Cuándo retornamos de los últimos eventos mundialistas de Rusia y Catar , severamente cuestionados por corrupción a la hora de designarlos como sedes, encontramos varias “unanimidades”. Sorpresas, repletas de alegría, de que Rusia se había vendido al mundo capitalista. Asistentes, comunicadores, etc., adornados por una impronta netamente conservadora, observaron ,en el lugar de los acontecimientos , movimiento bursàtiles, economía tipo occidental, seguridad prudente y comportamientos humanos similares a Los Ángeles, Quito o Bruselas. Tamaña sorpresa agradable recibieron. Se atenuaron las discrepancias sobre la forma de obtener la sede. Objeto esencial del inicio de la Fifa-Gate y sus consecuencias alentadas por EEUU y su visión, no descabellada , que fueron perjudicados . A esta altura la FIFA ya saldó sus deudas – y bastante más- con tal potencia mundial. Rusia logró mostrar una faceta poco común de su día a día. En buen romance los que fuimos al Mundial vimos lo que el gobierno ruso “obligó”. Bastaba hablar, en cualquier ciudad, con habitantes del lugar para que te comentaran vía inglés básico, buena voluntad y gesticulaciones) los controles desmedidos de los ciudadanos, el difícil ingreso al mundo económico, la enorme cantidad de horas de trabajo y un sistema educativo alejado de la universalidad del conocimiento. Lo básico seguía estando controlado con particular énfasis y seguimiento. Cuando hablar de elecciones se planteaba las muecas de resignación alcanzaban.
Mientras el día a día local mantenía sus características típicas sin descartar simpatía y buena voluntad con los visitantes quienes no disimulaban su gratísima sorpresa. Y un gran porcentaje deliraba por la victoria del capitalismo sobre la economía
Inflexible y dirigida.
El fútbol se prestaba, nuevamente, a su funcionalidad con el poder de turno y responder a la inversión económica de los anfitriones. Comisiones incluidas.