LULA, el inefable

                                                       

Un año atrás, en la XVI cumbre de los BRICS, Nicolás Maduro se presentó en Kazán, con la convicción de que su amigo Lula le pondría una alfombra roja para ser recibido como el próximo miembro de esta comunidad tan peculiar. Pero no sucedió lo que Maduro había imaginado. La reunión se produjo en el mes de octubre de 2024, pero el 28 de julio había sucedido algo que cambiaría la percepción que se tenía del gobierno chavista de Venezuela: La oposición había conseguido demostrar que el gobierno de Nicolás Maduro había cometido un fraude monumental, y esa demostración no había quedado en las denuncias casi genéricas de todas las veces anteriores. En el correr de la madrugada la oposición había hecho llegar a todos los gobiernos del mundo, instituciones, ONU, etc. las copias de más del 70% de las actas escrutadas. Entre julio y octubre, por primera vez en la historia de las elecciones venezolanas, en las que había participado el chavismo, éste había sido sorprendido en flagrante delito.

La denuncia de fraude electoral ocupó buena parte de las noticias internacionales, y en la preparación de la cumbre que analizaría la incorporación de Venezuela hubo un sondeo por parte de los integrantes de los BRICS para conocer la veracidad que tenían las noticias. El embajador de Venezuela en China mantuvo una reunión con el embajador indio en ese país, integrante de los BRICS, para explicar la posición oficial de Venezuela sobre el conflicto en desarrollo. El embajador Giuseppe Yoffreda transmitió al embajador indio, Pradeep Kumar Rawat: “El Embajador expuso el plan insurreccional de la extrema derecha y la violencia generada en el país, así como el uso de las redes sociales para fomentar situaciones violentas, con el propósito de derrocar al Gobierno legítimamente electo por la mayoría del pueblo venezolano.” (EsNoticia, Ve. 28/8/2024.

Pero la posición de la India fue de cautela, apoyándose en la posición de Brasil antes de tomar una decisión. Lula le hizo saber al gobierno venezolano que la presentación de las actas era una condición imprescindible para avanzar en la integración de Venezuela a los BRICS. Maduro, lógicamene, en lugar de las actas agitó, con insistencia, los mismos argumentos que ya Venezuela le había hecho saber al gobierno de la India. Maduro presionó a su amigo Lula pero éste no pudo esquivar ser el foco de la prensa internacional y se mantuvo firme en su posición respecto a las firmas. Una vez pasada la instancia de ser admitida en los BRICS, Lula no podía dar marcha atrás y no la dio, creándole a Maduro una situación muy complicada, porque la oposición, no solo había ganado credibilidad con la presentación de las actas verdaderas sino porque su amigo Lula ya no se podía bajar de su posición pública de exigirle las actas para poder reconocer al gobierno de Nicolás Maduro, pero también debía saber que esa era una vía muerta. Maduro no presentaría las actas porque eran la verificación del fraude. Lula, por tanto, sabía y sabe muy bien que su amigo Maduro hizo trampa y las venía haciendo de forma sistemática, escondido atrás de un discurso progresista, un discurso tan inmoral como el de los Kirchner.

Si bien es cierto que Brasil bloqueó la entrada de Venezuela a los BRICS también es cierto que sus amistades políticas son tóxicas. Se ha presentado como el gran componedor internacional. Se presenta en todos lados como el mediador del diálogo, pero en realidad, parece ser el abogado de oficio de gobiernos impresentables, como Rusia, a la que quiso representar frente a Ucrania, y a esta, para empezar a conversar, le comunicó que tendría que entregar Crimea, arrebatada por Rusia en 2014. Encantado de pertenecer al selecto grupo de los BRICS: Rusia, China, Sudáfrica, India y Brasil; el resultado de un casting de grandes países que tienen un común denominador: Las debilidades institucionales y un alto índice de desigualdad social.

En las actuales circunstancias, donde no hay casi tiempo más que para definir un compromiso con el respeto a las reglas del juego, Brasil se sigue desmarcando con una sentencia que implica juzgar el inevitable desenlace al cumplimiento del resultado electoral del 28 de julio de 2024, y vuelve a insistir en la salida a través de un diálogo. Maduro hizo malabarismos en cada mesa de diálogo y así, tanto él como Chávez, desvirtuaron el sentido de la coexistencia democrática. Ya no hay tiempo, y la voz de Lula suena como la de un guía en un museo vacío.

En la reciente cumbre de la Celac-UE, Nicaragua y Venezuela no firmaron la redacción final del documento, argumentando la mención que se hacía a la guerra Ucrania-Rusia. ¿En qué condiciones, Lula pretende que se inicien negociaciones para evitar que Estados Unidos no fuerce la salida de Maduro por la vía militar sí el mismo no ha sido capaz de convencer a su amigo Maduro que estas circunstancias hay que evitarlas desde mucho antes que las trampas a las siempre frágiles democracias regionales se vuelvan metástasis?

Su propio país, Brasil, parece irremediablemente dominado por esos dos fenómenos tan mortíferos como las propias dictaduras: el populismo y el narcotráfico.

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