensamiento crítico, todo. Para mí es importante. Yo me arrepiento, pero la vida me fue llevando por otros lugares, la oportunidad de trabajar muchas horas más, tener un hijo, me fue llevando, pero lo tengo como un debe ahí en la heladera.

¿La inteligencia artificial es una amenaza para el periodismo?

Yo creo que las personas son insustituibles. Esto es insustituible. Después van a venir un montón de chirimbolos, pero creo que al fin del día hay cosas que no se sustituyen. Lo que sí es un desafío para los periodistas es no comernos tres fake news por día.

Porque todo es cada vez más real y vamos a tener que poner mucho cuidado en la verificación de las noticias y en chequear para no meter la pata. Porque son un montón de cáscaras de banana que cada vez van a estar más a la orden del día. A veces me sorprende, el ABC del periodismo es ir a las fuentes, llamar a tres personas. Prefiero no dar una primicia.

Hay varios popes que han metido la pata.

Y para mí te perjudica mucho más en tu credibilidad como periodista hacer eso por el afán de lograr una primicia. Eso lo he aprendido con todos los que he trabajado, y me parece ley. A ver, no te voy a mentir, si tenés una noticia que está buenísima en tu mano, que es una bomba si la largás… Pero prefiero no darla si no estoy segura, porque me muero de la vergüenza de tener que retractarme. Prefiero hacer una buena entrevista al otro día de ese tema chequeado.

¿Hacés la entrevista siempre por teléfono o van?

Bordaberry es uno que va, te da la nota y va. Ya sé que algunos van. En realidad la nota presencial es mucho más linda y es mucho mejor. La prefiero toda la vida. Lo que pasa es que no lo hago presencial simplemente porque la mayoría de la gente me lo hace en pijama, en pantuflas, mientras se revuelve café con leche, literal, en su casa. Entonces es mucho más fácil que te den la entrevista así, que los haga ir al estudio.

Si tuvieses la oportunidad de entrevistar a un personaje político que ya no está con vida, ¿quién sería?

Creo que a Jorge Batlle. Una entrevista así, larga y tendida, de su vida, de todas las peripecias. ¡Qué tipo tremendo, divertido, que vivió de todo! “Contame, Jorge, cuando dijiste eso de los argentinos, ¿en qué estabas pensando?”. “¿Qué pasó por tu cabeza cuando hablaste con Bush?”. Me parecía divertidísimo, era un tipo muy histriónico. Mi abuelo materno, que era colorado, lo quería mucho. En mi familia materna eran colorados, anti Frente Amplio. Mi familia paterna, Frente Amplio, exiliados en la dictadura. Imaginate qué lindos almuerzos de domingo.

Divertidísimo. Volaban los ravioles.

Literal. Después, con los años, aprendí cuándo y con quién hablar cada cosa.

¿Cómo titularías esta entrevista?

Doble click en Lucía Brocal.

Medio chuminga saliste titulando.

Buscando no pisar el palito o cómo evitar que me relajen en X (risas).

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