Pedradas para activar la memoria

“Ni siquiera los muertos estarán a salvo si el enemigo vence” (Walter Benjamin)

“La masacre de Ezeiza- escribe Horacio Verbitsky – cierra un ciclo de la historia argentina y prefigura los años por venir. Es la gran representación del peronismo, el estallido de sus contradicciones de treinta años (…) Ezeiza contiene en germen el gobierno de Isabel y López Rega, la AAA, el genocidio ejercido a partir del nuevo golpe militar de 1976, el eje militar-sindical en que el gran capital confía para el control de la Argentina”.

Verbitsky  publicó su libro Ezeiza en 1985, donde vuelca una investigación de los hechos sucedidos en junio de 1973, cuando Perón volvió a la Argentina, casi dos décadas después de haber sido derrocado en 1955. Un amplio movimiento popular, que reunía extremos ideológicos incompatibles, luchó y se sacrificó para que volviera la democracia y retornara su líder. Pero cuando esto sucedió, el gran acto montado para recibirlo devino en tragedia. Los sectores fascistas del peronismo emboscaron y balearon a los sectores vinculados a Héctor Cámpora, Montoneros y la Juventud Peronista. La tragedia, más allá de los muertos y heridos, se tradujo en el desconcierto ideológico. La ansiada llegada del líder desnudó las contradicciones del movimiento y ya no se podía confiar en nadie, ni siquiera en el entorno familiar. Esta es una de las premisas con las que trabajó Pompeyo Audivert en su espectáculo Edipo en Ezeiza, estrenado en 2013 en Buenos Aires.

Micaela Larroca, actriz, directora y gestora de La Madriguera, llegó al texto leyendo El piedrazo en el espejo, del propio Audivert. “Un libro de teoría teatral donde él cuenta su metodología y la visión que tiene en relación a lo que es el teatro. Y lo encontré como una especie de manifiesto, donde habla de que hay ciertas tareas que el teatro tiene ‘per se’, como es esto de jugar con las realidades históricas y encontrar cierta belleza poética y metafísica en estas posibles realidades nuevas que inventamos”. Al final de El piedrazo en el espejo aparece el texto de Edipo en Ezeiza, y Larroca se sintió seducida por la idea de explorar algunas de las propuestas metodológicas de Audivert con un texto también producido por el actor y director argentino. Como ella misma señala: “Siento a veces que todo lo que es el mundo plástico y el trabajo que podemos hacer desde el cuerpo relacionado al teatro físico muchas veces se separa del texto, como que se cree que son propuestas que van en paralelo”.

El desafío fue doble, porque para Audivert y su equipo el texto fue un punto de llegada, mientras que Larroca y su elenco lo tomaban, en principio, como punto de partida. Además, el hecho detonante de la investigación escénica de Audivert podría parecer extraño a las circunstancias del equipo que monta la obra en El Galpón. Pero en el resultado no hay rastros de esas posibles dificultades. En esto el proceso parece ser clave. El equipo de Larroca estudió el texto, pero luego lo dejó de lado para trabajar en el espacio escénico creando situaciones y cuadros plásticos en los que luego, paulatinamente, el texto volvió incorporarse. Ese vínculo orgánico y dialéctico entre texto, cuerpos y espacio escénico logra que se domine el material que propone Audivert desde las nuevas materialidades y vivencias que se encuentran con él. Y así la disputa ideológica por el pasado reciente o el ascenso internacional del fascismo vuelven totalmente universal esta versión de Edipo en Ezeiza.

La obra comienza con una mujer encapuchada que está siendo interrogada por su hijo y su esposo. El interrogatorio inmediatamente se aleja de situaciones como las de Pedro y el capitán, para instalarse en una dinámica ¿absurda?, en la que los personajes dudan de las acciones cotidianas de sus familiares. La “compartimentación” se ha vuelto extrema, al punto que se cultiva el olvido. “No tener recuerdos les hará imposible seguirnos y dar con nuestro paradero, el enemigo no podrá encontrarnos allí donde estábamos”, le dice el padre a su hijo, y ante la pregunta sobre cuál era ese lugar la respuesta es elocuente “En una época maravillosa que debemos defender blindándola con nuestro olvido”.

Se puede interpretar linealmente la respuesta, la masacre genera un trauma ideológico, pero también un trauma identitario. Hay que olvidar para protegerse, sí, pero también para proteger aquella sensación previa a la llegada del líder. Es claro que esto no posible, pero el juego escénico, plagado de momentos humorísticos, ofrece otras dimensiones. El mito trágico en clave contemporánea se traduce en una puesta en la que Final de partida de Beckett parece ser uno de los posibles escenarios. Los personajes se aíslan de un exterior amenazante, del que ya no pueden dar cuenta, y el sentido metafísico se esboza con contornos palpables. Pero además, el temor a estar infiltrados, a que alguien, incluso un familiar, esté “actuando” como un compañero pero que sea un traidor, pone en primer plano al teatro y sus recursos. Tener un libro de Stanislavsky puede ser una seña de estar ante un traidor, y así el juego continúa disparándose llegando incluso a la interrogante sobre la identidad individual.

Las sensaciones que se experimentan viendo Edipo en Ezeiza son imposibles de apresar en algunas pocas líneas, solo podemos compartir algunos rastros de ellas, que quizá remitan a algunas de las múltiples capas del espectáculo. Pero la potencia de las actuaciones de Tomás de Urquiza, Martina Ferrería y Mauricio Ripoll es una de las claves de la efectividad de la obra, actuaciones que no nacen de “ideas” sino de una energía interna que parece mover esa búsqueda existencial de los personajes. Personajes que se mueven con la misma perplejidad que Leonardo Favio manifestaba aquel 20 de junio de 1973. Favio, “un peronista que hace cine” como él mismo se presentó alguna vez, fue el elegido para conducir la previa al acto montado para recibir a Perón. “Les ruego por favor que piensen en los niños y las mujeres” decía desde el escenario aquel trágico día.

La tragedia continúa, parece decirnos Audivert, y por eso activar la memoria se vuelve una necesidad vital para jóvenes teatristas como el equipo de Edipo en Ezeiza. Y para la platea por supuesto. Vayan a ver Edipo en Ezeiza, es uno de los espectáculos más relevantes del año. 

Edipo en Ezeiza, de Pompeyo Audivert. Dirección: Micaela Larroca. Elenco: Mauricio Ripoll, Martina Ferrería y Tomás de Urquiza. Diseño: Alejo Buysse, Elis Montagne y Dahiana Rampos. Fotografía: Reinaldo Altamirano.

Funciones: viernes a las 20:30 en Sala Cero de El Galpón.

Agregar un comentario

Deja una respuesta