Pesca, un conflicto crucial  por Atanasio Aguirre

El conflicto en la pesca es probablemente la movida más interesante de los últimos tiempos. Parte del cambio cultural del que se viene hablando o por lo menos se debería incluir en cualquier agenda para modificar la dinámica de un país que, ya sabemos, prefiere no cambiar. 

Quizás lo de no cambiar sea porque hay como una manija, un virus reciente entre nosotros, que nos hace creer qué somos país modelo. Todos nos abrazamos y hasta viajamos juntos no importa el partido al que pertenecemos. En realidad, nos parecemos a una olla presión que está por explotar. Los problemas de la pobreza de la niñez, la presencia cada vez más preocupante del Narco, cárceles que son una máquina de violar derechos, y todo lo que ya conocemos. 

Lo más grave no es solo los grandes problemas que afectan a los países del tercer mundo – sí, todavía somos tercermundistas- sino la actitud negacionista que impera en nuestros gobernantes y administración. Nuestros políticos se enganchan en grandes discusiones que -quiérase o no- intentan preservar un pasado “mejor”: Caja de Profesionales, horas de discusión sobre Colonización (que, si miramos los números con detenimiento, debería desaparecer) y romper un proyecto para el agua potable que ya estaba resuelto. Esto por el sólo hecho de jugar el juego de imponer un nuevo status político. Mucha pérdida de tiempo y mucha más de plata. 

Mientras se demoran las prioridades ya dichas, seguridad, niñez, y fuertes cambios en los hábitos en el manejo de los dineros públicos.

En esta última categoría -nuestras verdades necesidades para convertirnos en un país moderno- deberíamos incluir la dinámica de la relación laboral en todos los niveles, empezando por la recomendación de la OIT (Organización, International del Trabajo) eliminando la negociación tripartita. Oportunidad que tuvo miedo de encarar el gobierno anterior. 

Los voceros de las cámaras de la pesca -que debido al conflicto laboral ven perdidas en sus ingresos como mínimo unos 50 millones de dólares- han sido muy claros. Claros en el diagnóstico y acertados en cómo superar un sistema sindical que tienen de rehenes a los empresarios y también a una mayoría de laburantes con verdaderas necesidades de laburantes. Y ahora se suma una lista de cerca de ocho mil personas que ven una buena opción para su desarrollo. Donde los viejos y atravesados sindicatos se miran el ombligo y ven un mundo paralelo de luchas por un poder ideológico que ya no aporta nada, los inscriptos ven la oportunidad.

Un sindicato que tiene un poder disparatado, que hace años ya que es en buena parte culpable del alejamiento de la inversión, por lo tanto, de una reducción enorme de la actividad con la consiguiente reducción del aporte para el mercado laboral. Un sindicato que no cumple con lo que firma y que mientras la inversión baja quiere meter más gente, más horas extras, lo de siempre. Aunque en este caso hay bastante más. 

El presidente de la gremial de industrias pesqueras, Juan Riva-Zucchelli, señala que el conflicto con el Sindicato Único de Trabajadores del Mar y Afines (Suntma) “está en un punto muerto y superado”. En una entrevista a La Mañana da una visión completa de la situación. Tomo un punto fundamental de lo dicho.

“En mi interpretación es una medida de fuerza, para transmitir que el Suntma, quiere seguir mandando en la pesca. La realidad es que el sindicato es quien hoy manda en la pesca. Es el que decide qué barco sale o no sale, qué tripulantes viajan o no viajan, y hay un 100% de afiliación obligatoria, principalmente en los barcos costeros”. 

Impresionan los números de la reducción de actividad: “Hace 15 años Uruguay tenía entre 130 y 150 barcos, 30 plantas procesadoras y 7800 personas trabajando en la industria en forma directa. Hoy tenemos unos 50 barcos, seis plantas y 3000 personas trabajando. Es notorio…” (el empobrecimiento digo yo).

No se puede esperar nada de una respuesta del gobierno con el actual Ministro de Trabajo, Juan Castillo. Quien en su reunión con los representes de los trabajadores de planta -mayoría en la industria, y su mayoría mujeres- les dijo que se busquen otras fuentes para mantenerse, que se arrimen al MIDES y otras formas de colgarse del Estado, del cautiverio del Estado.

Por su parte el aporte legislativo fue ofrecerse para un dialogo tripartito y buscar soluciones. Pero todo parece indicar que se da como un axioma sostener con vida al actual sindicato, otra vez proteger el statu quo, no importa si desconocen lo firmado, si claramente atentan contra la libertad de los individuos, si espantan la inversión y reducen la oportunidad laboral.

El llamado a inscribirse a la gente que quiere laburar -está dicho por el éxito del llamado- y prepárala para el año que viene, la próxima zafra. Negarse a descontar los aportes al sindicato (un capítulo aparte). Son soluciones simples que deberían tener un mayor apoyo de una buena parte de los políticos. 

En nuestro súper acartonado país, dicho con humor sarcástico, es una revolución. Pasos que buscan modernizar un país para que pueda aspirar a la inversión y el crecimiento.

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