Mutis por Magnolio

La semana pasada dos individuos incendiaron el auto de Francisco de Posadas, dueño de varios medios de comunicación uruguayos.

La noticia circuló en forma reservada y en principio no se difundió.

Recién al día siguiente comenzó a filtrarse por redes y algún medio.

Quienes decidieron publicarlo recibieron presión para bajar la noticia, por parte del implicado y su círculo, y algunos transaron.

Aducir que lo sucedido es un hecho privado o una noticia policial para justificar que no se informara, es creer que la gente es tonta.

Para mi, hay dos niveles de ataque a la libertad de expresión.

El primero es que en un país como el nuestro, que la cabeza de un grupo mediático, sea víctima de un atentado es algo muy peligroso.

No importa la ideología del mismo, siempre hay que condenarlo.

El segundo son los intentos de acallar la información y la aceptación de varios medios y periodistas de doblegarse al poder económico.

Llama la atención el silencio de la Asociación de la Prensa (APU) ante lo sucedido y que CAINFO solo mencione la presión ejercida hacia los periodistas e ignore olímpicamente el atentado ocurrido.

Parece que el porte de apellido patricio te exime de ser defendido.

Me imagino que en próximo informe de Reporteros sin Fronteras esto será la causa de una gran caída de nuestro país en el ranking, ya que es mucho más grave que los comentarios de políticos en contra de periodistas en las redes o la demora en dar información.

Es interesante que un Encuentro de Periodistas manifieste su preocupación por estos sucesos, pero ¿a quién representan?, ¿quiénes son sus integrantes?, el anonimato le quita fuerza.

La cuestión es que el derecho básico de la libertad de expresión fue doblemente atacado en nuestro país y es un hecho muy grave.

Supongo que los adalides del “periodismo independiente” están haciendo una investigación a fondo, porque “todo se sabe” ¿no?

Calculo que muy pronto se “desbocaran” las “fauces leoninas” y surgirá quien “nos de una mano” para desentrañar este misterio.

Dice el refrán popular que ningún cordero se salvó balando, que quede claro, que periodistas mansos como ovejas, tampoco.

Alfredo García

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