El 26 de marzo, en el MNAV (Museo Nacional de Artes Visuales), María Eugenia Grau (Docente de Historia y Literatura egresada del Instituto de Profesores Artigas. Docente de Historia del Arte en la Facultad de Humanidades y Ciencias (UdelaR). Actualmente se desempeña como historiadora, investigadora y curadora en el MNAV), volverá a brindar la conferencia que dio en Fundación Cervieri Monsuárez en febrero de este año: “Planismo e Imaginarios nacionales”.
Petrona Viera (Montevideo, 1895 – 1960) Fue la primera de once hermanos, hijos de Carmen Garino y del político batllista Feliciano Viera. A los dos años padece una enfermedad (posiblemente una meningitis) que la deja sorda. Sus padres contratan a la maestra Madeleine Larnaudie, quien oficia de instructora estudiantil de su hija. Según cuenta Raquel Pereda, biógrafa de Petrona Viera y estudiosa de su obra, la maestra lentamente le enseña a entender lo que se le dice, a reaprender los nombres de los objetos familiares, le enseña a pronunciar palabras. Como queda registrado en la obra de Petrona, fue fundamental que la familia tuviera la oportunidad de mudarse a una casa rodeada por un gran jardín en la venida 8 de octubre. Esta propiedad se convirtió en punto de reunión de lo más distinguido de la sociedad montevideana del momento. Alrededor de los veinte años, Petrona comienza a tomar clases con el pintor catalán Vicente Puig y más tarde con el Artista Plástico Guillermo Laborde, reconocido pintor, escultor y diseñador. Es su nuevo docente con quien incursiona en el Planismo. El Planismo surgió en el Círculo de Bellas Artes que fuera fundado en 1905 por el pintor Carlos María Herrera. Hasta la formación del círculo, la mayor parte de los artistas se formaban en el extranjero. Como parte del proceso de modernización que atraviesa el país, las mujeres tienen por primera vez cursos de formación artística y quienes terminan los cursos tienen la posibilidad de un perfeccionamiento en el extranjero mediante la obtención de becas de estudio estatales. El Círculo se transforma en un centro de intercambios de ideas, puntos de reunión y lugar de conferencias. El nombre de “Planismo” se debe al crítico y escritor Eduardo Dieste, quien lideraba la agrupación de carácter interdisciplinario “Teseo” a través de la cuál concedió el mayor apoyo teórico respaldando las nuevas tendencias y los nuevos valores. La pintura planista era realizada en base a planos de color, planos cuyos bordes interactúan y aparecen más o menos facetados según el autor. La intencionalidad es hacer una pintura no volumétrica, con un dibujo austero en detalles y tendiente a cierta geometrización. Las figuras aparecen así recortadas. Para el pintor planista “tan primordial es la figura como el fondo, el centro como el ángulo más alejado del centro de la tela”. La pintura planista no incursiona en el claroscuro. El color, ausente de modelado, es generalmente utilizado puro; a menudo el cromatismo es vibrante. Si bien algunos autores hablan de “modalidad” y no de escuela, el Planismo fue tan importante que a fines de la década del 20 se hablaba ya de una Escuela de Montevideo. La difusión que adquirió a través de clases y talleres del Círculo de Bellas Artes tuvo, sin duda, importancia en su expansión. Esta experiencia estética introducida por José Cúneo alrededor de 1920, fue adoptada en forma casi inmediata por otros autores desde el Círculo de Bellas Artes. La mayoría de los pintores de la época pasaron por una experiencia planista en algún momento de su trayectoria plástica. Entre ellos: José Cuneo, Carmelo de Arzadùn, Humberto Causa, César Pesce Castro, Alfredo de Simone, Domingo Bazzurro, Guillermo Laborde, Melchor Méndez Magariños, Andrés Etchebarne Bidart. La obra planista de Petrona Viera se extiende más allá de la década del 30. En 1923 hace Petrona su primera exposición pública en Montevideo. También expondrá en Buenos Aires en 1931 y en París en 1938. A partir de 1943, Petrona trabaja con el profesor Guillermo Rodríguez, con quien explora otras técnicas entre las que se destaca el grabado tanto en metal como en madera. Uno de los motivos comunes entre los planistas son los retratos de familiares y compañeros. En la pintura de Carmelo de Arzadùn o Petrona Viera se destacan las obras que retratan niños y sus pasatiempos. En la obra de Viera además puede disfrutarse de paisajes y una serie de desnudos. A pesar del semi encierro (no salía de su casa sin compañía), Petrona desarrolló su actividad artística con gran solvencia. A finales de 1950 Petrona se encierra en su casa. Los motivos de sus pinturas y grabados, de pequeño formato, han cambiado a flores y pájaros. Apenas se recupera de una operación urgente de un cáncer que la aqueja, regresa a su casa en dónde destruye parte de su obra y clasifica el resto. Fallece seis meses después a los 65 años.
“El cuentito” (Petrona Viera- 1926)


