Montevideo: Zona Marrón por Gabriel Revetria

 Montevideo avanza a paso firme y acelerado a ser tierra de nadie. No es un proceso que comience hoy, ni hace una semana, pero es un proceso que se agudiza y acelera. Hoy, la foto de la capital, es de personas durmiendo en puertas de hogares, comercios e incluso en la calle; de “cuidacoches” que se sienten dueños de la cuadra o de la plaza y una ausencia, que empieza a ser protagonista: el Estado.

Hemos sido testigos, lamentablemente cada vez con más frecuencia, de episodios de violencia y agresiones hacia vecinos de distintas zonas de Montevideo por no cumplir con las demandas de quienes mendigan violentamente. Comienza a darse un repliegue ciudadano, los espacios públicos son cada vez menos de los vecinos y más de quienes allí se instalan, porque en definitiva son quienes ejercen el poder.

La convivencia en la ciudad se erosiona rápidamente. Los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones y que se comportan en conformidad con las normas que permiten la vida en sociedad, comienzan a sentirse desprotegidos por el Estado y esto reorganiza el tablero.

El vacío que las jerarquías no ocupan, el poder que no se ejerce por quienes deberían, lo ejercen los violentos. Así, darle una moneda al cuidacoche deja de ser opción y se convierte en una tarifa obligatoria, por momentos por adelantado si no querés que te rayen o rompan el auto. Pedir que no duerman y hagan las necesidades en la puerta de tu domicilio deja de ser una opción, porque la respuesta suele venir acompañada de agresiones verbales o físicas. Todo esto sucede sin entrar en la discusión sobre la existencia de la figura del cuidacoche que responde a una falencia social mucho más compleja y a una razón de inseguridad, ni al gran número de personas que viven en situación de calle.

Hasta aquí un breve diagnóstico, sobre el cuál no es necesario explayarse porque todos quienes vivimos, trabajamos o estudiamos en la capital, asistimos diariamente.

Volvamos al gran ausente: El Estado. ¿Qué podemos esperar de él? Bueno, por decirlo cordialmente parece existir un vacío legal. El Ministerio del Interior dice que le corresponde al MIDES y ellos hacen lo propio diciendo que los problemas de convivencia son del Ministerio del Interior. Lo único claro es que no se da una respuesta, y frente a ello estos “cuidacoches” que se saben impunes, toman el control de algunas zonas de la ciudad.

Guillermo O’Donnell, destacado politólogo argentino, elaboró el concepto de “zonas marrones”. Las mismas refieren a aquellos espacios donde la presencia del Estado es débil y/o fragmentada, la ley existe en la formalidad pero no se aplica de forma efectiva. Suele suceder en periferias o zonas rurales, algo que podemos identificar sucede de larga data en Montevideo, pero también puede suceder en el centro de las ciudades y aquí vemos la novedad.

Naturalmente que hay barrios en los que el Estado no logra permear y suele tener un contrincante mucho más consolidado: el crimen organizado. Pero si ajustamos el lente, vemos en las noticias más recientes la expansión de estas “zonas marrones” a toda la ciudad, incluyendo las zonas céntricas a las ya existentes. 

Es un problema que trasciende administraciones, pero que cada vez es mayor: no solo crece el número de los episodios, también la violencia con la que se dan. El Estado viene fallando y en diferentes dimensiones.

Mucho se ha discutido sobre la prevención y el abordaje a las personas en situación de calle. Allí hay una matriz socioeconómica, de salud mental y adicciones que complejiza un abordaje que hoy, parece no estarse dando aunque el MIDES diga lo contrario. Falla la Intendencia de Montevideo en la fiscalización de los cuidacoches y falla el Ministerio del Interior que no da respuestas a la escalada de situaciones violentas.

La indiferencia frente a estos episodios y la no intervención premeditada para no “criminalizar” o “estigmatizar” a determinadas poblaciones, hoy se canalizan y explotan en la cara del ciudadano de a pie. Si la única ley vigente es la del más fuerte, la ciudad se organiza en torno al miedo y la resignación.

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