Ni teoría ni deseo: estrategia por Oscar Licandro

En su columna en Voces de la semana pasada, Nicolás Martínez incursionó en el debate sobre el lema único en la Coalición Republicana. Para fundamentar su opinión el autor me asignó una opinión sobre este asunto que es de su inventiva.

Martínez construye su argumento partiendo del supuesto de que soy un defensor del lema único. Basado en ese supuesto, pone en mi “pluma” argumentos en favor del lema único que nunca señalé, ni en mis columnas de prensa ni en programas radiales. En particular, nunca dije que el lema único es “una mejora institucional casi inevitable” y menos aún, que sea “una corrección técnica a una anomalía histórica”.

Por tanto, antes de analizar su opinión sobre el lema único, me parece relevante sintetizar lo que pienso sobre este tema.

Desde mediados de 2025 hasta la fecha he publicado cerca de una decena de columnas sobre la CR, unas en Voces y otras en El País. Alcanza con leerlas para entender lo que pienso sobre el tema.

He distinguido claramente entre el proyecto político (la coalición) y los instrumentos electorales (el lema único). He enfatizado en que lo importante ahora es construir la coalición como proyecto político, y he insistido en que discutir el asunto del lema único es “poner la carreta delante de los bueyes”.

Específicamente, he propuesto que los partidos de la CR deben enfocarse en crear una institucionalidad, documentar los principios y valores comunes, diseñar una propuesta programática de futuro para el país, crear elementos simbólicos de la CR y actuar en forma coordinada como oposición, entre otras cosas.

Si bien creo que el objetivo a largo plazo es que la CR compita con un lema único, he destinado varias columnas a reflexionar sobre los problemas y desafíos que implica su instrumentación.

Por tanto, Martínez se equivoca cuando dice que soy un impulsor del lema único. No sé de dónde sacó esa idea.

Otro asunto interesante es la forma nada sutil que utiliza para restar legitimidad a mis opiniones. Primero dice que soy “un académico de peso” y luego recuerda al lector que fui integrante de la “mesa chica” en campañas del PN. Entonces se pregunta: “¿estamos ante un análisis académico desapasionado o ante una hipótesis normativa que coincide llamativamente con las necesidades estratégicas de un sector político específico?”

Descalificación vía falacia ad hominem.

Tengo una respuesta para esa pregunta. Todas mis reflexiones publicadas son las de un actor político que promueve la consolidación de la CR. Refieren a estrategia política, responden a mis valores e ideales políticos, y su objetivo es influir en las decisiones que tomen nuestros dirigentes. Mi opinión no es un análisis académico desapasionado, ni una hipótesis, y menos aún una hipótesis normativa. No es sobre ciencia política; es sobre estrategia. No es filosófica; es terrenal.

Esto se puede inferir fácilmente de mis columnas. Alcanza con leerlas por arriba. Pero hay que leerlas.

En ninguna de ellas intenté vender mis ideas como un análisis académico. No hay una pretensión de legitimarlas bajo el aura del saber académico. Tengo claro que esa es una práctica habitual entre académicos de izquierda, que disfrazan de ciencia opiniones personales y análisis cargados de ideología. Pero yo no juego en esa cancha.

Pasemos a la opinión de Martínez sobre el lema único para la CR.

El autor considera que un lema único es un “artificio electoral”, válido moralmente para el FA, pero despreciablemente pragmático para la CR. Si lo usa el FA es “un paraguas identitario construido en la resistencia, en el exilio, en la cárcel y en la proscripción”. Si lo usa la CR: “No surge de una identidad histórica común, sino de la necesidad coyuntural de competir con eficacia”.

Esta tesis es absolutamente falsa. Los hechos lo demuestran.

Primero. El FA se creó en febrero de 1971 como una alianza con formato de coalición entre partidos de izquierda marxista y anarquista, sectores afines al MLN (después se llamaron Movimiento 26 de Marzo) y sectores no marxistas (PDC, batllistas, etc.).

Entre esos grupos no había una ninguna identidad común ni síntesis ideológica. ¿Cuál era la base ideológica común a Rodney Arismendi y Hugo Batalla? El primero defendía la dictadura del proletariado y el otro la democracia occidental.

Sin embargo, acordaron concurrir a las elecciones bajo un lema único, con un candidato único. Ese lema fue un instrumento para “competir con eficacia”, que precedió a la identidad frenteamplista, la que se fue construyendo en los años posteriores. ¡Faltaban dos años para la dictadura!

Segundo. Es falso decir que no existe una identidad histórica común a blancos y colorados. Los fuertes elementos comunes a ambas identidades son la base filosófica e ideológica sobre la cual se construyó el Uruguay del siglo XX. En términos filosóficos e ideológicos, es más fuerte la convergencia identitaria entre colorados, blancos e independientes, que entre comunistas, batllistas y demócrata-cristianos.

Los lemas solo son instrumentos para competir electoralmente. No son organizaciones ni requieren identidades comunes. El uso de un lema único es solo una decisión estratégica.

El FA fue cambiando su lema en forma descarada. En 1994 usó Frente Amplio. Para incorporar a Nin Novoa en 1999 amplió a Encuentro Progresista – Frente Amplio. Y para sumar al Nuevo Espacio en 2004 amplió a Encuentro Progresista- Frente Amplio – Nueva Mayoría. ¿Qué son estos cambios sino artificios para satisfacer necesidades coyunturales?

Decir que el FA “nació como una coalición orgánica en 1971, antes de ser simplemente una herramienta electoral” es totalmente falso. Y afirmar que un lema para la CR es “una convergencia pragmática más que una síntesis ideológica” también lo es.

En ambos casos el uso de un lema único es solo una decisión pragmática, no moral ni ideológica. Se puede discutir su eficacia. Pero, argumentar su legitimidad en función de identidades y vivencias epopéyicas no tiene ningún sentido.

A las órdenes para seguir el debate. Pero sin falacias ad hominem.

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