Mes de presupuesto y otros por Atanasio Aguirre

©Camilo dos Santos Ayala-20250528CDS-0./ Uruguay / Montevideo / Presidencia ROU. Presidente de la República Oriental del Uruguay, profesor Yamandú Orsi. Día de la Exportación. Foto: Camilo dos Santos Ayala, Presidencia de la República Oriental del Uruguay.EN LA FOTO: Día de la ExportaciónEl 28 de May de 2025. Foto: Camilo dos Santos Ayala, Presidencia de la República Oriental del Uruguay

Finalmente se vencen los plazos para que el gobierno presente su presupuesto, la base de su plan para estos años. Será, probablemente, una visión más realista y aplicada del programa del Frente Amplio—el mismo que lo llevó a ganar las elecciones, aunque poca gente lo haya leído. Las noticias indican que trabajan para adelantar la presentación, dejando más espacio al debate legislativo y social. Suena lógico, aunque no demasiado recomendable: adelantar las presiones que recibirán unos gobernantes que no han sido precisamente hábiles controlando a su gente.

Se habla de condicionamientos que terminarán por moldear un plan mucho más restrictivo—incluso más de lo que la expectativa creada sugería—y que será difícil de digerir para el Frente Amplio en general. ¿Cuáles son esos condicionamientos? El filtro del ministro Gabriel Oddone podría ser clave. El jerarca viene marcando la cancha con una perspectiva que no se aleja de lo ortodoxo. No es lo que los liberales preferiríamos, pero, como siempre con el FA—recordando la influencia de Danilo Astori en su momento—eligen economistas capaces de contener el caos. Casi como el joven que no puede controlarse a sí mismo, pero que, instintivamente, no suelta la mano de sus padres para evitar el desastre.

Por otro lado, Oddone está supuestamente muy condicionado por un déficit fiscal abultado, en parte herencia del pasado y que sigue creciendo en estos meses. Los 3.700 millones de dólares se acercan a un límite peligroso para un país que pretende mantener su buena calificación de riesgo y su estabilidad como economía razonablemente funcional. Es cierto: el gobierno anterior, autodenominado “tibio”, comenzó con ímpetu ajustador y control del gasto, pero terminó cediendo ante presiones sociales, amparándose en la pandemia y sus secuelas.

Ya discutimos el arranque de este gobierno demasiado silencioso, solo para ser interrumpido por señales pésimas. Véase, por ejemplo, el rescate de la Caja de Profesionales por cifras absurdas, que no solucionan los problemas estructurales del organismo, sino que refuerzan la idea destructiva de que los administradores políticos pueden seguir derrochando y equivocándose hasta el próximo salvataje. Se graba en la mente de los que rechazan el cambio y el crecimiento: “¡Siempre habrá rescate!”. El mercado lleva años advirtiendo que ese sistema es inviable en economías modernas, pero nuestros gobernantes—de todos los colores—insisten en aferrarse a fórmulas obsoletas. Sobre todo cuando la solución implica que la mayoría no entienda que manejan recursos de toda la población, no un fondo para sostener privilegios.

Otro ejemplo: la estancia que el gobierno quiere comprar para Colonización por una fortuna—probablemente más de 50 millones de dólares—para beneficiar a unas 20 familias tamberas. Paralelamente, está el debate entre Carlos Enciso y Sebastián Da Silva, sobre el que no llegué a opinar. El gran argumento de Enciso para defender su postura es que él es un político profesional y siempre lo fue. O sea, siempre vivió de la teta del Estado, por eso “sabe”. Además, sostiene otra idea peligrosa: que los privados siempre tienen intereses ocultos. Otra muestra de que nuestro problema social es que la infección del “Estado de Bienestar” está enquistada en la mayoría.

En estos días se sumó un cruce entre Da Silva y Daniel Caggiani, quien soltó la bravuconada de que no solo comprarán esta estancia, sino que el plan de gobierno incluye adquirir muchas más. Y el dislate de que oponerse a la compra es una forma de discriminación. Resulta extraño que un gobierno que se presume inteligente insista en comprar tierras para un proyecto anacrónico, sobre todo cuando ni siquiera ha repartido las hectáreas que ya posee.

Si el presupuesto logra resistir las presiones y se enfoca en ajustar el déficit, será porque Oddone habrá demostrado tener una influencia igual—o mayor—que la de Danilo Astori en su momento. Pero la prueba mayor será para el presidente Yamandú Orsi, quien hasta ahora ha mostrado vacilaciones en su liderazgo. Dependerá de que tenga una impronta clara y sepa defenderla.

Otro tema en materia de gastos es el aumento a los jubilados de la escala más baja. Entre todos los desembolsos previos, a ellos les tocaron unos 25 millones a pagar en dos años—menos de la mitad que cualquiera de los otros gastos que fueron decididos sin una hoja de ruta clara como la que debería dar el presupuesto.

En cuanto al inviable proyecto del PIT-CNT para destinar fondos a la niñez en pobreza alarmante, lo más compatible con la ortodoxia sería reordenar el gasto existente en vez de inyectar dinero nuevo.

En definitiva, evitar que el caos del gasto se resuelva al grito de los que representan votos e influencia, como siempre sucede en nuestro entorno político. Veremos qué tienen Orsi y Oddone para decir al respecto.


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