Mercado, perreo y demagogia por Jorge Alastra  

El reguetón domina la escena del mundo. Y digo “escena” porque su música es parafernalia y no es lo más importante de este género que tiene larga data, pero que parece que concita el gusto de millones de personas alrededor del mundo. El domingo 8 de febrero se presentó Bad Bunny (Benito Martínez Ocasio) en la fiesta popular máxima de California: el Super Bowl. La propaganda de esta presentación pos-Grammy fue de las más potentes que recuerde sobre la presentación de un músico, y quizá supere a la de cualquier candidato político del mismísimo EE. UU. Pero el estruendo no significa valor en sí, la manija pseudopolítica y latinoamericanista, tampoco. La presentación de BB no fue un hecho especial. Obedece a la rutina de esta fiesta que empezó a presentar a artistas negros y latinos por arte y magia de la productora Roc Nation (propiedad del rapero Jay-Z), obedeciendo a una demanda sociopolítica. En 2016, un deportista negro del equipo San Francisco de la NFL llamado Colin Kaepernick, se puso de rodillas durante la emisión del himno nacional como protesta a la violencia racial del gobierno. La causalidad es que el que gobernaba en ese entonces era nada menos que el actual presidente y fue tal la persecución hacia Kaepernick que terminó alejado de las competencias. Como en EE. UU todo es mercado (vida, muerte y espíritu), la audiencia del SB fue desapareciendo, y rápida y raudamente se trató de lavar la cara colocando a artistas negros y latinos, para que la audiencia regresara a la TV. Lo que sucedió el domingo en el descanso del SB no fue un milagro ni una conquista latina, pero fue utilizada por BB y su productora como plataforma personal. ¿Qué diríamos si un candidato político se mandara ese espectáculo? Lo menos que diríamos es que estamos frente a un demagogo profesional. BB viene de lograr la “hazaña” de ganar el Grammy destinado a artistas estadounidenses, ese es el concepto de calidad que ofrece. El mercado latino domina los EE. UU hace décadas, y la música descartable de BB calza perfecto con el sentir y las apetencias del público estadounidense, entonces no tiene nada de extraño que ese sonido impregne en este momento a aquella sociedad. Una música que se volvió masiva siendo especialmente aburrida, carente de ideas y redundante, con textos misóginos y vacíos, pero que según el propio BB encarnan la cultura boricua y “latinoamericana”. El dinero manda en todas las acciones cotidianas de un ser humano, y cuando existe en cantidades industriales, se puede mover montañas y hacer creer que un artista es pesado porque está de “moda”. BB no es un pesado; si lo medimos artísticamente y lo comparamos con gente como el propio Marc Anthony, o Cheo Feliciano, o el maestro Tito Puente. Y ni hablar con voceros trascendentes de la cultura centroamericana como Rubén Blades o Ismael Rivera. El reguetón es una droga que se extendió por todo el mundo como una planta rastrera tóxica. Poca gente se atreve a decir algo -hablamos del ambiente musical- por temor a ser catalogado de racista o de clasista (justo cuando BB se zambulle en ollas de dinero). Hasta el mismo Rubén Blades acaba de publicar esto en su blog “apuntes desde la esquina”: “Enhorabuena para Bad Bunny por su apoyo mundial indiscutible, como lo indica, por ejemplo, el llenar ocho Estadios Azteca (78.000 personas o más, en cada presentación)”. Es curiosa la felicitación del maestro pues de lo que habla es de que miles aplauden al portorriqueño, no del valor propio de su música. Y el “valor” que da Blades (como otros artistas latinos) es el obtener el éxito en los EE. UU, como si ese hecho de por sí fuera la cima de toda una carrera y, por ende, su inclusión como colonia de hecho. ¿Qué hacemos con los grandes artistas que no llenan esos estadios y venden? ¿No serían valiosos? ¿Un Chico Buarque – quizá el mejor compositor del siglo XX y el del actual – dónde quedaría? Un Eduardo Mateo, ¿qué vendría a representar? Una Violeta Parra, ¿no valdría la pena por no ser masiva y no haber recaudado millones? Después el uso de la pertenencia nacionalista que hizo BB nos deja estupefactos. Y lo que más nos deja estupefactos es el aplauso estentóreo de políticos y de artistas que no conocen nada de nuestra cultura y ni siquiera la intuyen. Los políticos demócratas como el actual gobernador de California Gavin Newsom – que de seguro busca el sillón presidencial- alabó el espectáculo del boricua y ya se ganó, seguramente, miles de votos de la comunidad latina y de la negra. Utilicemos el crimen, la desgracia, el abuso de poder, el racismo y la xenofobia a nuestro favor. Las claves futuras de la política enmascarada en lo cultural con actores fakes que hacen de claque interesada. Bienvenidos al Nuevo Mundo. 

Ilustración: Oscar Larroca 

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