Todo el mundo la conoce, ya sea por el rol de comunicadora o de actriz que practica hace muchísimos años. Polifacética, autoexigente, melómana, fanática del baile e hincha de la radio. Levantamos el telón para conocer un poco más, a esta mujer uruguaya
Por Alfredo García / Fotos: Rodrigo López
¿Cuánto influyó Brito del Pino y Charrúa para vos?
Y… muchísimo. Porque es donde me crié y ahí viví veintitrés años. Era un barrio barrio. Ahí siguen viviendo mis padres. Yo tengo toda mi familia en ese barrio. Tuve mi infancia y adolescencia, iba a la escuela 83, en Simón Bolívar y Rivera. Es un barrio lindo.
¿Cómo se ha perdido ese Montevideo?
Mi hijo ya no se crió en la calle, por ejemplo. Por más que yo lo sacaba a jugar a la pelota, no había niños en la calle.
¿Son más felices ahora que antes?
Creo que no varía, cada uno vive su época. No sé si mi padre fue más feliz que yo en su infancia. Y, para mí, la infancia y adolescencia fue la mejor época. Tuve esa suerte. No a todo el mundo le pasa. Pero no sé si se pueden comparar.
¿La etapa religiosa la abandonaste después de Fátima?
No, después de que tomé la comunión en el Seminario. Yo arranqué mi etapa religiosa cuando iba a la escuela pública y tenía padres ateos. Me vino como un fervor religioso y la rebeldía infantil porque tenía 10 años. Le empecé a pedir a mi madre que me levantara temprano los domingos para ir a misa de niños. Después entré al Seminario, y en segundo de liceo tomé la comunión y ahí me sentí santificada por el resto de mi vida… Y ya no fui más.
¿En tu trayectoria siempre conseguiste trabajo fácilmente?
Sí, por suerte nunca me faltó trabajo, salvo en la crisis del 2002. Estuve cinco meses sin trabajar porque se tuvo que terminar Va por vos, porque lo primero que cortan las empresas es la publicidad. Pero a los meses me llamaron para hacer un programa que se llamaba Cantando Bajitos, que era un concurso de canto de niños, que ahí estuvo Agustín Casanova de finalista, tendría 10 años. Y después a los meses volvió Va por vos. Y eso fue en el único periodo que me quedé sin trabajo. Que tuvo que ver la crisis del 2000, pero después por suerte nunca me faltó trabajo y espero.
Cumplís 50 el año que viene. ¿Crisis de la mediana edad?
No sé porque todavía no llegué a los 50. Hay crisis más famosas: crisis de los 40 o los 50, pero yo creo que crisis uno tiene más seguido que eso.
¿Cómo te definís: actriz o comunicadora?
Es difícil. Lo que me apasiona, así, desde las entrañas, es la actuación. Pero no podría vivir sin ser comunicadora. Es un trabajo que me ha dado muchísimo. En el que he conocido gente muy interesante. He tenido la posibilidad de entrevistar personas de distintas profesiones, oficios, ambientes, y eso como que te abre bastante. Y me enriquece porque hay muchas temáticas que aparecen en los distintos programas que he hecho, que si no fuera por mi trabajo, capaz que no me interesaba en ellas.
Y entonces, cuando lo descubro se me abre un mundo ahí, al que capaz no iría por mi propio interés.
Entonces mi profesión como comunicadora también es fundamental para mi vida, no sólo profesional y personal, para mi crecimiento como persona.
¿Quién te impactó más de la gente que entrevistaste?
No sé.
Con Rubén Blades temblaste.
Con Rubén Blades, me puse nerviosa porque no estaba previsto que lo entrevistara. Fuimos a cubrir el show de Jaime Ross. Creo que era en el Gran Rex. Y apareció Rubén Blades, que había hecho una versión de Amándote, y no se conocían todavía Jaime y Blades. Y entonces Prosdocimo, mi productor histórico, me dijo: “Hay que enrevistar a Blades”. Y lo entrevisté. Pero he entrevistado a mucha gente. No sé decirte. Ahora entrevisto por lo menos a dos personas por día o sea a diez personas en una semana. Entrevisté a Chavela Vargas, por ejemplo, que para mí era maravillosa. A Mercedes Sosa, también.
¿Cómo te preparás para las entrevistas?
Leo entrevistas y entrevistas. Igualmente tenemos una productora periodística en el programa. Lo que pasa es que yo soy licenciada en Comunicación y también el oficio te va dando y además la mayoría de mis amigos son periodistas. Y bueno, leo sobre el tema, en definitiva, me informo antes de ir.
¿Sos muy lectora?
Sí. Me gusta mucho leer.
¿Qué estás leyendo ahora?
Ahora estoy leyendo una novela que se llama Desierto sonoro, que es de Valeria Luiselli, una autora mexicana, que está muy bueno.
¿Tenés tiempo para leer?
No mucho, pero aparte a veces tengo que leer por el programa, porque entrevistamos a un escritor, por lo general me leo la novela antes de entrevistarlo. Me gusta mucho leer. Siempre me gustó, desde chica. Mi madre en verano, cuando nos íbamos de vacaciones, teníamos una casa en Pinamar, siempre llevaba un libro para que leyéramos las tres. Mi hermana, mi madre y yo juntas.
¿El Isadora Duncan fue así?
No, el Isadora Duncan creo que a los 15 por ahí, que me la regaló mi madre y me voló la cabeza esa mujer. A mi madre le habría gustado que fuera bailarina.
Fracasaste con total éxito.
Fracasé con total éxito como bailarina. Fui a la Escuela Nacional de Danza y en quinto me eliminaron. Pero igual siempre me encanta la danza. Y bueno, la historia de Isadora Duncan me parece fascinante. Leí la autobiografía que se llama Mi vida, es increíble. Y después leí la biografía, que ahí hay partes más duras que ella no cuenta. Pero me encantó porque uno se piensa que es la descubridora de cosas o de actitudes, o se cree muy innovadora y rebelde. Y en realidad hay mujeres que hace un siglo y medio o dos ya lo hicieron. Ahora estaba haciendo el unipersonal Las madres del monstruo y profundicé en Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley, que era una pionera del feminismo y que ya hablaba sobre la educación de las mujeres. En esa época ya se decía que había que educar a las mujeres, pero para que estuvieran al servicio del hombre y de la familia. Y en realidad ella hablaba de que a la mujer había que educarla para que tuviera su sustento económico. Entonces uno se cree que su época es la fundadora de todo y hubo otras mujeres que ya lo han hecho. Pero el caso de Isadora Duncan para mí fue genial.
¿Por qué?
Por el tipo de vida que ella llevó y cómo quiso vivir. Me pareció fascinante. Tenía una madre muy particular. El padre las abandonó cuando eran chicos y la madre se tuvo que ir a Europa porque estaban viviendo en Estados Unidos. Se van en un barco, de polizones. Llegan allá y la madre tenía que salir a trabajar. Y en el único lugar seguro donde los podía dejar era en el museo. Entonces ella empezó a bailar los cuadros. En realidad empieza diciendo que había empezado a bailar en el vientre de la madre porque la dieta de la madre era ostras y champán. Pavada de dieta. Y empieza así el libro.
¿Sos feminista?
Sí, soy feminista. Defiendo los derechos de la mujer. Me parece que hay que luchar por la igualdad.
¿Falta mucho?
Falta, porque venimos de atrás. O sea, venimos con varios siglos de retraso. Ustedes arrancaron antes a correr. Entonces nosotros tenemos que meter más pata. Pero se han logrado muchas cosas. Ha cambiado mucho.
¿Dónde notás más machismo: en la comunicación o en el teatro?
Capaz que en la comunicación. Sí, me parece que sí.
Pero igual también ha cambiado eso. En el teatro somos más actrices que actores.
En la mayoría de las profesiones hay más mujeres que hombres.
Y también porque cambió un poco la mentalidad y entonces a la mujer no se la ve solo como que se va a hacer cargo de la familia.
En Uruguay se está avanzando bastante rápido.
El tema de la separación de la Iglesia del Estado
creo que también, quieras o no, influye un poco. La Iglesia Católica tiene como esa cosa como más machista. Los protagonistas de la Iglesia Católica son todos hombres. Por más que ha habido mujeres que han hecho muchísimo. Y entonces creo que Uruguay en eso corre un poco con ventaja.
Hay tantas vertientes del feminismo que es complicado.
A mí me parece que tendríamos que unirnos más.
Yo no estoy metida en ninguna organización, ni movimiento feminista ni nada por el estilo.
¿Tuviste militancia de algún tipo en algún lugar?
No, no. Me crié en una familia en la que no se hablaba. Tuve una tía comunista que estuvo destituida y no sé qué. Pero nunca se hablaba de política ni nada. Yo siento como que hago mi militancia en mi vida personal. Siento que si uno se preocupa por lo que tiene alrededor más cercano, ahí sí trata de que todo sea justo. Criar a una persona para que sea buena persona es bastante para generar ciudadanos que aporten a la comunidad.
¿Cuáles son tus obsesiones?
Eso de la autoexigencia, por ejemplo. Soy bastante exigente conmigo misma. Entonces eso a veces me juega en contra, porque como que nunca estás satisfecha contigo.
¿Cómo ves la comunicación en Uruguay?
Veo que es un momento que como que se está redefiniendo.
¿Cómo te informás?
Yo sobre todo en la radio. Mi medio favorito es la radio.
¿Qué escuchas?
Escucho varios programas. De mañana paso entre Cotelo, No Toquen Nada y Alejandro Camino. Y después agarro algunas cosas de Es fácil desviarse. A veces escucho música nomás, voy corriendo el dial. Pero sí, la radio siempre, siempre, está conmigo. Soy muy de la radio y me parece un medio que es muy cercano, muy compañero. La televisión es más distante.
Hiciste televisión años y la considerás más distante. ¿Por qué?
No es lo mismo. Nunca hice mucha radio. O sea, hice radio dos años nomás. Un programa que salía los domingos de noche, que se llamaba La piel de la Luna, en AM Libre. Y me encantó porque la gente te llama, te comenta cosas, después va a la radio porque está saliendo en vivo, te lleva una tortita. Es como otro vínculo que tenés con la audiencia. A los televidentes no los tenés tan cerca. Ahora los tenés más desde las redes, pero no sabés si vieron el programa o los cachitos que salen cortitos en las redes. Entonces no es lo mismo. Igual me encanta la televisión y soy mucho mejor comunicadora de televisión que de radio.
Volvamos al cómo ves la comunicación.
Está en un momento de cambio, porque con las nuevas tecnologías es como que estamos viendo hacia dónde vamos. La radio existe, pero a la vez tiene que ser filmada, tiene que salir por un canal de YouTube. Y además están los podcast, que es otra forma de comunicar. Después están los canales de televisión de siempre, con una programación bastante similar. También los diarios físicos, que casi han desaparecido. Y están los portales. Creo que es un momento que se están probando un montón de cosas en los distintos medios que tenés para comunicar.
Estás en streaming, también.
Estoy en el streaming. Bueno, esa es otra. Es un programa de radio filmado, pero tampoco y lo visual no es tan importante.
¿Tenés redes sociales?
Tengo Instagram solamente. Lo utilizo sobre todo para difundir mi trabajo. No soy muy de poner cosas personales.
¿Qué tal en el programa de streaming?
Buenísimo. Tengo dos programas de streaming. Uno es Teatro en la ciudad que hago con Temponi desde el año pasado en el canal deYouTube de TV Ciudad. Es un programa específico de teatro, todos los viernes. Donde, además de entrevistar y difundir obras de teatro, hablamos de teatro. Y esto está buenísimo. Lo disfrutamos un montón. Y después Pablito me invitó a hacer un programa de cocina que se llama Oído en Ola el streaming de Océano.
¿Sos cocinera?
No.
¿Vas a comer?
No, tampoco se come en el programa. Pero a mí me gusta mucho comer.
¿Y cómo hacés para estar flaca?
Porque soy muy nerviosa. De hecho, Prosdocimo siempre decía: “A esta vestila, no le des de comer porque te sale carísima”. Y entonces Pablito me llamó como para ir desde ese lado, porque él es cocinero y está metido en la gastronomía y quería como la parte más de interés por la comida. A mí ni siquiera me gusta cocinar, me gusta comer.
¿Y de qué va el programa?
No hay comida. Hoy estuvo Martín Kim, el de Arariyo, que es un restorán coreano, hablando todo de comida coreana y todas las especialidades. Cómo es armar un restorán coreano acá, que cuando empezaron no había casi ninguno.
Y aparte la gente no diferencia entre chino y coreano.
No, claro. Y son distintos, si vas y probás, te das cuenta. En el programa anterior estuvo Maxi Guerra, el del podcast Gastropolítica y Alva Sueiras que es asesora de lugares gastronómicos. Estuvo el mozo del bar Flores, Julio, también hablando de su oficio. Está bueno.
La gastronomía en Uruguay ha avanzado bastante.
Sí, ha avanzado nuestro paladar. Por suerte salimos de los cuatro platos.
Gracias a los inmigrantes.
Sí, totalmente. Siempre que venga gente de otros países siempre enriquece. Porque a veces la gente se queja de que te pueden cambiar tu tradición, tu cultura y no sé qué. ¿Cuál es? Si querés, las mantenés; y si no, no las tenés que mantener. Me cuesta pensar de esa manera: que no me toquen lo mío, no me mezclen porque se pierde identidad. Porque aparte la identidad va cambiando. O sea, la identidad que sienten mis padres con Uruguay es distinta a la que siento yo. Y hasta me puedo conectar más con una persona de Turquía que con una de acá. Capaz sea porque tenemos intereses que van por otros lados, no tanto por lo histórico, por lo que te pasó en los cuatro metros cuadrados donde te tocó vivir.
Uruguay se ha enriquecido muchísimo con los inmigrantes y la gastronomía es un elemento que lo muestra.
Gente que nos enseñe a mover la cadera, por favor.
Personas que bailen. Me encanta bailar.
¿Cómo fue tener a Rosina Gil como coach?
Eso fue una maravilla. Rosina fue divina porque claro, vos ensayás y te armás toda una coreografía espacial, desde los movimientos que vas a hacer, hacia dónde te vas a dirigir. Pero cuando viene ella te facilita todo, porque conoce tanto el cuerpo y qué es lo más orgánico, lo más fácil y hacia dónde te lleva… Y eso ya te da otra expresividad porque te aliviana.
Porque ella te enseña el camino más cómodo para tu cuerpo y para el personaje que estás planteando.
¿Ahí el ballet te sirvió?
Sí, yo no hice solo ballet, hice flamenco y danza contemporánea.
¿Bailás tango?
No. Eso también me falta. Siempre quise bailar tango, pero algún día lo voy a hacer. El tango me gusta porque trabaja mucho en la escucha.
¿Por qué hay tantos grupos teatrales?
Porque hay mucha gente haciendo teatro. Este año se estrenaron más de trescientas obras. Hay años que se estrenan, en número no en promedio, más obras que en Buenos Aires. Una ciudad que tiene mucha menos población. Lo que está pasando es que, sobre todo en algunos teatros, te dan muy pocas funciones, porque van renovando la cartelera y hay lugar para todos. Pero lo que pasa es que trabajaste por cuatro meses y después tenés ocho funciones o cuatro funciones. Entonces es complicado. Pero eso a la vez te saca público porque el público no puede ir a ver todas esas obras de teatro. Entonces elige una para ver. Hay que buscar una manera de hacer temporadas más largas para que te rinda también la plata que gastaste en hacer una obra, el esfuerzo y la cantidad de ensayos a los que fuiste, etcétera. Y además que vaya el público. Porque, ¿cómo se reparte el público entre más de trescientas obras al año?
No hay tanto público.
Y aparte Uruguay tampoco es un país que tenga un poder adquisitivo muy grande. Entonces, vos vas al teatro, pagás hasta 700 pesos una entrada y después vas a tomar algo. ¿Podés hacer eso todos los fines de semana? Poca gente puede hacerlo.
La gente que puede no va al teatro.
Está muy repartido porque tienen muchas opciones. Yo empiezo a ver la cartelera y me vuelvo loca. La lista es impresionante.
¿Hay una buena política cultural por parte del Estado?
No lo tengo tan pensado. Bueno, de hecho está la ley de teatro independiente, que todavía no se reglamentó.
¿Sos miembro de la Sociedad Uruguaya de Actores?
Sí, soy miembro de la SUA
¿Participás en las reuniones?
No en las asambleas.
¿Para qué sos socia?
Porque también para hacer teatro hay veces que te exigen estar en la SUA. Y aparte te sirve porque estás cubierta en un montón de cosas. La SUA, por ejemplo, cuando hacés audiovisual, son los que te dan los contratos. Bueno, tenés el tema también de la jubilación. O sea, tenés un montón de beneficios por pertenecer a la SUA. Sí, tendría que participar más en las asambleas.
¿Es posible vivir del teatro en Uruguay?
¿De hacer teatro? Como actriz tendrías que hacer cuatro o cinco obras por fin de semana. Hay gente que vive del teatro. Pero porque se dedica. O sea, porque dirige, actúa, da clases. Hay gente que vive.
Si sos miembro de la Comedia Nacional tenés un sueldo.
Claro, pero es difícil. No vivís holgadamente para nada. Vivís un poco en el día a día. Es muy complejo y más en estos tiempos, que una obra de teatro está poco en cartel. No puede sacar mucho.
¿Cómo ganan los actores?
Por lo general somos cooperativas y entonces ganás según la cantidad de público que haya ido. Pero, si ganás Fondos de Fortalecimiento de las Artes y eso hay categorías en las que se ganan sueldos para los actores, por ejemplo, para la gente que labura en la obra. Sí no dependés de ningún fondo, ganás un porcentaje de las entradas. Los actores tienen tantos puntos, los directores otros. Los diseñadores tienen tantos otros y ahí se reparte.
¿Con qué directores te ha gustado laburar?
Con muchos.
¿Vas a decir todo en general?
No, todo en general no, pero hice treinta y una obras.
¿O sea que los directores son todos bárbaros?
No, no, un mojón fue Roberto Jones, que me dirigió en Perdidos en Yonkers.
Que te regalaron el Florencio. (Risas)
Así que para mí me regalaron el Florencio bien regalado y que fue muy interesante trabajar con él, porque los actores también somos creadores. Y a veces uno quiere meter más cuchara de lo que te corresponde.
¿Y Roberto es durísimo?
No, no es duro. Pero el personaje de Bella tiene un trauma emocional que es como una niña en una adulta. Que no es tan niña en realidad, porque es la que dice todas las verdades de la familia pero siempre la tratan como que tuviera una discapacidad.
Y yo la quería hacer como más desde la composición. Cuando compones un personaje por lo general es como que viene más de lo físico, no de lo exterior. Y él me decía: “Está todo en el texto”. Y es tal cual, empezás a hacerlo desde vos y el texto en un momento te empieza a entrar. También me gustó mucho con Sandra que he trabajado…
Massera.
Sí, trabajé tres veces con ella. Ella tiene como una claridad plástica de la obra, tiene mucha personalidad en sus obras. Cuando la obra es de ella te das cuenta que ella está ahí. A mí, que vengo de una forma capaz que más naturalista o así, entonces me sirve trabajar con ella porque me da una libertad y una riqueza de movimientos y de cosas que no entrarían en un naturalismo actoral. Y ella, con su obsesión por los objetos en escena y por una cosa como más plástica, te lleva a otro código en el que yo nunca estoy tanto y entonces como que me enriquece, me desafía. Eso me gusta mucho.
Marianella Morena es dura, ¿no?
Marianella es divina. Como directora, ella es re paciente con los actores, siempre buena onda y siempre ella habla mucho. Marianella te da mucho background cultural de los personajes y de la idea que tiene ella de estética y de código actoral. Bueno, tiene un equipo precioso con el que trabaja. Es como una riqueza visual y además siempre te hace ir como más allá. Como no tener prejuicios en lo que hacemos.
¿Es transgresora?
Es muy transgresora y ayuda también a transgredirse uno mismo, animarse a hacer otras cosas y eso está bueno.
¿Con quién no te gustó trabajar?
No, no tengo con quién. De hecho, con la mayoría de los directores y directoras que trabajé siempre fue más de una vez, por suerte.
¿Tuviste a Denevi como director también?
Un crack. Bueno, ese es un tipo que también lo único que querés es que te hable y que te hable. Y vos escuchar y aprender. Es un tipo cultísimo, muy inteligente, con mucho humor, desprejuiciado.
¿Qué prejuicio tenés?
¡Ay!, no sé. No lo voy a confesar. Es como darme un tiro en el pie.
¿No tenés prejuicios con respecto a tu cuerpo?
No tengo pudor, no sé si prejuicio. Dejame pensar. Sí debo tener muchos prejuicios, pero lo que pasa es que los prejuicios aparecen cuando me aparece algo nuevo. Y ahí como que me enfrento a eso, a ver qué prejuicios tengo con eso. Nunca pensé si tengo prejuicios. Y de hecho, si sos actor o actriz, más te vale tener pocos prejuicios, porque si no, para agarrar personajes que no te gusten o que tengas prejuicios tenés que ser bastante abierta en ese sentido.
Fue bravo hacer La bailarina de Maguncia, ¿no?
Sí, pero fue divino. Me costó, pero creo que lo logré. Eso de pasar por distintas edades del mismo personaje, era hacer varios personajes a la vez. Era un unipersonal. Y claro, era el primer unipersonal que hacía, entonces cuando llegué al estreno de la primera función, decía: “Esto no va a gustar. Estoy haciendo cualquier cosa”. Fui como al matadero.
Calculé la gente que iba a ir a verla y me dije: “Bueno, si se llena por seiscientas personas que me vean una obra, no voy a arruinar mi carrera teatral. Y después hice la primera función y fue increíble. Aplausos y la gente parada. Siempre con las obras, hasta que no las estrenás, no sabés qué va a pasar. Claro, capaz que te creés que estás haciendo algo increíble y no funciona. O capaz crees que estás haciendo algo que a la gente no le va a pegar. Y la gente se emociona.
Siempre es misterioso y eso está bueno en el teatro.
¿Cuál fue tu mayor fracaso?
No sé, no tuve algo que diga: “¡Ay!, ¿cómo hice esto?”
¿No te arrepentís de ninguna obra que hiciste? Mirá las filmaciones y después hablamos.
El teatro filmado no transmite nada.
Estoy diciendo verte a vos misma actuando. Como un análisis crítico de tu propia actuación.
Soy, sí, autocrítica, pero con lo que vos sentís en escena o con lo que te puedan decir tus compañeros o el director, Ahí está la mirada, porque te pasa por el cuerpo el teatro. Porque lo que ves después en la filmación no tiene nada que ver con lo que pasa en vivo. No tiene nada que ver porque estás viendo una filmación. El teatro filmado queda como exagerado.
¿Y el cine no es teatro filmado?
No, nada que ver. Cero de cero, nada que ver. Es otra cosa.
¿Sos cinéfila?
No, soy de mucho teatro. Voy pila, si voy a salir, voy al teatro.
¿Qué obra recomendás que no sea la tuya?
Animales de Dios. De todas las que vi de Marianella, es la que más me gustó.
¿Qué papel te falta o te gustaría hacer?
El que venga. Me gustaría hacer otro Shakespeare, porque me gustó hacer Lucrecia o el deseo bajo el fondo del mar, que era una versión de la violación de Lucrecia que dirigió Luis Vidal. Pero no tengo. Es como que me sorprenda el teatro, que me sorprendan los papeles.
Hay una camada bastante interesante de directores y dramaturgos nuevos en Uruguay, ¿no?
Yo creo que tiene que ver, sobre todo, el tema de la dramaturgia, que ahora se está escribiendo pila acá y por suerte se está publicando bastante. Con el inicio de toda esta colección de distintos dramaturgos de acá. Hum sacó este libro con varias obras de Sandra, pero tiene otros. Yo creo que también tiene que ver con que está la Tecnicatura en Dramaturgia entre Humanidades y la EMAD. Y están formando dramaturgos. En un momento también hubo en la EMAD unos talleres o cursos para dirección de teatro. Ha cambiado la manera de formar, creo yo.
¿Mejoró?
Yo creo que sí. Muchísimo, muchísimo.
¿Vos sos de Alambique?
Fue buenísimo. Porque agarré un Alambique con tremendos profesores. Yo me formé ahí. Y después te vas formando en el oficio. Después lamentablemente cerró. Pero bueno, ahora la EMAD está muy bien. Es una gran preparación. También están poniendo énfasis en la actuación audiovisual en casi todas las escuelas.
Que no es teatro.
No, es actuación, no es teatro, que no es lo mismo.
Si no se diría teatro al cine.
Hay pila de actores de cine que les encanta hacer teatro y son muy buenos.
Pero son actores y actor sos para el audiovisual y para el teatro. Pero son dos lenguajes diferentes.
¿Cuál es más fácil? Vos hiciste los dos.
Yo soy un bicho de teatro. Más fácil, no, para mí el teatro es como la formación profunda actoral. Después en cine cambia desde dónde te miran. Entonces ahí vos tenés que tener en cuenta otras cosas para expresarte. En el teatro tenés que proyectar. Hay un hilo conductor, hay estados que van siguiendo una ruta. En el cine no, tenés que conseguir el estado en el momento y después vas a otro estado porque se filma otra escena. Y tenés la cámara acá. Pero la esencia de la actuación, que tiene que ver con las emociones y los estados que te ponen por dentro, eso es tanto en el teatro como en el cine.
¿Viste tus películas?
Claro, estoy orgullosa de las películas
Hiciste narración creativa. ¿No te picó el bichito de escribir teatro?
No, pero capaz que un día. No es que me cierre. Escribí muy poca cosa. Escribía los guiones de Musas, que era un espacio que teníamos en este programa de radio, que era de vidas de mujeres. Y escribo para la tele o cosas que precise.
Con Temponi se conocen desde facultad.
Hizo ya treinta años que nos conocemos.
Lograron hacer hablar a Leo Maslíah, cosa que es rara.
Pero Leo fue a hablar de su obra y tenemos buena onda con él. De hecho, yo hice un taller de escritura con él.
¿Y para qué si no escribís?
Pero porque me interesaba igual probarme.
¿Seguís probando cosas nuevas?
En este momento, no. Pero sí seguiré.
¿Qué curso tenés pendiente?
De tango, por ejemplo. Aprender a bailar tango.
Largaste el Canal 10 para ir a TV Ciudad. ¿Te arrepentís?
No, yo el canal que miraba era TV Ciudad. Ahora, lo que pasa que con las plataformas y todo eso miro series. Soy terrible.
¿Qué estás viendo ahora?
Ahora estoy viendo la segunda temporada de División Palermo.
No tenés criterio. ¿Qué hago veo Gerónimo o División Palermo?
Gerónimo, por supuesto. Antes miraba como varias a la vez. Pero ahora decidí mirar una y la termino y después veo otra. Me gustan mucho las policiales. Me gustan mucho las de los países nórdicos, las comedias y las policiales. Borgen, Rita, Karpi, Wallander.
¿Viajes pendientes?
Muchos, muchos. Me gustaría ir a Asia. Japón, por ejemplo. Me gustaría Vietnam, India. Por ahí. Lo que pasa que tengo mucha familia en España. Siempre voy a España. El año que viene como se junta El último de la fila, que es mi banda favorita, voy a ir a ver el último a España. Entonces al final termino como muy europea. Pero. Pero sí me gustaría Asia.
¿Seguís saliendo con las amigas de la escuela?
Sí. Yo soy de mantener las amistades. Tengo amigos de la escuela, del liceo, de la Facultad. Del teatro, de los medios.
Yo escuché que alguna vez en TV Ciudad tuvieron problema de línea. En tu caso no se te ha dado.
En mi caso, no específicamente en mi programa. Pero sí pasó hace dos años atrás.
¿Tenés algo de teatro planteado para el año que viene?
Ya tengo. No sé si lo puedo decir porque no sé si mis compañeros van a dejar, pero se hace una obra. Con otra actriz. Es lo único que te puedo decir.
¿Cómo te definís ideológicamente?
Yo me siento de izquierda.
¿Pero sos coherente?
¿Qué es ser coherente? ¿De qué izquierda estamos hablando? ¿De qué feminismo estamos hablando? Es lo mismo.
¿Vas a las marchas?
No voy a ninguna marcha. Me pone nerviosa la acumulación de gente. Por eso actúo en teatro.
¿Qué te gusta más, el drama o la comedia?
Me gustan las dos. Me parece mucho más difícil la comedia. Siempre es como un desafío más grande para mí la comedia que el drama. Porque es muy difícil la comedia y es menos valorada. La comedia tiene un ritmo, una cosa que vos no te podés ir. El drama te lo permite más. Tiene otros tiempos la comedia. Una milésima de segundo antes o después y arruinaste el chiste. Y siempre fue como desvalorizada la comedia. Siempre los premios los ganan los dramas. Y por suerte ahora dividen entre drama y comedia. Pero es un huevo hacer comedia.
Los argentinos dicen que el público uruguayo es muy exigente. ¿Es así? ¿De dónde viene esa diferencia?
Y… no sé. Viste que el uruguayo siempre está mirando como bueno, a ver qué vas a hacer, Como que no se pone más a disfrutar, se pone más a evaluarte. Yo creo que el público argentino es como más dionisíaco. Acá estoy, quiero pasarla bien, me parece.
¿Te condiciona mucho la reacción del público cuando estás actuando?
El público forma parte de la obra. Entonces vos también lo estás escuchando. El público está ahí. Te da cosas, te entrega y está bueno. Ponele en una comedia, si el público se ríe, tenés que esperar a que termine la risa. A veces se alargan más las comedias, porque el público se divierte mucho y se ríe mucho. Vos no podés perder esa risa. No la podés cortar porque cortás la energía. Entonces el público ahí te va marcando el tempo. Vos tenés que darle cierta bola. Y tampoco te puede desmarcar de lo que querés transmitir. Digamos, es como un delicado equilibrio.
¿Te desconcentra?
Te puede desconcentrar. Sí, sí, sin duda. Un celular molesta.


