ProChile, modelo y espejo por Gonzalo Oleggini

En 1974 nace en el país trasandino Prochile,  con el cometido de ser el Instituto de Promoción de Exportaciones. ¿Que buscaba? ¿Cuáles eran sus principales objetivos?  “promover las exportaciones de bienes y servicios del país, y de contribuir a estimular la inversión extranjera y el turismo en Chile

El escenario de las exportaciones en ese momento era el siguiente: 85% de las exportaciones chilenas de bienes eran provenientes de la minería. Algo obvio, pero a su vez algo que demostraba una dependencia “peligrosa” en el manual del comercio exterior, por la falta de diversificación. Lo que infinitas veces intentamos inculcar en los estudiantes de comercio exterior y es el “abc” de la práctica del mismo: “los huevos deben estar en diferentes canastas”. 

Solo el 2,5% del total de las exportaciones correspondía a los sectores agrícolas, silvícolas y pesca.

Desde aquella lejana década de los 70 y tras varios procesos de mejora de procesos desde su nacimiento, ProChile tuvo al cierre de 2023, y por exportaciones de empresas con las cuales trabaja, 33 mil millones de dólares. Esto, con 500.000 puestos de trabajo implicados en el proceso y representaron el 76% de lo exportado por fuera de la minería. Y lo más relevante, esto en un contexto de crecimiento sostenido de las exportaciones chilenas al mundo, de 30.000 milones de USD en 2005 a 100.000 millones de USD en 2024. Y lo más importante, el sector minero pasó de representar aquel 85% a un 59% en 2024. 

El esquema del proceso apunta a las capacidades mayormente y a los procesos de internacionalización. Con un fuerte componente de inteligencia de mercado (analizar tendencias globales presentes y futuras, diseño de nuevos productos, atraer inversiones de producción para productos que se dejaron de producir localmente y hoy es viable volver a hacerlo, etc). O sea, “intentar adelantarse a la jugada”. Prepararse para salir a vender, no de esperar que lleguen a golpear su puerta.

ProChile, siendo proactivo.

Uruguay debería mirar ese camino no desde la admiración pasiva, sino desde la emulación crítica. Nuestro país mantiene una dependencia excesiva de unos pocos productos (carne, soja, celulosa), carece de una estrategia exportadora moderna y sigue atrapado en el vaivén de los precios internacionales. Y en el sector servicios falta mayor inversión de empuje (turismo, audiovisual, logística, etc). La necesidad de diversificar no es un eslogan, es una condición de supervivencia económica.

¿Dónde estamos parados en Uruguay? La política de desarrollo y promoción del comercio exterior no ha sido plenamente una Política de Estado. Un país con un mercado de 3.4 millones de personas, no debería ni dudar, de que el comercio exterior es la variable más relevante de ingreso de divisas al país (luego vendrán otras como la inversión). Países de tamaños y capacidades productivas similares exportan muy por encima de los niveles del nuestro.
A modo de ejemplo: Nueva Zelanda 80 mil millones de usd por año, Irlanda mas de 300 mil millones. Mientras el Uruguay por todo concepto de bienes y servicios en el 2024, alcanzamos poco mas de 20 mil millones de dólares en el año. 

La pregunta es: ¿Qué nos falta o que no hacemos de la mejor manera? Muchas cosas.
Listemos algunas entonces. Tomemos en cuenta el método de ProChile, seamos proactivos.

Unificación de organismos u oficinas relacionadas con la exportación de bienes y servicios (esto mismo padeció Chile y lo minimizó unificando oficinas, esfuerzos y recursos). Esta situación genera que la mayoría de la disponibilidad presupuestal se enfoque en funcionamiento y estructura y menos en la efectividad de las políticas de promoción. Con los recursos actuales se puede hacer más

Políticamente, el comercio exterior debe ser sí o sí, una Política de Estado. Una opción sería a través de la creación de un Ministerio de Comercio Exterior y Turismo con los recursos que se poseen actualmente, sin aumentar el gasto. Pero sí buscando obtener mayor impacto, y a su vez estar presentes en la mesa grande de las decisiones políticas del país. Hasta ahora la definición de los lineamientos han pendulado entre el Ministerio de Economía y el de Relaciones Exteriores. 

– Valor agregado con mirada de mercado: Las cadenas agroindustriales uruguayas tienen potencial para crecer en valor y sofisticación. Chile exporta vinos con marca, relato y volumen (1300 millones de dólares de exportaciones en 2024); Uruguay exporta mayormente a granel (19 millones de dólares de exportaciones en el mismo año). Chile desarrolló una industria frutícola con innovación genética y marketing de origen (solo en la zafra 2023-2024 exportó 2300 millones de dólares de cerezas); nosotros seguimos enfocados sobre todo en volumen y es poco. Hay espacio para productos gourmet, alimentos funcionales, fibras especiales, tecnologías verdes y servicios con base en conocimiento. Pero eso exige inversión en I+D, alianzas con universidades y centros tecnológicos, y una mentalidad exportadora desde el diseño del producto.

– Políticas de internacionalización para PYMES: Chile tiene instrumentos como el programa “Sello ProPyme Exporta”, que acompaña a las pequeñas empresas en su salida al exterior con capacitación, inteligencia comercial y financiamiento parcial de misiones. En Uruguay, muchas PYMES tienen capacidad exportadora latente, pero se enfrentan solas a barreras idiomáticas, logísticas, financieras y regulatorias. Es clave armar consorcios exportadores, redes de mentoría, incentivos fiscales y herramientas digitales de promoción segmentada por mercados. De nuevo, mejor ni toquemos el tema de Uruguay XXI y su parcelamiento de ferias internacionales.

– Educación exportadora desde la formación técnica: No se exporta solo con contenedores, también con capacidades humanas. Chile tiene un ecosistema de formación técnica en comercio exterior, logística, certificaciones y marketing internacional. Uruguay debe reorientar parte de su oferta educativa hacia perfiles que articulen con la inserción global: operadores logísticos, gestores de normas sanitarias, traductores técnicos, expertos en e-commerce cross-border. La UTU, UTEC y las universidades pueden jugar un rol decisivo.

Falta de red de Acuerdos Comerciales. El art.24 de la OMC es bien claro, para bajar y/o eliminar aranceles o aumentar cuotas, la única salida bilateral son los Acuerdos de Libre Comercio o Uniones Aduaneras. El resto solo da margen para eliminar restricciones sanitarias o fitosanitarias, pero los exportadores siempre lo dejan claro: “cuando voy a un mercado me encuentro que la competencia paga 0% de arancel y nosotros 10, 20 y 30%.

Todo lo anterior debería estar alineado con la generación de una estrategia país, “Plan Nacional de Exportación” que defina estrategias de producción, gestión humana, comercialización, logística, tendencias e internacionalización. Identificando los sectores potenciales; apoyarlos a partir del diagnóstico necesario. Y analizar conveniencia de sectores que han sido apoyados por años en su desarrollo internacional y no se han obtenido los resultados deseados. 

Y por último, lo más importante, el foco. Hay sectores que necesitan apoyo para crecer, y además inversión. O al menos, beneficios a la producción. Por ejemplo, los costos energéticos para la lechería más altos que su competencia global, hay que bajarlos. La inversión en turismo es mínima frente a los ingresos anuales del rubro. Se deben analizar otros segmentos, como el arquitectónico (con iluminación de edificios icónicos), el deportivo (apoyo y atracción de eventos deportivos internacionales). Los nichos como las caravanas (casas rodantes), entre otros. 

Hay mucho para hacer, pero si vamos en el camino correcto y hacemos el foco adecuado podemos plantearnos un Uruguay que exporte el doble de lo actual en un proceso de entre 5 y 10 años. Resta la decisión.

Chile, con sus logros y limitaciones, ofrece una hoja de ruta. No para copiar, sino para inspirar. Nos recuerda que la apertura no es suficiente, que la diversificación requiere de Estado, sector privado y academia trabajando en una misma dirección. Y el mundo no espera. Uruguay tiene capital humano, estabilidad institucional y reconocimiento internacional. Lo que falta es voluntad política para dar el salto. El futuro se exporta o se lamenta.

Agregar un comentario

Deja una respuesta