La escuela es, sin dudas, un ámbito de primera línea para la formación de nuestros niños en el conocimiento, la tecnología, la convivencia y sus valores. Pero no es el único y muchas veces ni siquiera el más influyente en nuestros ciudadanos menudos.
La sociedad en todas sus manifestaciones, está ejerciendo una permanente influencia que determina las conductas en los pequeños. La relación que ella tiene en nuestros niños, irá haciendo los diversos ejes de la formación de los futuros jóvenes que luego serán adultos.
Debemos estar muy atentos a esos influyentes que nuestros niños ven y escuchan diariamente en las más variadas formas: avisos publicitarios; programas de TV, radio, redes; entrevistas, informativos, entretenimientos, comics, video juegos, entre otros.
Dirigentes políticos que aparecen varias veces por día, mentirosos e insultantes, nacionales y extranjeros, ayudan a formar hábitos de irrespeto, de apología a la violencia y a la guerra, a la mentira y a la tergiversación.
Los programas que insultan, que se ríen de la desgracia, gritan y deforman, como lo hace Petinatti o Tinelli o programas que usan un lenguaje con vulgares palabrotas sin ninguna necesidad, también se suman a la formación (o deformación) de nuestros niños.
Las noticias internacionales relatadas como un film de ficción, con claras tendenciosidades de justificar a algunos y denostar a otros, relatando verdaderas tragedias en medio de risitas, bromitas y meras estupideces, también tienen su efecto.
Los programas periodísticos deportivos o relatores que hablan de “lastimar” al equipo contrario o “infligir daños” o lisa y llanamente “aplastar”, todas metáforas deportivas de triunfo, no ayudan en nada.
El “entretenimiento” vulgar, misógino, homofóbico, racista, de supremacía blanca, violento, que vemos a diario, incluso en propagandas fundamentalmente televisivas o las letras de las canciones cargadas de vulgaridades principalmente contra la mujer, ahondan esta alarma.
Adultos, madres o padres, arengando en canchas de baby futbol con imperativos tales como “matalo” o “burro” o “reventalo”, son otros atentados a nuestros niños.
Otros mensajes menos explícitos, pero tan elocuentes como los ya citados, llenos de frivolidad, de vulgaridad, donde el acomodo toma fuerza, el delito de guante blanco es casi perdonado, los cargos repartidos, una y otra vez, siempre entre las mismas caras. Si no se instaló en el gobierno nacional, buscará en el departamental. Si no tiene ninguna experiencia, no importa, vale conque sea “de confianza”. Si quedó afuera de todo, algo le van a dar. Así, el acomodo como constante, de personajes que hace veinte, treinta, cuarenta años que están encaramados en el Estado, forma conductas.
Primeras conclusiones. Factores económicos y sociales hacen al entorno de lo expresado, pero los puntos señalados son de innegable magnitud en el tipo de sociedad que estamos construyendo. ¿La sociedad está más violenta? Sí. ¿Más insegura? Sí.
La prioridad es sacar a todos nuestros niños de la miseria. Sí. Pero también es sacarlos de la violencia, del alegato a que compitan, sean superiores al resto, dominen, en lugar de colaborar, cooperar, colectivizar, democratizar también la vida y la convivencia. ¿No deberíamos limitar todos esos elementos nocivos? Sí. ¿Eso es atentar contra la libertad? No. Es luchar contra el libertinaje de querer formar seres humanos violentos, egoístas, insensibles, aislados, vulgares y superfluos, listos para ser dominados por engendros del poder como Milei o Trump o por los de entrecasa, pequeños pichones de aquellos.





