Milei admite derrota electoral por Ruben Montedonico

Luego de las elecciones provinciales en Argentina -donde La Libertad Avanza (LLA) de apoyo al presidente Javier Milei demostró toda su improvisación- con la reciente de la Provincia de Buenos Aires sintió vientos de hecatombe.

El presidente habló en cadena nacional para admitir la derrota (no tenía otra opción) y reiterar el plan económico de su gobierno. Según la misma obcecación con que viene actuando expuso a los televidentes sus próximas acciones que implican reaccionarias reformas laborales, previsionales y mayores cargas tributarias, con disminución, además, del gasto social.

Si el presupuesto del Estado se puede imaginar como una frazada de un determinado tamaño, el jalarlo para un lado equivale a destapar a otro u otros: si Milei cree que le darán beneficios electorales sus prácticas de chantaje a gobernadores provinciales (prometiéndoles dinero a cambio de votos), equivoca como siempre el camino. Algo se debe sospechar el mandatario porque dispuso (como perrito faldero que se cobija en el regazo de su amo o a sus pies) emprender un viaje más a Washington para “rogarle una ayudita monetaria” a Trump y así llegar menos maltrecho al 26 de octubre (día de elecciones legislativas federales).

Comparto el criterio de quienes sostienen que la ruta para superar la inflación duradera -caso que asola a Argentina- pasa por discutir con seriedad el modelo productivo, dándole prioridades a la investigación científico-tecnológica para intervenir sobre la productividad del trabajo: esto es algo a contramano de la apuesta al ingreso de inversiones externas para la explotación y saqueo de las exportaciones de los bienes comunes locales y una estructura empresarial al servicio de esa lógica de extranjerización y subordinación dependiente, como propone el presidente y su equipo.

Asimismo, la derecha que está en los juegos de alternancia gubernamental en Sudamérica (o vaivenes) cuenta con más fortalezas: en marzo de 2023, un grupo de presidentes y expresidentes de derecha de  Iberoamérica lanzó en Santiago de Chile el Grupo Libertad y Democracia (GLD), concebido como foro de coordinación política “para fortalecer la libertad y la democracia” frente al avance de “espacios izquierdistas” como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, que reúne a exdirigentes progresistas. 

La plataforma -impulsada por el chileno Sebastián Piñera(fdo.) y el boliviano Jorge Tuto Quiroga- reunió en un inicio a mandatarios como el argentino Mauricio Macri, los colombianos Andrés Pastrana e Iván Duque, los mexicanos Felipe Calderón y Vicente Fox, el ecuatoriano Guillermo Lasso, el paraguayo Mario Abdo Benítez, y los españoles Mariano Rajoy y José María Aznar, entre otros.

En paralelo a liderazgos veteranos que siguen pesando en sus países -Uribe Vélez en Colombia, Jair Bolsonaro en Brasil o el propio Tuto Quiroga en Bolivia-, estos expresidentes conservadores han tejido una red organizada para incidir en la agenda pública regional. “Los viejos rockeros, al menos por ahora, no mueren”, concluye el colega español  Néstor Prieto Amador, en una frase de tono irónico que me hace sonreír.

Como gran coleccionista de fracasos, tras el revolcón electoral citado, el libertario tuvo derrotas significativas en el Congreso (que levantó vedas) lo que Julio Gambina sintetiza de la siguiente manera: “Es lo que sostiene en los vetos a la Ley de Financiamiento Universitario, a la Ley de Emergencia Pediátrica, a la disposición de distribución de Aportes del Tesoro Nacional a las provincias, y lógicamente, en su mensaje de presentación del Presupuesto 2026”. Suma la lectura y el rechazo de una parte importante de la sociedad y del electorado al kirchnerismo, al peronismo y a lo que designan él y algunos integrantes de LLA  como populismo. Parece querer ignorar que se votará en total a 127 diputados (46% del cuerpo), un tercio del Senado (24 de 72 integrantes) y todo indica que seguirá en minoría en el Congreso, con lo que gobernará con mayoritaria oposición en contra, la que aprobará, por ejemplo, comisiones investigadoras acerca de enriquecimientos inexplicables y fraudes que lo involucran junto a integrantes de su régimen.

Acuden a la memoria para ciertos grupos opositores -no ajenos a la nostalgia- que por muchos menos dislates gubernativos en Sudamérica se desconocieron y expulsaron los presidentes de Ecuador, Abdalá Bucaram, y de la propia Argentina, Fernando de la Rúa.

Gambina recuerda: “La especulación oficialista se asienta en la asistencia financiera externa, en la palabra de Scott Bessent (secretario del Tesoro de EEUU) quien en su visita de abril pasado sostuvo que, si era necesario, el Tesoro estadunidense estaba dispuesto a financiar necesidades de la Argentina”.

Al reiterado y degastado discurso de atrás del atril-pupitre que grabó Milei, Gambina responde con un sonoro sí en cuanto a la necesidad de un nuevo enfoque en Argentina que supere los planteos y la defensa de los dueños del capital. Indica como pertinentes algunas medidas propuestas por el gobernador provincial de Buenos Aires, Axel Kicillof*, de exponer “la necesaria participación de organizaciones sociales, sindicales y de empresarios”, al tiempo de formular una interrogante sobre el alcance o límites interpuestos por sectores más allá de quienes sustentan sus fronteras en la gestión del capitalismo.

La vía propuesta deberá contener las experiencias de participación de organizaciones sociales, sindicales y de empresarios dispuestos a tratar los temas en defensa de la soberanía alimentaria, energética, financiera, contra la deuda, ampliando el espectro de la perspectiva y posibilidades anticapitalistas. 

La inmediatez del tiempo hará que los argentinos sufran nuevas presiones devaluatorias, suba de precios e intereses, vencimientos de deudas públicas del Estado, internas y con el extranjero (perennes, ilegítimas e ilegales), con más cierres de empresas y renovadas protestas sociales contra la política antipopular de la ultraderecha libertaria y sus cómplices.

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*Quizá este nombre sea el del próximo presidente argentino.

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